La engañosa metáfora de la IA como una mente y el cerebro como una computadora

Varias veces cuando consulto a la IA me he llevado sorpresas, ya que proporciona afirmaciones no siempre válidas, o fluctuantes según el modo de hacer la pregunta. Se presenta con un lenguaje personal, pero sólo da respuestas escogidas como las más «buscadas» de entre millones de afirmaciones que se pueden encontrar en los big-data de interner. Eso sí, empleada con cautela puede ayudarnos en la búsqueda de información, pero siempre aplicando un discernimiento personal del que es incapaz la IA. El siguiente articulo de Marciano Escutia en Aceprensa nos puede ayudar para entender las diferencias entre la IA y el cerebro humano:

Un “cinturón de seguridad” para la inteligencia artificial
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Los avances recientes han avivado la idea de que la inteligencia artificial podrá un día emular con tanta perfección el cerebro humano, que llegue a ser consciente. Lo que sería plausible si el cerebro funcionara como una máquina; pero no es así.

La ciencia cognitiva surgió en la década de 1950 como el estudio multidisciplinar de la mente, y emplea recursos de la antropología, la lingüística, la neurociencia, la filosofía y la psicología. Cuando apareció el ordenador, la metáfora dominante para todo se convirtió en la computadora: la vida no es más que bits y bits de información. Y eso veremos que no es verdad, aunque se haya vuelto tan dominante, concibiendo incluso al ser humano como una máquina básicamente biológica que podemos digitalizar.

La metáfora de la computadors

La metáfora de la computadora es una de las muchas que hemos empleado para describir analogías con el cerebro, pero el cerebro no es una computadora.

Para empezar, existen demasiadas diferencias entre las funciones de una computadora y el cerebro. El cerebro no distingue entre hardware y software porque su estructura cambia continuamente en el curso de cada interacción con el entorno. No existe un hardware constante, ni una estructura neuronal básica. No hay diferencia entre el funcionamiento y la estructura neuronal, lo que significa que en el cerebro nada ocurre dos veces de la misma manera. Además, no hay almacenamiento de datos, ya que eso requeriría una estructura constante y fija para su representación, sino que la estructura cambia constantemente. Así que no se puede hablar de datos que se utilizan de alguna manera, sino de una actividad disposicional flexible del cerebro, en el sentido de adaptación a cada situación. No se utilizan módulos fijos, sino una superposición de varias zonas que contribuyen cada momento a una función interactuando entre sí, en contraste con el funcionamiento de los módulos informáticos.

Las neuronas pueden o no activarse. Pero eso no es código binario propiamente dicho, ya que su funcionamiento está constantemente regulado por neuromoduladores como opioides, neuropéptidos y monoaminas. Los transmisores también son importantes para el funcionamiento emocional del cerebro y del cuerpo. Por lo tanto, lo que experimentamos como sentimientos y emociones no se puede describir con ceros y unos.

Finalmente, una computadora funciona por su cuenta en una dinámica de entrada y salida del sistema. Pero el cerebro solo funciona dentro de un cuerpo vivo. Y esa es la diferencia más importante. El cerebro solo no puede cumplir sus funciones. Incluso las formas básicas de consciencia están ligadas a la interacción constante entre las estructuras basales y mesencéfalas con todo el organismo. Por lo tanto, crear esta sensación básica de estar vivo, nuestro sentido básico del yo, no es una función de la corteza cerebral, sino que procede de la interacción constante entre el cerebro y todo el cuerpo.

El punto ciego

El punto ciego es la idea de Evan Thompson, catedrático de Filosofía en la universidad de British Columbia, de que, en la visión cientifista del mundo existe una incapacidad para ver que la experiencia humana vivida es la fuente inimitable de la ciencia. No se aprecia que, cuando construimos un modelo, nuestra experiencia es lo que sustenta el modelo y le da significado. La IA es un ejemplo perfecto de esa confusión, porque existe una especie de bucle narcisista donde proyectamos al humano en la máquina y luego interpretamos la máquina proyectándola en nosotros mismos. Así, proyectamos, por ejemplo, en una red neuronal de aprendizaje profundo la idea de que realmente participa en una conversación o que de alguna manera comprende lo que hace, y luego se interpreta eso en nosotros mismos, afirmando que el cerebro es solo una instancia particular de ese conjunto de algoritmos.

Un sistema de aprendizaje profundo, un gran modelo de lenguaje como ChatGPT, no entiende nada de lo que hace. Básicamente, se dedica al reconocimiento de patrones estadísticos de infinidad de parámetros lingüísticos al servicio de redes neuronales de aprendizaje profundo. En general, son máquinas de predicción estadística, herramientas cuyo significado depende de nuestra interpretación.

Para que la inteligencia sea real, se necesita un cuerpo vivo, y los sistemas de inteligencia artificial no están encarnados

La IA generativa no sabe de palabras ni de conversaciones. Todo lo que está codificado en ella se basa en datos preetiquetados que recibe y que genera en forma de “esta es la siguiente pieza más probable”, según ciertos principios matemáticos numéricos. Pero no sabe nada de palabras. No sabe nada de oraciones. No sabe nada de significado. No conversa en absoluto. Pero parece que lo hace porque lo proyectamos así, olvidando que ahí está el punto ciego, con toda la infraestructura de la experiencia humana y la ciencia subyacente.

Es un error decir que la vida es solo información. La vida es muy diferente de cualquier sistema creado de procesamiento de información, porque se construye físicamente de tal manera, que altera el mundo para su propia existencia. Kant fue el primero en usar el término “autoorganización”. Señala una diferencia fundamental entre la vida como autoorganizada, autoproductora, y una máquina que no lo hace, porque las máquinas están predefinidas en cuanto a sus partes, su interfaz y sus funciones, de una manera radicalmente distinta a la vida. Podemos usar el modelo para ciertos fines heurísticos, pero sin olvidar que es un modelo. El mapa no es el territorio. La inteligencia artificial, en ese sentido, no es inteligencia genuina.

La inteligencia real es encarnada

Para que la inteligencia sea real, se necesita un cuerpo vivo, y los sistemas de inteligencia artificial no están encarnados. El campo de la robótica lo sabe bien e intenta simularlo de manera mecanicista, lo que también presenta limitaciones fundamentales, ya que la materialidad con la que se trabaja no es esta materialidad metabólica autocreativa.

El metabolismo implica que el organismo se recrea continuamente por medio de materia nueva. A través del intercambio con el entorno, el organismo no solo mantiene la misma estructura, como ocurre con todas las máquinas y ordenadores, sino que se reconstruye en su vida, en su interacción constante con el entorno. Reproduce continuamente todas las estructuras, de modo que, literalmente, se renueva por completo después de cuatro o cinco años: cada átomo ha sido reemplazado en el cuerpo.

El transhumanismo es una forma profundamente dualista de pensar sobre el ser humano, basada en la idea funcionalista de que la mente es, de alguna manera, un programa informático que podría extraerse del cuerpo para ser descargado. Esa misma era la idea del nosticismo de la Antigüedad tardía: que el alma es algo que solo está conectado incidentalmente al cuerpo y que podría purificarse y, de alguna manera, separarse de él para alcanzar de nuevo su forma pura y real.

Las máquinas pueden ser equipadas con todo tipo de datos para procesar, pero nunca adquirirán el auténtico conocimiento intuitivo propio de cualquier ser humano, por no hablar de la capacidad de dar sentido a su existencia

La mente no está hecha de circuitos

David Gelernter, catedrático de IA de la Universidad de Yale, se pregunta sobre la entidad de la mente separada del ser humano. Mientras que la mayoría de los profesionales de la IA consideran el cerebro humano como un ordenador con circuitos neuroquímicos funcionalmente semejantes a los ordenadores, con la mente como software, que un día podrá actualizarse y descargarse en otro tipo de soporte, Gelernter piensa que la mente de una persona procede de la experiencia de sensaciones, imágenes e ideas que interactúan con un cuerpo concreto. Estas se utilizan una y otra vez a lo largo de la vida tanto consciente como inconscientemente. Como el cuerpo es también parte de la consciencia, la mente cambia simultáneamente con él debido a la edad, la enfermedad, o los sentimientos y experiencias de toda una vida. No somos solamente un cerebro que funcionaría mejor sin relacionarse con un cuerpo, sino que somos un cuerpo, y la mente está para comprenderlo y ayudarle a ver cómo responder al mundo circundante.

Gelernter confía plenamente en el futuro de la IA porque los ordenadores tienen ya capacidad suficiente para imitar el pensamiento intuitivo y se puede recopilar una base de datos enorme conectando miríadas de imágenes y sensaciones con las correspondientes emociones. Partiendo de esto, máquinas equipadas para el aprendizaje profundo pueden emular los sentimientos. “Se podrá conseguir que tengan apariencia humana y que reaccionen como humanos. Sin embargo, sus sentimientos no serían genuinamente humanos sino lo que llamamos zombis. Incluso, lo que es más importante, el ordenador no experimentará el terror existencial o el extraño magnetismo de la muerte”. Es decir, pueden ser equipadas con todo tipo de datos para procesar, pero nunca adquirirán el auténtico conocimiento intuitivo propio de cualquier ser humano, por no hablar de la capacidad de dar sentido a su existencia.

