La guerra en Irán y Oriente Medio

Es prácticamente imposible tener un análisis certero de lo que pasa en este lugar: Primero porque las noticias que nos llegan son parciales, y muchas veces dudosas; segundo porque la complejidad es enorme.

Pongo aquí algunas referencias para ayudar a comprender:

Las guerras no traen nada bueno, y sólo en legítima defensa podrían ser aceptable. ¿Es este el caso? No lo parece tal como lo veo, por lo menos si no se han agotado las opciones negociadoras, donde los países implicados (se incluyen los que apoyan el régimen actual de Irán, Rusia, China, …) sólo tendrían que evitar la trasferencia tecnológica de armas para el fin de la guerra, sin cuya ayuda creo que es imposible su fabricación fuera o dentro de Irán. No creo que Irán sea capaz de producir tantos misiles por su cuenta…

Pero además late esta terrible pregunta, ¿Es cierto que existe una amenaza real e inminente de destrucción de Israel o de otros países cercanos? ¿O son los intereses económicos los que prevalecen? ¡Qué pocas cosas sabemos de lo que realmente ocurre a alto nivel!

Lo mismo podríamos preguntarnos sobre la guerra en Ucrania: ¿Por qué Europa y EE. UU. siguen apoyando esta guerra, cuando en el mejor de los casos Ucrania va a acabar mucho peor que si no hubiera comenzado?

Ética e inteligencia emocional

En este blog continúo recogiendo unos comentarios al libro «Antropología paso a paso» de José R. Ayllón. Esta es la segunda entrega:

La ética

La libertad implica poder obrar de una manera u otra: la experiencia demuestra que las consecuencias observables de nuestros actos no son indiferentes, y podrán ser calificados de mejores o peores de lo que cabría esperar. En este sentido la ética describe las consecuencias de nuestros actos, para que cada uno sepa lo que hacer, lo bueno o lo malo. El problema está en saber qué es lo bueno y lo malo; pienso que es aquello que conviene a los demás y a nosotros mismos, que esto es el querer de Dios, ante quien somos responsables, y quien ha puesto en nuestros corazones la conciencia para descubrir su voluntad. A esto se podría objetar que uno hace las cosas porque quiere, no porque un dios le va a juzgar que no sabe si existe… es más, que lo que entiende que es bueno ahora puede cambiar después… A lo que responde el autor diciendo que la ética busca obrar conforme a la verdad, a la realidad de nuestra naturaleza, que es fuente del derecho universal, lo que llamamos ley natural.

Ambos puntos de vista (ley natural, querer de Dios) coinciden pues ambos vienen de Dios. El relativismo, que lo niega, surge cuando separamos la verdad del bien, cuando ilusoriamente pretendemos librarnos de las consecuencias de nuestros actos. Impugnar que no hay cosas buenas objetivas para todos es negar la realidad experimental de las cosas. En el fondo pienso que, si no existe Dios, nada tiene sentido, ni la verdad, ni las leyes de la naturaleza; todo sería relativo, el caos. En contra del relativismo, vemos que la conciencia -ese juicio interno de la razón sobre nuestros actos-, es algo común en la naturaleza humana, y que nos permite sopesar nuestros actos con una luz que nos es dada. Esta luz es común en todos los hombres, pero puede ser obscurecida por la voluntad, según nuestro comportamiento, y por influencias externas de cultura, educación, etc.

Es aquí, en nuestro comportamiento, donde radican las virtudes y los vicios. Dicen que le hombre es un animal de costumbres, pero lo que sí es cierto que en esta vida nos hacemos en el tiempo: la repetición de actos da lugar a las virtudes o los vicios, que a su vez facilitan esos actos: es como si cada acto dejara un poso en el alma que la fortalece o debilita, lo mismo que el ejercicio o su defecto fortalece o debilita al cuerpo. Las virtudes clásicamente se las ha clasificado en prudencia (habito de elegir lo correcto), justicia (su realización con respecto de los demás), fortaleza (constancia durante su realización) y templanza (moderación en los placeres sensibles). Realmente una virtud implica las demás, en el fondo se reducen a decidir bien (prudencia que radica en la razón) y actuar en consecuencia (fortaleza), bien con respecto a los demás (justicia) o con respecto a uno mismo (templanza).

La inteligencia emocional

El autor dedica un capítulo a la inteligencia emocional, los sentimientos, cuyo control está ligado a la virtud de la templanza, y que tienen tanta influencia en nosotros. Normalmente actuamos con unos objetivos más o menos conscientes, pero tanto su realización como sus consecuencias despiertan en nosotros reacciones somáticas de bienestar o malestar que nos acompañan, y que no podemos evitar. Nuestra percepción de las cosas pasa por el efecto que estas producen en nuestro cuerpo unido al alma. Las posturas extremistas, desprecio de los sentimientos – estoicos, Kant -, o las que propugnan su supremacía -romanticismo, Hume, Rousseau, no parecen razonables: Son las virtudes y un conocimiento propio de lo que nos hace daño en relación con la salud, la familia, la amistad, el trabajo, … las que nos permitirán gestionar los estados de ánimo adversos que inevitablemente se producirán, y de encauzar los sentimientos con la razón y la voluntad. Contamos con derrotas y victorias, pero siempre tenemos la posibilidad de rectificar.  

Conviene considerar aquí los motores que nos mueven a actuar, las pasiones, capaces de concentrar nuestra atención en algo que la reclama, y de reducir el resto del mundo a ruido de fondo, casi siempre relacionadas con la ira, el deseo, o su contrario, el miedo. Las pasiones pueden ofuscar o potenciar nuestra inteligencia, todo depende de nuestros hábitos adquiridos principalmente durante nuestra infancia y adolescencia, y de la educación recibida, pero raramente nos privan de la responsabilidad de los actos a los que se encaminan.

Afecto, amistad, amor

No es posible una conducta razonable ante las pasiones sin el concurso de unas virtudes adquiridas, que hagan ver la belleza de la naturaleza, y que posibiliten la amistad, la laboriosidad, la lealtad,… , y con la pubertad, que el deseo sexual -que es bueno en sí mismo- se mantenga controlado, pues o se domina al principio o nos domina él. Este control o contención no es algo negativo, pues implica orientar las acciones que la sexualidad pide para su fin: la unión y la procreación dentro del matrimonio, y por esto, evitar su ejercicio fuera de él. De esta forma se potencia la personalidad y el control de uno mismo que facilitará la entrega posterior en el matrimonio y a otras actividades nobles. Ambos aspectos, donación y procreación no pueden separarse sin violentar nuestra naturaleza. La trascendencia del acto sexual es tan grande por lo que representa de donación personal y apertura a la vida[1], que requiere la estabilidad del matrimonio.

El enamoramiento es esa atracción que la vista del otro nos produce en todo lo que es (cuerpo y alma). Debería ser previo al acto libre de la entrega en el matrimonio, que queda a nuestra elección, y que por ser entrega entre personas es hasta la muerte. Entonces el placer sexual en el matrimonio ya no es el objetivo, sino que acompaña a la procreación y es ayuda mutua para mantener la unión de los esposos. El hombre, a diferencia de los animales, es capaz de elegir incluso sobre su actividad sexual por motivos superiores (la entrega a los demás sin el compromiso de la entrega a otro en el matrimonio).

La amistad, el amor se refieren a las relaciones humanas en donde las personas se enriquecen mutuamente, y sin las cuales los seres humanos quedan aislados, infelices. Se pueden definir como el roce de dos almas que se miran y aprecian. Esta comunicación, ese «mirar» al otro, implica compartir afanes y ayuda mutua, que se dan cuando hay verdadera amistad, y que llega a ser amor cuando uno percibe en el otro una perfección invisible a los demás: El amor es el sentimiento más radical cuando se manifiesta en obras, incluso cuando los sentimientos ya no acompañan. Es el caso del amor exclusivo de un hombre con una mujer.

[1] La continuidad biográfica desde la concepción fundamenta la idea de que el embrión es ya un alguien, no un “algo”. A este respecto puede consultarse este artículo: ¿Qué es el embrión humano?. Reseña de ¿Qué es el embrión humano?. Aceprensa

Revueltas en Irán: entre la nostalgia y el hartazgo

Dado la gravedad actual de los sucesos en Irán, publicamos este artículo en Aceprensa de Luis Luque:

“Cuando intento hablar sobre usted aquí en Teherán, la gente se encierra en un silencio temeroso”, le dijo Oriana Fallaci al entonces shah de Persia, M. Reza Pahlavi, en 1973. “Ni siquiera se atreven a pronunciar su nombre, Majestad. ¿Por qué?”, añadió, y el aludido respondió: “Por respeto exagerado, supongo”. La periodista italiana no le mencionó el dato de que, justo en esos días, la policía política del régimen (la Savak) estaba torturando y/o fusilando a decenas y decenas de opositores políticos. Conque tal vez la palabra respeto

Muy mal tienen que estar las cosas en Irán bajo el yugo de los ayatolás para que el referente de bienestar y libertad de una parte de la gente sea la Persia anterior a 1979, y para que un hijo de aquel temido shah –el príncipe Reza Pahlavi, exiliado en EE.UU.– se convierta para muchos en el deseado, el que comande un proceso de transición de un régimen islámico a uno de corte laico y más democrático. Pero es que, si en tiempos de Pahlevi senior se fusilaba, en los del ayatola Alí Jamenei se ahorca: para el 14 de enero, más de dos semanas después del inicio de las protestas masivas contra la falta de libertad y la asfixia económica que sufre la gente de a pie, las autoridades programaron –y a última hora postergaron– la ejecución de un primer manifestante, Erfan Soltani, de 26 años, a modo de advertencia a los que piden cambios.

