Qué difícil lograr la paz cuando se juntan ingredientes como el terrorismo de Hamas y una situación de guerra en la que la mayoría de las víctimas son civiles. Para ayudar a comprender la situación en Gaza, no referimos a tres artículos en ACEPRENSA:

El primero (19-10-2023) es un artículo por JULIA MENDOZA:
Tensiones en Palestina
La guerra actual tiene unas causas remotas en la situación de los territorios palestinos: Cisjordania, bajo el gobierno de Autoridad Nacional Palestina, y Gaza, donde impera Hamás. Pero la población de una y otra parte, a pesar de estar separada geográficamente, está unida por lazos de sangre, nacionalidad y religión. Es decir, lo que pasa en uno de estos territorios afecta al otro.
En lo que va del año 2023 se han intensificado los disturbios en Jerusalén, con manifestaciones de la población musulmana porque se les impedía rezar, peleas, encarcelamientos sin juicio.
En Cisjordania, el gobierno israelí, violando la soberanía del territorio palestino, ha demolido cientos de casas. Ha expulsado de sus tierras a los pobladores y ha financiado la construcción de asentamientos israelíes. Según los informes de Human Rights Watch, en la primera mitad de 2023 los palestinos asesinados han sido 227 en total, y el número de detenidos sin causa es el mayor en 30 años.
Antes de los ataques de Hamás, a causa de las tensiones, las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) tuvieron que trasladar numerosos efectivos de la frontera con Gaza a Cisjordania, para centrarse en el creciente nivel de violencia allí. Por lo que el ataque del 7 de octubre las tomó completamente desprevenidas.
Si en Cisjordania los palestinos sufren expropiación y colonización, y en Jerusalén tienen recortada la libertad de movimiento, los problemas en Gaza son aún mayores. En este pequeño territorio de 41 km de largo y 10 km de ancho viven más de 2 millones de habitantes, y como consecuencia de los desplazamientos forzados provocados por Israel, el 70% de la población son refugiados que se han quedado sin nada.
Los habitantes de Gaza viven en un bloqueo estricto desde 2007, con racionamiento de la electricidad y del agua, de los medicamentos, de la ayuda internacional, del acceso a la pesca (solo se les permite utilizar un 15% de la zona). Se limita la circulación de la población y se le impide a la mayoría viajar a través del paso de Erez, el único por el que los palestinos pueden ir a Israel, a Cisjordania y al extranjero…
Reacción de la población israelí
En los últimos años, los movimientos por la paz, las ONG, las iniciativas particulares o internacionales no han cesado de abogar por una convivencia pacífica, de conocimiento y comprensión mutua. Es un trabajo arduo por parte de la población civil de ambas nacionalidades y de miles de extranjeros involucrados en ello.
Sabemos que Netanyahu llegó al poder con una mayoría muy ajustada, y tras las elecciones instaló el gobierno de derecha más radical de la historia de Israel. Más tarde, provocó fuertes tensiones políticas con su proyecto de ley de reforma judicial sin tener consenso, lo que llevó a protestas semanales masivas.
La población israelí está muy fragmentada. Algunos sectores más radicales no ven lugar para los palestinos, y con el reciente ataque de Hamas, aquellos que estaban indecisos terminan apoyando acciones violentas contra la población árabe. Los sectores moderados, cansados de los enfrentamientos, abogan por distintas soluciones para convivir con los palestinos.
Hamás: objetivos y aliados
Hamás es un movimiento palestino que fundó el imán Sheikh Ahmed Yasin en 1987 como una rama de los Hermanos Musulmanes de Egipto. Su objetivo es recuperar los territorios palestinos y destruir el Estado de Israel.
Tras 16 años de bloqueo, la mitad de la población de Gaza son menores que sólo han conocido la pobreza hacinados en este pequeño territorio. Hamás ha tenido suficiente tiempo para armar un ejército de combatientes hartos de injusticia y sin nada que perder. Es una situación en la que los jóvenes no tienen futuro. Y esa es una receta para la desesperación y el terrorismo.