El transhumanismo y la idea de persona

Esa idea nóstica religiosa de salvación sigue impulsando el transhumanismo: considerar la mente como una especie de sistema formativo extraíble para alcanzar la inmortalidad digital y liberarse del cuerpo. Esto es intrínsecamente imposible y hay que debatirlo filosóficamente, a pesar de que autores como Geoffrey Hinton, ganador del premio Nobel de Física en 2024 y padre de la IA moderna, no den importancia alguna a la cuestión, en el fondo debido a un materialismo que rechaza la idea del alma. Es como una historia de salvación donde se deja atrás el cuerpo y el sufrimiento, y se supera todo. La idea de descargar la mente en una computadora y alcanzar la inmortalidad no es una idea científica. Es una idea religiosa neonóstica.

El término persona surgió precisamente en el contexto del combate religioso constante del cristianismo primitivo contra la noción dualista y separadora de alma y cuerpo a favor de la de un alma encarnada o un cuerpo animado. Era una lucha fundamental, tal como la tenemos hoy, podríamos decir, entre el transhumanismo y la Encarnación. Estaba en juego cómo concebir a Cristo, ya que obviamente es un ser humano. Debería tener un cuerpo, pero a la vez ser semejante a Dios, o hijo de Dios, es decir, un ser espiritual. ¿Cómo podemos reconciliar esta doble presencia y su posibilidad en la misma sustancia encarnada? La noción de persona fue, por supuesto, una de las principales soluciones a este problema: en la persona se da la unión de las dos naturalezas.

¿Es la persona lo mismo que el yo? ¿Hay alguna diferencia? Estas palabras se usan de diferentes maneras según la tradición filosófica y el contexto, pero según ciertos pensadores como el filósofo fenomenólogo Paul Ricoeur, el yo equivale a una autoconciencia prerreflexiva. En la fenomenología, el yo o la individualidad es algo que se representa a través de este tipo de relación reflexiva circular del ser o del sistema consigo mismo de distintas maneras, mientras que persona se refiere a un individuo concreto situado en un lugar particular en el espacio y el tiempo, en una cultura particular, en un entorno social determinado. Así, el yo es un concepto abstracto, mientras que la persona se centra más en la individualidad específica encarnada y situada cultural y socialmente.

En unidad con el cuerpo vivo

La persona es ese ser consciente racional que se presenta a los demás como una unidad de interioridad y exterioridad, con un cuerpo vivo, que es a la vez la expresión continua de su vida subjetiva. Unidades encarnadas de interioridad y exterioridad, que pueden presentarse al otro y experimentarse mutuamente no solo como un cuerpo externo, sino como un cuerpo vivo, como persona encarnada, siendo ambos conscientes del otro como sujetos encarnados. Esta relacionalidad es clave para la noción de persona.

El filósofo alemán Helmuth Plessner creó un término adecuado: la posición excéntrica que ocupan los seres humanos, ya que son al mismo tiempo seres encarnados, pero también capaces de salir de su centro, por así decirlo, para percibir la presencia del otro y verse a sí mismos desde su punto de vista. Así que la persona es por un lado unidad psicofísica, pero también es relacionalidad, lo que comporta responsabilidad. Y ahí se abre la puerta ética, porque al mismo tiempo de ser el otro del otro, también soy responsable de él, lo que hace de la noción de persona algo mucho más rico y de larga tradición también en el pensamiento cristiano.

La persona es siempre el cuerpo completo en su interacción constante con el entorno. Esa es la presuposición básica para la personalidad y la cognición encarnada. La ciencia cognitiva tiene sus modos de investigar y ayudarnos a comprender la encarnación y la intersubjetividad como dimensiones cruciales de la personalidad y contrarrestar así la noción errónea de que el yo es el cerebro.

Buenismo vs. deshumanización: ¿Es posible salir del péndulo en el debate sobre la migración?

Reproducimos este articulo de Ana Zarzalejos Vicens en Aceprensa que puede hacernos pensar más allá de los estereotipos habituales

El debate migratorio lleva ya años consolidándose como uno de los grandes ejes de confrontación política en las democracias occidentales. La UE se enfrenta constantemente a países del bloque que rechazan sus cuotas de inmigración. Estados Unidos ha impulsado una agresiva campaña de deportación que ha disminuido el sólido apoyo del que Trump gozaba en esta materia. La preocupación por la inmigración decide elecciones. 

España, mientras tanto, viene de discutir de nuevo sobre la regularización de inmigrantes en un contexto de presión demográfica, necesidades del mercado laboral y tensiones en determinados territorios. 

Lo interesante es que, junto a la evidente polarización, empiezan a emerger matices en espacios donde hasta ahora predominaban posiciones más homogéneas. La columnista Rosa Montero ha advertido en El País de la necesidad de no negar los conflictos reales asociados a la inmigración, mientras que Emilio Delgado, diputado de Más Madrid, reivindicaba recientemente que la izquierda ha olvidado hablar de la necesidad de la seguridad en los barrios.  

Un debate dominado por la polarización y la falta de matices reales

Y, sin embargo, el debate público sigue instalado en una dinámica que dificulta cualquier avance significativo. Entre el buenismo y la deshumanización, las posiciones intermedias quedan desdibujadas. El primero tiende a reducir la inmigración a una cuestión moral en la que cualquier matiz parece una concesión inaceptable al racismo. El segundo convierte un fenómeno complejo en una amenaza homogénea, donde las diferencias individuales desaparecen bajo categorías simplificadoras.

Esta tensión impide formular, por ejemplo, que la regularización de inmigrantes puede ser una herramienta legítima para corregir situaciones precarias e injustas. Personas que trabajan, que contribuyen económicamente y que, sin embargo, viven en un limbo jurídico, ven limitada su capacidad de integración y quedan expuestas a abusos laborales.

Regularizar sin dotar de medios suficientes a la administración para gestionar los procesos produce cuellos de botella que cronifican la precariedad

Pero afirmar esto no debería impedir reconocer la otra cara del problema: España presenta un modelo migratorio profundamente disfuncional. Un modelo que no planifica adecuadamente los flujos, que tolera amplias bolsas de irregularidad durante años y que reacciona de forma episódica –mediante regularizaciones– en lugar de articular políticas estructurales. Y lo más relevante: este modelo falla, en primer lugar, a los propios inmigrantes, que quedan atrapados en circuitos de precariedad, economía informal y dificultades de acceso a derechos básicos.

La deshumanización del discurso agrava este diagnóstico. Convertir a los inmigrantes en un bloque homogéneo asociado a la delincuencia no solo es injusto, sino también intelectualmente pobre. Es cierto que existen diferencias en tasas de criminalidad en determinados contextos y grupos, y negarlo no contribuye a mejorar la convivencia. Pero de ahí a construir un relato que criminaliza a una población en su conjunto hay un salto que erosiona los fundamentos mismos del Estado de derecho. Además, este enfoque suele ir acompañado de una preocupante falta de propuestas: más allá de la deportación o el cierre de fronteras, las alternativas son escasas o directamente inviables en sistemas democráticos complejos.

El buenismo también tiene costes que rara vez se reconocen. La tendencia a ocultar datos incómodos o a evitar cualquier diagnóstico que pueda ser utilizado por posiciones contrarias termina empobreciendo el debate. Regularizar sin dotar de medios suficientes a la administración para gestionar los procesos –permisos de trabajo, reagrupación familiar, acceso a servicios– produce cuellos de botella que cronifican la precariedad. Del mismo modo, la falta de inversión en políticas de integración convierte la regularización en un punto de partida insuficiente.

A esto se suma un elemento particularmente sensible: la distribución desigual de los efectos de la inmigración. Son los barrios obreros los que experimentan con mayor intensidad la presión sobre la vivienda, la escuela o los servicios sociales, así como los conflictos de convivencia cuando estos aparecen. Ignorar esta realidad, o descalificar sistemáticamente a quienes la exponen, no solo es injusto para quienes la viven, sino que alimenta una brecha política que otros actores están dispuestos a explotar.

Por no mencionar la hipocresía política de abogar por la inmigración en los discursos, pero permitir que sea instrumentalizada como elemento de presión por terceros países. 

El resultado de esta doble ceguera es un debate público que no solo simplifica, sino que también bloquea. Bloquea la posibilidad de reconocer que pueden coexistir principios legítimos –la defensa de la dignidad de las personas migrantes y la necesidad de gestionar ordenadamente los flujos– y bloquea la propuesta de políticas que respondan a esa complejidad.

La parálisis de un debate que impide políticas eficaces y sostenidas

De ahí que la cuestión de fondo no sea tanto elegir entre posicionarse entre apertura o cierre, entre acogida o control, sino redefinir los términos mismos del debate. Un enfoque basado en datos exige asumir realidades incómodas: que la inmigración puede traer beneficios o constituir un deber de acogida, pero que genera tensiones cuando no se gestiona bien; que las políticas improvisadas tienen efectos acumulativos; que la integración no es automática ni gratuita; que la multiculturalidad no es un bien en sí mismo. 

Esto implica también desplazar el foco desde las respuestas reactivas hacia las estrategias de medio y largo plazo: sistemas de acceso legal y ordenado, mecanismos eficaces de inserción laboral, políticas de vivienda que eviten la concentración excesiva, refuerzo de los servicios públicos en zonas de alta presión y una administración capaz de gestionar con agilidad procesos complejos. Nada de esto encaja bien en los marcos simplificados que dominan la conversación.