En cada oleada de protestas contra el sistema teocrático que encabeza Jamenei, los resultados finales vienen siendo los mismos: la gente se levanta, sea contra el insoportable coste de la vida, sea contra las imposiciones religiosas, o contra la represión –a veces letal– por no ceñirse a los códigos de conducta impuestos por la casta clerical chiita. Le sigue entonces una contundente reacción policial y, tras un par de semanas, los ciudadanos, visto que nada cambia, se vuelven decepcionados a sus casas. Finalmente, las autoridades ajustan cuentas con los más “destacados” en los tribunales y en el patíbulo.

Quizás por eso ahora mismo, entre los que se manifiestan, pocos aceptan volverse atrás. Porque las hileras de cadáveres –más de 2.400 asesinados hasta el momento, según datos de la disidencia iraní– son el mejor argumento para entender que el régimen no hace rehenes.

Pezeshkian, la gran decepción

Las protestas, que se iniciaron a finales de diciembre, tuvieron su origen en el descontento de los comerciantes de equipos electrónicos, a los que la abrupta devaluación de la moneda les ha hecho casi imposible seguir importando mercancía y obtener algún beneficio. A día de hoy, para conseguir un dólar estadounidense hay que desembolsar 1,47 millones de riales.

El Gobierno se confiesa “sin ideas” sobre cómo resolver la corrupción, las luchas políticas internas y el déficit en las cuentas públicas

Se lo están sintiendo los comerciantes y quienes no lo son. Según explicaba en The Atlantic el escritor Arash Azizi, un dólar costaba 250.000 riales en 2021, pero hace apenas diez años se compraba por 30.000. “Ese continuo declive ha diezmado los ahorros, destruido la clase media e infligido verdadero dolor a las clases trabajadoras”.

La aguda sequía, que está provocando restricciones del suministro de agua, y los cortes eléctricos se han unido a la elevadísima inflación y a los apuros económicos de los menos favorecidos. “Los iraníes pobres pasan hambre”, afirma The Economist, y lo ejemplifica con que el subsidio gubernamental de 8 dólares mensuales establecido para estas capas poblacionales no da para mucho más que una bolsa de arroz o una jarra de aceite. El Gobierno, más exactamente su presidente Masoud Pezeshkian, se confiesa superado por la situación y literalmente “sin ideas” sobre cómo resolver los problemas derivados de la fuerte corrupción, las luchas políticas internas y un gasto gubernamental otrora desorbitado.

Pezeshkian, un cirujano cardiovascular con vocación política reformista, “ha sido una gran decepción desde cualquier punto de vista –dice Azizi a Aceprensa–, aunque también ha lidiado con una situación muy difícil, al tener que gestionar las operaciones encubiertas y los ataques israelíes (de junio de 2025), una economía en caída libre y el endurecimiento de las sanciones externas. En cuanto a sus emblemáticas promesas sociales, también ha fracasado. Logró poner fin a la obligatoriedad del hiyab, pero solo de manera informal y sin un cambio legislativo. No ha logrado acabar con la censura ni con las restricciones en internet, como había prometido. Y lo que es más importante: se ha limitado a observar el colapso económico. Sus potestades están severamente restringidas, ya que la mayor parte del poder reside en el Líder Supremo (Jamenei), no en el presidente”.

En tal sentido, añade, “la incapacidad del régimen para ofrecer una economía decente a su pueblo es una de las principales razones por las que lo odian y desean su desaparición. Los fracasos económicos del país están estrechamente vinculados a sus políticas centrales y a su sistema de gobierno irresponsable, ineficiente e incompetente”.

Pahlavi, la apuesta de los desesperados

¿Es lo suficientemente fuerte la actual movilización social como para mandar a casa –o a Rusia, en vuelos de huida– a la jerarquía gobernante? La última vez que las calles ardieron y se pensó que aquello era posible fue en 2022, en las protestas por la muerte de la joven Masha Amini tras una golpiza propinada por la “policía de la moral” por no llevar puesto el hiyab adecuadamente. Parecía que asistíamos a los momentos finales del sistema teocrático, pero aquello tuvo su punto de efervescencia y finalmente se apagó.

La principal diferencia entre aquel levantamiento y el presente, en opinión de Azizi, es que este último tiene “un carácter mucho más insurreccional. Refleja mucha más ira y desesperación. Las protestas son, de hecho, bastante numerosas, pero enfrentan muchos obstáculos en el camino hacia su gran objetivo de una revolución”.

En esto coincide Mehran Kamrava, profesor de Gobierno en la Universidad de Georgetown-Qatar. Según nos dice, las manifestaciones, que prendieron primeramente en ciudades pequeñas de la periferia, se tornaron violentas muy rápidamente, pero por ahora carecen del empuje suficiente para lograr un cambio real.

Algunos opinan que una intervención extranjera le haría el juego al régimen; lo ayudaría

“Más específicamente –dice–, no parece haber presión alguna sobre la Guardia Revolucionaria ni sobre el ejército regular; por lo tanto, las fuerzas de seguridad permanecen intactas y firmemente del lado del Estado, por lo que no vemos ninguna señal de que pueda haber una revolución”.

¿Podría catalizarla de alguna manera una figura como la del shah heredero Pahlavi, al que un sector de los manifestantes aclama, con la ayuda de un golpe quirúrgico israelí o estadounidense? No parece. Si algunos piden su regreso, apunta Kamrava, “se debe al reconocimiento de la marca, a que es alguien conocido, más que a que tenga una organización sobre el terreno, o a su misión o visión, pues no ha articulado ninguna”.

“La apuesta por Pahlavi se debe a la desesperación –señala por su parte Azizi–, ya que muchos lo ven como la única oportunidad de enfrentarse al régimen. Pero dudo de que tenga lo necesario. Es una figura divisiva que ha sido más el líder de una facción en particular que un líder nacional. Aunque él y otros líderes de la oposición pueden unirse para formar algo, por supuesto”.

En todo caso, si de la Casa Blanca depende, el aspirante a monarca no entrará en Teherán a caballo ni pasará bajo un arco de triunfo. Según dijo el presidente Donald Trump a un presentador de la plataforma Clash Report el pasado 8 de enero, Pahlavi le parecía “una persona agradable”, pero no era apropiado reunirse con él, sino esperar a ver otras posibilidades entre la oposición iraní. “Pienso que deberíamos dejar que todos salgan y ver quién emerge”, aseguró.

¿Un ataque estadounidense? “Mejor no”

El 13 de enero, Donald Trump posteó en su red social el anuncio de que la ayuda a los manifestantes iraníes iba “en camino”, lo que, a la luz del reciente golpe del Pentágono en Venezuela y la extracción de Nicolás Maduro, incitaría a imaginar una implicación militar más directa de EE.UU. para acabar de una vez con la que ha sido su principal fuente de desvelos en Oriente Medio desde 1979.

Claro que la capacidad de respuesta armada de Teherán sobrepasa por mucho a la venezolana, y tampoco sería fácil, llegado el caso, encontrar en el aparato gubernamental una Delcy a la que encomendarle los mandos de una transición. “Irán ha realizado un trabajo magistral manteniendo la unidad del régimen y evitando deserciones de alto perfil –asegura Nate Swanson en Atlantic Council–. La supervivencia del régimen siempre ha sido la consideración primordial, quizás en parte porque los líderes del país no tienen adónde ir”.

Por otro lado, tampoco es que un ataque externo coseche simpatías unánimes. “Hay que ser cuidadoso en esto –nos dice Azriel Bermant, investigador principal en el Instituto de Relaciones Internacionales de Praga–. He hablado con iraníes residentes en EE.UU. y me han dicho que solo los iraníes pueden echar abajo el régimen. Algunos opinan que una intervención extranjera le haría el juego al régimen; lo ayudaría. Tengo que decir, no obstante, que los ataques israelíes y estadounidenses de junio pasado ayudaron significativamente a debilitar al Gobierno: lo hicieron ver indefenso, vulnerable”.