Esto no quiere decir que todos los habitantes de Gaza estén de acuerdo con la actuación de Hamás. Pero aquellos que se oponen abiertamente o buscan de alguna forma entrar en contacto con “el enemigo” con objetivos de diálogo, comprensión y eventualmente soluciones de paz, son perseguidos.
Los socios de Hamás por la causa palestina son Siria, Hezbolá en el Líbano, e Irán. Y según un periódico libanés, en el 2021 Hamas se habría reunido con ellos para acordar una ofensiva como la que hemos visto el 7 de octubre pasado.
Esta ofensiva pretende poner un freno a los países árabes que ya han normalizado sus relaciones con el gobierno israelí y han dejado de luchar por los palestinos. Egipto y Jordania ya lo habían hecho hace muchos años, recientemente dieron el mismo paso Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, y estaba en camino el acuerdo con Arabia Saudí…
El papel de la comunidad internacional
El Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha acusado tanto a Hamás como al gobierno de Israel de cometer crímenes de guerra en sus recientes acciones.
Las Naciones Unidas han fallado durante largos años porque no han sancionado a Israel a pesar de los constantes informes del Observatorio de Derechos Humanos y de los distintos países que denunciaban el hostigamiento a la población palestina. Una de las causas es el veto de EE.UU., que se ha repetido con ocasión de la propuesta de resolución en favor de un alto el fuego inmediato por ambas partes, Israel y Hamás.
No olvidemos que Estados Unidos es el mayor financiador de la defensa de Israel, al que ha asignado 3.000 millones de dólares sólo en 2023.
Perspectivas
No está muy claro cómo ni cuándo terminará esta guerra. Sí vemos que ambas fuerzas no darán tregua hasta conseguir sus objetivos completamente antagónicos de echar fuera del territorio al otro. Si los habitantes de Gaza pasaran a Egipto, Netanyahu habría cumplido la primera parte de su objetivo en cuanto a la expulsión de los palestinos.
En estas guerras, las víctimas son siempre civiles a los que sus propios gobiernos exponen al ultraje sin escuchar los reclamos de paz y diálogo. La solución debería ser política, no militar. La violencia engendra violencia.
Netanyahu pretende unir a la población israelí contra el enemigo común. Si bien los primeros días pareciera haberlo logrado, hoy por hoy las divisiones internas vuelven a florecer y los ciudadanos no se dejan manipular; lo mismo se observa en los palestinos frente a sus autoridades, los libaneses o los iraníes. Solidaridad con los que sufren sí, títeres de sus gobernantes, no.
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En este otro artículo (11-10-2023) de LUIS LUQUE, se no presenta otra visión más cercana a Israel en sendas entrevistas a Avi Melamed, exoficial de inteligencia, y Alberto Spektorowski, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Tel Aviv

Avi Melamed ha sido oficial de la inteligencia israelí,… , fundador de la institución Inside The Middle East (dedicada a educar en temas relacionados con la seguridad de Israel y su vecindad geográfica), conoce bien la Franja de Gaza. Ha estado allí –“hace muchos años”– y ha intercambiado con residentes en el territorio, por lo que tiene una visión más completa que la que, desde la distancia, suelen citar muchas veces los medios y los políticos.
— ¿Ha hablado personalmente alguna vez con un terrorista de Hamás?
— Conozco a gente de Hamás. Hay de todo: están, por ejemplo, los que no pegan tiros; los ideólogos, los políticos. Pero no nos equivoquemos: no son menos extremistas que otros militantes. A fin de cuentas, tienen una ideología radical. No hay diferencia entre el ala política y el ala militar de Hamás. Solo cumplen distintos cometidos, pero son lo mismo. Una organización con dos funciones: la benéfica y la terrorista. Pero es un solo organismo.
— Suele decirse que una mejoría de las condiciones de vida en la Franja contribuiría a hacer retroceder el fanatismo allí…
— Hay muchos sitios en este planeta donde las condiciones de vida son difíciles para muchas personas, pero estas no van por ahí matando a todo el mundo. Mira, en Gaza hay hoteles, restaurantes de lujo, grandes superficies comerciales, coches de alta gama; hay gente con alto nivel de vida. O sea, depende de a quién le preguntes.
