Cuando los conflictos se cierran en falso

Publicamos este artículo de Antonio R. Rubio en Aceprensa. Si se me permite un comentario antes de transcribirlo, diría que la solución final es un gran acuerdo de Europa con Rusia, con la antigua Rusia:

Han pasado cien años desde la conclusión del tratado de Locarno el 16 de octubre de 1925, con el que se pretendía estabilizar Europa tras la Primera Guerra Mundial. Seis años antes se había aprobado el tratado de Versalles, por el que Alemania fue obligada a aceptar la responsabilidad en el desencadenamiento del conflicto y tuvo que soportar humillantes sanciones económicas y pérdidas territoriales.

La concesión de los Premios Nobel de la Paz de 1925 y de 1926 fue un ejemplo del triunfo del “espíritu de Locarno”, pues les fueron otorgados, entre otros, al ministro de Asuntos Exteriores británico, Austen Chamberlain, a su homólogo francés, Aristide Briand, y al canciller alemán, Gustav Stresemann. Todos ellos habían participado en las negociaciones de Locarno.

Triunfo y fracaso del sistema de Locarno

Sin embargo, pocos años después, la crisis económica de 1929 y la llegada al poder del nacionalsocialismo pusieron un abrupto final al sistema de paz y seguridad suscrito en Locarno. Es cierto que hubo circunstancias externas que los signatarios no supieron prever, pero los fallos también estaban en el contenido del tratado.

Se alimentó la ilusión de que se había alcanzado una paz estable en Europa, porque los países firmantes, como Alemania y Francia, se comprometieron formalmente a resolver sus diferencias por medios pacíficos, con el auxilio de tribunales o comisiones internacionales, y no recurrir a la guerra salvo en caso de legítima defensa (art. 2). Se trataba de un hito histórico que, pese a todo, no sería suficiente para lograr una paz estable.

Una década después, la Alemania hitleriana ocuparía la zona desmilitarizada del Rin junto a la frontera francesa, impuesta en el tratado de Versalles. Todo ello, a pesar de que en el art. 4 del tratado de Locarno se consideraba “una concentración de fuerzas armadas en la zona desmilitarizada” como una infracción grave y un motivo merecedor de “una acción inmediata”. Francia llevó el asunto al Consejo de la Sociedad de Naciones, pero no obtuvo el apoyo de Gran Bretaña, que prefería una política de apaciguamiento con Alemania, para no iniciar nuevas hostilidades en Europa. Los británicos dejaron claro que no respaldarían ninguna intervención armada.

Un aspecto llamativo del tratado de Locarno se refiere a la intención de evitar una nueva guerra entre Alemania y Francia, aun a sabiendas de las duras condiciones de paz impuestas en Versalles. De ahí que en su preámbulo se exprese “la necesidad de asegurar la paz en la zona que ha sido con tanta frecuencia escenario de los conflictos europeos”. Pero, al mismo tiempo, en el art. 6 se reitera que las disposiciones del tratado no afectan a los derechos y obligaciones contraídos por las partes en el tratado de Versalles.

Locarno no fue una reconciliación francoalemana, porque no se basaba en la cooperación, sino en el equilibrio

No estamos, por tanto, ante una efectiva reconciliación francoalemana, como lo sería la Declaración Schuman, origen de las Comunidades Europeas en 1950. Se entiende, porque el sistema de Locarno no se basaba en la cooperación, sino en el principio de equilibrio, fundamento de la seguridad europea desde el siglo XVII. En efecto, el tratado proporciona unas garantías complementarias al Pacto de la Sociedad de Naciones y a otros tratados posteriores a la contienda. En ningún caso cabría modificar el statu quo territorial salido de dicha normativa, pero a la Alemania vencida se le estaba ofreciendo la posibilidad de ingresar en la Sociedad de Naciones, una importante contribución para que los alemanes salieran del aislamiento impuesto por la derrota. Este ingreso se haría efectivo en 1926, una vez ratificado el tratado por todos los países firmantes.

Inquietud en el lado oriental

La euforia con la que franceses y británicos saludaron el tratado de Locarno contrastó con la inquietud con que lo recibieron los líderes políticos polacos y checoslovacos. Había una garantía, incluso militar, para las fronteras occidentales de Alemania con Francia y Bélgica en caso de alguien las atacara, y dicha garantía tenían que proporcionarla Gran Bretaña e Italia (art. 2).

Sin embargo, esta disposición no se aplicaba a las fronteras orientales, principalmente porque Alemania no las aceptaba como definitivas, al contrario que las occidentales, y solo se comprometía a negociar su posible modificación por medios pacíficos. Surgieron, por tanto, dos tratados de arbitraje de Alemania, con Polonia y Checoslovaquia, cuyo contenido era idéntico a los establecidos con Francia y Bélgica. Con todo, en esos dos primeros tratados se añadió un artículo final que hacía referencia a que el tratado no modificaría en nada “los derechos y obligaciones de las altas partes contratantes como miembros de la Sociedad de Naciones”. Si tenemos en cuenta que el tratado de Versalles formaba parte del Pacto de la Sociedad de Naciones, Alemania no podía hacerse demasiadas ilusiones sobre cualquier revisión de las fronteras impuestas en Versalles.

La decepción de Polonia y Checoslovaquia fue aún mayor, pues interpretaban Locarno como un abandono por parte de Francia, que había firmado tratados de seguridad con ellas. Poco a poco, empezarían a valorar un acercamiento a la Unión Soviética por medio de pactos de no agresión. Esto se puso en práctica con el acuerdo polaco-soviético de 1932 y el checoslovaco-soviético de 1935. La amenaza de la Alemania nazi se hacía cada vez más patente, pero Stalin no sería precisamente el salvador de los dos países centroeuropeos, pues a partir de 1945 cayeron en la órbita soviética.

Los armisticios no significan la paz

Con ocasión del centenario del tratado de Locarno no han faltado las comparaciones con los Estados Unidos de ahora y entonces. Hace un siglo, las presidencias republicanas de Warren Harding y Calvin Coolidge practicaron una política aislacionista, en contraste con la presidencia del demócrata Woodrow Wilson, fundador de la Sociedad de Naciones, en la que Estados Unidos ni siquiera llegó a ingresar. El eslogan de los presidentes republicanos era America First, retomado por Donald Trump, y esto llevaba a Washington a desentenderse de los asuntos de Europa. Por eso, Locarno fue un asunto exclusivamente europeo. Las grandes potencias europeas de entonces, Francia y Gran Bretaña, aparecían como garantes de la seguridad en el continente, aunque no parecían tener conciencia de vivir en un estatus provisional. Tarde o temprano, dos países condenados al aislamiento, Alemania y la Unión Soviética, se recuperarían y acabarían jugando un papel protagonista en el escenario europeo.

Hoy es frecuente la confusión entre la paz y el armisticio, acaso porque los conflictos bélicos actuales producen tantas víctimas civiles, que un alto el fuego siempre es una gran noticia. Con todo, eso no es suficiente, porque si no se abordan las raíces de los conflictos, existirá el riesgo de que se reanuden los enfrentamientos. Por eso, siempre se ha dicho que los grandes tratados de la historia solo han sido pausas o armisticios antes de una nueva guerra. El tratado de Locarno quería ir más allá y se basaba en el multilateralismo y las medidas de confianza y respeto de las partes implicadas. Su posterior fracaso se debió tanto a la falta de voluntad política como al aplazamiento indefinido de discrepancias que no podían ser solucionadas en aquel momento, como era el caso de las fronteras orientales alemanas.

Por eso es difícil de admitir que un comportamiento unilateral en las relaciones internacionales pueda ser una contribución a la paz. Por el contrario, el camino hacia la paz guarda relación con las soluciones intermedias, que en la mayoría de los casos son las únicas posibles para obtener una paz con cierta justicia. Toda política exterior basada en gestos, declaraciones o efectos es efímera por naturaleza. En el mejor de los casos, se alcanzará una paz precaria. La historia demuestra, sobre todo en el último siglo, que una auténtica paz no puede alcanzarse al margen del Derecho internacional, por mucho que se acuse a las organizaciones internacionales de ineficacia y poca operatividad. Conviene no olvidar que las organizaciones no suelen ser nada por sí mismas y que su funcionamiento depende del compromiso de los Estados miembros.

Un armisticio en Ucrania no garantizaría la paz, en la medida en que Rusia se considera en posesión de unos derechos históricos sobre el territorio ucraniano

Sin embargo, hay que admitir que el Derecho internacional no pasa por sus mejores momentos. Los Estados Unidos de Trump apuestan por el unilateralismo, mientras que la Rusia de Putin y la China de Xi Jinping suelen hacer referencias al Derecho internacional en sus declaraciones públicas, pero siempre entendido como un derecho de los Estados, que identifican con sus respectivos pueblos e indiscutiblemente con sus líderes supremos.

¿Un Locarno para Ucrania?