Respecto a esto último, Kamrava discrepa. Según nos comenta, el ataque de junio pudo haber contribuido a la fuerte caída de la moneda, pero no necesariamente resultó en una percepción de debilidad de las fuerzas de seguridad, pues “el aparato coercitivo del Gobierno permanece intacto”.

En cuanto a la posibilidad de un golpe externo, hay mayor coincidencia. “Creo que cualquier Gobierno que se impusiera en Irán mediante un ataque militar extranjero carecería de legitimidad y credibilidad –señala el experto–. De hecho, sería, en cierto modo, una respuesta a las plegarias de la República Islámica, que podría señalar que muchos de los manifestantes cuentan con el apoyo directo de Israel, EE.UU. o ambos”.

De momento, sin embargo, los militares apostados en las antiaéreas para repeler la “ayuda en camino” de Trump están más reposados que quienes reparten plomo y palizas en las calles iraníes. Y los ciudadanos de a pie siguen poniendo los muertos, sin avistar, lastimosamente, el surgimiento de una figura sólida que arrincone de una vez a los ayatolás y que articule un programa de salida a la crisis nacional –no parece que Pahlavi pueda hacerlo–. Quizás no se atisbe el horizonte con demasiada claridad. Pero el hartazgo sigue ahí y está siendo increíblemente movilizador: ya han pasado un par de semanas, y la gente no se ha cansado.

¿Qué diferencia al hombre de los animales?

En este blog quiero recoger unos comentarios al libro «Antropología paso a paso» de José R. Ayllón, que considero muy interesante y recomiendo su lectura. Esta será una primera entrega a la que seguirán otras según vaya “digiriendo” su lectura.

Cuerpo y alma

Pienso que la inteligencia (entendida como el saber buscar soluciones a una dificultad) no otorga la condición de persona; la inteligencia en sentido amplio también la tienen los animales, incluso parece que algunos son capaces de actuar independientemente de los estímulos exteriores o de los instintos, por no hablar de la IA. Otra cosa, como parece referirse el autor, es cuando la inteligencia se manifiesta como arte, industria, ritos, …

La autoconciencia y la libertad responsable (que suponen la inteligencia como bien aclara el autor) sí que nos diferencia de los animales, y son las características de la persona (sustancia individual de naturaleza racional y libre). El hombre, a diferencia de los animales, puede auto programarse en contra de los estímulos y de la propia conciencia, por eso es libre y responsable, que es algo intemporal (inmortal). Es la libertad lo que nos diferencia. El alma, ese algo inmaterial que tienen los seres vivos que ordena las actividades del cuerpo, en el hombre es también inmortal: Como decía algún antiguo, un ser libre sólo Dios puede hacerlo, requiere un poder infinito, casi a consta de perder algo de Su poder.

Pero el hombre no sólo tiene un alma libre, su cuerpo le completa y le limita por su resistencia a hacer lo que quiere, tanto en lo físico como en la percepción de las cosas a través de los sentidos. Los sentidos externos (vista, oído,…) y los internos (el común, la imaginación, la estimación, la memoria) permiten un conocimiento sensible, pero el paso al conocimiento intelectual, ese reflejo subjetivo de la realidad requiere una actividad inmaterial que reside en el alma y que a su vez produce reacciones físicas en el cuerpo; se desconoce aún cómo se produce esta interacción. El lenguaje, la escritura, los gestos son consecuencia lógica del ser hombre. Mientras vive en el cuerpo no parece que tengamos otro medio de comunicarnos, ni de adquirir conocimientos (al menos los básicos) sin los sentidos.

Un poco de “prehistoria”

¿Cómo encajar el relato bíblico de Adán y Eva con el carácter primitivo de los primeros homo sapiens? El autor sugiere que los homínidos se desarrollaron como grandes monos y cedieron el paso a otros más evolucionados que se extinguían progresivamente hasta llegar al homo sapiens en un salto inexplicable, imposible de producirse considerando la simple evolución de las especies.

Según Darwin, la evolución se explica por “las leyes impresas en la materia por el Creador, …y a causas secundarias como las que determinan el nacimiento y la muerte de los individuos”. Algunos naturalistas piensan seguir a Darwin, pero dicen lo contrario: El azar (no se sabe bien lo que es) produce nuevas especies, cuando son las especies ya existentes las que tienen la potencia de evolucionar. En cualquier caso no parece que esta evolución haya producido seres libres como el hombre, ya que la libertad no se corresponde con las leyes de la física o de la biología.

¿Pero por qué no se constata la presencia de seres realmente inteligentes como la que se encuentra de otros homínidos en los yacimientos? Es llamativo que no se encuentren apenas vestigios históricos de la actividad de los primeros humanos cuando sabemos que hubo un salto más que cuantitativo desde el punto de vista de la evolución. Quizás sea porque el desarrollo de la industria es exponencial gracias a la colaboración de muchos, pues individualmente somos muy limitados. O también pudiera ser por un cataclismo que borrara los vestigios de una civilización más avanzada de lo que suponemos. Quizás el verdadero homo sapiens tendría menos de 50.000 años, bastante después de los primeros homínidos, si es que las dataciones son correctas.

El conocimiento

A diferencia de los animales, nuestra mente tiene consciencia de captar ciertas categorías de las cosas, que son: sustancia, cualidad, cantidad, causalidad, acción, lugar y tiempo. Nos podemos preguntar si lo captado por nuestra mente es verdadero o no. Dicho de otra forma, lo que consideramos verdadero, qué es con respecto de lo conocido, ¿adecuación, coherencia, algo que es útil o consensuado con los demás? Lo primero sería lo correcto, aunque no excluye lo demás, pero esta coherencia puede ser interpretada como realista o idealista, solo en nuestra mente. Si el criterio de verdad es la evidencia, la postura idealista -y más aún la existencialista que niega los conceptos universales y la misma lógica- resultan difíciles de aceptar, o bien es que no hay verdad, lo que es una contradicción, pues para decir que no hay verdad antes es necesario definirla.

Los conceptos universales y las ideas innatas hacen referencia a unos principios como base indemostrable de toda lógica o demostración (arte de razonar): principio de identidad, principio de no contradicción, principio del tercero excluido y principio de razón suficiente, que podríamos resumir en: “lo que es, es, y no puede ser otra cosa a la vez porque tiene una razón de ser”. Pienso que sólo la postura realista, en la que las ideas innatas son la base del razonamiento, va a permitir un desarrollo de la ciencia, en donde el análisis, la síntesis y las definiciones correctas son necesarios. El escepticismo tiene parte de razón al dudar de cosas que no conocemos del todo, o pretenden imponernos, pero es peligroso cuando pretende disculpar cualquier acción.

La ciencia utiliza las capacidades del hombre como son la inducción, la deducción (silogismo), el lenguaje matemático (que expresa leyes físicas sacadas de la experiencia), y el filosófico (estudio de las causas, eficiente, material, formal y final). Podemos usar la ciencia con objetivos experimentables y fehacientes, lo que demuestra que el conocimiento es verdadero. Además, la ciencia no es solo empírica: belleza, bondad, verdad son objetivos inmateriales de la filosofía con clara repercusión en la actividad creativa del hombre. A este respecto, me gustaría referirme a los presupuestos filosóficos que Einstein propuso (invariancia de las leyes físicas, constancia de la velocidad de la luz, …) para desarrollar sus teorías de la relatividad, y que derivaron en consecuencias prácticas indudables.

Filosofía contra Ideología

En este blog me atrevo a hacer unas reflexiones sobre las corrientes filosóficas, y si realmente influyen en la gente, o más bien son las ideologías, las costumbres establecidas, las que más nos mueven, quizás no tanto como las convicciones personales.

Cuando pregunto a la IA sobre los fundamentos del racionalismo, el empirismo, el idealismo y el existencialismo obtengo afirmaciones que dan que pensar (las pongo numeradas con más margen), y las comento acto seguido:

  1. Racionalismo: La razón como fuente del conocimiento es el camino principal para alcanzar el conocimiento verdadero. Las ideas innatas son conceptos o principios que, según los racionalistas, están presentes en la mente humana desde el nacimiento, sin necesidad de haber sido adquiridos por experiencia. Estas ideas son consideradas la base del conocimiento a priori, y se supone que han sido implantadas por una entidad creadora. Sus principales representantes son Descartes, Spinoza y Leibniz.

¿Podemos alcanzar un conocimiento completo de las cosas? ¿Como saber si nos equivocamos en los razonamientos? Por ejemplo, en la frase de Descartes, “Pienso, luego existo” se da una profunda inversión lógica en donde se antepone la consecuencia del existir a la propia existencia.

Las ideas innatas hacen referencia a los principios fundamentales de la lógica: principio de identidad, principio de no contradicción, principio del tercero excluido y principio de razón suficiente, que podríamos resumir en: “lo que es, es, y no puede ser otra cosa a la vez porque tiene una razón de ser”. Acerca de esto Sto. Tomás de Aquino desarrolló en la Summa unas respuestas muy acertadas a las preguntas que el conocimiento humano puede hacerse sobre su existencia y actuar, explicando la racionalidad del contenido de la Revelación bíblica.