En este contexto, humanizar el debate no significa edulcorarlo, sino hacerlo más exigente. Significa admitir que proteger a los inmigrantes pasa también por evitar su explotación laboral, por no condenarlos a la irregularidad crónica y por no utilizarlos como argumento en batallas ideológicas. Significa, igualmente, reconocer que la cohesión social es un bien frágil que requiere atención constante y políticas deliberadas.

Quizá el verdadero desafío sea construir un espacio público donde estas afirmaciones no resulten contradictorias. Donde se pueda decir, al mismo tiempo, que la regularización puede ser necesaria y que no basta; que hay problemas de convivencia y que no definen a toda una población; que las fronteras existen y que su gestión no agota la política migratoria.

Solo desde ahí será posible salir del péndulo entre el buenismo y la deshumanización. Y solo así podrá empezar a tomar forma un modelo migratorio que no falle –como ocurre ahora– precisamente a quienes más dependen de su buen funcionamiento.

La sociedad y sus instituciones

En este blog continúo recogiendo unos comentarios, a modo de resumen, al libro «Antropología paso a paso» de José R. Ayllón, que nos pueden servir para reflexionar. Esta es la tercera y última entrega:

El hombre es social por naturaleza, convive y necesita de los demás, esto es evidente. El ideal de esta convivencia requiere ciertas condiciones que el autor resume así: convivencia libre, justa y pacífica, con una autoridad que la salvaguarde y que articule los derechos y deberes de los ciudadanos y de las instituciones intermedias. Qué se entiende por los conceptos aquí mencionados, trataremos de explicarlo a continuación haciendo uso de este libro:

La familia

La familia (constituida básicamente por los padres, hombre y mujer, y los hijos) es la primera y más importante institución. Nadie ha nacido sólo, necesita del calor humano del hogar donde nace, se alimenta y da sus primeros pasos; donde aprende desde el habla hasta la forma de comportarse. Es escuela de virtudes y ayuda mutua para insertarse paulatinamente en el resto de la sociedad.

La ideología de género considera, por el contrario, que las personas no necesitan de la familia, basta con que estén en la sociedad en cualquier modo de agrupación de individuos. No considera que el hombre y la mujer son los únicos que pueden establecer una unión estable en el matrimonio por su complementariedad biológica, sentimental y espiritual, donde los hijos normalmente encuentran una referencia para su formación como hombre o mujer inherente a su constitución, incluso en el caso de que se presenten desviaciones en la atracción sexual. Estas, muchas veces, son problemas que aparecen durante la niñez o adolescencia cuando la personalidad se está formando, que se superan con una adecuada maduración del carácter.

El autor opina que la ideología de género es una estrategia marxista para acabar con estos problemas, disolviendo el matrimonio, olvidando la condición sexual natural y sustituyendo el compromiso por el sentimiento variable. Los hijos serían algo opcional, y el padre y la madre serían reemplazables, pasando por alto la biología. A este respecto puede consultarse el tristemente célebre caso de David Reimer[1], un niño al que el psicólogo John Money intentó criar como niña para demostrar que la identidad de género era completamente moldeable por el entorno. El experimento fracasó de forma devastadora y hoy se considera un ejemplo de mala praxis científica y ética.

El Estado

La república platónica estructuraba la sociedad y al hombre según clases, y desgraciadamente incluía la esclavitud y el sometimiento de la mujer. La polis (entendida como una comunidad política autónoma que ‘elegía’ sus propias leyes) estaba por encima de la familia y del individuo, para beneficio y prosperidad de los ciudadanos. Más adelante, en la Europa medieval, el poder ejercido por el Estado tendrá una justificación religiosa. Maquiavelo (que consideraba que la razón de estado lo justifica todo), Hobbes, Locke y Rousseau (para los que se debe conferir toda la fuerza a los representantes políticos para la defensa del pueblo), tienen conceptos totalitarios del Estado pues no confían en las instituciones intermedias. El marxismo propone también una solución totalitaria mucho más drástica, prometiendo un reparto igualitario de los bienes, pero fue a costa de quedarse todo el estado, despojando de libertad y sometiendo a los ciudadanos al terror y a la pobreza.

El liberalismo político está en la génesis del estado de derecho, ya iniciado por Montesquieu que propugnaba la división de poderes y después por Kant. El Estado de derecho se convirtió en democrático con el sufragio universal. Pone al individuo en el centro para protegerlo dentro de un marco legal que defienda el derecho a la vida, la seguridad, la propiedad y el comercio. El ideal es: igual oportunidad de educación, distribución de la riqueza, sometimiento a la ley justa, alternancia de poder, división de poderes, principio de subsidiaridad (lo que pueda hacer una instancia superior no lo haga si una instancia inferior -personas, familias, comunidades, …- puede resolver un asunto por sí misma). La ley debe ser igual para todos y estable. De esta forma, no nos gobierna un hombre sino la ley, supuesto sea razonable y respetuosa con los derechos fundamentales (la Declaración de los Derechos Humanos 1948 es un buen ejemplo).

El bien común

El bien común es el conjunto de condiciones que supeditan el bien individual al de todos, no quitando la libertad de las personas sino limitándola a través del cumplimiento de las leyes justas que promocionen la familia, el empleo, la seguridad, la educación … Ya Platón decía que no hemos nacido para nosotros pues una parte de lo que somos se lo debemos a los demás. La posesión de los bienes materiales imprescindibles es necesaria, juntamente con el derecho a la vida, la libertad de pensamiento y religión, pero las obligaciones que esto representa son mutuas.

La propiedad privada es necesaria para el ejercicio de la libertad y el desarrollo de la actividad de las personas, pero no es una propiedad absoluta, está sometida al bien común. Hay un débito social que debe ser respetado, y que modernamente se regula a través de los impuestos. A este respecto las leyes sobre relaciones laborales, seguridad social, pensiones, son especialmente importantes para proteger las personas con trabajos mal remunerados o no mesurables, pero que revierten en un bien de la sociedad como es la educación de los hijos. Por otra parte, el estado también tiene la obligación de incentivar empresas con especial repercusión en la vida de todos los ciudadanos, y que la actividad privada no puede conseguir por sí sola, pero involucrando la economía de las empresas privadas.

A la vuelta de los años, parece increíble que solo a partir del siglo 18, se llegara a la invención de las máquinas que trasforman el fuego en energía mecánica, lo que requirió la colaboración de múltiples oficios, estudios y personas. Con la segunda revolución industrial aparece el consumismo, y se agudiza el desempleo, la desigualdad entre países, las guerras y el armamento a gran escala, incluso nuclear. La tecnología es buena, su uso no siempre. ¿Cómo controlarla? El progreso no trae necesariamente la felicidad, sino también desigualdad, guerras, paro, … cuando su fin último es el consumo. Por esto, las leyes sobre la actividad comercial, el valor del dinero, la limitación del armamento, … requieren inevitablemente la cooperación internacional en orden al bien común de una forma mucho más exigente en nuestra época.

La cultura

La cultura de una sociedad es también parte del bien común, pues debe ser accesible a todos por manifestar los avances técnicos y espirituales (ciencia, arte, beneficencia, ocio, …). La cultura debería orientar la actividad del hombre hacia valores que trascienden lo biológico, hacia el dominio de la naturaleza y la contemplación de su belleza que es la armonía de las cosas creadas. La belleza es subjetiva en cuanto a su apreciación y objetiva en cuanto representa la verdad del ser.

Las instituciones universitarias en Europa empezaron con el concilio de Letrán (que marca el inicio de una Iglesia más independiente del poder político) disponiendo además que en las catedrales se prepararan a los futuros sacerdotes; después se crearon los estudios generales, con el latín como lengua común en Europa. Profesores y alumnos compartían la disputatio. Actualmente, como nuevos medios de cultura, también el cine (como antiguamente el teatro) y los mass media influyen poderosamente en las costumbres; el buen cine suele basase en una creación literaria previa. Solo algunas alcanzan una duración y extensión universal, son los clásicos porque dan con los problemas y respuestas de forma atractiva y bella.

Por lo demás, lo que es nuevo en nuestra época -sobre lo que vale la pena reflexionar- es el continuo bombardeo de publicidad y slogans que nos llegan a través de la TV y las redes sociales. Mala cosa si no sabemos controlarlo. Y es que lo que nos llega por estos medios a tomado en algunos casos derroteros muy peligrosos: me refiero a la cultura del bienestar como bien supremo. Si este bienestar fuera entendido por el nuestro y el de nuestros semejantes, todavía, pero si todo vale incluso la muerte de los no nacidos (como son pequeños y no se ven no tiene importancia) o de los que sufren la enfermedad, entramos en la cultura de la muerte donde el espíritu no cuenta.

En resumen, podríamos decir que la madurez de una sociedad se mide por la calidad de las instituciones, siendo las principales la familia, la empresa, las agrupaciones profesionales, educativas y asistenciales (incluidas las religiosas), …, y la autoridad que ejerce los poderes legislativos, judicial y ejecutivo, respetando el principio de subsidiaridad y promoviendo la cultura del nosotros. Como dice Rafael Osle, “Tu vida importa, porque forma parte de la mía. Eso es lo que debe proteger el derecho. No otra cosa.”


