Implicaciones geopolíticas de la caída del régimen de Asad en Siria

Reproducimos este interesante artículo en Aceprensa, de Antonio R. Rubio:

En menos de dos semanas, el régimen de Bachar al Asad, segundo presidente de la dinastía que gobernaba Siria desde hace medio siglo, se ha derrumbado. Ha sido a partir de la caída de la ciudad de Alepo y de la guerra relámpago de los grupos del Ejército Nacional Sirio (ENS), apoyado por Turquía, y Hayat Tharir al Sham (HTS, Comité de Liberación del Levante), considerado como yihadista. Lo sorprendente es que se ha producido un cambio radical de la situación.

No cabe duda de que estos hechos se pueden relacionar con el escenario geopolítico surgido en Oriente Medio a partir de los ataques de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023.

La fragilidad del régimen de Asad

Los combates más encarnizados del régimen de Bachar al Asad contra los rebeldes islamistas, con el apoyo de sus aliados Rusia e Irán, concluyeron en 2018, aunque pasaron cuatro años hasta que el gobierno de Damasco proclamara oficialmente la derrota del Estado Islámico, si bien esta organización sobrevive aún en algunos lugares del desierto sirio. En ese momento, el régimen de Asad controlaba las tres cuartas partes del territorio de Siria, mientras que algunas zonas del norte y del oeste continuaban en manos de los kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias, del ejército turco –en su afán de establecer una zona de seguridad en sus fronteras– y de grupos islamistas asentados en la provincia de Idlib.

Esta configuración del mapa permitió alimentar la imagen de que el régimen controlaría progresivamente el país, sobre todo porque Rusia, Irán y Hezbolá, por medio de bombardeos aéreos y de envíos de armas y de combatientes, habían inclinado la balanza en favor de Asad, que, gracias a ellos, había podido salvar el régimen heredado de su padre hace casi un cuarto de siglo. De este modo, en una supuesta entente de fuerzas vencedoras se pretendía, además, dar a entender que la amenaza yihadista había sido derrotada y, en consecuencia, el régimen sirio pasaba a ser un bastión para la estabilidad de Oriente Medio. Esta percepción llevó a que en 2023 Siria fuera readmitida en la Liga Árabe, de donde había sido excluida años atrás por la brutal represión, por parte del gobierno de Asad, de las protestas de la Primavera Árabe. Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, viejas enemigas del régimen sirio desde sus tiempos de aliado de la URSS, hacían gala de pragmatismo tras la derrota del Estado Islámico, un enemigo común.

El régimen sirio jugó en el escenario internacional la baza de la estabilidad frente a la amenaza yihadista, pero el ENS y el HTS han subido asumir un carácter de movimiento nacional

Por lo demás, Rusia e Irán también tenían motivos para sentirse satisfechos no solo por preservar a su principal aliado estratégico en la región, sino también porque podían presentarse como actores eficientes en la lucha contra el terrorismo islamista, que en más de una ocasión les había golpeado en sus respectivos países. Su posición aparecía incluso como más coherente que la de Estados Unidos, enemigo del régimen de Asad, que, en su afán de derribar al régimen, llegó a apoyar a grupos opositores dominados por los islamistas y relacionados con Al Qaeda. Estas referencias demuestran que el régimen sirio jugó en el escenario internacional la baza de la estabilidad frente a la amenaza yihadista. La jugaba también a nivel interno, en el convencimiento de que la mayoría de la población siria temía a los islamistas y que la opción “menos mala” era la continuidad del régimen. La desbandada del ejército sirio y de sus aliados ha puesto de relieve que era una percepción equivocada. La agonía de un régimen que, por su supervivencia, se obstinó en una guerra con más de medio millón de muertos, ha sido más rápida de lo esperado.

Los cálculos de Asad han fallado porque el ENS y el HTS, pese a las connotaciones islamistas, han subido asumir un carácter de movimiento nacional. La única opción de supervivencia era el apoyo de los aliados ruso e iraní que funcionó en 2015 a sangre y fuego. Sin ir más lejos, la aviación rusa no podía sustituir a los combates en tierra, y con el ejército gubernamental colapsado, el apoyo aéreo era insuficiente. Detrás de la fragilidad militar del régimen, había también otras: el colapso de la economía siria, la fragmentación del poder central o la multiplicación de milicias locales.