  • Empirismo: Todo conocimiento comienza y acaba con la experiencia. Así, la razón por sí misma será incapaz de producir ningún conocimiento cierto, aunque sí podrá reflexionar sobre los datos que le proporcionan los sentidos. Locke establece los principios básicos del empirismo moderno. Afirma que no existen ideas innatas. El intelecto antes de toda experiencia no es más que un papel en blanco, por lo que todo entendimiento comenzará en los sentidos.

Según esto, no hay más fuente de conocimiento que la experiencia externa (sensación) o la interna (reflexión). Siguiendo a Locke, Hume afirma que nuestra mente recibe de la experiencia una serie de impresiones que va organizando por medio de las leyes de la asociación de ideas.

Pero si pensar fuera combinar ideas cuyo origen está en la experiencia, ¿quién o qué es lo que hace posible “la reflexión” para generar ideas? Es como si el pensar fuera como un programa de ordenador que nadie ha programado.

  • Idealismo: El idealismo es una corriente filosófica que sostiene que la realidad depende, en última instancia, de la mente o del pensamiento. Es decir, la realidad material no existe de manera independiente, sino que es una construcción o manifestación de la mente. El idealismo se desarrolla especialmente en Alemania en los siglos XVIII y XIX, con autores como Kant, Fichte, Schelling y Hegel.

El idealismo comparte con el racionalismo la confianza en la razón y en la existencia de estructuras lógicas universales, pero va más allá: sostiene que la realidad misma es, en esencia, mental o espiritual. Kant, por ejemplo, realiza una síntesis entre el racionalismo y el empirismo, afirmando que el conocimiento surge de la interacción entre las estructuras racionales de la mente y la experiencia sensible…

¿Cómo entender estas afirmaciones? El racionalismo busca verdades universales a través de la razón. El idealismo se enfoca en cómo la mente constituye la realidad misma. ¿No sería más fácil pensar que cosas son lo que son, y que podemos llegar a su comprensión en la medida de nuestra capacidad?

Contrariamente a lo que expone Kant – solo podemos conocer el mundo tal como se nos aparece, no como es en sí mismo -, pienso que sí podemos conocerlo, pues las categorías que estructuran y ordenan nuestra mente sí que pueden captar la esencia de las cosas, al menos como algo que existe fuera de nosotros, algo que viene de otro.

Hegel sostiene que la historia, la naturaleza y la cultura son manifestaciones de un proceso dialéctico, en el que la razón se va desarrollando y perfeccionando hasta alcanzar la autoconciencia absoluta. Identifica al “ser” con el acto de pensar, haciendo que cada espíritu finito participe de un Espíritu Absoluto que dará fundamento a toda la realidad. La Idea Absoluta sería, por tanto, al mismo tiempo Dios y nosotros mismos, algo infinito y finito a la vez, el que crea y es creado, en fin, una especulación que no explicaría ni siquiera las leyes de la física que son independientemente de nosotros.

  • Existencialismo: El existencialismo, por el contrario, surge como reacción a los sistemas filosóficos abstractos, incluido el racionalismo. Su punto de partida es la existencia concreta e individual del ser humano. La existencia precede a la esencia: primero existimos, luego nos definimos a través de nuestras elecciones. Los existencialistas sostienen que la vida no puede reducirse a conceptos universales ni a sistemas lógicos, sino que debe ser vivida y comprendida desde la experiencia personal, la libertad y la responsabilidad individual. Surge en el siglo XIX y se desarrolla plenamente en el siglo XX, con autores como Kierkegaard, Nietzsche, Sartre y Camus.

El existencialismo reacciona contra el racionalismo y el idealismo, defendiendo la primacía de la existencia individual y concreta sobre cualquier sistema lógico o construcción mental.

Así, Sartre rechaza la ética basada en deberes abstractos. Defienden una moral basada en elecciones concretas y personales y no en unos derechos humanos universales, lo que puede conllevar a la lucha entre los individuos, a la sinrazón, a la desesperación.

Yo entiendo, por el contrario, que la libertad moral, está ligada a la razón y al deber, no a la experiencia vivida. No a un deber cualquiera, sino el que corresponde a nuestra naturaleza que nos viene dada. De acuerdo con esta naturaleza (las operaciones propias del ser humano racional) podemos elegir hacer el bien o el mal, pero esto no define nuestra esencia sino nuestro mérito o demérito. La esencia es el conjunto de características que definen a un ser o a una cosa, independientemente de sus circunstancias particulares. Por ejemplo, la esencia del ser humano incluye la racionalidad y la libertad. En la obra de Santo Tomás de Aquino, se distingue que la esencia responde a la pregunta «¿qué es?», mientras que la naturaleza responde a «¿cómo actúa ese ser según lo que es?».

«El hombre loco» es una parábola de Nietzsche que simboliza la crisis de la fe en la modernidad y la declaración de que «Dios ha muerto». A mi entender, la lectura de esta parábola manifiesta más bien una duda sarcástica de la existencia de Dios, no su muerte; en el fondo se daba cuenta de que sin Dios nada tiene sentido … ¿Por qué entonces no aceptar una moral objetiva en vez de dejar al ser humano ante el abismo del nihilismo, es decir, la ausencia de sentido y de valores universales? Me da la impresión de que la respuesta del “superhombre” solo reafirma la incapacidad del hombre de ser Dios, de aceptar su condición de indigencia como de su máxima libertad.

Pregunto a la IA sobre la relación entre las corrientes anteriores, y me contesta con notas tomadas de una página web: “Kant es un punto de encuentro, ya que su filosofía recoge elementos del racionalismo y del empirismo, y su idealismo trascendental influirá tanto en el idealismo alemán como, indirectamente, en el existencialismo, al poner el foco en el sujeto y su experiencia”.

Según esto, parecería que Kant es quien tiene un mejor conocimiento filosófico del hombre. Pero, aunque su ética se basa en el imperativo categórico, que exige actuar solo según máximas que puedan convertirse en leyes universales, y defiende la existencia de Dios como una exigencia de la razón práctica, no concluye en un Dios personal que nos quiere, al que podemos llegar. Para Kant lo que la realidad sea en sí misma es para nosotros un completo misterio. Por esto, una fe racional, que surge cuando la razón reconoce que hay cosas que no puede probar, pero que son necesarias para vivir moralmente, no resulta convincente, ni resuelve nuestras dudas del porqué del mal en el mundo como se plantea Nietzsche. Sólo un Dios personal que viene a restaurar nuestra libertad y a salvarnos aclara este problema, como insistentemente nos dice la Biblia.

Quizás es esta la razón del surgir de algunas corrientes personalistas como respuesta tanto al individualismo (que exaltaba al individuo aislado) como al colectivismo (que subordinaba al ser humano a proyectos colectivos como el Estado o la clase social) y que coloca a la persona en el centro de la reflexión, defendiendo su dignidad, libertad y carácter relacional. El personalismo retoma elementos de la tradición filosófica (como la noción de sustancia en Aristóteles y Tomás de Aquino) y los combina con aportes modernos como la subjetividad y la libertad; su prioridad no es tanto dar una respuesta a la pregunta qué es la persona sino más bien quien es.

Queda por mencionar las ideologías postmodernas. Pienso que se basan en la bondad de unos pretendidos principios generales (justicia social, antirracismo, igualdad de derechos de mujeres y hombres, …) para implantar otros que no lo son en absoluto. Acabo de ver en internet un significado de ser woke: “being woke is about empathy, awareness, and working toward a fairer society”. Magnifico. Y, ¿qué pasa si digo que elegir el sexo no está en nuestra naturaleza, o que el aborto voluntario supone quitar la vida a un ser indefenso? La respuesta no se haría esperar, eres un facha que vas en contra de los derechos de las personas. ¿Qué ha pasado? A base de repetirnos los media estos insultos, se acaba pensando que estos otros supuestos derechos forman parte del buen obrar, y si no piensas así no eres buena persona. Esta es la manipulación: si no aceptas también estos otros principios, no eres democrático, incluso no tendrías derecho a formar parte de la sociedad, como se pretende con los partidos políticos que discrepan de esta ideología dominante.

Afortunadamente, no siempre se obra sólo por consideración a lo que es la forma más normal o convenida, sino de acuerdo con nuestra naturaleza. La prueba es que en todos los tiempos el bien siempre ha sobresalido con formas sustancialmente las mismas a pesar de la libertad humana para obrar no rectamente. Por otra parte, en la vida ordinaria lo que realmente nos mueve son las realidades cuotidianas, muchas de las cuales no llegamos a comprender del todo. En el día a día hacemos muchos actos de fe, suponiendo que es cierto lo que nos cuentan o leemos. Es ahí donde la manipulación que realizan los medios de comunicación (nuevos en esta edad postmoderna) entra en juego para controlar la opinión de la gente: Se utiliza el poder manipulador de las grandes organizaciones, bien apoyados por los medios de comunicación, para dar por sentado que la ideología woke, por ejemplo, es la forma correcta de pensar.