[1]“Sexo asignado al nacer”: el experimento fallido del investigador que acuñó la expresión “roles de género” – Infobae

La guerra en Irán y Oriente Medio

Es prácticamente imposible tener un análisis certero de lo que pasa en este lugar: Primero porque las noticias que nos llegan son parciales, y muchas veces dudosas; segundo porque la complejidad es enorme.

Pongo aquí algunas referencias para ayudar a comprender:

Las guerras no traen nada bueno, y sólo en legítima defensa podrían ser aceptable. ¿Es este el caso? No lo parece tal como lo veo, por lo menos si no se han agotado las opciones negociadoras, donde los países implicados (se incluyen los que apoyan el régimen actual de Irán, Rusia, China, …) sólo tendrían que evitar la trasferencia tecnológica de armas para el fin de la guerra, sin cuya ayuda creo que es imposible su fabricación fuera o dentro de Irán. No creo que Irán sea capaz de producir tantos misiles por su cuenta…

Pero además late esta terrible pregunta, ¿Es cierto que existe una amenaza real e inminente de destrucción de Israel o de otros países cercanos? ¿O son los intereses económicos los que prevalecen? ¡Qué pocas cosas sabemos de lo que realmente ocurre a alto nivel!

Lo mismo podríamos preguntarnos sobre la guerra en Ucrania: ¿Por qué Europa y EE. UU. siguen apoyando esta guerra, cuando en el mejor de los casos Ucrania va a acabar mucho peor que si no hubiera comenzado?

Ética e inteligencia emocional

En este blog continúo recogiendo unos comentarios al libro «Antropología paso a paso» de José R. Ayllón. Esta es la segunda entrega:

La ética

La libertad implica poder obrar de una manera u otra: la experiencia demuestra que las consecuencias observables de nuestros actos no son indiferentes, y podrán ser calificados de mejores o peores de lo que cabría esperar. En este sentido la ética describe las consecuencias de nuestros actos, para que cada uno sepa lo que hacer, lo bueno o lo malo. El problema está en saber qué es lo bueno y lo malo; pienso que es aquello que conviene a los demás y a nosotros mismos, que esto es el querer de Dios, ante quien somos responsables, y quien ha puesto en nuestros corazones la conciencia para descubrir su voluntad. A esto se podría objetar que uno hace las cosas porque quiere, no porque un dios le va a juzgar que no sabe si existe… es más, que lo que entiende que es bueno ahora puede cambiar después… A lo que responde el autor diciendo que la ética busca obrar conforme a la verdad, a la realidad de nuestra naturaleza, que es fuente del derecho universal, lo que llamamos ley natural.

Ambos puntos de vista (ley natural, querer de Dios) coinciden pues ambos vienen de Dios. El relativismo, que lo niega, surge cuando separamos la verdad del bien, cuando ilusoriamente pretendemos librarnos de las consecuencias de nuestros actos. Impugnar que no hay cosas buenas objetivas para todos es negar la realidad experimental de las cosas. En el fondo pienso que, si no existe Dios, nada tiene sentido, ni la verdad, ni las leyes de la naturaleza; todo sería relativo, el caos. En contra del relativismo, vemos que la conciencia -ese juicio interno de la razón sobre nuestros actos-, es algo común en la naturaleza humana, y que nos permite sopesar nuestros actos con una luz que nos es dada. Esta luz es común en todos los hombres, pero puede ser obscurecida por la voluntad, según nuestro comportamiento, y por influencias externas de cultura, educación, etc.

Es aquí, en nuestro comportamiento, donde radican las virtudes y los vicios. Dicen que le hombre es un animal de costumbres, pero lo que sí es cierto que en esta vida nos hacemos en el tiempo: la repetición de actos da lugar a las virtudes o los vicios, que a su vez facilitan esos actos: es como si cada acto dejara un poso en el alma que la fortalece o debilita, lo mismo que el ejercicio o su defecto fortalece o debilita al cuerpo. Las virtudes clásicamente se las ha clasificado en prudencia (habito de elegir lo correcto), justicia (su realización con respecto de los demás), fortaleza (constancia durante su realización) y templanza (moderación en los placeres sensibles). Realmente una virtud implica las demás, en el fondo se reducen a decidir bien (prudencia que radica en la razón) y actuar en consecuencia (fortaleza), bien con respecto a los demás (justicia) o con respecto a uno mismo (templanza).

La inteligencia emocional

El autor dedica un capítulo a la inteligencia emocional, los sentimientos, cuyo control está ligado a la virtud de la templanza, y que tienen tanta influencia en nosotros. Normalmente actuamos con unos objetivos más o menos conscientes, pero tanto su realización como sus consecuencias despiertan en nosotros reacciones somáticas de bienestar o malestar que nos acompañan, y que no podemos evitar. Nuestra percepción de las cosas pasa por el efecto que estas producen en nuestro cuerpo unido al alma. Las posturas extremistas, desprecio de los sentimientos – estoicos, Kant -, o las que propugnan su supremacía -romanticismo, Hume, Rousseau, no parecen razonables: Son las virtudes y un conocimiento propio de lo que nos hace daño en relación con la salud, la familia, la amistad, el trabajo, … las que nos permitirán gestionar los estados de ánimo adversos que inevitablemente se producirán, y de encauzar los sentimientos con la razón y la voluntad. Contamos con derrotas y victorias, pero siempre tenemos la posibilidad de rectificar.  

Conviene considerar aquí los motores que nos mueven a actuar, las pasiones, capaces de concentrar nuestra atención en algo que la reclama, y de reducir el resto del mundo a ruido de fondo, casi siempre relacionadas con la ira, el deseo, o su contrario, el miedo. Las pasiones pueden ofuscar o potenciar nuestra inteligencia, todo depende de nuestros hábitos adquiridos principalmente durante nuestra infancia y adolescencia, y de la educación recibida, pero raramente nos privan de la responsabilidad de los actos a los que se encaminan.

Afecto, amistad, amor

No es posible una conducta razonable ante las pasiones sin el concurso de unas virtudes adquiridas, que hagan ver la belleza de la naturaleza, y que posibiliten la amistad, la laboriosidad, la lealtad,… , y con la pubertad, que el deseo sexual -que es bueno en sí mismo- se mantenga controlado, pues o se domina al principio o nos domina él. Este control o contención no es algo negativo, pues implica orientar las acciones que la sexualidad pide para su fin: la unión y la procreación dentro del matrimonio, y por esto, evitar su ejercicio fuera de él. De esta forma se potencia la personalidad y el control de uno mismo que facilitará la entrega posterior en el matrimonio y a otras actividades nobles. Ambos aspectos, donación y procreación no pueden separarse sin violentar nuestra naturaleza. La trascendencia del acto sexual es tan grande por lo que representa de donación personal y apertura a la vida[1], que requiere la estabilidad del matrimonio.

El enamoramiento es esa atracción que la vista del otro nos produce en todo lo que es (cuerpo y alma). Debería ser previo al acto libre de la entrega en el matrimonio, que queda a nuestra elección, y que por ser entrega entre personas es hasta la muerte. Entonces el placer sexual en el matrimonio ya no es el objetivo, sino que acompaña a la procreación y es ayuda mutua para mantener la unión de los esposos. El hombre, a diferencia de los animales, es capaz de elegir incluso sobre su actividad sexual por motivos superiores (la entrega a los demás sin el compromiso de la entrega a otro en el matrimonio).

La amistad, el amor se refieren a las relaciones humanas en donde las personas se enriquecen mutuamente, y sin las cuales los seres humanos quedan aislados, infelices. Se pueden definir como el roce de dos almas que se miran y aprecian. Esta comunicación, ese «mirar» al otro, implica compartir afanes y ayuda mutua, que se dan cuando hay verdadera amistad, y que llega a ser amor cuando uno percibe en el otro una perfección invisible a los demás: El amor es el sentimiento más radical cuando se manifiesta en obras, incluso cuando los sentimientos ya no acompañan. Es el caso del amor exclusivo de un hombre con una mujer.

[1] La continuidad biográfica desde la concepción fundamenta la idea de que el embrión es ya un alguien, no un “algo”. A este respecto puede consultarse este artículo: ¿Qué es el embrión humano?. Reseña de ¿Qué es el embrión humano?. Aceprensa

Revueltas en Irán: entre la nostalgia y el hartazgo

Dado la gravedad actual de los sucesos en Irán, publicamos este artículo en Aceprensa de Luis Luque:

“Cuando intento hablar sobre usted aquí en Teherán, la gente se encierra en un silencio temeroso”, le dijo Oriana Fallaci al entonces shah de Persia, M. Reza Pahlavi, en 1973. “Ni siquiera se atreven a pronunciar su nombre, Majestad. ¿Por qué?”, añadió, y el aludido respondió: “Por respeto exagerado, supongo”. La periodista italiana no le mencionó el dato de que, justo en esos días, la policía política del régimen (la Savak) estaba torturando y/o fusilando a decenas y decenas de opositores políticos. Conque tal vez la palabra respeto

Muy mal tienen que estar las cosas en Irán bajo el yugo de los ayatolás para que el referente de bienestar y libertad de una parte de la gente sea la Persia anterior a 1979, y para que un hijo de aquel temido shah –el príncipe Reza Pahlavi, exiliado en EE.UU.– se convierta para muchos en el deseado, el que comande un proceso de transición de un régimen islámico a uno de corte laico y más democrático. Pero es que, si en tiempos de Pahlevi senior se fusilaba, en los del ayatola Alí Jamenei se ahorca: para el 14 de enero, más de dos semanas después del inicio de las protestas masivas contra la falta de libertad y la asfixia económica que sufre la gente de a pie, las autoridades programaron –y a última hora postergaron– la ejecución de un primer manifestante, Erfan Soltani, de 26 años, a modo de advertencia a los que piden cambios.