¿Puede ser el tratado de Locarno un modelo inspirador para una futura paz en Ucrania? Desde un punto de vista formal, sería interesante, como hace un siglo, que las partes enfrentadas tuvieran garantías de seguridad de terceros países y que se comprometieran a resolver sus diferencias por medios pacíficos. Sin embargo, el conflicto ucraniano es mucho más que el de dos países enfrentados por disputas de territorio. La invasión rusa de 2022, al igual que la anexión de Crimea en 2014, cuestionó todo el marco de seguridad en Europa establecido en la posguerra fría. Por tanto, un cese de las hostilidades en Ucrania y la posible fijación de una línea divisoria en el frente no significaría la paz. Los ucranianos se verían obligados reconocer de facto sus pérdidas territoriales, pero el problema estaría en el establecimiento de unas garantías de seguridad. Rusia se opone frontalmente al despliegue de tropas de países occidentales en Ucrania, sobre todo si son miembros de la OTAN. Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores ruso, declaró el pasado 20 de agosto que su país se reserva el derecho de veto sobre ese tipo de garantías de seguridad.

La actitud inflexible de Rusia demuestra que las preocupaciones de Moscú no solo están relacionadas con su seguridad, aunque Putin señalara hace tiempo que una de las causas del conflicto era la expansión de la OTAN hacia el este. Si eso fuera así, Rusia podría conformarse con anexiones territoriales y garantías de seguridad. Pero el conflicto de Ucrania parte de una concepción esencialista de la nación rusa con una representación concreta del mundo, del espacio y de la historia. Rusia se considera en posesión de unos derechos ancestrales sobre unos territorios históricos, que en su día formaron parte del imperio de los zares. En consecuencia, no caben otras salidas que las anexiones y las zonas de influencia. Por eso, un armisticio en Ucrania, e incluso un tratado formal, no garantizaría la paz, porque –pese a las ganancias territoriales rusas– Moscú difícilmente aceptaría que Ucrania pudiera integrarse en Europa, aunque renunciara a formar parte de la OTAN.

Es el odio (sí, y el rifle)

Publicamos este artículo de Luis Luque en Aceprensa:

Cuando Charlie Kirk recibió el disparo que unos minutos después le arrebataría la vida, estaba haciendo lo que mejor sabía: debatir, intentar desarmar argumentalmente a sus contrarios para ponerles otras razones en sus manos. Pero algunos las tenían ocupadas en taparse los oídos. Alguno, incluso, ocupadas en sostener un máuser con el mínimo pulso, sin nervios…

Por desgracia, el asesinato del joven polemista conservador no será el último que la violencia política se llevará por delante en Estados Unidos. Como afirmación de un simple observador externo puede parecer atrevida, pero la relación de incidentes contra personajes públicos, vinculados o no directamente a los dos principales partidos nacionales, es abultada. Ahí está la bala que le surcó la oreja a Donald Trump, el brutal ataque al marido de la presidenta de la Cámara, Nacy Pelosi; la muerte a tiros de Melissa Hortman, representante demócrata en el Congreso de Minnesota…

Y claro, los medios están a la mano. Según datos de 2023 ofrecidos por el FBI, las pistolas estuvieron presentes en el 53% de las 13.529 muertes por disparos en ese país; las escopetas, en el 1%; los rifles, en el 4%, y en el 42% restante se utilizaron otras armas de fuego “de tipo no especificado”. Si se calcula que hay entre 400 y 500 millones de estas armas en poder de la población (y el número de residentes del país no llega a los 332 millones), uno podrá imaginar que el pastor que leerá el salmo 22 en las exequias de Kirk –o el que lo hizo en las de Hortman y su esposo– volverá al camposanto antes de lo que desearía.

Porque el clima es propicio. Kirk, un rival temible en la arena de la palabra, plantaba la tienda dondequiera que era emplazado, con especial querencia por los campus universitarios –de hecho, estaba al inicio de una gira por una decena de ellos–. Pero al debate se va por un camino empedrado de lecturas, de reflexión, de reconsideraciones, y muchos prefieren el trillo. Una encuesta reciente de la Foundation for Individual Rights and Expression (FIRE) a más de 68.000 estudiantes norteamericanos de educación superior muestra que, para el 34%, está bien hacer uso de la violencia para acallar opiniones contrarias en sus centros (otra variante, más “tranquilizadora” y que da por buena el 72%, es emprenderla a gritos con el conferencista para que baje del estrado y se largue). También un sondeo anterior, de 2024, pero con población general, halló que el 20% de los consultados consideraba justificada la violencia política “al menos algunas veces”.

David French, columnista del New York Times y adversario ideológico de Kirk, lo tiene claro: “Si seguimos así, Charlie Kirk no será el último en morir”. El analista toma nota de algunos exabruptos online, con llamados a la venganza, al ojo por ojo –“estamos en guerra”, “esto es la guerra”–, y advierte de que un hecho así puede costarles a sus compatriotas el país tal como lo han conocido: “Lo perdemos cuando dejamos de ver a nuestros oponentes como humanos, cuando anhelamos la venganza más que la paz, cuando la motivación de nuestro compromiso político deja de ser el bien común de nuestra República constitucional (o incluso la simple seguridad de nuestras familias), y se centra en infligir dolor y angustia a nuestros enemigos políticos”.

Algo esto último, por cierto, en lo que todos han sido particularmente punzantes en este primer cuarto de siglo en el que las ráfagas han sido inmisericordes, con Hillary Clinton llamando “despreciables” a los votantes de Trump y este amenazando más de una vez con encerrarla a ella y a la familia Biden al completo. Nadie se extrañe de que, en las redes sociales, los seguidores de cada bando se deseen los unos a los otros las peores monstruosidades, y que aplaudan a rabiar la tragedia de alguno de sus contrarios. Como si el exaltado tuitero no tuviera a esa misma hora en casa a su esposa leyendo tranquilamente una revista y a sus niños correteando detrás de un cachorro. Como si no los tuviera aquel a quien él desea fulminar.

Para algunos, dentro y fuera de EE.UU., no hay remedio, porque se trataría de un problema esencialmente norteamericano, de una marca indeleble. “Esta nación necesita afrontar la violencia que parece estar en nuestro ADN”, lamenta un escritor en Newsweek, quizás en línea con la curiosa tesis de Michael Moore en Bowling for Columbine (2002) de que el terror y el crimen se arraigaron a esa idílica y pacífica tierra únicamente cuando llegaron los peregrinos del Mayflower armados de mosquetes, y no pueden desterrarse. Y uno se encoge de hombros al recordar la de cabezas que rodaron en París o en La Vendée siglo y medio después de aquello; atrocidades que no parecen haber condicionado en absoluto los actuales niveles de criminalidad de Francia, bastante más bajos que los de EE.UU.

Sí: la diferencia puede ser el máuser. Puede ser que quien lo tiene no debería tenerlo –el propio Kirk, devoto defensor de la 2da. Enmienda, no estaría de acuerdo, pero los hechos están ahí–. Es el odio profundo al rival, seguramente, pero el odio, a efectos de que el contrario siga vivo o no, no es per se el problema: es su conjunción con el dedo en el gatillo. En España, en el Congreso de los Diputados, he visto pasar a una diputada junto al escaño de un colega de otro signo y gritarle a todo pulmón: “¡Fascista!” –¿acaso hay que guardar las formas ante un “miserable fascista”, se preguntará?–, tras lo cual sus seguidores la han secundado y afirmado en su histérica reacción. He visto a estudiantes boicotear a conferencistas de derechas en sus universidades, pedir su expulsión, intentar golpearlos…

Pero a nadie apostado con un rifle en una azotea, al acecho. Porque no hay armas accesibles. Normalmente no en las manos equivocadas. Quizás, en lo que los estadounidenses se sientan a esperar largamente que los odios se enfríen, deberían empezar por ahí: por repensar esa extraña libertad. Pero no sucederá.

Queda solo esperar que pase el próximo cortejo.

Progresismo de la abundancia, ¿una izquierda capitalista?

Publicamos este artículo de Aceprensa por Josemaría Carabante:

Siempre que un partido pierde las elecciones suceden dos cosas: se buscan culpables y se pretenden hacer ajustes ideológicos. Pasó en Estados Unidos cuando cayeron los republicanos, en la época de Obama, y de ahí arrancó el Tea Party. Ahora, tras la victoria de Trump y su partido, en el espacio de los demócratas surge el “liberalismo de la abundancia”.

La irrupción de esta tendencia “liberal” (en sentido norteamericano; en Europa se diría “progresista” o “izquierdista”) es reciente y se debe, en efecto, al interés por articular una propuesta política que posibilite el rearme demócrata. La noción de liberalismo de la abundancia alude a una corriente en el seno de la izquierda norteamericana que se ha originado en el entorno de algunos think tanks y movimientos, y que varios libros publicados recientemente se han encargado de difundir.

Apostar por el crecimiento

En el nuevo contexto, las fronteras tradicionales entre la izquierda y la derecha se han vuelto porosas e incluso cabría decir que confusas. Pero eso no tiene por qué ser malo: por ejemplo, a la derecha siempre se le ha reprochado su atención prioritaria por los problemas económicos y por la seguridad, así como por la dejación que ha hecho de la cultura o los valores, feudos más intensamente trabajados por la izquierda, que en cambio se ha mostrado menos interesada en incentivar la producción y contener la deuda.