Volviendo al principio, podemos concluir que las corrientes filosóficas sí que nos influyen como forjadoras de las ideologías y en la legislación en los estados, que es de vital importancia para las costumbres y obrar de sus miembros. Como vemos no es lo mismo filosofía que ideología, éstas últimas bastante activas en nuestro tiempo, y no sé si más peligrosas que el empleo de la fuerza bruta.

Rezar frente a centros de aborto no es un delito: una sentencia importante

Reproducimos este artículo de Luca Volontè publicado en lanuovabq.it. Al estar en italiano hemos optado por una traducción automática al español:

Un juez español ha absuelto a voluntarios de 40 días de por vida en juicio por rezar delante de una clínica de abortos. Se ha consagrado un principio legal importante.

A pesar de que reina la confusión y los escándalos del presidente del Gobierno Sánchez y sus partidarios socialistas nublan la política y la sociedad españolas cada día, surgen buenas noticias: hay un juez justo en España. Los voluntarios españoles de «40 Días por la Vida«, parte de la red global de católicos y cristianos evangélicos que demuestran su pasión por la vida del no nacido rezando frente a clínicas de aborto en todo el mundo, denunciados en 2022 por rezar frente a una clínica de abortos en Vitoria (País Vasco), han sido absueltos de los cargos.

El juez consideró que se habían manifestado «de manera extremadamente pacífica» y que no hubo delito de coacción, tal y como preveía la ley buscada por Sánchez y su coalición de comunistas y sicarios. Esta es la Ley Orgánica 4/2022 que castiga con prisión a cualquiera que acose a mujeres que acudan a clínicas de aborto, incluidas oraciones o manifestaciones, si se considera coacción o una forma de acoso que perjudique su libertad.

Los hechos juzgados tuvieron lugar entre el 28 de septiembre y el 6 de noviembre de 2022, cuando varios voluntarios de la campaña «40 Días de Vida» fueron denunciados por rezar cerca de una clínica de abortos. Unos días después, un juez escuchó sus declaraciones y, como precaución, les prohibió acercarse a menos de 100 metros de la clínica. La denuncia se extendió a varias personas más y no hubo fallo judicial hasta el martes 9 de diciembre. Por ello, el juez rechazó las razones presentadas en la demanda presentada por la clínica de abortos, que pedía una condena de cinco meses de prisión para todos los voluntarios que rezan, posiblemente sustituida por 75 días de servicio comunitario, así como una compensación de 20.000 euros.

Por el contrario, el Tribunal Penal Número 1 de la ciudad de Vitoria dictaminó que los manifestantes se manifestaron «de manera absolutamente pacífica» sin intención ni efecto coercitivo de la voluntad de las niñas y mujeres que querían abortar, ni impedimentos para acudir a la clínica. Los tres argumentos presentados por la magistrada Beatriz Román, autora de la sentencia, son muy claros y sencillos:

– Libre derecho de reunión. Los demandados «no hicieron más que ejercer su libre derecho a reunirse, eligiendo un lugar cerca de una clínica donde se realizan abortos. Sentían que expresar sus demandas en ese lugar y de la manera en que lo hacían era la forma más adecuada de transmitir el mensaje que quieren transmitir —rezando por la vida y ofreciendo su ayuda— directamente a los principales destinatarios»;

– De una manera «pacífica». Todo esto, añade el magistrado, fue comunicado correctamente a la autoridad competente y se llevó a cabo en silencio de una manera «exquisitamente pacífica»;

– No hubo ofensa ni presión contra los trabajadores o madres que acuden al centro de abortos.

Una sentencia que también es un hito legal, ya que es el primer juicio de este tipo celebrado en Europa y respalda la tesis respaldada por la defensa: los acusados se limitaron a rezar en silencio y expresar su apoyo por la vida, sin insultar ni ejercer presión sobre los trabajadores o usuarios del centro. Es muy probable que la sentencia de primera instancia sea apelada ante el Tribunal Provincial de Álava por la clínica de Vitoria, pero también por organizaciones proabortistas y multinacionales de todo el continente europeo, así como por la Fiscalía.

No obstante, la decisión del juez Román envía un mensaje claro: la oración pacífica, respetuosa y silenciosa, incluso frente a una clínica de abortos, entra dentro del alcance de las libertades fundamentales reconocidas por la Constitución, aunque resulta muy llamativo demostrar cómo las simples oraciones silenciosas pueden constituir «acoso» o «persecución» o que existe alguna coacción, dado el poco de personas reunidas en cada ronda de oración fuera de la clínica. Por tanto, hay justicia en España, no solo la que está surgiendo obstinadamente y revelando los densos complots de corrupción del presidente del Gobierno Sánchez y su Partido Socialista, sino también una justicia que aplica la ley sin interpretaciones iliberales ni anticristianas.

Malestar en Europa

Acabo de leer un artículo en la Razón, en donde Susana Gómez comenta las críticas de EEUU a Europa en un texto de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE UU. Desde luego tenemos de qué preocuparnos ante la deriva antidemocrática que están tomando las instituciones europeas que parecen ocultarnos todo lo que no sea políticamente correcto, en un intento de amordazar las conciencias.

Veamos algunos párrafos de este artículo (en cursiva y con lista de guiones) seguidos de algún comentario por mi parte:

  • “… Y es que en lo que concierne a Europa, el texto critica una supuesta pérdida de democracia y libertades y ataca duramente a las instituciones europeas al estilo de los partidos ultra del continente: “Los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y de otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que están transformando el continente y generando conflictos, la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política, el desplome de las tasas de natalidad, y la pérdida de las identidades nacionales y de la autoconfianza”, puede leerse en la página 25. También se habla del ‘declive’ económico de Europa, que supuestamente tendría su origen en dichas instituciones y su legislación, y advierte en tono apocalíptico, que el continente tiene que cambiar de rumbo porque, de otro modo, «dentro de 20 años o menos, no será reconocible’.”

La autora del artículo habla de “una supuesta pérdida de democracia y libertades”, pero en mi opinión no me parece tan supuesta sino real; ¿qué podemos hacer los votantes de los partidos sino obedecer lo que ellos nos digan?; ¿qué opciones tenemos sino oír una y otra vez las mismas opiniones que nos presentan las grandes cadenas de televisión…?

  • “… Estados Unidos asegura además que se dedicará a “ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual”, así como a “fomentar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de los distintos países europeos”. Al mismo tiempo, la expansión de la OTAN se evalúa de manera crítica, y se sugiere frenar la expansión de la Alianza. En definitiva, no se considera a la UE como un actor político independiente, sino más bien como un espacio cuya estabilidad y orientación deben alinearse con los intereses estadounidenses. Además, asegura que los gobiernos europeos tienen “expectativas poco realistas” sobre el fin de la guerra en Ucrania.”

Ahora, la autora del artículo menciona el interés de EE. UU. por limitar la expansión de la OTAN. Efectivamente, creo que sería conveniente que Europa dejara de fomentar la hostilidad entre Ucrania y Rusia para que acabe esta guerra infernal cuyos perjudicados son en primer lugar Ucrania y los miles de muertos de ambas partes, y los beneficiarios la industria armamentística. Es una pena que desde el comienzo de las hostilidades Europa haya sofocado propuestas realistas de paz alimentando la guerra.

  • “… En Berlín, donde aún recuerdan el discurso del vicepresidente J.D. Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich, no ha sentado nada bien. El ministro de Exteriores de la democracia cristiana, Johann Wadepuhl, ha asegurado que van a «evaluar de manera intensiva la nueva estrategia de Estados Unidos en todos los puntos”.