En cada oleada de protestas contra el sistema teocrático que encabeza Jamenei, los resultados finales vienen siendo los mismos: la gente se levanta, sea contra el insoportable coste de la vida, sea contra las imposiciones religiosas, o contra la represión –a veces letal– por no ceñirse a los códigos de conducta impuestos por la casta clerical chiita. Le sigue entonces una contundente reacción policial y, tras un par de semanas, los ciudadanos, visto que nada cambia, se vuelven decepcionados a sus casas. Finalmente, las autoridades ajustan cuentas con los más “destacados” en los tribunales y en el patíbulo.

Quizás por eso ahora mismo, entre los que se manifiestan, pocos aceptan volverse atrás. Porque las hileras de cadáveres –más de 2.400 asesinados hasta el momento, según datos de la disidencia iraní– son el mejor argumento para entender que el régimen no hace rehenes.

Pezeshkian, la gran decepción

Las protestas, que se iniciaron a finales de diciembre, tuvieron su origen en el descontento de los comerciantes de equipos electrónicos, a los que la abrupta devaluación de la moneda les ha hecho casi imposible seguir importando mercancía y obtener algún beneficio. A día de hoy, para conseguir un dólar estadounidense hay que desembolsar 1,47 millones de riales.

El Gobierno se confiesa “sin ideas” sobre cómo resolver la corrupción, las luchas políticas internas y el déficit en las cuentas públicas

Se lo están sintiendo los comerciantes y quienes no lo son. Según explicaba en The Atlantic el escritor Arash Azizi, un dólar costaba 250.000 riales en 2021, pero hace apenas diez años se compraba por 30.000. “Ese continuo declive ha diezmado los ahorros, destruido la clase media e infligido verdadero dolor a las clases trabajadoras”.

La aguda sequía, que está provocando restricciones del suministro de agua, y los cortes eléctricos se han unido a la elevadísima inflación y a los apuros económicos de los menos favorecidos. “Los iraníes pobres pasan hambre”, afirma The Economist, y lo ejemplifica con que el subsidio gubernamental de 8 dólares mensuales establecido para estas capas poblacionales no da para mucho más que una bolsa de arroz o una jarra de aceite. El Gobierno, más exactamente su presidente Masoud Pezeshkian, se confiesa superado por la situación y literalmente “sin ideas” sobre cómo resolver los problemas derivados de la fuerte corrupción, las luchas políticas internas y un gasto gubernamental otrora desorbitado.

Pezeshkian, un cirujano cardiovascular con vocación política reformista, “ha sido una gran decepción desde cualquier punto de vista –dice Azizi a Aceprensa–, aunque también ha lidiado con una situación muy difícil, al tener que gestionar las operaciones encubiertas y los ataques israelíes (de junio de 2025), una economía en caída libre y el endurecimiento de las sanciones externas. En cuanto a sus emblemáticas promesas sociales, también ha fracasado. Logró poner fin a la obligatoriedad del hiyab, pero solo de manera informal y sin un cambio legislativo. No ha logrado acabar con la censura ni con las restricciones en internet, como había prometido. Y lo que es más importante: se ha limitado a observar el colapso económico. Sus potestades están severamente restringidas, ya que la mayor parte del poder reside en el Líder Supremo (Jamenei), no en el presidente”.

En tal sentido, añade, “la incapacidad del régimen para ofrecer una economía decente a su pueblo es una de las principales razones por las que lo odian y desean su desaparición. Los fracasos económicos del país están estrechamente vinculados a sus políticas centrales y a su sistema de gobierno irresponsable, ineficiente e incompetente”.

Pahlavi, la apuesta de los desesperados

¿Es lo suficientemente fuerte la actual movilización social como para mandar a casa –o a Rusia, en vuelos de huida– a la jerarquía gobernante? La última vez que las calles ardieron y se pensó que aquello era posible fue en 2022, en las protestas por la muerte de la joven Masha Amini tras una golpiza propinada por la “policía de la moral” por no llevar puesto el hiyab adecuadamente. Parecía que asistíamos a los momentos finales del sistema teocrático, pero aquello tuvo su punto de efervescencia y finalmente se apagó.

La principal diferencia entre aquel levantamiento y el presente, en opinión de Azizi, es que este último tiene “un carácter mucho más insurreccional. Refleja mucha más ira y desesperación. Las protestas son, de hecho, bastante numerosas, pero enfrentan muchos obstáculos en el camino hacia su gran objetivo de una revolución”.

En esto coincide Mehran Kamrava, profesor de Gobierno en la Universidad de Georgetown-Qatar. Según nos dice, las manifestaciones, que prendieron primeramente en ciudades pequeñas de la periferia, se tornaron violentas muy rápidamente, pero por ahora carecen del empuje suficiente para lograr un cambio real.

Algunos opinan que una intervención extranjera le haría el juego al régimen; lo ayudaría

“Más específicamente –dice–, no parece haber presión alguna sobre la Guardia Revolucionaria ni sobre el ejército regular; por lo tanto, las fuerzas de seguridad permanecen intactas y firmemente del lado del Estado, por lo que no vemos ninguna señal de que pueda haber una revolución”.

¿Podría catalizarla de alguna manera una figura como la del shah heredero Pahlavi, al que un sector de los manifestantes aclama, con la ayuda de un golpe quirúrgico israelí o estadounidense? No parece. Si algunos piden su regreso, apunta Kamrava, “se debe al reconocimiento de la marca, a que es alguien conocido, más que a que tenga una organización sobre el terreno, o a su misión o visión, pues no ha articulado ninguna”.

“La apuesta por Pahlavi se debe a la desesperación –señala por su parte Azizi–, ya que muchos lo ven como la única oportunidad de enfrentarse al régimen. Pero dudo de que tenga lo necesario. Es una figura divisiva que ha sido más el líder de una facción en particular que un líder nacional. Aunque él y otros líderes de la oposición pueden unirse para formar algo, por supuesto”.

En todo caso, si de la Casa Blanca depende, el aspirante a monarca no entrará en Teherán a caballo ni pasará bajo un arco de triunfo. Según dijo el presidente Donald Trump a un presentador de la plataforma Clash Report el pasado 8 de enero, Pahlavi le parecía “una persona agradable”, pero no era apropiado reunirse con él, sino esperar a ver otras posibilidades entre la oposición iraní. “Pienso que deberíamos dejar que todos salgan y ver quién emerge”, aseguró.

¿Un ataque estadounidense? “Mejor no”

El 13 de enero, Donald Trump posteó en su red social el anuncio de que la ayuda a los manifestantes iraníes iba “en camino”, lo que, a la luz del reciente golpe del Pentágono en Venezuela y la extracción de Nicolás Maduro, incitaría a imaginar una implicación militar más directa de EE.UU. para acabar de una vez con la que ha sido su principal fuente de desvelos en Oriente Medio desde 1979.

Claro que la capacidad de respuesta armada de Teherán sobrepasa por mucho a la venezolana, y tampoco sería fácil, llegado el caso, encontrar en el aparato gubernamental una Delcy a la que encomendarle los mandos de una transición. “Irán ha realizado un trabajo magistral manteniendo la unidad del régimen y evitando deserciones de alto perfil –asegura Nate Swanson en Atlantic Council–. La supervivencia del régimen siempre ha sido la consideración primordial, quizás en parte porque los líderes del país no tienen adónde ir”.

Por otro lado, tampoco es que un ataque externo coseche simpatías unánimes. “Hay que ser cuidadoso en esto –nos dice Azriel Bermant, investigador principal en el Instituto de Relaciones Internacionales de Praga–. He hablado con iraníes residentes en EE.UU. y me han dicho que solo los iraníes pueden echar abajo el régimen. Algunos opinan que una intervención extranjera le haría el juego al régimen; lo ayudaría. Tengo que decir, no obstante, que los ataques israelíes y estadounidenses de junio pasado ayudaron significativamente a debilitar al Gobierno: lo hicieron ver indefenso, vulnerable”.

Respecto a esto último, Kamrava discrepa. Según nos comenta, el ataque de junio pudo haber contribuido a la fuerte caída de la moneda, pero no necesariamente resultó en una percepción de debilidad de las fuerzas de seguridad, pues “el aparato coercitivo del Gobierno permanece intacto”.

En cuanto a la posibilidad de un golpe externo, hay mayor coincidencia. “Creo que cualquier Gobierno que se impusiera en Irán mediante un ataque militar extranjero carecería de legitimidad y credibilidad –señala el experto–. De hecho, sería, en cierto modo, una respuesta a las plegarias de la República Islámica, que podría señalar que muchos de los manifestantes cuentan con el apoyo directo de Israel, EE.UU. o ambos”.