El liberalismo de la abundancia busca llenar esta laguna e interesarse por el crecimiento y el desarrollo sin renunciar a los ideales igualitarios. Como explican Ezra Klein y Derek Thompson, periodistas que han hecho suya la expresión, la izquierda debe tomar conciencia del agotamiento de su paradigma clásico y cambiar el mantra de la redistribución por el de estimular el crecimiento. Así, constituye una alternativa al decrecimiento.

Abundance

Es bastante expresivo ya el título del ensayo escrito a cuatro manos por Klein y Thompson: Abundance. Según los periodistas, la victoria de Trump no se debe a la transformación de la mente americana, sino a la constatación por parte de los ciudadanos de que se ha incrementado el coste de vida y que, a causa de la escasez, el país debe apretarse el cinturón, restringir la inmigración y regresar al proteccionismo económico, como reivindica el trumpismo.

Parálisis regulatoria

Sea como fuere, parece que estamos ante un brete económico que no se puede solventar con las recetas clásicas. A tenor de lo sugerido por quienes promueven el liberalismo de la abundancia, los tradicionales arreglos progresistas solo pueden acentuar más la sensación de carencia y confirmar esa opinión según la cual la izquierda no sabe gestionar.

Para quienes defienden el liberalismo de la abundancia, la excesiva regulación y las rémoras burocráticas a la innovación dificultan el crecimiento económico y originan la sensación de escasez o crisis

Marc Dunkelman, investigador en el Instituto Watson de Brown University y con dilatada experiencia como asesor del partido demócrata, ha estudiado la devaluación del liberalismo intervencionista en Estados Unidos desde la década de los setenta. En Why Nothing Works analiza un conjunto de decisiones políticas que, en su opinión, han desencaminado al país, alejándolo de la senda del progreso.

En concreto, se refiere a la excesiva regulación y a las rémoras burocráticas a la innovación que dificultan el crecimiento económico y originan la sensación de escasez o crisis. Ciertamente, en el momento de expansión industrial, a mediados del siglo pasado, era necesario controlar el crecimiento, pero hoy existe una amalgama de reglamentos y leyes incoherente y poco compatible con el desarrollo económico.

El caso de la alta velocidad en California es sintomático: se quería construir una línea rápida entre Los Ángeles y San Francisco. El coste final, más de 100.000 millones de dólares, ha triplicado la previsión presupuestaria, que estaba en torno a de 33.000 millones. La obra no tiene todavía fecha de finalización, y todo debido a las incontables auditorias y los miles de informes y permisos necesarios.

Mala gestión demócrata

A la regulación se añade la multiplicación de órganos administrativos de control y la denominada “vetocracia”, un fenómeno al que se refirió ya en su momento Francis Fukuyama. Debido a ello, políticas tan básicas y supuestamente de izquierdas como “construir viviendas, mejorar las infraestructuras, promover la innovación o fomentar el desarrollo industrial” quedan paralizadas o se abandonan.

Tampoco la gestión demócrata sale bien parada si se comparan los distritos donde gobierna y los más dinámicos donde se aplican políticas republicanas. En los primeros, como Nueva York, San Francisco o Los Ángeles, “hay obstáculos al progreso (…) y numerosos y costosos requisitos, lo cual exige mucho tiempo, como la obligatoriedad de seguir en las políticas de contratación la normativa DEI, las reglas sindicales y otras”, sostiene J. Oliver Conroy en The Guardian.

Según Yoni Appelbaum, periodista de The Atlantic, con la inoperancia demócrata Estados Unidos ha pasado de ser la “tierra de las oportunidades” a un lugar donde quien emprende o busca hacer fortuna encuentra cada vez más lastres. Así, en su ensayo, Stuck. How the Privileged and the Propertied Broke The Engine of American Opportunity, estudia cómo la zonificación urbanística ha incrementado la desigualdad y la marginalización de los más desfavorecidos. Estos, en lugar de encontrar ocasiones para salir de la pobreza, se ven inmersos cada vez más en ella.

Dos factores de escasez

Pero ¿cómo se ha llegado a esta situación de escasez de recursos, de parálisis pública, de anquilosamiento? Aunque no se puede reducir el problema a un solo factor, los defensores del liberalismo de la abundancia aluden casi de consuno a dos dinámicas que revelan hasta qué punto el mensaje de la izquierda o no ha calado o se muestra paradójico.

En primer lugar, hacen referencia a lo que en inglés se denomina nimbyismo, término procedente del acrónimo NIMBY, “Not In My Back Yard”, literalmente “no en mi patio trasero”. Se refiere al rechazo de servicios o instalaciones que son de interés público pero que molestan a los que los tienen cerca. Piénsese en el establecimiento de una cárcel o de un vertedero.

Klein menciona, en segundo término, la “política de todo en uno” que hasta ahora predica la izquierda, consistente en mezclar valores y proyectos políticos, ofertándolos en bloque, de modo que cualquier medida económica debe ser de izquierdas, a la vez que velar por el impacto ecológico y la perspectiva de género. Eso las hace inviables a menudo.

Con su énfasis en la abundancia, lo que desean estos críticos es que la acción gubernativa se dirija a la producción y mejora de bienes y servicios

Producir, no repartir

El liberalismo de la abundancia cuenta con defensores y detractores, pero ni unos ni otros niegan que supone un evidente cambio de paradigma en el seno de la izquierda. En primer lugar, ayuda a centrar el debate político en temas que inquietan a la ciudadanía, alejándolo de las ideologías identitarias, como muchos habían reclamado. Pero es que, además, exige desistir del dogma redistribucionista y apostar por la búsqueda del crecimiento.

El cambio no es baladí: hasta ahora se pensaba que el sector privado generaba riqueza y la misión del gobierno consistía en distribuirla equitativamente. Pero las crisis cíclicas menguan los recursos que repartir. Con su énfasis en la abundancia, lo que desean estos críticos es que la acción gubernativa se dirija a la producción y a la mejora de bienes y servicios.

Hasta qué punto pueden cambiar las cosas si se consolida esta transformación ideológica lo expresan gráficamente en su libro Klein y Thompson. Describen cómo puede ser Estados Unidos de 2050: un país con energía renovable, barata, lleno de oportunidades, con una ciudadanía satisfecha. No piensan, sin embargo, que esta imagen sea una utopía, sino el resultado de combatir, principalmente, tres problemas –crisis de vivienda, escasez de mano de obra, problemas energéticos– con los medios adecuados: energías limpias, inteligencia artificial e innovación.

¿Oferta o demanda?

A tenor de lo que indican quienes definen esta versión más capitalista de la socialdemocracia, no puede decirse que sus propuestas sean novedosas. Desde un punto de vista macroeconómico, el liberalismo clásico, no intervencionista, criticaba el estímulo a la demanda propuesta por los keynesianos, ya que podía conducir a la quiebra y al empobrecimiento.

Klein indica: “El problema es que, si se subvenciona el coste de productos escasos, entonces necesariamente subirá su importe y habrá cada vez más escasez”. De ahí que tanto él como Thompson se declaren “progresistas de la oferta”, y que animen a los políticos de izquierdas a tomarse las decisiones para promocionar el crecimiento y la innovación con la misma seriedad que los subsidios, especialmente en las áreas más preocupantes: casas asequibles, educación, atención médica, alimentación y otros servicios esenciales.

Ahora bien, ¿cuáles han sido tradicionalmente los medios para activar la oferta? El liberalismo conservador se decidió por operar a través de reducciones de impuestos y la limitación del tamaño del Estado. El de la abundancia no ofrece propuestas concretas, ya que en su opinión lo relevante no es presentar una lista de medidas, sino “un conjunto de soluciones políticas, como un nuevo conjunto de preguntas en torno a las cuales debería girar nuestra política. ¿Qué es escaso y debería ser abundante? ¿Qué es difícil de construir y debería ser fácil? ¿Qué inventos necesitamos y aún no tenemos?”.

Abundancia o populismo

Por ahora, el liberalismo de la abundancia no se ha encarnado en una corriente definida dentro del partido demócrata. Pero algunos demócratas están recogiendo el guante. Así, Sohale Mortazav, de Unherd, sitúa a Gavin Newson, gobernador de California, cerca de esta nueva sensibilidad progresista. Newson presentó hace unos meses un plan económico centrado en la mejora de las infraestructuras y en la inversión pública en innovación, sin apenas referirse a típicas medidas redistributivas.

Y aunque es una falacia presentar esta nueva corriente como si supusiera abrazar las tesis neoliberales, algunos comentaristas lo han hecho, y se ha constituido, con el apoyo de políticos de renombre, como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, una facción contraria, llamada “Luchando contra la oligarquía”, que defiende el populismo de izquierdas y achaca todo el mal presente al espíritu neoliberal y al egoísmo capitalista.

Sea como fuere, el liberalismo de la abundancia muestra la vitalidad ideológica actual, tan frecuente en tiempos de crisis, y que hay una cosa que todo ciudadano desea: que los políticos se interesen por los temas que les preocupan.