Aconsejo la lectura de este discurso de J.D. Vance, del que extraigo estos párrafos:

… estamos reunidos en esta conferencia para hablar de seguridad. Normalmente hablamos de las amenazas que pesan sobre nuestra seguridad exterior y veo a muchos altos cargos reunidos aquí hoy. Pero aunque la administración Trump está muy preocupada por la seguridad europea y cree que podemos llegar a un acuerdo razonable entre Rusia y Ucrania, también creemos que es importante que Europa tome medidas importantes en los próximos años para garantizar su propia defensa. Porque la amenaza que más me preocupa en Europa no es Rusia, no es China, no es ningún otro actor externo. Lo que me preocupa es la amenaza desde dentro: el retroceso de Europa en algunos de sus valores más fundamentales. Valores compartidos por lo demás con Estados Unidos. …

Me sorprendió que un excomisario europeo se expresara recientemente en televisión para alegrarse de que el gobierno rumano anulara unas elecciones presidenciales. Advirtió de que, si las cosas no salían como estaba previsto, lo mismo podría ocurrir en Alemania. Estas declaraciones temerarias son chocantes para los oídos estadounidenses. Durante años, se nos ha dicho que todo lo que financiamos y apoyamos se hace en nombre de nuestros valores democráticos comunes. Todo, desde nuestra política hacia Ucrania hasta lo digital, se presenta como una defensa de la democracia. Pero cuando vemos a los tribunales europeos anular elecciones y a altos funcionarios amenazar con anular otras, debemos preguntarnos si nos imponemos normas lo suficientemente altas. Y digo «nosotros» porque creo fundamentalmente que estamos en el mismo equipo.” …

Me temo que la libertad de expresión está retrocediendo. Y, queridos amigos, en aras del humor, pero también de la verdad, estaré dispuesto a admitir que, a veces, las voces más fuertes a favor de la censura no provienen de Europa, sino de mi propio país, donde la administración anterior amenazó e intimidó a las redes sociales para que censuraran lo que ella llamaba desinformación. Desinformación, como por ejemplo la idea de que el coronavirus probablemente se había escapado de un laboratorio en China. Nuestro propio gobierno animó a las empresas privadas a silenciar a las personas que se atrevían a decir lo que resultó ser una verdad evidente. …

Pero lo que ninguna democracia, ya sea alemana, estadounidense o europea, sobrevivirá es a decirle a millones de votantes que sus pensamientos y preocupaciones, sus aspiraciones, sus peticiones de ayuda son inválidas o ni siquiera merecen ser tomadas en consideración. La democracia se basa en el principio sagrado de que la voz del pueblo cuenta. No hay lugar para las barreras sanitarias. O defiendes el principio o no lo haces. El pueblo europeo tiene voz. Los líderes europeos tienen la opción. …»

El síndrome postaborto

Publicamos estos relatos tomados de un artículo – El debate sobre el “síndrome postaborto”: que hablen los protagonistas – de Ana Sánchez de la Nieta publicado en Aceprensa:

Frente al debate político, el dolor personal

«… Es el caso de Paula que, cuando tenía 20 años y estudiaba la carrera, se quedó embarazada. Después del desconcierto inicial, con la ecografía en sus manos y la premonición del ginecólogo -“parece niña”-, se ilusionó con la idea de ser madre. Pero la ilusión le duró pocos días. Su novio estaba aterrado. No quería ser padre, tenía planeado un Erasmus, deseaba seguir sus estudios y olvidarse cuanto antes del “problema”. Paula estaba firme: tendría a su hija con o sin él. Pero entonces intervinieron los adultos: sus padres y, sobre todo, los de su novio. Le pidieron volver a casa -estudiaba fuera de su ciudad- para hablarlo con calma. “Fueron dos días de llantos, de chantaje psicológico, de ‘no nos puedes hacer esto’ y de ‘tranquila que no te vamos a dejar sola’. Mi fortaleza iba resquebrajándose. Me habían alejado de mis amigas, que me apoyaron en todo momento, y ahora tenía delante a cinco personas repitiendo que les iba a arruinar la vida, que era una egoísta”.

Paula terminó cediendo. Han pasado muchos años, pero cuando relata su paso por la clínica, recuerda, como si fuera ayer, todos los detalles. La sala, los objetos, las caras del resto de las chicas, las conversaciones de las enfermeras antes de sedarla… “Esa noche no pegué ojo: ni la siguiente, ni la siguiente… cuando cerraba los ojos empezaban las pesadillas. Niños llorando, bebés por todas partes, mujeres embarazas contando lo felices que eran con sus hijos… así una noche y otra y otra… innumerables noches sin dormir, llorando, asustada, sintiéndome basura. Había matado a mi hijo, a mi propio hijo, todo lo que yo defendía, todos mis principios, mis valores, los había tirado por la borda. Me dijeron que no me iban a dejar sola, pero eso es exactamente lo que ocurrió. Nadie me entendía, todos se habían quitado su peso de encima y estaban felices pero, ¿y yo? Nadie se preguntó cómo lo estaba pasando yo, su problema ya estaba solucionado, lo que viniera después no les importaba. Estaba sola”.

Después de mucha ayuda profesional y un proceso de sanación, María afronta el futuro con esperanza, pero no puede evitar resolverse cuando alguien niega las consecuencias del aborto. “Cada vez que oigo que no existe un síndrome postaborto me da bastante rabia, es como si me dieran un puñetazo, porque es algo que, para los que lo hemos vivido, es muy real. Y me enfada que se piense que esto es algo que tiene que ver con el partido al que votas o dejas de votar, cuando se trata de una vivencia”.

Una vivencia que, en palabras de María, deja una huella de por vida:  “Lo pasamos muy mal durante todo ese proceso y no nos llegamos a curar del todo. Simplemente aprendemos a vivir con ello, pero siempre hay alguna cosa que nos lo recuerda. Y es cierto que, a lo mejor, el dolor lo aprendes a abrazar un poco y ya no es como los primeros días, porque lo has tratado como tratas una depresión o como tratas cualquier tipo de enfermedad. Pero es una enfermedad crónica… mejoras, pero no desaparece”.

María subraya el contraste de que se quiera negar una información que, en cualquier otra intervención, sí se da: “Es delirante: cada vez que vas a realizarte una operación del tipo que sea te dan toda la información: los pros, los contras, lo que te puede pasar, los riesgos… Pienso que -en el aborto- deberían también informarte de las consecuencias que conlleva, a nivel físico y psíquico”.

Los hombres también sufren

El debate del síndrome postaborto ha dejado fuera de la ecuación a los hombres, como si el tema no fuera con ellos. La realidad es que, aunque quizás es un dolor que da menos la cara, hay muchos hombres que sufren también las consecuencias del aborto.

José tiene 52 años y, en 1994, cuando estaba en los primeros cursos de carrera, su novia se quedó embarazada. “En esos momentos vivía en un país donde el aborto no era un problema y solo se penalizaba si el feto tenía varios meses. Éramos muy jóvenes y muy pobres, y veíamos imposible tener un hijo en esas circunstancias. Ambos estuvimos de acuerdo en que ella interrumpiera su embarazo de pocas semanas. No veíamos otra opción y, además, en lo personal, tampoco en ese momento le di mayor importancia: aunque era cristiano pentecostal, aquella iglesia no decía nada sobre el aborto en esas primeras semanas; no consideraba que se tratara de eliminar propiamente a una persona, sino solo unas células. El propio nombre del procedimiento, ‘regulación menstrual’, enmascaraba la realidad del aborto; la atenuaba. Cuando acabó todo, ella salió adolorida, desencajada, y a mí me dio vergüenza”.

Aquello sucedió hace 30 años, pero sigue en su memoria. José terminó sus estudios, se echó una nueva novia con la que está felizmente casado y, con el tiempo, ganó conciencia de que no se trataba solo de “unas células”, sino de su hijo.

Y lo sigue “recordando”: le da una figura algo difusa en su mente, y se pregunta cómo sería. “Me acuerdo a diario; no se me ha olvidado la fecha del aborto, y durante todo este tiempo, he tenido un pensamiento dolorosamente recurrente: ‘Ahora tendría 10 años; ahora tendría 20, ahora tendría 31 años’. Sé que tengo un hijo en el cielo; que soy padre. Nunca, fuera de mi familia, había contado aquella experiencia, hasta hoy, pero como tengo fe y sé que Dios me ha perdonado, en ese sentido tengo paz. Yo he rehecho mi vida, pero cuando escucho hablar de que no existe el síndrome postaborto, que es algo acientífico, pienso que –al menos en mi caso– ha sido una realidad, y que no solo afecta a la mujer, sino también al hombre”.

Todos estos testimonios apuntan en la misma dirección: más allá del debate científico sobre si existe un síndrome o no, es importante no silenciar las experiencias -muchas veces dolorosas- de quienes han afrontado un aborto. Y dejar a un lado las ideologías para hacer políticas propositivas que ayuden a las mujeres embarazadas.»

Aquí acaban los relatos del artículo de Ana Sánchez de la Nieta. En mi opinión, en el fondo de la cuestión, late la realidad del aborto provocado: se quita la vida a un niño no nacido.

Reflexiones sobre la “Dilexi te”

Publicamos este artículo de Rafael Gómez Pérez en Aceprensa:

Giacomo Conti (1813-1888), “La parábola del buen samaritano”

Giacomo Conti (1813-1888), “La parábola del buen samaritano

La exhortación apostólica Dilexi te no ha interesado especialmente a los medios generalistas, que, como mucho, han dado la noticia y repetido lo que el mismo León XIV escribe: que el documento estaba ya preparado por el papa Francisco y que él había añadido algunas reflexiones.