De momento, sin embargo, los militares apostados en las antiaéreas para repeler la “ayuda en camino” de Trump están más reposados que quienes reparten plomo y palizas en las calles iraníes. Y los ciudadanos de a pie siguen poniendo los muertos, sin avistar, lastimosamente, el surgimiento de una figura sólida que arrincone de una vez a los ayatolás y que articule un programa de salida a la crisis nacional –no parece que Pahlavi pueda hacerlo–. Quizás no se atisbe el horizonte con demasiada claridad. Pero el hartazgo sigue ahí y está siendo increíblemente movilizador: ya han pasado un par de semanas, y la gente no se ha cansado.

¿Qué diferencia al hombre de los animales?

En este blog quiero recoger unos comentarios al libro «Antropología paso a paso» de José R. Ayllón, que considero muy interesante y recomiendo su lectura. Esta será una primera entrega a la que seguirán otras según vaya “digiriendo” su lectura.

Cuerpo y alma

Pienso que la inteligencia (entendida como el saber buscar soluciones a una dificultad) no otorga la condición de persona; la inteligencia en sentido amplio también la tienen los animales, incluso parece que algunos son capaces de actuar independientemente de los estímulos exteriores o de los instintos, por no hablar de la IA. Otra cosa, como parece referirse el autor, es cuando la inteligencia se manifiesta como arte, industria, ritos, …

La autoconciencia y la libertad responsable (que suponen la inteligencia como bien aclara el autor) sí que nos diferencia de los animales, y son las características de la persona (sustancia individual de naturaleza racional y libre). El hombre, a diferencia de los animales, puede auto programarse en contra de los estímulos y de la propia conciencia, por eso es libre y responsable, que es algo intemporal (inmortal). Es la libertad lo que nos diferencia. El alma, ese algo inmaterial que tienen los seres vivos que ordena las actividades del cuerpo, en el hombre es también inmortal: Como decía algún antiguo, un ser libre sólo Dios puede hacerlo, requiere un poder infinito, casi a consta de perder algo de Su poder.

Pero el hombre no sólo tiene un alma libre, su cuerpo le completa y le limita por su resistencia a hacer lo que quiere, tanto en lo físico como en la percepción de las cosas a través de los sentidos. Los sentidos externos (vista, oído,…) y los internos (el común, la imaginación, la estimación, la memoria) permiten un conocimiento sensible, pero el paso al conocimiento intelectual, ese reflejo subjetivo de la realidad requiere una actividad inmaterial que reside en el alma y que a su vez produce reacciones físicas en el cuerpo; se desconoce aún cómo se produce esta interacción. El lenguaje, la escritura, los gestos son consecuencia lógica del ser hombre. Mientras vive en el cuerpo no parece que tengamos otro medio de comunicarnos, ni de adquirir conocimientos (al menos los básicos) sin los sentidos.

Un poco de “prehistoria”

¿Cómo encajar el relato bíblico de Adán y Eva con el carácter primitivo de los primeros homo sapiens? El autor sugiere que los homínidos se desarrollaron como grandes monos y cedieron el paso a otros más evolucionados que se extinguían progresivamente hasta llegar al homo sapiens en un salto inexplicable, imposible de producirse considerando la simple evolución de las especies.

Según Darwin, la evolución se explica por “las leyes impresas en la materia por el Creador, …y a causas secundarias como las que determinan el nacimiento y la muerte de los individuos”. Algunos naturalistas piensan seguir a Darwin, pero dicen lo contrario: El azar (no se sabe bien lo que es) produce nuevas especies, cuando son las especies ya existentes las que tienen la potencia de evolucionar. En cualquier caso no parece que esta evolución haya producido seres libres como el hombre, ya que la libertad no se corresponde con las leyes de la física o de la biología.

¿Pero por qué no se constata la presencia de seres realmente inteligentes como la que se encuentra de otros homínidos en los yacimientos? Es llamativo que no se encuentren apenas vestigios históricos de la actividad de los primeros humanos cuando sabemos que hubo un salto más que cuantitativo desde el punto de vista de la evolución. Quizás sea porque el desarrollo de la industria es exponencial gracias a la colaboración de muchos, pues individualmente somos muy limitados. O también pudiera ser por un cataclismo que borrara los vestigios de una civilización más avanzada de lo que suponemos. Quizás el verdadero homo sapiens tendría menos de 50.000 años, bastante después de los primeros homínidos, si es que las dataciones son correctas.

El conocimiento

A diferencia de los animales, nuestra mente tiene consciencia de captar ciertas categorías de las cosas, que son: sustancia, cualidad, cantidad, causalidad, acción, lugar y tiempo. Nos podemos preguntar si lo captado por nuestra mente es verdadero o no. Dicho de otra forma, lo que consideramos verdadero, qué es con respecto de lo conocido, ¿adecuación, coherencia, algo que es útil o consensuado con los demás? Lo primero sería lo correcto, aunque no excluye lo demás, pero esta coherencia puede ser interpretada como realista o idealista, solo en nuestra mente. Si el criterio de verdad es la evidencia, la postura idealista -y más aún la existencialista que niega los conceptos universales y la misma lógica- resultan difíciles de aceptar, o bien es que no hay verdad, lo que es una contradicción, pues para decir que no hay verdad antes es necesario definirla.

Los conceptos universales y las ideas innatas hacen referencia a unos principios como base indemostrable de toda lógica o demostración (arte de razonar): principio de identidad, principio de no contradicción, principio del tercero excluido y principio de razón suficiente, que podríamos resumir en: “lo que es, es, y no puede ser otra cosa a la vez porque tiene una razón de ser”. Pienso que sólo la postura realista, en la que las ideas innatas son la base del razonamiento, va a permitir un desarrollo de la ciencia, en donde el análisis, la síntesis y las definiciones correctas son necesarios. El escepticismo tiene parte de razón al dudar de cosas que no conocemos del todo, o pretenden imponernos, pero es peligroso cuando pretende disculpar cualquier acción.

La ciencia utiliza las capacidades del hombre como son la inducción, la deducción (silogismo), el lenguaje matemático (que expresa leyes físicas sacadas de la experiencia), y el filosófico (estudio de las causas, eficiente, material, formal y final). Podemos usar la ciencia con objetivos experimentables y fehacientes, lo que demuestra que el conocimiento es verdadero. Además, la ciencia no es solo empírica: belleza, bondad, verdad son objetivos inmateriales de la filosofía con clara repercusión en la actividad creativa del hombre. A este respecto, me gustaría referirme a los presupuestos filosóficos que Einstein propuso (invariancia de las leyes físicas, constancia de la velocidad de la luz, …) para desarrollar sus teorías de la relatividad, y que derivaron en consecuencias prácticas indudables.

Filosofía contra Ideología

En este blog me atrevo a hacer unas reflexiones sobre las corrientes filosóficas, y si realmente influyen en la gente, o más bien son las ideologías, las costumbres establecidas, las que más nos mueven, quizás no tanto como las convicciones personales.

Cuando pregunto a la IA sobre los fundamentos del racionalismo, el empirismo, el idealismo y el existencialismo obtengo afirmaciones que dan que pensar (las pongo numeradas con más margen), y las comento acto seguido:

  1. Racionalismo: La razón como fuente del conocimiento es el camino principal para alcanzar el conocimiento verdadero. Las ideas innatas son conceptos o principios que, según los racionalistas, están presentes en la mente humana desde el nacimiento, sin necesidad de haber sido adquiridos por experiencia. Estas ideas son consideradas la base del conocimiento a priori, y se supone que han sido implantadas por una entidad creadora. Sus principales representantes son Descartes, Spinoza y Leibniz.

¿Podemos alcanzar un conocimiento completo de las cosas? ¿Como saber si nos equivocamos en los razonamientos? Por ejemplo, en la frase de Descartes, “Pienso, luego existo” se da una profunda inversión lógica en donde se antepone la consecuencia del existir a la propia existencia.

Las ideas innatas hacen referencia a los principios fundamentales de la lógica: principio de identidad, principio de no contradicción, principio del tercero excluido y principio de razón suficiente, que podríamos resumir en: “lo que es, es, y no puede ser otra cosa a la vez porque tiene una razón de ser”. Acerca de esto Sto. Tomás de Aquino desarrolló en la Summa unas respuestas muy acertadas a las preguntas que el conocimiento humano puede hacerse sobre su existencia y actuar, explicando la racionalidad del contenido de la Revelación bíblica.

  • Empirismo: Todo conocimiento comienza y acaba con la experiencia. Así, la razón por sí misma será incapaz de producir ningún conocimiento cierto, aunque sí podrá reflexionar sobre los datos que le proporcionan los sentidos. Locke establece los principios básicos del empirismo moderno. Afirma que no existen ideas innatas. El intelecto antes de toda experiencia no es más que un papel en blanco, por lo que todo entendimiento comenzará en los sentidos.

Según esto, no hay más fuente de conocimiento que la experiencia externa (sensación) o la interna (reflexión). Siguiendo a Locke, Hume afirma que nuestra mente recibe de la experiencia una serie de impresiones que va organizando por medio de las leyes de la asociación de ideas.