La familia

Esta vez va a ser breve, quizás porque lo bueno si breve, mejor…

No hace muchos días estuve en una reunión familiar con mis nietos, sus numerosos primos, sus padres y abuelos… Lo pasamos muy bien -era una casa de campo en los montes de Toledo-, no sólo por la comida al aire libre, ni por lo soberbio de la naturaleza…, era que los niños estaban jugando ellos solos, se lo pasaros mejor que nosotros, y no daban trabajo, al contrario, daba gusto estar con ellos viendo como jugaban con los gatitos.

Quiero decir con esto que, si la familia funciona, todo son facilidades: los problemas seguirán existiendo, pero lo que pareciera ser un estorbo puede ser algo agradable, lo que pueda ser duro es mas llevadero, lo que es motivo de disputa es motivo de ayudar a los demás.

Sí, los niños nos dejaron disfrutar del día, creo que porque veían cariño; si no, hubieran estado oscos, llorones, nos hubieran dado el día, y con toda razón.

De todas las maneras no es fácil que la familia funcione bien, sobre todo con tantos ataques como tiene: por los medios audiovisuales, donde ya no se sabe lo que es una familia, por las leyes del estado donde se facilita mas su disolución que la conciliación familiar, por no hablar de las políticas antinatalistas y abortistas, donde tener un hijo parece mas un drama que una alegría.

En nuestras manos está ver la familia como algo positivo, o al contrario, primero lo mío y después los demás. El remedio es que la genta lo sepa.

Sobre la guerra en Siria y en Ucrania

En este blog quiero referenciar algunos videos con una visión crítica de algunos conflictos actuales en el mundo, aunque mucha más información sería necesaria para tener una perspectiva real del asunto:

Sobre el imperio persa:

Sobre la guerra en Siria:

Denuncian matanzas sistemáticas de civiles por parte de las nuevas autoridades de Siria – Tortuga

Sobre la guerra en Ucrania:

Onlyfans, la estafa de la pornografía “libre y feminista”

Un buen análisis aparece en el siguiente artículo de Ana Sánchez de la Nieta publicado en Aceprensa:

¿Qué es OnlyFans? No es fácil describir una red que engloba retos escabrosos, normalización del sexting, promesas de dinero fácil y rápido, discursos de empoderamiento, pornografía soft y prostitución maquillada. Para algunos, una pancarta liberadora; un negocio para otros; y para casi todas las creadoras de contenido, una trampa.

En los últimos meses, la plataforma OnlyFans ha sido protagonista de muchos titulares. Y ninguno bueno. Desde los bochornosos –y peligrosos– retos sexuales de Lilly Phillips y Bonnie Blue, hasta las investigaciones del regulador británico Ofcom para prevenir el acceso de menores a contenido adulto. Hace unas semanas, fallecía la modelo de OnlyFans Anna Polly al caer desde un balcón mientras rodaba material. En septiembre del año pasado, era otra compañera suya brasileña la que aparecía muerta después de una fiesta en un yate.

Y, sin embargo, un simple rastreo por internet nos habla de una red en expansión, de recaudaciones millonarias y de empoderamiento femenino. Y cabe preguntarse: ¿Cuáles son las causas de su éxito y cuáles son sus riesgos? Y, sobre todo, ¿qué mecanismo ideológico es el que lleva a muchas mujeres a defender como libre y empoderador un trabajo que opera en el mismo escenario que la pornografía y la prostitución?

En el origen, Tim Stokely

OnlyFans es una red social que nació en el año 2016. Su fundador y primer CEO fue el británico Tim Stokely, que anteriormente había desarrollado algunos negocios relacionados con la pornografía. Por eso, aunque inicialmente se planteara como una plataforma similar a Patreon, donde los creadores de contenidos –desde deportistas hasta chefs– subían material exclusivo para sus fans, pronto dejó de ofrecer recetas y consejos de fitness para convertirse en lo que es hoy OnlyFans: una plataforma de contenido erótico, cuando no directamente pornográfico. La pandemia del Covid supuso un punto de inflexión. Los últimos datos hablan de 305 millones de usuarios y 4,1 millones de creadores de contenido. En cuanto a los ingresos, en 2023 la compañía superó los 1.300 millones de dólares, mientras que los creadores de contenido recibieron un total de 5.320 millones de dólares.

Prácticamente todas las creadoras de contenido son mujeres, con una edad promedio de 22 años. El 80% de los usuarios son hombres

Para acceder al contenido, los fans pagan a los creadores cuotas mensuales que van desde los 4,99 euros (aunque hay algunas cuentas gratis) hasta los 49,99 euros. Además, se puede vender contenido diferente, más exclusivo o más privado, que se cobra aparte. La plataforma se queda con un 20% de lo recaudado, y el creador, con lo demás. Aproximadamente, el 79% de los usuarios son hombres de entre 18 y 44 años, mientras que el 97% de las creadoras son mujeres. Según algunos estudios, la edad promedio de las creadoras de contenido es de 22 años, con un rango de entre 18 y 29 años.

Estos datos dibujan una radiografía de lo que siempre ha sido la prostitución: una “industria” en la que los hombres pagan por sexo a las mujeres, que se convierten en trabajadoras sexuales; una industria que, para estas mujeres, siempre ha sido sinónimo de explotación y que, excepto en algunas fantasías hollywoodienses, nunca ha sido aspiracional ni ha gozado de prestigio. Una mujer se prostituía por necesidad económica, casi nunca por voluntad propia.

Esto cambia con OnlyFans. Es la mujer la que entra voluntariamente en esta red, y es ella misma la que graba su contenido en su casa y lo distribuye. Es lo que algunos llaman la uberización de la pornografía y de la prostitución. Desaparecen los intermediarios. Ya no son necesarias las productoras, ni el director, ni los sets de grabación, ni los proxenetas. Cambia también el lenguaje. No se hablará de trabajadoras sexuales sino de modelos y creadoras de contenido. Todo, aparentemente, se simplifica; también el modo de monetizar, que es aparentemente sencillo y rápido. Esta es la razón de que muchos actores de cine porno se abrieran pronto un perfil en OnlyFans. Lo vieron –y lo siguen viendo– como una forma de diversificar sus ingresos y de luchar contra la precariedad del cine X.

Money, money

Pero no fueron los únicos que entraron en OnlyFans. A ellos les siguieron muchas mujeres jóvenes, influencers, trabajadoras o universitarias, casi siempre por una motivación económica. Decenas de “modelos” de OnlyFans declaran haberse hecho ricas en muy poco tiempo vendiendo contenido en esa red. Sophie Ran, una joven estadounidense de 20 años, dejó su trabajo como camarera para abrirse una cuenta. En un año (2024) ingresó 43 millones de dólares. La actriz Bella Thorne y la rapera Bhad Bhabie tardaron menos de 24 horas en ganar un millón de dólares. Son casos extremos, pero no dejan de ser un gancho para muchas jóvenes que ven una manera rápida y aparentemente inocua de ganar dinero.

Para defender OnlyFans, el argumento económico insta a aprovechar un “capital erótico” que, en parte, ya se emplea en otras redes sociales más “suaves”

La realidad es que no es tan sencillo vivir de esta red. Los ingresos de los creadores de contenido siguen una distribución desigual: unos pocos ganan muchísimo dinero, mientras que la mayoría gana muy poco. Algunos estudios sostienen que el 1% de los creadores más populares se lleva un tercio de todo el dinero de la plataforma, y el 10% que gana más se queda con casi tres cuartas partes de los ingresos. Mientras tanto, la mayoría ingresará entre 100 y 180 dólares al mes. Algunos, ni eso.

El capital erótico

¿Realmente merece la pena abrirse una cuenta en una red con contenido pornográfico para ganar 100 dólares? Aquí entra un concepto muy contemporáneo que es el que blanquea con frecuencia la actividad de OnlyFans: el famoso –y controvertido– “capital erótico”, un término acuñado por la socióloga Catherine Hakim, profesora en la London School of Economics. En Honey Money: The Power of Erotic Capital (2011), Hakim defiende que el atractivo físico y sexual de una persona –fundamentalmente de una mujer– es un recurso importante para que ésta mejore su nivel de vida. Con un lenguaje mucho más coloquial, y basándose en una investigación actual y centrada en lo digital, el periodista Alberto Olmos reflexiona en Tía buena sobre la importancia que otorga nuestra sociedad a la apariencia física de las mujeres. Ahí están las cifras de la industria cosmética o la escalada de cirugías estéticas. Y ahí están los millones de fotos de Instagram o videos de TikTok centrados, precisamente, en subrayar el capital erótico de las dueñas de las cuentas. Como explica Olmos en su libro, y corroboran muchas creadoras de contenido, en muchos casos el paso de una red a otra es muy sencillo. Si con los videos que subo a Instagram o TikTok, con un poco menos de ropa, puedo pagarme una cena o parte de la carrera, ¿por qué no hacerlo? Si la gente ya me está mirando, ¿por qué no sacar rendimiento económico de esa mirada?