No es muy feliz el destino de la mayoría de los documentos con enseñanzas de los Papas. En cambio, deberían ser el punto de partida de reflexiones personales de muy variada extracción, dentro y fuera del catolicismo. Sigue a continuación lo que, después de dos atentas lecturas, me ha sugerido.

¿Qué es un pobre?

El motivo principal y el hilo conductor de todo el documento es la opción preferencial de la Iglesia por los pobres. Pero cabe preguntarse: ¿qué se entiende por pobre? El sentido inmediato es “persona que carece crónicamente de los medios necesarios para llevar una vida digna”. En ese sentido, el antónimo es rico, o persona que tiene bienes más que suficientes para llevar una vida incluso de lujo. Esa contraposición inmediata está recogida en el Evangelio, en la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro (Lucas 16, 19-31).

Pero cuando se afirma la “opción preferencial por los pobres” no se niega que haya una opción preferencial previa, más amplia y no excluyente de las demás: por los pecadores. “No he venido a salvar a los justos, sino a los pecadores” (Lucas 5, 32). De ahí que “habrá en el cielo mayor gozo por un solo pecador penitente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de penitencia” (Lucas 15, 7). Entre esos pecadores habrá ricos y pobres. ¿Más ricos que pobres? Es inviable generalizar; habría que ver caso por caso. Ni el ser rico es una propensión a pecar y condenarse, ni ser pobre una garantía de salvación. Cada ser humano es un mundo, cuyo interior solo conoce Dios.

Lo mismo puede decirse de todos los otros “pobres” que aparecen en el documento: enfermos, emigrantes, cautivos o esclavizados (con modos no tan distintos a los antiguos, como lo demuestra la trata de personas), reclusos, ancianos. En algunos casos (enfermos, reclusos, ancianos) no necesariamente pobres en sentido económico. Por eso, mejor que el término pobre es el de “necesitado” o “vulnerable” o “indigente”, que quiere decir que necesita algo esencial para la vida, que pueden ser los bienes económicos, pero también, por ejemplo, compañía en la soledad. El célebre pasaje del juicio final (Mateo 25, 34-46) incluye al pobre (tuve hambre, tuve sed, no tuve de qué vestirme), pero también a quien no es necesariamente pobre pero sí necesitado: enfermo, encarcelado. Dilexi te recoge esa realidad:

«Existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad» (n. 9).

Por otro lado, la opción por los pobres, o sea, la conmoción ante la desgracia ajena es, aún antes que cristiana, humana. El mismo Evangelio lo apunta en la parábola del buen samaritano. Ese hombre no era, para los judíos, un verdadero creyente, sino, en esencia, un extraño, a quien ni siquiera se le dirigía la palabra. Como era también samaritano el único de los diez leprosos curados (ricos o pobres) que volvió para mostrar su agradecimiento (Lucas 19, 11-17).

Ni antes ni después de la fundación de la Iglesia, esta ha tenido el monopolio ideal de la opción por los necesitados. El corazón que se conmueve ante la desgracia ajena es un don de Dios, repartido también antes del cristianismo. Se puede pensar que formaba parte de esas “semillas del Verbo”, sobre lo que escribe san Justino (siglo II) en la primera Apología.

La continuidad de la humanidad

Cristo recoge y da profundidad divina a ese sentido de humanidad. Después, la Iglesia, desde el principio hasta hoy mismo, se ha dedicado de forma incesante a la atención de las personas necesitadas. Así se resume en la parte final de Dilexi te:

«He decidido recordar esta bimilenaria historia de atención eclesial a los pobres y con los pobres para mostrar que esta forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El cuidado de los pobres forma parte de la gran Tradición de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos. (…). El amor a los que son pobres –en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza– es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios» (n. 103).

“En cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza”, es decir, en los casos o situaciones de necesidad, de vulnerabilidad, de indigencia. El socorro al necesitado es socorro al mismo Cristo. Por eso, “no estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia. En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos” (n. 5).

Y, cuando entre los múltiples ejemplos de cristianos entregados a la ayuda del necesitado, se refiere a santa Teresa de Calcuta, escribe: “Teresa no se consideraba una filántropa ni una activista, sino esposa de Cristo crucificado, a quien servía con amor total en los hermanos que sufrían” (n. 77). Es algo que está presente en todo el documento:

«La tradición cristiana de visitar a los enfermos, de lavar sus heridas, de consolar a los afligidos no se reduce a una mera obra de filantropía, sino que es una acción eclesial a través de la cual, en los enfermos, los miembros de la Iglesia “tocan la carne sufriente de Cristo” (n. 49).

Es eso, pero no solo eso. La reducción de Jesús sólo a un Jesús sufriente, pobre, deja a un lado otros aspectos de Cristo: tiene autoridad, y la ejerce, para denunciar la hipocresía de los fariseos (Mateo 23, 4-15) o para limpiar el templo de mercaderes (Mateo 21, 12-17). En casa de Simón, el fariseo, le echa en cara, en comparación con la pecadora, que no haya tenido con él los gestos y ritos de cortesía (Lucas 7, 36-50). Él tiene todo el poder, aunque ahora no lo manifieste: “Y entonces verán al Hijo del hombre, viniendo en una nube con gran poderío y gloria”. (Lucas 21, 27). No viste como un pobre: “Los soldados, pues, como hubieran crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. Era la túnica sin costura, tejida de arriba toda ella. Dijeron, pues, entre sí: No la rasguemos, sino echemos suerte sobre ella, a ver de quién será” (Juan 19, 21-24).

Durante muchos años Jesús se dedica a un oficio manual, que daba para vivir sin lujo, pero también sin miseria. “¿No es este el carpintero, el hijo de María?” (Lucas 6, 3), “¿No este el hijo del carpintero?” (Mateo 13, 55), dicen sus vecinos de Nazaret, cuando lo ven al cabo del tiempo.

Jesús es pobre y es rico. Es sufriente y glorioso resucitado. Se desvive por las personas necesitadas, también si es un rico que ha de cambiar de vida, como cuando le dice al bajito (y rico) Zaqueo, encaramado en un sicómoro: “Zaqueo, date prisa en bajar, porque hoy he de parar en tu casa” (Lucas 19, 5). Nadie se ha humillado como Cristo, pero es el mismo Verbo encarnado, Redentor del mundo y, con el Padre y el Espíritu Santo, creador del universo.

Por válida que sea la opción preferencial por los pobres no puede ser una reducción del Evangelio a ese único enfoque. Como se lee en la exhortación:

Esta “preferencia” no indica nunca un exclusivismo o una discriminación hacia otros grupos, que en Dios serían imposibles; esta desea subrayar la acción de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad y, queriendo inaugurar un Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, se preocupa particularmente de aquellos que son discriminados y oprimidos, pidiéndonos también a nosotros, su Iglesia, una opción firme y radical en favor de los más débiles (n. 16).

Acertaba Pascal cuando escribía: “Para entender a un autor es necesario hacer que concuerden todos los pasajes contrarios”.

Cuando los conflictos se cierran en falso

Publicamos este artículo de Antonio R. Rubio en Aceprensa. Si se me permite un comentario antes de transcribirlo, diría que la solución final es un gran acuerdo de Europa con Rusia, con la antigua Rusia:

Han pasado cien años desde la conclusión del tratado de Locarno el 16 de octubre de 1925, con el que se pretendía estabilizar Europa tras la Primera Guerra Mundial. Seis años antes se había aprobado el tratado de Versalles, por el que Alemania fue obligada a aceptar la responsabilidad en el desencadenamiento del conflicto y tuvo que soportar humillantes sanciones económicas y pérdidas territoriales.

La concesión de los Premios Nobel de la Paz de 1925 y de 1926 fue un ejemplo del triunfo del “espíritu de Locarno”, pues les fueron otorgados, entre otros, al ministro de Asuntos Exteriores británico, Austen Chamberlain, a su homólogo francés, Aristide Briand, y al canciller alemán, Gustav Stresemann. Todos ellos habían participado en las negociaciones de Locarno.

Triunfo y fracaso del sistema de Locarno

Sin embargo, pocos años después, la crisis económica de 1929 y la llegada al poder del nacionalsocialismo pusieron un abrupto final al sistema de paz y seguridad suscrito en Locarno. Es cierto que hubo circunstancias externas que los signatarios no supieron prever, pero los fallos también estaban en el contenido del tratado.

Se alimentó la ilusión de que se había alcanzado una paz estable en Europa, porque los países firmantes, como Alemania y Francia, se comprometieron formalmente a resolver sus diferencias por medios pacíficos, con el auxilio de tribunales o comisiones internacionales, y no recurrir a la guerra salvo en caso de legítima defensa (art. 2). Se trataba de un hito histórico que, pese a todo, no sería suficiente para lograr una paz estable.