Israel les ha dado a cientos de miles de palestinos permisos para pasar a Israel a trabajar, con lo que tienen sus propios ingresos para mantener a sus familias. Hasta el viernes, el día antes del ataque, miles y miles de palestinos entraban en el país para trabajar. Pero Hamás hizo lo que hizo sabiendo que habría una respuesta militar masiva, y se mostró como lo que es: un grupo extremista, radical, muy peligroso. Una organización con una enorme riqueza, gracias a la cual varios de sus líderes viven confortablemente en Turquía o en el Líbano, mientras sacrifican a sus propios hermanos en Gaza. Allí hay muchas personas que no simpatizan con este grupo, que gobierna con brutalidad y dicta su agenda, apoyado por los iraníes.
Cuando Israel se fue de Gaza en 2005, se la entregó a la Autoridad Palestina, que la gobernó hasta mediados de 2007. Durante ese tiempo, los cruces de la Franja a Israel y a Egipto estaban abiertos: la gente de Gaza entraba por miles a Israel a trabajar y a recibir servicios. Pero en 2007 Hamás dio un golpe de Estado y terminó con el gobierno de la AP. Lo primero que hizo fue cerrar el paso hacia Egipto, y atacar el cruce hacia Israel.
Esa es la respuesta a la relación entre las condiciones de vida en la Franja y este grupo. Ellos tienen su propia agenda, con independencia de las condiciones de vida de la gente, y lo demostraron claramente el sábado.
— Siendo, como son, fanáticos religiosos, la pregunta es cómo se puede neutralizar a un terrorista que desprecia su propia vida, convencido de que las muertes que cause son méritos para él.
— En la práctica conozco a muchos de estos, y puede sorprenderte (ironiza) que muchos prefieren estar vivos al final del día, y llegar a ese momento en buenas condiciones. Pero sí, se puede decir que son unos fanáticos que quieren sacrificar su vida por la religión o por lo que sea. Hamás es una organización muy calculadora y sabe cómo manipular a la gente. Y lo hace una y otra vez. Estamos lidiando con un enemigo peligroso.
En Occidente, no sé por qué, Hamás se ve algunas veces como un pequeño grupo sin importancia. Tiene 35.000 militantes. Su estructura es enorme. Reciben buenos salarios de los iraníes, y están entrenados y equipados con buenas armas… Hay que entender la naturaleza de este desafío. Y no estoy seguro de que en Occidente comprendan la enorme amenaza que implica Hamás, como subcontratista de Irán, para el Estado de Israel, para la región, ¡para su propio pueblo!
— Ya hay una operación militar israelí en marcha. ¿Qué se puede esperar en este plano?
— Aparentemente Israel está preparando una gran operación militar terrestre. Ha decidido modificar su estrategia respecto a la situación en Gaza. Lo ha dicho el ministro de Defensa: vamos a cambiar la realidad de Gaza por los próximos 50 años, y ha dado orden de atacar cualquier objetivo de Hamás, y no solo los militares: los bancos, los objetivos comerciales…
Esa enorme fuerza terrestre en preparación ingresará en la Franja, que es un territorio pequeño, por lo que podemos esperar un escenario de fuertes combates en un campo de batalla muy difícil, con túneles de Hamás entre los edificios, etc. El objetivo de Israel básicamente será destruir la capacidad organizativa y militar del grupo y de la Yihad Islámica, y quizás sentar las bases para un cambio en la historia de Gaza.
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El politólogo uruguayo-israelí Alberto Spektorowski, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Tel Aviv, es de los muchos que han quedado en shock tras la incursión asesina de Hamás, por lo inesperado y por la asunción de que algo así sería muy contraproducente para los propios intereses de la organización terrorista. Se ha desengañado.
— ¿Cuáles considera, profesor, los principales errores de Israel ante este ataque?