Pero si pensar fuera combinar ideas cuyo origen está en la experiencia, ¿quién o qué es lo que hace posible “la reflexión” para generar ideas? Es como si el pensar fuera como un programa de ordenador que nadie ha programado.

  • Idealismo: El idealismo es una corriente filosófica que sostiene que la realidad depende, en última instancia, de la mente o del pensamiento. Es decir, la realidad material no existe de manera independiente, sino que es una construcción o manifestación de la mente. El idealismo se desarrolla especialmente en Alemania en los siglos XVIII y XIX, con autores como Kant, Fichte, Schelling y Hegel.

El idealismo comparte con el racionalismo la confianza en la razón y en la existencia de estructuras lógicas universales, pero va más allá: sostiene que la realidad misma es, en esencia, mental o espiritual. Kant, por ejemplo, realiza una síntesis entre el racionalismo y el empirismo, afirmando que el conocimiento surge de la interacción entre las estructuras racionales de la mente y la experiencia sensible…

¿Cómo entender estas afirmaciones? El racionalismo busca verdades universales a través de la razón. El idealismo se enfoca en cómo la mente constituye la realidad misma. ¿No sería más fácil pensar que cosas son lo que son, y que podemos llegar a su comprensión en la medida de nuestra capacidad?

Contrariamente a lo que expone Kant – solo podemos conocer el mundo tal como se nos aparece, no como es en sí mismo -, pienso que sí podemos conocerlo, pues las categorías que estructuran y ordenan nuestra mente sí que pueden captar la esencia de las cosas, al menos como algo que existe fuera de nosotros, algo que viene de otro.

Hegel sostiene que la historia, la naturaleza y la cultura son manifestaciones de un proceso dialéctico, en el que la razón se va desarrollando y perfeccionando hasta alcanzar la autoconciencia absoluta. Identifica al “ser” con el acto de pensar, haciendo que cada espíritu finito participe de un Espíritu Absoluto que dará fundamento a toda la realidad. La Idea Absoluta sería, por tanto, al mismo tiempo Dios y nosotros mismos, algo infinito y finito a la vez, el que crea y es creado, en fin, una especulación que no explicaría ni siquiera las leyes de la física que son independientemente de nosotros.

  • Existencialismo: El existencialismo, por el contrario, surge como reacción a los sistemas filosóficos abstractos, incluido el racionalismo. Su punto de partida es la existencia concreta e individual del ser humano. La existencia precede a la esencia: primero existimos, luego nos definimos a través de nuestras elecciones. Los existencialistas sostienen que la vida no puede reducirse a conceptos universales ni a sistemas lógicos, sino que debe ser vivida y comprendida desde la experiencia personal, la libertad y la responsabilidad individual. Surge en el siglo XIX y se desarrolla plenamente en el siglo XX, con autores como Kierkegaard, Nietzsche, Sartre y Camus.

El existencialismo reacciona contra el racionalismo y el idealismo, defendiendo la primacía de la existencia individual y concreta sobre cualquier sistema lógico o construcción mental.

Así, Sartre rechaza la ética basada en deberes abstractos. Defienden una moral basada en elecciones concretas y personales y no en unos derechos humanos universales, lo que puede conllevar a la lucha entre los individuos, a la sinrazón, a la desesperación.

Yo entiendo, por el contrario, que la libertad moral, está ligada a la razón y al deber, no a la experiencia vivida. No a un deber cualquiera, sino el que corresponde a nuestra naturaleza que nos viene dada. De acuerdo con esta naturaleza (las operaciones propias del ser humano racional) podemos elegir hacer el bien o el mal, pero esto no define nuestra esencia sino nuestro mérito o demérito. La esencia es el conjunto de características que definen a un ser o a una cosa, independientemente de sus circunstancias particulares. Por ejemplo, la esencia del ser humano incluye la racionalidad y la libertad. En la obra de Santo Tomás de Aquino, se distingue que la esencia responde a la pregunta «¿qué es?», mientras que la naturaleza responde a «¿cómo actúa ese ser según lo que es?».

«El hombre loco» es una parábola de Nietzsche que simboliza la crisis de la fe en la modernidad y la declaración de que «Dios ha muerto». A mi entender, la lectura de esta parábola manifiesta más bien una duda sarcástica de la existencia de Dios, no su muerte; en el fondo se daba cuenta de que sin Dios nada tiene sentido … ¿Por qué entonces no aceptar una moral objetiva en vez de dejar al ser humano ante el abismo del nihilismo, es decir, la ausencia de sentido y de valores universales? Me da la impresión de que la respuesta del “superhombre” solo reafirma la incapacidad del hombre de ser Dios, de aceptar su condición de indigencia como de su máxima libertad.

Pregunto a la IA sobre la relación entre las corrientes anteriores, y me contesta con notas tomadas de una página web: “Kant es un punto de encuentro, ya que su filosofía recoge elementos del racionalismo y del empirismo, y su idealismo trascendental influirá tanto en el idealismo alemán como, indirectamente, en el existencialismo, al poner el foco en el sujeto y su experiencia”.

Según esto, parecería que Kant es quien tiene un mejor conocimiento filosófico del hombre. Pero, aunque su ética se basa en el imperativo categórico, que exige actuar solo según máximas que puedan convertirse en leyes universales, y defiende la existencia de Dios como una exigencia de la razón práctica, no concluye en un Dios personal que nos quiere, al que podemos llegar. Para Kant lo que la realidad sea en sí misma es para nosotros un completo misterio. Por esto, una fe racional, que surge cuando la razón reconoce que hay cosas que no puede probar, pero que son necesarias para vivir moralmente, no resulta convincente, ni resuelve nuestras dudas del porqué del mal en el mundo como se plantea Nietzsche. Sólo un Dios personal que viene a restaurar nuestra libertad y a salvarnos aclara este problema, como insistentemente nos dice la Biblia.

Quizás es esta la razón del surgir de algunas corrientes personalistas como respuesta tanto al individualismo (que exaltaba al individuo aislado) como al colectivismo (que subordinaba al ser humano a proyectos colectivos como el Estado o la clase social) y que coloca a la persona en el centro de la reflexión, defendiendo su dignidad, libertad y carácter relacional. El personalismo retoma elementos de la tradición filosófica (como la noción de sustancia en Aristóteles y Tomás de Aquino) y los combina con aportes modernos como la subjetividad y la libertad; su prioridad no es tanto dar una respuesta a la pregunta qué es la persona sino más bien quien es.

Queda por mencionar las ideologías postmodernas. Pienso que se basan en la bondad de unos pretendidos principios generales (justicia social, antirracismo, igualdad de derechos de mujeres y hombres, …) para implantar otros que no lo son en absoluto. Acabo de ver en internet un significado de ser woke: “being woke is about empathy, awareness, and working toward a fairer society”. Magnifico. Y, ¿qué pasa si digo que elegir el sexo no está en nuestra naturaleza, o que el aborto voluntario supone quitar la vida a un ser indefenso? La respuesta no se haría esperar, eres un facha que vas en contra de los derechos de las personas. ¿Qué ha pasado? A base de repetirnos los media estos insultos, se acaba pensando que estos otros supuestos derechos forman parte del buen obrar, y si no piensas así no eres buena persona. Esta es la manipulación: si no aceptas también estos otros principios, no eres democrático, incluso no tendrías derecho a formar parte de la sociedad, como se pretende con los partidos políticos que discrepan de esta ideología dominante.

Afortunadamente, no siempre se obra sólo por consideración a lo que es la forma más normal o convenida, sino de acuerdo con nuestra naturaleza. La prueba es que en todos los tiempos el bien siempre ha sobresalido con formas sustancialmente las mismas a pesar de la libertad humana para obrar no rectamente. Por otra parte, en la vida ordinaria lo que realmente nos mueve son las realidades cuotidianas, muchas de las cuales no llegamos a comprender del todo. En el día a día hacemos muchos actos de fe, suponiendo que es cierto lo que nos cuentan o leemos. Es ahí donde la manipulación que realizan los medios de comunicación (nuevos en esta edad postmoderna) entra en juego para controlar la opinión de la gente: Se utiliza el poder manipulador de las grandes organizaciones, bien apoyados por los medios de comunicación, para dar por sentado que la ideología woke, por ejemplo, es la forma correcta de pensar.

Volviendo al principio, podemos concluir que las corrientes filosóficas sí que nos influyen como forjadoras de las ideologías y en la legislación en los estados, que es de vital importancia para las costumbres y obrar de sus miembros. Como vemos no es lo mismo filosofía que ideología, éstas últimas bastante activas en nuestro tiempo, y no sé si más peligrosas que el empleo de la fuerza bruta.

Rezar frente a centros de aborto no es un delito: una sentencia importante

Reproducimos este artículo de Luca Volontè publicado en lanuovabq.it. Al estar en italiano hemos optado por una traducción automática al español:

Un juez español ha absuelto a voluntarios de 40 días de por vida en juicio por rezar delante de una clínica de abortos. Se ha consagrado un principio legal importante.

A pesar de que reina la confusión y los escándalos del presidente del Gobierno Sánchez y sus partidarios socialistas nublan la política y la sociedad españolas cada día, surgen buenas noticias: hay un juez justo en España. Los voluntarios españoles de «40 Días por la Vida«, parte de la red global de católicos y cristianos evangélicos que demuestran su pasión por la vida del no nacido rezando frente a clínicas de aborto en todo el mundo, denunciados en 2022 por rezar frente a una clínica de abortos en Vitoria (País Vasco), han sido absueltos de los cargos.