Los problemas de los aliados de Siria

La Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 18 de diciembre de 2015, estableció un marco para una solución política del conflicto sirio, al abordar varios aspectos cruciales, como el cese de hostilidades, el acceso de la población a la ayuda humanitaria y la transición política en Siria. Dicha transición incluiría la formación de un gobierno amplio y representativo, con elecciones libres y justas supervisadas por la ONU. En la práctica, no se produjo un alto el fuego permanente, pues el régimen siguió atacando a los reductos rebeldes, y las negociaciones internacionales, celebradas en Ginebra y Astaná, solo pusieron de manifiesto la voluntad de Asad de no ceder el poder. De hecho, las elecciones presidenciales de 2021consagraron nuevamente al presidente sirio con un 95,1% de los votos, aunque los resultados no fueron reconocidos ni por la ONU, ni por la Unión Europa ni por Estados Unidos.

La ofensiva del HTS no se improvisó en pocos días, sino que requirió una compleja preparación, pero las oportunidades proporcionadas por los últimos sucesos bélicos en la región le aconsejaron desencadenar un ataque sorpresa a finales de noviembre. Para empezar, la guerra de Ucrania estaba requiriendo un mayor esfuerzo militar de Rusia que no le ha permitido el mismo grado de intervención en Siria que en el pasado. Después, los ataques de Israel contra Hezbolá en el Líbano han hecho que la milicia chií no pueda aportar más efectivos en ayuda de los sirios. Por último, la posición de Irán se ha debilitado y su prioridad es salvaguardar su régimen y evitar represalias de Israel o de Estados Unidos.

La victoria del HTS implica no solo la caída del régimen de Asad, sino a la vez una derrota de Rusia, que ve amenazada sus dos bases militares en Siria, que son su principal salida al Mediterráneo

Todos estos factores han influido en la ofensiva del HTS, una organización vinculada en sus orígenes a Al Qaeda, pero distanciada de ella desde 2016. Desde entonces, su líder Abu Mohamed al Jawlani, antiguo combatiente yihadista en Siria e Irak, ha procurado adoptar un perfil de moderación y presentar a su grupo como un movimiento de liberación nacional. Sin embargo, el Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido siguen considerándolo un grupo terrorista. Pese a todo, el perfil moderado del HTS ha sido ensayado en los últimos años en la provincia de Idlib por medio de la formación de un Gobierno Sirio de Salvación, y en declaraciones recientes, tras la toma de Alepo, el HTS ha subrayado que protegerá los lugares culturales y religiosos, incluidas las iglesias de las comunidades cristianas.

El profesor y analista geopolítico Fabrice Balanche, de la universidad de Lyon, considera que los países occidentales podrían arriesgarse a apoyar al HTS, pese a sus connotaciones yihadistas, porque no defiende, como otros grupos, una yihad internacional. Cabría añadir que esto siempre implicará un peligro, porque no es fácil pronosticar el tipo de régimen que llenará el vacío de Asad. La historia nos recuerda que el islamismo sirvió para derrotar al régimen prosoviético de Afganistán, pero las consecuencias para Occidente fueron nefastas.

Otro motivo para ese apoyo es que la victoria del HTS implica no solo la caída del régimen de Asad, sino a la vez una derrota de Rusia, que ve amenazada sus dos bases militares en Siria, su principal salida al Mediterráneo. Con todo, en una reciente reunión, en Doha, de los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia, Irán y Turquía, se llamó al “cese inmediato de las acciones bélicas y al comienzo de un diálogo entre el gobierno y las fuerzas opositoras legales”. Rusos e iraníes parecen distanciarse del régimen en lo diplomático, del mismo modo que lo han hecho en lo militar. El comunicado es una especie de recordatorio de la citada Resolución 2254 de la ONU, aunque el futuro se va a dirimiendo en el campo de batalla.

Los intereses estratégicos de Turquía

Se ha especulado sobre si Turquía ha alentado la ofensiva del HTS o simplemente está aprovechando la situación en beneficio de sus objetivos estratégicos. En cualquier caso, Turquía tiene una serie de intereses que afectan a su seguridad nacional y a su influencia geopolítica. El primero es la lucha contra las YPG (Unidades de Protección Popular), los combatientes kurdos sirios que Ankara considera como una extensión del grupo separatista PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), al que lleva décadas combatiendo. El objetivo de los turcos es desalojar a las YPG de las zonas fronterizas e impedir la formación de un enclave kurdo semiindependiente en Siria que sea un aliciente para los kurdos de Turquía. Esto explica el apoyo de los turcos a grupos rebeldes como el ENS, entre otros. Por otro lado, entre las preocupaciones de Ankara está también la ola de refugiados, estimada en más de 3,5 millones, que entró en su país procedente de Siria, lo que supone una amenaza para su economía y genera tensiones internas. Los turcos estaban convencidos de que una zona controlada por el HTS animaría a muchos refugiados a volver a su país.