A estos planteamientos “pragmáticos”, se suma el discurso del empoderamiento de la mujer que es dueña de su imagen, que trabaja sin intermediarios y en un entorno seguro, y que ahora puede expresar y monetizar su sexualidad con libertad y sin tabúes.

Que a OnlyFans le conviene esta lectura lo demuestra el nombramiento, en julio de 2023, de Keily Blair como CEO de la compañía: una mujer, experta en temas de ciberseguridad y privacidad, que se define como feminista, que evita a toda costa la palabra pornografía aplicada a OnlyFans y que defiende que las mujeres se empoderan al tener el control sobre lo que publican.

Esta idea de empoderamiento es la que llevó también a Victoria Sinis, una joven americana de 26 años, a entrar en OnlyFans como reclutadora de modelos. “Yo veía una red en la que algunas mujeres pobres podrían conseguir recursos económicos. Además, la gente estaba feliz”. Esta percepción cambió cuando comprobó, horrorizada, las peticiones que hacían algunos suscriptores. A los cinco días dejó el trabajo. Y después de una fuerte conversión religiosa, creó la agencia Creating Gems, que ofrece formación y herramientas para aportar contenidos inspiradores en el mundo digital y acabar con la hipersexualización.

Las sombras

Y es que, frente a la idea de empoderamiento, hay también una corriente muy crítica que señala que, más que a nadie, OnlyFans perjudica a las mujeres, y que esta plataforma lo único que ha conseguido es blanquear el negocio del sexo y la explotación sexual. Así lo señalaba también un informe del Observatorio de violencias sexuales contra las mujeres jóvenes publicado en 2023.

El estudio destacaba, además, los daños psicológicos e incluso físicos que sufren algunos creadores de Onlyfans. Lo confirman los testimonios de muchos de los creadores de contenido. Desde amenazas y chantajes para elaborar determinados materiales, hasta agresiones sexuales en encuentros físicos con suscriptores, pasando por episodios de acoso al ser reconocidas como modelos de OnlyFans o al filtrarse el material que subieron a la plataforma; algo que, como han documentado reportajes de investigación recientes, es bastante frecuente.

En otro orden de cosas, hay algunos creadores que han gastado importantes sumas de dinero en modificar su cuerpo para ser más deseables, mientras que otros reconocen que los éxitos económicos de la red no compensan el desgaste psíquico, la soledad y el vacío que les produce estar vendiendo su cuerpo. Hace unos días GQ publicaba una larga entrevista con CJ Clark, un exitoso modelo de OnlyFans que vive solo, interactuando con sus seguidores y con una muñeca sexual. Clark confesaba que se sentía solo y que, a pesar de su éxito, anhelaba el contacto humano: “Un abrazo estaría bien”, señalaba. En el mismo sentido se expresaba una excreadora de contenido que entró en la red a los 18 años. Tres años después confesaba su arrepentimiento: “Pensé que me ayudaría a sentirme empoderada, pero me dejó traumatizada. Han sido los años más miserables de mi vida”. La joven, que encontró en la fe la fuerza para dejar OnlyFans, manifestó que muchas veces sobrepasaba sus límites para contentar a sus suscriptores. Esta situación de estrés y depresión le llevó a pensar en quitarse la vida.

La propia dinámica de la plataforma facilita dar el salto de la “prostitución digital” a la física

Aún hay más sombra: el blanqueamiento de OnlyFans ha hecho que se cree alrededor de la plataforma todo un enjambre de negocios y nuevas profesiones; desde fotógrafos especializados en este tipo de imágenes hasta agencias de “modelos” –donde los “coachs” son casi siempre hombres– que se publicitan alegremente en internet y que recuerdan peligrosamente a las redes tradicionales de proxenetas. Su objetivo es captar mujeres para la plataforma y llevarse una parte del porcentaje de lo que ellas ganan. En algunos casos, este porcentaje roza el 50%. Al contrario que el proxenetismo, esta actividad a día de hoy no está penada.

Un tobogán a la prostitución

De todas formas, dos son los aspectos más oscuros de OnlyFans: el acceso de menores y la conexión con la prostitución tradicional. En 2021, una investigación de la BBC reveló que varios adolescentes habían vendido vídeos explícitos en esta red aprovechando fallos de seguridad. La plataforma habló de descuido y prometió reforzar la seguridad, pero hace unos meses, la agencia Reuters publicó un extensa investigación sobre la red y documentó 30 denuncias en registros policiales y judiciales de Estados Unidos que demostraban que, entre diciembre de 2019 y junio de 2024, se habían publicado más de 200 imágenes y videos explícitos de abuso sexual infantil. Esa misma investigación –que parte precisamente de la agresión sexual en Florida a una joven de 16 años por parte de un hombre al que llevaba meses vendiéndole material en OnlyFans– recogía, además, los testimonios de más de 140 casos de adultos que denunciaban la publicación de material sexual explícito sin su consentimiento. Hacer desaparecer ese contenido de la plataforma, en algunos casos, les ha costado meses.

Por otra parte, por la propia dinámica de la plataforma, que incentiva el contacto personal de los fans con los creadores a través de mensajes, chats o videos exclusivos, es relativamente fácil dar el paso de la prostitución digital a la prostitución clásica.

Sindy Takanashi, que ejerció durante algunos años la prostitución y ahora lucha por abolirla, sentencia en una larga entrevista que “OnlyFans es un tobogán en el que tú te subes y acabas en la explotación sexual. Entre otras cosas porque te expones a un montón de puteros que no se quieren quedar en lo virtual, no se quieren quedar en tus fotos”. Takanashi explica bien el proceso psicológico que experimentan muchas creadoras de contenido que terminan prostituyéndose: “Es verdad que cuando entras en OnlyFans te has puesto unos límites, pero esos límites se van diluyendo. Estás ganando dinero con el sexo y, por eso, cuando te surja la posibilidad de ganar más dinero con un contacto sexual tú ya lo has normalizado, lo has blanqueado. Es muy fácil entrar en la prostitución. Y cuando entras, te metes directamente en el infierno”.

Apoyándose en su experiencia personal, Takanashi cita algunos estudios que afirman que el trauma que experimentan mujeres que han sido prostituidas es mayor que el de un 00 y, por eso, se muestra muy crítica con el mantra de la libertad de la mujer: “A quien habla del empoderamiento y de la libertad de la mujer, en realidad, no le importan las mujeres. En lugar de poner el foco en por qué los hombres siguen pagando por sexo, te hacen pensar en lo libres que son las mujeres. Si les interesaran realmente las mujeres tendrían en cuenta cómo les afecta la prostitución. Y no blanquearían OnlyFans, un negocio que las cosifica absolutamente”.

Con su promesa de independencia económica, su falso discurso de empoderamiento y su lenguaje manipulador que habla de modelos, creadoras, contenidos, coachs y agencias, la red azul (otro eufemismo) supone una trampa peligrosa para hombres y, sobre todo, para mujeres. Un caramelo absolutamente envenenado.

¿Vivan la libertad y la seguridad, carajo?

Me ha parecido un buen análisis este artículo de Federico Hoyos :

«Hace algunos años el grito estridente de ¡viva la libertad, carajo!, pronunciado por el entonces candidato Javier Milei, parecía ser un asunto anecdótico de la política argentina, motivado por la crítica situación macroeconómica de este país, con una inflación anual del 140%, 40% de desempleo y unas reservas negativas del Banco Central de –10,000 millones de dólares.

La promesa de este candidato de reducir drásticamente el gasto estatal y las regulaciones sonaba como un discurso de campaña efectista pero inalcanzable. Ahora, más de un año después de su elección como presidente, pareciera que ese grito solitario proveniente del sur del mundo ha empezado a tener eco en varios rincones del continente.

Más que el estilo excéntrico y llamativo de Milei, su verdadera fortaleza radica en el mensaje. Es la filosofía libertaria lo que empieza a irrigarse por América Latina, más que su estilo.

Los resultados económicos del primer año del presidente argentino son incuestionables. Desde su posesión, el primer mandatario gaucho cortó gastos estatales en 30%, despidió a más de 30,000 empleados del gobierno, eliminó subsidios de energía y transporte, y redujo la inflación a un 2,7% en diciembre del año pasado. Sus políticas produjeron un superávit comercial de 18,900 millones de dólares y un crecimiento de la economía argentina en el último trimestre del 2024.

El entusiasmo de estos resultados sumados al incesante martilleo de Milei en contra de “la casta política” ha generado entre diferentes líderes empresariales de la región un sentimiento de posibilidad de replicar este modelo en sus países.

Un caso de lo anterior es Colombia, que en 2026 tendrá elecciones para congreso y presidencia de la república. En muy poco tiempo, el mensaje libertario ha penetrado la política colombiana al punto de que, la candidata que encabeza las encuestas en representación del segmento de la derecha, Vicky Dávila, presentó recientemente a su equipo de asesores de política económica, en los que destacan reconocidos promotores del libertarianismo en América Latina como Axel Kaiser y Daniel Raisbeck.

Hasta hace muy poco, el concepto de libertarianismo era si acaso conocido en las facultades de economía y ciencias políticas de las universidades en Colombia. Ahora, esta corriente filosófica está impregnando los círculos más decisivos de la política nacional y sustentando teóricamente el mensaje de campaña de varios precandidatos presidenciales.