— Ha habido dos fundamentales: uno, que a nivel táctico no funcionó lo que tenía que funcionar: el servicio de inteligencia, en lo mínimo, en lo elemental. Israel tiene uno de los servicios de inteligencia más importantes del mundo, que pueden llegar a saber qué hay en la última calle de Teherán, pero aquí, antes de que se empiece a investigar, cualquier hijo de vecino entiende que no vieron lo que estaba pasando a un kilómetro de sus narices. Y no sé por qué. Todo el mundo especula y se imagina, pero nadie sabe, hasta que se forme una comisión de investigación, que la va a haber después de que termine esto, de la misma forma que la hubo tras la guerra de 1973. En un país democrático tiene que haberla.
— Si tuviéramos que comparar, ¿superan las consecuencias de este golpe las del que sufrió el país en la guerra de 1973?
— Creo que sí, porque entonces era ejército contra ejército. Era el avance sirio en las alturas del Golán y el egipcio sobre el Sinaí. Había un campo en el que se podía detener al enemigo, y los caídos eran solamente del ejército. Era la guerra como se conocía hasta entonces. La de ahora es un conflicto en el que quienes pagan el precio son los civiles. El trauma que está viviendo ahora la población, lo que uno puede apreciar y sentir, es un dolor profundo…
— Por último, profesor, ¿qué esperar de otros actores regionales?
— Creo que la cuestión está entre Hezbolá, Hamás e Israel. Irán no intervendrá, y Arabia Saudita tampoco. Esta va a criticar a Israel si emprende acciones demasiado fuertes, y dirá: “No podemos continuar con el tratado de normalización”, pero por dentro estarán diciendo: “Por favor, sáquennos a esta gente (a Hamás, a Hezbolá) de encima”. Si Israel sale de esto con bandera ganadora, el arreglo con los saudíes será un hecho. Israel tiene que ganar.
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Finalmente, con el fin de intentar entender el conflicto entre Israel y Palestina, pueden ser interesantes estos párrafos de un artículo publicado en 2002 en ACEPRENSA:
… el diputado laborista y ex ministro de Asuntos Exteriores israelí Shlomo Ben Ami declaraba: «La solución será internacional o no será. Un acuerdo bilateral entre palestinos e israelíes es imposible, simplemente no sucederá. Yo propongo un plan de dos fases en que la comunidad internacional debe cumplir un papel fundamental. En la primera etapa, Israel debería retirarse de la mayor parte de los territorios, pero de forma coordinada con la comunidad internacional; esto último es muy importante. Las fuerzas internacionales de paz deberían establecer en los territorios ocupados un contingente que garantice la seguridad y la estabilidad económica y política en los territorios. Pero esto es solo una primera etapa, porque no podemos esperar que la comunidad internacional respalde una retirada a fronteras no negociadas. En una segunda etapa, se debería llegar a un acuerdo de paz de la mano de una plataforma internacional liderada por EE.UU., la UE, Rusia y cuatro países árabes fundamentales: Marruecos, Egipto, Jordania y Arabia Saudí» (El País, 10-IV-2002).
Concluye Sarid: «Durante muchos años, Israel ha rechazado la idea de una fuerza internacional diciendo: ‘Perdón, ¿acaso estamos en Bosnia? ¿Es esto Kosovo?’. Mi respuesta es: Sí, nos hemos convertido en un Kosovo. Cuando las víctimas caen a diario y ambas partes están cegadas por el odio y la venganza, somos Kosovo. Y una realidad como la de Kosovo exige una solución a lo Kosovo».
… Los acuerdos de Oslo se basan en la fórmula «tierra a cambio de paz». Pero no se ha llegado a un acuerdo definitivo sobre el reparto del territorio entre Israel y Palestina. Tres escollos en particular han hecho naufragar hasta ahora las negociaciones: los refugiados palestinos que abandonaron sus posesiones en la guerra de 1948, los asentamientos judíos en zonas ocupadas y la soberanía sobre Jerusalén, ciudad que ambos pueblos consideran su capital. …