El juez consideró que se habían manifestado «de manera extremadamente pacífica» y que no hubo delito de coacción, tal y como preveía la ley buscada por Sánchez y su coalición de comunistas y sicarios. Esta es la Ley Orgánica 4/2022 que castiga con prisión a cualquiera que acose a mujeres que acudan a clínicas de aborto, incluidas oraciones o manifestaciones, si se considera coacción o una forma de acoso que perjudique su libertad.

Los hechos juzgados tuvieron lugar entre el 28 de septiembre y el 6 de noviembre de 2022, cuando varios voluntarios de la campaña «40 Días de Vida» fueron denunciados por rezar cerca de una clínica de abortos. Unos días después, un juez escuchó sus declaraciones y, como precaución, les prohibió acercarse a menos de 100 metros de la clínica. La denuncia se extendió a varias personas más y no hubo fallo judicial hasta el martes 9 de diciembre. Por ello, el juez rechazó las razones presentadas en la demanda presentada por la clínica de abortos, que pedía una condena de cinco meses de prisión para todos los voluntarios que rezan, posiblemente sustituida por 75 días de servicio comunitario, así como una compensación de 20.000 euros.

Por el contrario, el Tribunal Penal Número 1 de la ciudad de Vitoria dictaminó que los manifestantes se manifestaron «de manera absolutamente pacífica» sin intención ni efecto coercitivo de la voluntad de las niñas y mujeres que querían abortar, ni impedimentos para acudir a la clínica. Los tres argumentos presentados por la magistrada Beatriz Román, autora de la sentencia, son muy claros y sencillos:

– Libre derecho de reunión. Los demandados «no hicieron más que ejercer su libre derecho a reunirse, eligiendo un lugar cerca de una clínica donde se realizan abortos. Sentían que expresar sus demandas en ese lugar y de la manera en que lo hacían era la forma más adecuada de transmitir el mensaje que quieren transmitir —rezando por la vida y ofreciendo su ayuda— directamente a los principales destinatarios»;

– De una manera «pacífica». Todo esto, añade el magistrado, fue comunicado correctamente a la autoridad competente y se llevó a cabo en silencio de una manera «exquisitamente pacífica»;

– No hubo ofensa ni presión contra los trabajadores o madres que acuden al centro de abortos.

Una sentencia que también es un hito legal, ya que es el primer juicio de este tipo celebrado en Europa y respalda la tesis respaldada por la defensa: los acusados se limitaron a rezar en silencio y expresar su apoyo por la vida, sin insultar ni ejercer presión sobre los trabajadores o usuarios del centro. Es muy probable que la sentencia de primera instancia sea apelada ante el Tribunal Provincial de Álava por la clínica de Vitoria, pero también por organizaciones proabortistas y multinacionales de todo el continente europeo, así como por la Fiscalía.

No obstante, la decisión del juez Román envía un mensaje claro: la oración pacífica, respetuosa y silenciosa, incluso frente a una clínica de abortos, entra dentro del alcance de las libertades fundamentales reconocidas por la Constitución, aunque resulta muy llamativo demostrar cómo las simples oraciones silenciosas pueden constituir «acoso» o «persecución» o que existe alguna coacción, dado el poco de personas reunidas en cada ronda de oración fuera de la clínica. Por tanto, hay justicia en España, no solo la que está surgiendo obstinadamente y revelando los densos complots de corrupción del presidente del Gobierno Sánchez y su Partido Socialista, sino también una justicia que aplica la ley sin interpretaciones iliberales ni anticristianas.

Malestar en Europa

Acabo de leer un artículo en la Razón, en donde Susana Gómez comenta las críticas de EEUU a Europa en un texto de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE UU. Desde luego tenemos de qué preocuparnos ante la deriva antidemocrática que están tomando las instituciones europeas que parecen ocultarnos todo lo que no sea políticamente correcto, en un intento de amordazar las conciencias.

Veamos algunos párrafos de este artículo (en cursiva y con lista de guiones) seguidos de algún comentario por mi parte:

  • “… Y es que en lo que concierne a Europa, el texto critica una supuesta pérdida de democracia y libertades y ataca duramente a las instituciones europeas al estilo de los partidos ultra del continente: “Los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y de otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que están transformando el continente y generando conflictos, la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política, el desplome de las tasas de natalidad, y la pérdida de las identidades nacionales y de la autoconfianza”, puede leerse en la página 25. También se habla del ‘declive’ económico de Europa, que supuestamente tendría su origen en dichas instituciones y su legislación, y advierte en tono apocalíptico, que el continente tiene que cambiar de rumbo porque, de otro modo, «dentro de 20 años o menos, no será reconocible’.”

La autora del artículo habla de “una supuesta pérdida de democracia y libertades”, pero en mi opinión no me parece tan supuesta sino real; ¿qué podemos hacer los votantes de los partidos sino obedecer lo que ellos nos digan?; ¿qué opciones tenemos sino oír una y otra vez las mismas opiniones que nos presentan las grandes cadenas de televisión…?

  • “… Estados Unidos asegura además que se dedicará a “ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual”, así como a “fomentar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de los distintos países europeos”. Al mismo tiempo, la expansión de la OTAN se evalúa de manera crítica, y se sugiere frenar la expansión de la Alianza. En definitiva, no se considera a la UE como un actor político independiente, sino más bien como un espacio cuya estabilidad y orientación deben alinearse con los intereses estadounidenses. Además, asegura que los gobiernos europeos tienen “expectativas poco realistas” sobre el fin de la guerra en Ucrania.”

Ahora, la autora del artículo menciona el interés de EE. UU. por limitar la expansión de la OTAN. Efectivamente, creo que sería conveniente que Europa dejara de fomentar la hostilidad entre Ucrania y Rusia para que acabe esta guerra infernal cuyos perjudicados son en primer lugar Ucrania y los miles de muertos de ambas partes, y los beneficiarios la industria armamentística. Es una pena que desde el comienzo de las hostilidades Europa haya sofocado propuestas realistas de paz alimentando la guerra.

  • “… En Berlín, donde aún recuerdan el discurso del vicepresidente J.D. Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich, no ha sentado nada bien. El ministro de Exteriores de la democracia cristiana, Johann Wadepuhl, ha asegurado que van a «evaluar de manera intensiva la nueva estrategia de Estados Unidos en todos los puntos”.

Aconsejo la lectura de este discurso de J.D. Vance, del que extraigo estos párrafos:

… estamos reunidos en esta conferencia para hablar de seguridad. Normalmente hablamos de las amenazas que pesan sobre nuestra seguridad exterior y veo a muchos altos cargos reunidos aquí hoy. Pero aunque la administración Trump está muy preocupada por la seguridad europea y cree que podemos llegar a un acuerdo razonable entre Rusia y Ucrania, también creemos que es importante que Europa tome medidas importantes en los próximos años para garantizar su propia defensa. Porque la amenaza que más me preocupa en Europa no es Rusia, no es China, no es ningún otro actor externo. Lo que me preocupa es la amenaza desde dentro: el retroceso de Europa en algunos de sus valores más fundamentales. Valores compartidos por lo demás con Estados Unidos. …

Me sorprendió que un excomisario europeo se expresara recientemente en televisión para alegrarse de que el gobierno rumano anulara unas elecciones presidenciales. Advirtió de que, si las cosas no salían como estaba previsto, lo mismo podría ocurrir en Alemania. Estas declaraciones temerarias son chocantes para los oídos estadounidenses. Durante años, se nos ha dicho que todo lo que financiamos y apoyamos se hace en nombre de nuestros valores democráticos comunes. Todo, desde nuestra política hacia Ucrania hasta lo digital, se presenta como una defensa de la democracia. Pero cuando vemos a los tribunales europeos anular elecciones y a altos funcionarios amenazar con anular otras, debemos preguntarnos si nos imponemos normas lo suficientemente altas. Y digo «nosotros» porque creo fundamentalmente que estamos en el mismo equipo.” …

Me temo que la libertad de expresión está retrocediendo. Y, queridos amigos, en aras del humor, pero también de la verdad, estaré dispuesto a admitir que, a veces, las voces más fuertes a favor de la censura no provienen de Europa, sino de mi propio país, donde la administración anterior amenazó e intimidó a las redes sociales para que censuraran lo que ella llamaba desinformación. Desinformación, como por ejemplo la idea de que el coronavirus probablemente se había escapado de un laboratorio en China. Nuestro propio gobierno animó a las empresas privadas a silenciar a las personas que se atrevían a decir lo que resultó ser una verdad evidente. …

Pero lo que ninguna democracia, ya sea alemana, estadounidense o europea, sobrevivirá es a decirle a millones de votantes que sus pensamientos y preocupaciones, sus aspiraciones, sus peticiones de ayuda son inválidas o ni siquiera merecen ser tomadas en consideración. La democracia se basa en el principio sagrado de que la voz del pueblo cuenta. No hay lugar para las barreras sanitarias. O defiendes el principio o no lo haces. El pueblo europeo tiene voz. Los líderes europeos tienen la opción. …»