La diferencia radica en que tanto en Colombia como en otros países donde la idea libertaria resuena, las situaciones económicas son muy disímiles a las de Argentina. En cuanto a la inflación, mientras que en 2022 Argentina llegó al 211%, Colombia estuvo en el 9,3%, Brasil en el 4,9%, México en el 4,6%, Chile en el 4,2% y Perú en el 3,3%.

De acuerdo con el Índice de Calidad Institucional (2023), Argentina se ubicó en el segundo lugar de América Latina después de Venezuela, como uno de los países con peores instituciones monetarias de la región, incluso por debajo de Haití y Cuba. No es claro que la receta para curar la enfermedad económica argentina pueda tener los mismos efectos en otros países, además de que aún es temprano para emitir un juicio de valor más estructurado sobre las políticas del nuevo mandatario. ¿Serán sostenibles?

Milei, como el presidente salvadoreño Nayib Bukele, están moviendo la aguja del desarrollo de sus países y generando interés tanto de gobernantes como de líderes empresariales del continente. Bukele, Milei y el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, fueron los únicos mandatarios latinoamericanos invitados a la inauguración del presidente Trump. Esto envía un mensaje por parte del nuevo gobierno republicano frente al estilo de gobernantes e ideas con las que encuentra mayor sintonía y posiblemente buscará promoverlos.

Quizás el factor común entre Noboa, Bukele y Milei es que tienen un norte claro, una estrategia definida y una visión de sacudir a sus países del anquilosamiento en el que se encontraban por décadas con otro tipo de gobernantes que evitaron enfrentar problemas estructurales con la determinación necesaria. Si bien Bukele, quien está iniciando su segundo mandato, tiene resultados más probados, a los experimentos de Noboa y Milei aún les queda un trecho importante para determinar la aceptación ciudadana y entrega de resultados sostenibles.

En su reciente libro On leadership – lessons for the 21st century, el ex primer ministro británico Tony Blair escribe que la eficacia es lo más importante en una democracia y que la razón fundamental para la inestabilidad social es la incapacidad de los gobernantes de entregar resultados. “El reto de la democracia hoy es la eficacia”.

De acuerdo con el Barómetro de las Américas del LAPOP Lab de la Universidad de Vanderbilt (2023), que mide anualmente el respaldo de los ciudadanos de la región en la democracia, el apoyo a este sistema político viene en disminución desde hace una década. Para el último año de publicación de este estudio, el 58% de los latinoamericanos expresaron respaldar la democracia.

¿Serán los gobernantes en mención quienes recuperen la confianza en la democracia con los resultados de sus políticas? ¿Será posible fortalecer este sistema político incluso cuando se actúa en contra de sus principios, como en el caso salvadoreño?

Se percibe una fatiga de modelos gradualistas que no han logrado consolidar un desarrollo sostenible de los países de esta región y por lo tanto se va abriendo puertas para que nuevos experimentos, con medias más severas que privilegian la seguridad y la libertad económica, tengan un chance. Este es su momento.»

Contra la soledad de los mayores, involucrar a toda la sociedad

Me ha parecido interesante este articulo de Aceprensa de Fernando Rodríguez-Borlado. En nuestra Asociación también intentamos poner nuestro granito de arena. Lo transcribimos a continuación:

La soledad se ha vuelto una de las grandes preocupaciones sociales y políticas del siglo XXI. Contrariamente a lo que algunos anticiparon, la traumática experiencia de los confinamientos durante la pandemia no parece haber generado una reacción “comunitaria”. Más bien, la sensación es la opuesta. Un reciente artículo publicado en The Atlantic calificaba nuestra época como el “siglo anti-social”.

El texto se centraba en la población adulta, y en cómo algunos típicos lugares y momentos de vida compartida (los restaurantes, el transporte público, el consumo de cine y música) se han ido “individualizando”. También se está hablando mucho de la epidemia de soledad entre los jóvenes. Siendo todo esto cierto y preocupante (en muchos países, la sensación de soledad ha crecido sobre todo entre adolescentes y “jóvenes adultos”), el segmento que más experimenta el aislamiento social “objetivo” (en el sentido de tener menos interacciones sociales) es el de los mayores. El envejecimiento de la población en los países más ricos está dejando a cada vez más ancianos en la estacada.

La falta de hijos y la creciente incapacidad de las arcas públicas para hacerse cargo de los gastos asociados al envejecimiento poblacional, han obligado a buscar soluciones en el llamado “tercer sector”; es decir, en las iniciativas comunitarias, que suelen ahorrar dinero a los Estados.

Japón: salir de la cárcel de la soledad

Las sociedades orientales son algunas de las que más rápidamente han envejecido. Japón, Singapur o Hong Kong se sitúan entre los países donde la población de más de 65 años representa un mayor porcentaje del total, y las previsiones para el futuro no son nada halagüeñas.

Hace unos días, la CNN publicó un reportaje que alertaba de una situación dramática: en Japón, algunos ancianos –sobre todo mujeres– se encontraban tan aislados y desasistidos que preferían estar en la cárcel, donde al menos disfrutaban de una ocupación ordinaria, comida segura y compañía. Desde 2003 a 2022, el número de presos mayores de 65 años se ha cuadriplicado. Seguramente, la gran mayoría no haya cometido sus crímenes –casi siempre, pequeños robos– con el objetivo directo de ingresar en la cárcel, pero parece claro que los apuros económicos y la falta de una red social fuera vuelve la celda más tolerable.

Japón incentiva que las ayudas públicas a los ancianos se gasten en recursos de tipo comunitario o en servicios de atención en el hogar, en vez de en residencias

Las autoridades políticas son conscientes del problema de la soledad de los mayores desde hace décadas. De hecho, Japón se ha convertido en un referente en cuanto al diseño de estrategias comunitarias para paliarlo, aunque, como se ve por el fenómeno de los presos ancianos, aún queda mucho por hacer.

Inspirándose en Dinamarca, los gobiernos japoneses, desde finales de los años 80, han desarrollado políticas para favorecer un modelo de cuidados a mayores alternativo al que representan las residencias tradicionales. Por ejemplo, se han construido muchos centros de día y también establecimientos que funcionan como centros sociales para mayores, aunque abiertos al resto de los ciudadanos.

Se trata de evitar que los ancianos sean “aparcados” en grandes centros alejados de los núcleos de la vida pública. También se han creado nuevas residencias para los mayores más necesitados, pero más pequeñas y con un estilo más cercano al de las casas comunitarias. Por otro lado, se han aprobado políticas para incentivar que las ayudas públicas que reciben muchos ancianos acaben gastándose en recursos de tipo comunitario o en servicios de atención en el hogar, en vez de en residencias.

Un ejemplo de este enfoque comunitario es el conocido como “modelo Nagayama”, por el nombre del suburbio donde se ha llevado a cabo, a 30 kilómetros de Tokio. Al igual que otras ciudades dormitorio construidas precipitadamente durante el baby boom, la zona ha ido envejeciendo según la población joven la abandonaba para acercarse a la capital, llevándose con ella muchos de los negocios. En 2016, un grupo de expertos convocados por el gobierno municipal sentó las bases para el proyecto: aprovechando algunos locales que habían quedado vacíos, se pondrían en marcha varios comercios (una cafetería, una especie de oficina de mensajería, un servicio de limpieza para el hogar, entre otros) regentados por voluntarios locales y orientados especialmente –aunque no solo– a las personas mayores. Según señalaba un informe de 2023, el modelo está siendo un éxito.

Alemania: en busca de la conexión intergeneracional

En Europa, Alemania es uno de los países más envejecidos. Para 2030, se espera que el 26% de su población esté por encima de los 65 años, una proporción similar a la de Hong Kong. En vistas de la evolución demográfica, ya en 1995 el gobierno federal aprobó una ley que obliga al ciudadano a ir nutriendo un fondo –con dinero que se extrae automáticamente de sus ingresos–con el que se pagarán los cuidados de larga duración que necesite en el futuro (una medida que unos años más tarde copió Japón).

En Alemania, jóvenes universitarios alquilan, con subvenciones públicas, una habitación en casa de algún anciano con necesidades de atención, al que se comprometen a cuidar

Pero más allá de las medidas económicas para hacer sostenible la atención a los mayores, Alemania también ha adoptado un modelo “comunitario” de cuidados. Al igual que en Japón, se han aprobado incentivos para gastar en este tipo de servicios algunas de las prestaciones sociales que reciben los ancianos. También se ha fomentado (a base de construcción y de subvenciones) el cohousing senior, y actualmente el 4% de la población por encima de los 65 años vive en una de estas casas compartidas. Además, en los últimos 10 años se ha redoblado el impulso al programa Wohnen für Hilfe (habitar para ayudar), por el que jóvenes universitarios alquilan a un precio reducido –subvencionado por el Estado– una habitación en casa de algún anciano con necesidades de atención, al que se comprometen a cuidar.

