En este blog quiero recoger unos comentarios al libro «Antropología paso a paso» de José R. Ayllón, que considero muy interesante y recomiendo su lectura. Esta será una primera entrega a la que seguirán otras según vaya “digiriendo” su lectura.

Cuerpo y alma
Pienso que la inteligencia (entendida como el saber buscar soluciones a una dificultad) no otorga la condición de persona; la inteligencia en sentido amplio también la tienen los animales, incluso parece que algunos son capaces de actuar independientemente de los estímulos exteriores o de los instintos, por no hablar de la IA. Otra cosa, como parece referirse el autor, es cuando la inteligencia se manifiesta como arte, industria, ritos, …
La autoconciencia y la libertad responsable (que suponen la inteligencia como bien aclara el autor) sí que nos diferencia de los animales, y son las características de la persona (sustancia individual de naturaleza racional y libre). El hombre, a diferencia de los animales, puede auto programarse en contra de los estímulos y de la propia conciencia, por eso es libre y responsable, que es algo intemporal (inmortal). Es la libertad lo que nos diferencia. El alma, ese algo inmaterial que tienen los seres vivos que ordena las actividades del cuerpo, en el hombre es también inmortal: Como decía algún antiguo, un ser libre sólo Dios puede hacerlo, requiere un poder infinito, casi a consta de perder algo de Su poder.
Pero el hombre no sólo tiene un alma libre, su cuerpo le completa y le limita por su resistencia a hacer lo que quiere, tanto en lo físico como en la percepción de las cosas a través de los sentidos. Los sentidos externos (vista, oído,…) y los internos (el común, la imaginación, la estimación, la memoria) permiten un conocimiento sensible, pero el paso al conocimiento intelectual, ese reflejo subjetivo de la realidad requiere una actividad inmaterial que reside en el alma y que a su vez produce reacciones físicas en el cuerpo; se desconoce aún cómo se produce esta interacción. El lenguaje, la escritura, los gestos son consecuencia lógica del ser hombre. Mientras vive en el cuerpo no parece que tengamos otro medio de comunicarnos, ni de adquirir conocimientos (al menos los básicos) sin los sentidos.
Un poco de “prehistoria”
¿Cómo encajar el relato bíblico de Adán y Eva con el carácter primitivo de los primeros homo sapiens? El autor sugiere que los homínidos se desarrollaron como grandes monos y cedieron el paso a otros más evolucionados que se extinguían progresivamente hasta llegar al homo sapiens en un salto inexplicable, imposible de producirse considerando la simple evolución de las especies.
Según Darwin, la evolución se explica por “las leyes impresas en la materia por el Creador, …y a causas secundarias como las que determinan el nacimiento y la muerte de los individuos”. Algunos naturalistas piensan seguir a Darwin, pero dicen lo contrario: El azar (no se sabe bien lo que es) produce nuevas especies, cuando son las especies ya existentes las que tienen la potencia de evolucionar. En cualquier caso no parece que esta evolución haya producido seres libres como el hombre, ya que la libertad no se corresponde con las leyes de la física o de la biología.
¿Pero por qué no se constata la presencia de seres realmente inteligentes como la que se encuentra de otros homínidos en los yacimientos? Es llamativo que no se encuentren apenas vestigios históricos de la actividad de los primeros humanos cuando sabemos que hubo un salto más que cuantitativo desde el punto de vista de la evolución. Quizás sea porque el desarrollo de la industria es exponencial gracias a la colaboración de muchos, pues individualmente somos muy limitados. O también pudiera ser por un cataclismo que borrara los vestigios de una civilización más avanzada de lo que suponemos. Quizás el verdadero homo sapiens tendría menos de 50.000 años, bastante después de los primeros homínidos, si es que las dataciones son correctas.
El conocimiento
A diferencia de los animales, nuestra mente tiene consciencia de captar ciertas categorías de las cosas, que son: sustancia, cualidad, cantidad, causalidad, acción, lugar y tiempo. Nos podemos preguntar si lo captado por nuestra mente es verdadero o no. Dicho de otra forma, lo que consideramos verdadero, qué es con respecto de lo conocido, ¿adecuación, coherencia, algo que es útil o consensuado con los demás? Lo primero sería lo correcto, aunque no excluye lo demás, pero esta coherencia puede ser interpretada como realista o idealista, solo en nuestra mente. Si el criterio de verdad es la evidencia, la postura idealista -y más aún la existencialista que niega los conceptos universales y la misma lógica- resultan difíciles de aceptar, o bien es que no hay verdad, lo que es una contradicción, pues para decir que no hay verdad antes es necesario definirla.
Los conceptos universales y las ideas innatas hacen referencia a unos principios como base indemostrable de toda lógica o demostración (arte de razonar): principio de identidad, principio de no contradicción, principio del tercero excluido y principio de razón suficiente, que podríamos resumir en: “lo que es, es, y no puede ser otra cosa a la vez porque tiene una razón de ser”. Pienso que sólo la postura realista, en la que las ideas innatas son la base del razonamiento, va a permitir un desarrollo de la ciencia, en donde el análisis, la síntesis y las definiciones correctas son necesarios. El escepticismo tiene parte de razón al dudar de cosas que no conocemos del todo, o pretenden imponernos, pero es peligroso cuando pretende disculpar cualquier acción.
La ciencia utiliza las capacidades del hombre como son la inducción, la deducción (silogismo), el lenguaje matemático (que expresa leyes físicas sacadas de la experiencia), y el filosófico (estudio de las causas, eficiente, material, formal y final). Podemos usar la ciencia con objetivos experimentables y fehacientes, lo que demuestra que el conocimiento es verdadero. Además, la ciencia no es solo empírica: belleza, bondad, verdad son objetivos inmateriales de la filosofía con clara repercusión en la actividad creativa del hombre. A este respecto, me gustaría referirme a los presupuestos filosóficos que Einstein propuso (invariancia de las leyes físicas, constancia de la velocidad de la luz, …) para desarrollar sus teorías de la relatividad, y que derivaron en consecuencias prácticas indudables.
