En este blog continúo recogiendo unos comentarios, a modo de resumen, al libro «Antropología paso a paso» de José R. Ayllón, que nos pueden servir para reflexionar. Esta es la tercera y última entrega:

El hombre es social por naturaleza, convive y necesita de los demás, esto es evidente. El ideal de esta convivencia requiere ciertas condiciones que el autor resume así: convivencia libre, justa y pacífica, con una autoridad que la salvaguarde y que articule los derechos y deberes de los ciudadanos y de las instituciones intermedias. Qué se entiende por los conceptos aquí mencionados, trataremos de explicarlo a continuación haciendo uso de este libro:
La familia
La familia (constituida básicamente por los padres, hombre y mujer, y los hijos) es la primera y más importante institución. Nadie ha nacido sólo, necesita del calor humano del hogar donde nace, se alimenta y da sus primeros pasos; donde aprende desde el habla hasta la forma de comportarse. Es escuela de virtudes y ayuda mutua para insertarse paulatinamente en el resto de la sociedad.
La ideología de género considera, por el contrario, que las personas no necesitan de la familia, basta con que estén en la sociedad en cualquier modo de agrupación de individuos. No considera que el hombre y la mujer son los únicos que pueden establecer una unión estable en el matrimonio por su complementariedad biológica, sentimental y espiritual, donde los hijos normalmente encuentran una referencia para su formación como hombre o mujer inherente a su constitución, incluso en el caso de que se presenten desviaciones en la atracción sexual. Estas, muchas veces, son problemas que aparecen durante la niñez o adolescencia cuando la personalidad se está formando, que se superan con una adecuada maduración del carácter.
El autor opina que la ideología de género es una estrategia marxista para acabar con estos problemas, disolviendo el matrimonio, olvidando la condición sexual natural y sustituyendo el compromiso por el sentimiento variable. Los hijos serían algo opcional, y el padre y la madre serían reemplazables, pasando por alto la biología. A este respecto puede consultarse el tristemente célebre caso de David Reimer[1], un niño al que el psicólogo John Money intentó criar como niña para demostrar que la identidad de género era completamente moldeable por el entorno. El experimento fracasó de forma devastadora y hoy se considera un ejemplo de mala praxis científica y ética.
El Estado
La república platónica estructuraba la sociedad y al hombre según clases, y desgraciadamente incluía la esclavitud y el sometimiento de la mujer. La polis (entendida como una comunidad política autónoma que ‘elegía’ sus propias leyes) estaba por encima de la familia y del individuo, para beneficio y prosperidad de los ciudadanos. Más adelante, en la Europa medieval, el poder ejercido por el Estado tendrá una justificación religiosa. Maquiavelo (que consideraba que la razón de estado lo justifica todo), Hobbes, Locke y Rousseau (para los que se debe conferir toda la fuerza a los representantes políticos para la defensa del pueblo), tienen conceptos totalitarios del Estado pues no confían en las instituciones intermedias. El marxismo propone también una solución totalitaria mucho más drástica, prometiendo un reparto igualitario de los bienes, pero fue a costa de quedarse todo el estado, despojando de libertad y sometiendo a los ciudadanos al terror y a la pobreza.
El liberalismo político está en la génesis del estado de derecho, ya iniciado por Montesquieu que propugnaba la división de poderes y después por Kant. El Estado de derecho se convirtió en democrático con el sufragio universal. Pone al individuo en el centro para protegerlo dentro de un marco legal que defienda el derecho a la vida, la seguridad, la propiedad y el comercio. El ideal es: igual oportunidad de educación, distribución de la riqueza, sometimiento a la ley justa, alternancia de poder, división de poderes, principio de subsidiaridad (lo que pueda hacer una instancia superior no lo haga si una instancia inferior -personas, familias, comunidades, …- puede resolver un asunto por sí misma). La ley debe ser igual para todos y estable. De esta forma, no nos gobierna un hombre sino la ley, supuesto sea razonable y respetuosa con los derechos fundamentales (la Declaración de los Derechos Humanos 1948 es un buen ejemplo).