Por otro lado, para facilitar que los mayores que quieran quedarse en sus casas puedan hacerlo, el gobierno ha ido aprobando ayudas a los cuidadores, sean familiares o profesionales: diez días al año de permiso laboral pagado, descuentos en productos para mejorar la habitabilidad del hogar (rampas, agarraderos para el baño, etc.), o un aumento progresivo del salario mínimo en el sector.

Dinamarca y la apuesta por lo local

Pero si hay un país modélico en adoptar el enfoque “comunitario” para el problema de la soledad en los mayores, ese es Dinamarca. Al igual que el resto de la región nórdica, cuenta con una población más envejecida que la media europea, aunque menos que Italia, Grecia o Alemania.

Dinamarca fue pionera en la “desinstitucionalización” de los cuidados a mayores. Ya en 1987, el gobierno aprobó una ley para favorecer que los ancianos (los de entonces, pero sobre todo los futuros) acudieran menos a las residencias tradicionales y en cambio pudieran recibir más atención en sus propias casas, o en centros locales creados al efecto.

La misma ley transfería esta competencia a los ayuntamientos, una descentralización que, según comentan algunos expertos, ha facilitado el enfoque comunitario de los distintos proyectos, en los que la población y los comercios locales han sido protagonistas activos.

Otro hito importante fue la liberalización del sector de los cuidados del hogar, llevada a cabo en 2003. Una ley aprobada entonces permitió que más organizaciones privadas y con ánimo de lucro entraran en el negocio, lo que ha aumentado la variedad de servicios que pueden pagarse con las prestaciones públicas.

Pese a todas estas iniciativas, y pese a que el enfoque comunitario parece reportar beneficios sociales y económicos superiores al modelo “residencial”, tanto Dinamarca, como Alemania como Japón siguen enfrentándose a problemas estructurales que dificultan la atención a los mayores, y que no tienen fácil solución: la falta de profesionales del cuidado y la creciente “sequía” de unas arcas públicas diezmadas por el gasto en pensiones.

Estados Unidos se retira de la OMS y dejará de promover el aborto y la ideología de género

Me alegro de que, con independencia de cualquier connotación política, el reciente presidente de EEUU se manifieste en contra del aborto. Reproducimos aquí parte de un artículo de infoCatólica:

» … Donald Trump ha iniciado su mandato con decisiones contundentes destinadas a reforzar su agenda pro-vida. En su primer día en el cargo, el presidente firmó una orden ejecutiva para retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), justificando la medida con críticas al enfoque de la institución en la promoción del aborto.

Según un informe reciente, un 11% del presupuesto del Programa de Reproducción Humana de la OMS se destina a actividades relacionadas con el aborto. Estas incluyen el desarrollo de medicamentos como la mifepristona y el misoprostol y la promoción de abortos en casa. En contraste, solo un 5% del presupuesto se asigna a programas contra la violencia de género, y un 15% se destina a mejorar la salud materna y neonatal.

«Es indignante que una organización como la OMS invierta más en la promoción del aborto que en combatir la violencia contra las mujeres y niñas», declaró Catherine Robinson, portavoz de Right To Life UK.

Paralelamente, Trump ha comenzado a revertir políticas pro-aborto implementadas por la administración de Joe Biden. Una de las primeras acciones de su gobierno ha sido el cierre de la página web reproductiverights.gov, lanzada por la administración anterior tras la derogación de Roe v. Wade. Este portal proporcionaba información sobre recursos para abortos, algo que la nueva administración considera incompatible con sus valores.

Además, el presidente ha delineado una serie de acciones prioritarias que podrían ejecutarse rápidamente mediante órdenes ejecutivas:

  1. Reinstaurar la Política de Ciudad de México
    Esta política, eliminada por Biden en 2021, bloquea la financiación de abortos en el extranjero con fondos públicos.
  2. Reducción de fondos a Planned Parenthood
    La organización, que recibió cerca de 700 millones de dólares en fondos públicos el año pasado, ha sido señalada por Trump como un objetivo principal de recortes.
  3. Restaurar las regulaciones sobre medicamentos abortivos
    El presidente planea revertir las normativas que facilitan el acceso a medicamentos abortivos sin supervisión médica.
  4. Indultar a activistas pro-vida encarcelados
    Trump ha anunciado que considerará el indulto a varios activistas pro-vida arrestados por protestas frente a clínicas abortistas.
  5. Revertir políticas federales pro-aborto
    Entre ellas, destacan normativas que permitían el uso de fondos públicos para financiar abortos en hospitales de veteranos y centros de detención de inmigrantes…»

Con respecto a la ideología de género, pueden leer este Post con el texto de la ORDEN EJECUTIVA, DEFENDER A LAS MUJERES DEL EXTREMISMO DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO Y RESTAURAR LA VERDAD BIOLÓGICA EN EL GOBIERNO FEDERAL.

Según Jose Gefaell, autor del post, «esta orden ejecutiva de Trump sobre la eliminación de la ideología de género y protección de la mujer no tiene desperdicio. Es brillante jurídica y retóricamente y no tiene pelos en la lengua. Esperemos que cale en España y Europa rápido. Ya sería perfecto si algún asesor le convenciera a Trump de que sus mensajes mesiánicos (“Fui salvado por Dios para hacer a América grande de nuevo”) mejor se los guarde para Melania.»

Vivienda: radiografía de una “macrocrisis”

Reproducimos este artículo de Fernando Rodríguez-Borlado publicado en Aceprensa:

Comprar o alquilar una casa se ha convertido en misión imposible, o casi, para una buena parte de la sociedad en distintos países del mundo. Al problema cooperan factores “naturales” o ajenos a la política, que resulta difícil modificar, pero también otros “artificiales”, en los que las administraciones sí podrían –y deberían– intervenir.

Pocas percepciones sociales sobre el estado de la economía son tan compartidas por tantas personas en tantos lugares del mundo como la de que existe una profunda crisis de vivienda.

Y no se trata de una sensación infundada. En los países de la OCDE, durante la última década el coste medio de la vivienda se ha incrementado en casi un 40%. Entre los economistas, crece el consenso de que la evolución en el precio de las casas es clave para la de muchos otros factores macroeconómicos. La crisis de la vivienda es la crisis social de nuestros días. Así lo reconoce también el Fondo Monetario Internacional, que ha dedicado el último número de su revista Finance & Development Magazine a este asunto.

Una tendencia ascendente, con matices

Cabe preguntarse: ¿Desde cuándo estamos así? Un artículo de The Economist publicado a principios de octubre explicaba cómo el precio de la vivienda ha ido aumentando desde mediados del siglo pasado. Según el semanario británico, hasta la Segunda Guerra Mundial la demanda se mantuvo más o menos ajustada a la oferta, pero distintos factores hicieron cambiar la situación después. Por un lado, la demanda aumentó debido al baby boom de los años 50 y 60, al crecimiento de los flujos migratorios y a la concentración de la población en las grandes ciudades. Al mismo tiempo, una ola de regulación urbanística produjo una considerable reducción de la oferta. El resultado es que la ratio entre el número de viviendas nuevas construidas y el volumen de la población, que alcanzó su máximo a mediados de los 60, se ha reducido a la mitad desde entonces.

China y Alemania son excepciones a la tendencia general alcista. Allí los precios bajan, aunque por distintos motivos

Ciertamente, esta evolución del mercado inmobiliario no ha sido “uniforme”: ni en el tiempo, ni en el espacio. Por ejemplo, el desajuste entre oferta y demanda ha sido especialmente acusado en países como Canadá o Irlanda, que han sido destino de una cuantiosa migración y donde se ha construido muy poca vivienda nueva.

En España han alternado periodos de crecimiento acelerado de los precios (las décadas de los 70 y 80, los años finales de los 90 hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria, o entre 2014 y 2017) con otros de crecimiento más moderado (los primeros años 90 o los anteriores a la pandemia, por ejemplo). La vivienda solo se depreció durante los peores momentos de la crisis: de 2008 a 2014. El “efecto muelle” tras el parón por el covid volvió a iniciar un periodo claramente alcista que tocó techo en 2022. El año 2023 fue, comparado con él, de un crecimiento “tibio”, pero 2024 se ha vuelto a calentar, y se estima que 2025 seguirá la misma tendencia.

Como se ha dicho, no en todos los países está ocurriendo lo mismo. Ejemplos de la tendencia contraria (y de la importancia de las políticas nacionales) son China y Alemania. En China el valor de la vivienda está cayendo bruscamente debido al exceso de oferta: durante años se ha construido demasiado –en buena medida con el propósito de dinamizar el sector y que este “tirara” de la economía nacional–, mientras que la tendencia demográfica va a la baja. En Alemania el problema es otro: una nueva ley energética, que obliga a sustituir los aparatos de calefacción alimentados con petróleo o gas por otros menos contaminantes, está contrayendo la demanda, ya que los potenciales compradores no quieren asumir el coste que tendría la reforma.

Ni los tipos de interés frenan la demanda

Más allá de estos casos especiales, el panorama internacional muestra un encarecimiento del precio de la vivienda por el aumento de la demanda y la reducción de la oferta.