Una década después, la Alemania hitleriana ocuparía la zona desmilitarizada del Rin junto a la frontera francesa, impuesta en el tratado de Versalles. Todo ello, a pesar de que en el art. 4 del tratado de Locarno se consideraba “una concentración de fuerzas armadas en la zona desmilitarizada” como una infracción grave y un motivo merecedor de “una acción inmediata”. Francia llevó el asunto al Consejo de la Sociedad de Naciones, pero no obtuvo el apoyo de Gran Bretaña, que prefería una política de apaciguamiento con Alemania, para no iniciar nuevas hostilidades en Europa. Los británicos dejaron claro que no respaldarían ninguna intervención armada.

Un aspecto llamativo del tratado de Locarno se refiere a la intención de evitar una nueva guerra entre Alemania y Francia, aun a sabiendas de las duras condiciones de paz impuestas en Versalles. De ahí que en su preámbulo se exprese “la necesidad de asegurar la paz en la zona que ha sido con tanta frecuencia escenario de los conflictos europeos”. Pero, al mismo tiempo, en el art. 6 se reitera que las disposiciones del tratado no afectan a los derechos y obligaciones contraídos por las partes en el tratado de Versalles.

Locarno no fue una reconciliación francoalemana, porque no se basaba en la cooperación, sino en el equilibrio

No estamos, por tanto, ante una efectiva reconciliación francoalemana, como lo sería la Declaración Schuman, origen de las Comunidades Europeas en 1950. Se entiende, porque el sistema de Locarno no se basaba en la cooperación, sino en el principio de equilibrio, fundamento de la seguridad europea desde el siglo XVII. En efecto, el tratado proporciona unas garantías complementarias al Pacto de la Sociedad de Naciones y a otros tratados posteriores a la contienda. En ningún caso cabría modificar el statu quo territorial salido de dicha normativa, pero a la Alemania vencida se le estaba ofreciendo la posibilidad de ingresar en la Sociedad de Naciones, una importante contribución para que los alemanes salieran del aislamiento impuesto por la derrota. Este ingreso se haría efectivo en 1926, una vez ratificado el tratado por todos los países firmantes.

Inquietud en el lado oriental

La euforia con la que franceses y británicos saludaron el tratado de Locarno contrastó con la inquietud con que lo recibieron los líderes políticos polacos y checoslovacos. Había una garantía, incluso militar, para las fronteras occidentales de Alemania con Francia y Bélgica en caso de alguien las atacara, y dicha garantía tenían que proporcionarla Gran Bretaña e Italia (art. 2).

Sin embargo, esta disposición no se aplicaba a las fronteras orientales, principalmente porque Alemania no las aceptaba como definitivas, al contrario que las occidentales, y solo se comprometía a negociar su posible modificación por medios pacíficos. Surgieron, por tanto, dos tratados de arbitraje de Alemania, con Polonia y Checoslovaquia, cuyo contenido era idéntico a los establecidos con Francia y Bélgica. Con todo, en esos dos primeros tratados se añadió un artículo final que hacía referencia a que el tratado no modificaría en nada “los derechos y obligaciones de las altas partes contratantes como miembros de la Sociedad de Naciones”. Si tenemos en cuenta que el tratado de Versalles formaba parte del Pacto de la Sociedad de Naciones, Alemania no podía hacerse demasiadas ilusiones sobre cualquier revisión de las fronteras impuestas en Versalles.

La decepción de Polonia y Checoslovaquia fue aún mayor, pues interpretaban Locarno como un abandono por parte de Francia, que había firmado tratados de seguridad con ellas. Poco a poco, empezarían a valorar un acercamiento a la Unión Soviética por medio de pactos de no agresión. Esto se puso en práctica con el acuerdo polaco-soviético de 1932 y el checoslovaco-soviético de 1935. La amenaza de la Alemania nazi se hacía cada vez más patente, pero Stalin no sería precisamente el salvador de los dos países centroeuropeos, pues a partir de 1945 cayeron en la órbita soviética.

Los armisticios no significan la paz

Con ocasión del centenario del tratado de Locarno no han faltado las comparaciones con los Estados Unidos de ahora y entonces. Hace un siglo, las presidencias republicanas de Warren Harding y Calvin Coolidge practicaron una política aislacionista, en contraste con la presidencia del demócrata Woodrow Wilson, fundador de la Sociedad de Naciones, en la que Estados Unidos ni siquiera llegó a ingresar. El eslogan de los presidentes republicanos era America First, retomado por Donald Trump, y esto llevaba a Washington a desentenderse de los asuntos de Europa. Por eso, Locarno fue un asunto exclusivamente europeo. Las grandes potencias europeas de entonces, Francia y Gran Bretaña, aparecían como garantes de la seguridad en el continente, aunque no parecían tener conciencia de vivir en un estatus provisional. Tarde o temprano, dos países condenados al aislamiento, Alemania y la Unión Soviética, se recuperarían y acabarían jugando un papel protagonista en el escenario europeo.

Hoy es frecuente la confusión entre la paz y el armisticio, acaso porque los conflictos bélicos actuales producen tantas víctimas civiles, que un alto el fuego siempre es una gran noticia. Con todo, eso no es suficiente, porque si no se abordan las raíces de los conflictos, existirá el riesgo de que se reanuden los enfrentamientos. Por eso, siempre se ha dicho que los grandes tratados de la historia solo han sido pausas o armisticios antes de una nueva guerra. El tratado de Locarno quería ir más allá y se basaba en el multilateralismo y las medidas de confianza y respeto de las partes implicadas. Su posterior fracaso se debió tanto a la falta de voluntad política como al aplazamiento indefinido de discrepancias que no podían ser solucionadas en aquel momento, como era el caso de las fronteras orientales alemanas.

Por eso es difícil de admitir que un comportamiento unilateral en las relaciones internacionales pueda ser una contribución a la paz. Por el contrario, el camino hacia la paz guarda relación con las soluciones intermedias, que en la mayoría de los casos son las únicas posibles para obtener una paz con cierta justicia. Toda política exterior basada en gestos, declaraciones o efectos es efímera por naturaleza. En el mejor de los casos, se alcanzará una paz precaria. La historia demuestra, sobre todo en el último siglo, que una auténtica paz no puede alcanzarse al margen del Derecho internacional, por mucho que se acuse a las organizaciones internacionales de ineficacia y poca operatividad. Conviene no olvidar que las organizaciones no suelen ser nada por sí mismas y que su funcionamiento depende del compromiso de los Estados miembros.

Un armisticio en Ucrania no garantizaría la paz, en la medida en que Rusia se considera en posesión de unos derechos históricos sobre el territorio ucraniano

Sin embargo, hay que admitir que el Derecho internacional no pasa por sus mejores momentos. Los Estados Unidos de Trump apuestan por el unilateralismo, mientras que la Rusia de Putin y la China de Xi Jinping suelen hacer referencias al Derecho internacional en sus declaraciones públicas, pero siempre entendido como un derecho de los Estados, que identifican con sus respectivos pueblos e indiscutiblemente con sus líderes supremos.

¿Un Locarno para Ucrania?

¿Puede ser el tratado de Locarno un modelo inspirador para una futura paz en Ucrania? Desde un punto de vista formal, sería interesante, como hace un siglo, que las partes enfrentadas tuvieran garantías de seguridad de terceros países y que se comprometieran a resolver sus diferencias por medios pacíficos. Sin embargo, el conflicto ucraniano es mucho más que el de dos países enfrentados por disputas de territorio. La invasión rusa de 2022, al igual que la anexión de Crimea en 2014, cuestionó todo el marco de seguridad en Europa establecido en la posguerra fría. Por tanto, un cese de las hostilidades en Ucrania y la posible fijación de una línea divisoria en el frente no significaría la paz. Los ucranianos se verían obligados reconocer de facto sus pérdidas territoriales, pero el problema estaría en el establecimiento de unas garantías de seguridad. Rusia se opone frontalmente al despliegue de tropas de países occidentales en Ucrania, sobre todo si son miembros de la OTAN. Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores ruso, declaró el pasado 20 de agosto que su país se reserva el derecho de veto sobre ese tipo de garantías de seguridad.

La actitud inflexible de Rusia demuestra que las preocupaciones de Moscú no solo están relacionadas con su seguridad, aunque Putin señalara hace tiempo que una de las causas del conflicto era la expansión de la OTAN hacia el este. Si eso fuera así, Rusia podría conformarse con anexiones territoriales y garantías de seguridad. Pero el conflicto de Ucrania parte de una concepción esencialista de la nación rusa con una representación concreta del mundo, del espacio y de la historia. Rusia se considera en posesión de unos derechos ancestrales sobre unos territorios históricos, que en su día formaron parte del imperio de los zares. En consecuencia, no caben otras salidas que las anexiones y las zonas de influencia. Por eso, un armisticio en Ucrania, e incluso un tratado formal, no garantizaría la paz, porque –pese a las ganancias territoriales rusas– Moscú difícilmente aceptaría que Ucrania pudiera integrarse en Europa, aunque renunciara a formar parte de la OTAN.