El bien común
El bien común es el conjunto de condiciones que supeditan el bien individual al de todos, no quitando la libertad de las personas sino limitándola a través del cumplimiento de las leyes justas que promocionen la familia, el empleo, la seguridad, la educación … Ya Platón decía que no hemos nacido para nosotros pues una parte de lo que somos se lo debemos a los demás. La posesión de los bienes materiales imprescindibles es necesaria, juntamente con el derecho a la vida, la libertad de pensamiento y religión, pero las obligaciones que esto representa son mutuas.
La propiedad privada es necesaria para el ejercicio de la libertad y el desarrollo de la actividad de las personas, pero no es una propiedad absoluta, está sometida al bien común. Hay un débito social que debe ser respetado, y que modernamente se regula a través de los impuestos. A este respecto las leyes sobre relaciones laborales, seguridad social, pensiones, son especialmente importantes para proteger las personas con trabajos mal remunerados o no mesurables, pero que revierten en un bien de la sociedad como es la educación de los hijos. Por otra parte, el estado también tiene la obligación de incentivar empresas con especial repercusión en la vida de todos los ciudadanos, y que la actividad privada no puede conseguir por sí sola, pero involucrando la economía de las empresas privadas.
A la vuelta de los años, parece increíble que solo a partir del siglo 18, se llegara a la invención de las máquinas que trasforman el fuego en energía mecánica, lo que requirió la colaboración de múltiples oficios, estudios y personas. Con la segunda revolución industrial aparece el consumismo, y se agudiza el desempleo, la desigualdad entre países, las guerras y el armamento a gran escala, incluso nuclear. La tecnología es buena, su uso no siempre. ¿Cómo controlarla? El progreso no trae necesariamente la felicidad, sino también desigualdad, guerras, paro, … cuando su fin último es el consumo. Por esto, las leyes sobre la actividad comercial, el valor del dinero, la limitación del armamento, … requieren inevitablemente la cooperación internacional en orden al bien común de una forma mucho más exigente en nuestra época.
La cultura
La cultura de una sociedad es también parte del bien común, pues debe ser accesible a todos por manifestar los avances técnicos y espirituales (ciencia, arte, beneficencia, ocio, …). La cultura debería orientar la actividad del hombre hacia valores que trascienden lo biológico, hacia el dominio de la naturaleza y la contemplación de su belleza que es la armonía de las cosas creadas. La belleza es subjetiva en cuanto a su apreciación y objetiva en cuanto representa la verdad del ser.
Las instituciones universitarias en Europa empezaron con el concilio de Letrán (que marca el inicio de una Iglesia más independiente del poder político) disponiendo además que en las catedrales se prepararan a los futuros sacerdotes; después se crearon los estudios generales, con el latín como lengua común en Europa. Profesores y alumnos compartían la disputatio. Actualmente, como nuevos medios de cultura, también el cine (como antiguamente el teatro) y los mass media influyen poderosamente en las costumbres; el buen cine suele basase en una creación literaria previa. Solo algunas alcanzan una duración y extensión universal, son los clásicos porque dan con los problemas y respuestas de forma atractiva y bella.
Por lo demás, lo que es nuevo en nuestra época -sobre lo que vale la pena reflexionar- es el continuo bombardeo de publicidad y slogans que nos llegan a través de la TV y las redes sociales. Mala cosa si no sabemos controlarlo. Y es que lo que nos llega por estos medios a tomado en algunos casos derroteros muy peligrosos: me refiero a la cultura del bienestar como bien supremo. Si este bienestar fuera entendido por el nuestro y el de nuestros semejantes, todavía, pero si todo vale incluso la muerte de los no nacidos (como son pequeños y no se ven no tiene importancia) o de los que sufren la enfermedad, entramos en la cultura de la muerte donde el espíritu no cuenta.
En resumen, podríamos decir que la madurez de una sociedad se mide por la calidad de las instituciones, siendo las principales la familia, la empresa, las agrupaciones profesionales, educativas y asistenciales (incluidas las religiosas), …, y la autoridad que ejerce los poderes legislativos, judicial y ejecutivo, respetando el principio de subsidiaridad y promoviendo la cultura del nosotros. Como dice Rafael Osle, “Tu vida importa, porque forma parte de la mía. Eso es lo que debe proteger el derecho. No otra cosa.”
[1]“Sexo asignado al nacer”: el experimento fallido del investigador que acuñó la expresión “roles de género” – Infobae