La demanda ha crecido por varios factores. Por un lado, el demográfico (asociado a la migración más que a la natalidad). Por otro, aumenta el número de hogares unipersonales: en las 15 principales economías de la UE, han pasado de 92 millones de unidades en 1960 a 148 millones en la actualidad.

Los compradores de vivienda para usos no residenciales disminuyen la oferta y tensan los precios

Un tercer factor tiene que ver con el capital extranjero: tras el parón de la pandemia, ha remontado con fuerza la compra de segunda vivienda en otros países –especialmente en los típicos destinos vacacionales–. Otra causa del “tensionamiento” del mercado ha sido el acaparamiento de buena parte de la oferta en manos de compradores “al por mayor”: fondos de inversión o grandes fortunas.

Estos dos últimos factores pesan más en algunos países, como en España. Aquí, según un informe publicado por el think tank económico Funcas a principios de este año, el aumento “persistente” del precio de la vivienda ha sido impulsado “más por la demanda mayorista y no residente –que suele ser más especulativa– que por la demanda minorista residencial”. Dos datos apuntalan esta intuición: la proporción de viviendas compradas por una persona física o jurídica extranjera aumentó un 40% en 2022 respecto de 2019, último año pre-pandemia; por otro lado, en 2023 solo cuatro de cada diez adquisiciones fueron hipotecadas.

A veces, a la intención inversora se le une otra más opaca. De acuerdo con un estudio de finales de 2022 sobre la evasión de impuestos en Reino Unido, el 90% de propiedades londinenses en manos de empresas extranjeras habían sido compradas por entidades registradas en paraísos fiscales.

Así pues, se podría decir que en el aumento de la demanda hay unos ingredientes “naturales” (los demográficos) y otros “artificiales” (los que tienen que ver con los compradores no residentes). El peso de estos últimos, que con bastante frecuencia no piden créditos ni hipotecas para sus adquisiciones, explica en parte por qué la subida de tipos de interés no ha contraído excesivamente la demanda. También influye que en algunos países, como Canadá, los precios de la vivienda son tan altos que directamente expulsan del mercado a los compradores “normales”, que sí suscribirían hipotecas.

Menos construcción

En cuanto a la disminución de la oferta, una parte importante se explica por la menor construcción de casas nuevas. Se trata de un fenómeno común a muchos países, de distintas latitudes y niveles de riqueza. En Irlanda, por ejemplo, se estima que de las 200.000 unidades que habría hecho falta construir para dar respuesta al crecimiento de la población en la pasada década, solo se construyeron 90.000. Sao Paulo, la ciudad más poblada del hemisferio sur, tiene un déficit de aproximadamente 400.000 unidades.

El exceso de regulación, las secuelas del pinchazo de la burbuja inmobiliaria o el encarecimiento de la construcción reducen la oferta

En España se ha pasado de construir cerca de 600.000 viviendas al año a principios de siglo –en pleno boom inmobiliario–, a 90.000 actualmente. En buena parte, este frenazo se debe a que, tras el pinchazo de la burbuja a partir de 2008, muchas inmobiliarias o quebraron o redujeron drásticamente la nueva construcción, en espera de poder dar salida primero al enorme stock de pisos vacíos. El problema es que una importante proporción de ellos están fuera de las ciudades principales, que es donde, cada vez más, se está concentrando el crecimiento poblacional.

Otro motivo del descenso en la construcción, común a muchos países, es la prolija regulación urbanística. En Estados Unidos, por ejemplo, las restricciones para la creación de casas pequeñas en zonas reservadas solo para viviendas unifamiliares actúan como un freno muy importante de la oferta. Además, allí y en otros países –también en España– hay quien acusa a las administraciones de mantener baja la oferta de suelo urbanizable para hacer aumentar su valor, y con él, los ingresos en concepto de tasas.

A estos factores hay que sumar otros dos: el encarecimiento de los materiales de construcción (en parte por efecto de los conflictos internacionales) y la escasez de mano de obra, ambos comunes a muchos países.

El alquiler tampoco ofrece un respiro (con excepciones)

El mercado del alquiler también enfrenta importantes obstáculos. Algunos son comunes a los de la vivienda en propiedad, o derivados de ella. Por ejemplo, el encarecimiento de las hipotecas por la subida de los tipos de interés lleva a que los caseros repercutan ese incremento en los inquilinos.

También hay factores propios. Uno de ellos es el crecimiento en muchas capitales de los pisos turísticos o con fines distintos a la vivienda habitual (residencias de estudiantes o para “nómadas digitales”, por ejemplo). Otro, el problema con la llamada “inquiokupación” (inquilinos que dejan de pagar y se convierten en okupas), que hace que muchos propietarios prefieran no sacar el piso al mercado ante lo que perciben como una situación de inseguridad jurídica.

Para paliar la subida de precios, algunas administraciones han optado por intervenir el mercado. Por ejemplo, en España, la Ley por el derecho a la vivienda, aprobada a mediados de año pasado, fija unos topes dentro de las llamadas “zonas tensionadas”. No obstante, algunos expertos consideran que esta restricción podría producir el efecto contrario al deseado, al reducir la oferta y aumentar los precios.

Argentina, de hecho, está siguiendo el camino opuesto. El gobierno de Milei ha desmontado algunas regulaciones, como la que establecía que los contratos de arrendamiento debían durar al menos tres años y que la cuantía solo podía aumentar de acuerdo a una tasa fijada por el Banco Central, o la que obligaba a pagar en pesos (la depreciación de esta moneda por la elevadísima inflación hacía que muchos propietarios prefirieran alquilar sus pisos en Airbnb, donde sí se podía pagar en dólares). Lo cierto es que las medidas están teniendo efecto: el precio medio del alquiler en Buenos Aires –ajustado a la inflación– ha descendido un 40%, y la oferta ha aumentado en un 170%.

Construir vivienda de protección oficial, y no permitir su venta, es una de las lecciones del “modelo Viena”

Otros dos países latinoamericanos, Colombia y Chile, ocupan los primeros puestos en un ranking, elaborado por la OCDE, que mide qué porcentaje de las familias de clase baja tienen que dedicar más del 40% de sus ingresos a pagar el alquiler: en Colombia es el 80%; en Chile, el 70%.

El ejemplo de Viena

En todos los países son los jóvenes y las clases bajas las que más están sufriendo el encarecimiento del suelo. Por eso, además de medidas a largo plazo como la construcción de más vivienda subsidiada, urge encontrar mecanismos para facilitar el alquiler asequible a corto plazo.

El modelo al que se suele mirar para ello es Viena. La capital austriaca, que no es ajena a algunos de los factores que están encareciendo los precios de la vivienda (el crecimiento de su población es aún más acelerado que el de Madrid o Barcelona), cuenta sin embargo con un programa de alquiler que permite a una gran parte de sus habitantes acceder a un piso asequible a muchos bolsillos. Como explicaba hace unos meses Christian Schantl, uno de los responsables de la empresa pública que gestiona el sistema, la municipalidad es poseedora de un abundante stock de viviendas, que arrienda a precios rebajados y constantes en el tiempo.

Además de los pisos de la empresa municipal (unos 220.000), el ayuntamiento ha llegado a acuerdos con una red de cooperativas privadas pero sin ánimo de lucro –si tienen beneficios, deben reinvertirlos en el propio parque inmobiliario–, que alquilan otras 200.000 viviendas. En total, más de la mitad de los vieneses viven en un hogar arrendado a un precio por debajo del mercado.

En la entrevista mencionada, Schantl destaca lo importante que ha sido para Viena no haber dejado de construir vivienda de protección oficial durante el último siglo, y no haber permitido nunca que se vendiera. En esta misma línea, una reciente modificación de la normativa permitirá desahuciar a los beneficiarios de un alquiler social si lo subarriendan. Se trata de evitar que un bien escaso y esencial como la vivienda se convierta en una mercancía más para el intercambio comercial.

Así piensa también David Gómez, de la agencia inmobiliaria Metrópolis. En su opinión, la vivienda habitual (el adjetivo es importante, para distinguirla de otro tipo de usos) “debería considerarse un bien de primera necesidad”. Por eso, en épocas de gran desajuste entre la oferta y la demanda, “las administraciones públicas deberían intervenir”. ¿Qué propone en concreto Gómez? En primer lugar, aumentar la oferta de suelo urbanizable; después, fomentar la construcción de nueva vivienda, y especialmente de vivienda de protección oficial para colectivos vulnerables, por ejemplo, ofreciendo incentivos fiscales a inmobiliarias y promotoras; además, estas viviendas protegidas no deberían poder ser vendidas nunca, ni subarrendadas para fines comerciales. Por otro lado –añade–, la defensa de la propiedad privada contra la ocupación debe ser más contundente tanto a nivel legislativo como operativo.

Todas estas medidas, junto a otras posibles como establecer un impuesto especial para la compra de vivienda por parte de capital extranjero (en vigor, por ejemplo, en Singapur desde 2013), van encaminadas a resolver el déficit de oferta y a reducir el peso de los factores “artificiales” en la demanda. En conjunto, podrían aliviar la gran crisis social de nuestros días.