Respecto a sus relaciones con Rusia, Turquía ha adoptado un enfoque pragmático, como el de participar en las negociaciones de Astaná entre el régimen y la oposición, pero sin renunciar a las acciones unilaterales que buscaban preservar su influencia en el norte de Siria. El mismo pragmatismo se observa en sus relaciones con Irán y Estados Unidos, pese a la contradicción que pudiera suponer el apoyo turco a rebeldes yihadistas.

Cautela de Israel

Pese a que sus acciones militares han podido influir en la ofensiva del HTS, Israel se muestra cauteloso. Es la misma postura que ha mantenido a lo largo de la guerra en Siria. Los israelíes se han planteado más de una vez si era preferible que continuara el régimen de Asad, su viejo enemigo, a que se instalara en Siria un régimen islamista. Por de pronto, sus intereses pasan por la seguridad en sus fronteras, lo que explica sus acciones militares en Siria contra Hezbolá y los iraníes. Además, a Asad tampoco le convino enfrentarse directamente a Israel, con un nuevo frente que hubiera empeorado su situación en una guerra interminable.

Paradójicamente, el hecho de que el régimen sirio controlara la zona próxima a los Altos del Golán, que Israel se anexionó en 1981, es una garantía de estabilidad. En cambio, la presencia de islamistas en Damasco podría hacer esta zona más peligrosa para los israelíes. Por otro lado, la posibilidad de que los rebeldes sirios puedan hacerse con armas químicas, conservadas por el régimen pese a la destrucción verificada de una gran cantidad de este armamento entre 2013 y 2014, es otro motivo para que Israel se mantenga vigilante ante la evolución de los acontecimientos en Siria.

Lo que ocurre con los bebés abortados que nacen vivos

Hace pocos días me ha llegado este artículo desde la asociación Escuela de Rescatadores, con la que colaboro. Lo reproduzco a continuación:

«No tenemos datos fehacientes, aunque sí muchas sospechas, sobre bebés que hayan nacido vivos en los antros abortistas españoles. Lo más escandaloso que consta en los archivos es la sórdida actividad del doctor Carlos Morín, que en su antro de Barcelona practicaba los abortos tardíos que no se atrevían a realizar los abortistas de Holanda, Reino Unido o Francia. Después de muchas denuncias, fue llevado a los tribunales gracias a que una trabajadora del centro recibió protección judicial tras presentar documentos sobre sus operaciones clandestinas. Fue todo un escándalo en aquellos días de 2008.

Aparte de este escabroso caso existen otras evidencias de bebés tardíos encontrados en la basura procedente de abortorios. Cuando hace años escribí este texto, el Juzgado de Instrucción n.º 47 de Madrid investigaba el caso de bebés en gestación, de más de siete meses, que el Seprona de la Guardia Civil había encontrado en la basura del centro abortista Isadora, en febrero de 2006. La información publicada en ABC decía al respecto: “Se investiga si entre la docena de fetos por encima de los siete meses de gestación encontrados, tenían aire en los pulmones”. Es evidente que si tenían aire en los pulmones fallecieron después de nacer. El caso fue muy oscuro y farragoso; se llegó incluso a acusar a los agentes del Seprona de construir pruebas falsas.

En España no existe un protocolo de actuación en caso de que un bebé abortado nazca con vida. En Estados Unidos, el número de abortos tardíos, por prostaglandinas, nacimiento parcial o salinos, llegó a ser tan alarmante que mereció una resolución de la Cámara de Representantes. “El Proyecto de Ley de Protección de los Infantes nacidos con vida (HR 4292)” trata sobre la protección de los bebés en gestación que han sobrevivido a abortos fallidos.

En los partos convencionales de niños prematuros suele haber un equipo compuesto por un neonatólogo, una enfermera neonatal, un pediatra residente y un terapeuta respiratorio; y en caso necesario, el niño es ingresado en la Unidad Neonatal de Cuidados Intensivos.

La enfermera Jill L. Stannek, con una experiencia de cinco años en el departamento prenatal y de partos del Hospital Christ, en Oak Lawn, Illinois, influyó en gran medida con su testimonio para que esta resolución saliera adelante, y que, dentro del horrible mundo del aborto, hubiera un poco menos de indignidad. Confieso que me faltan palabras para expresar esto.

Según el testimonio de la enfermera, en el Hospital Christ se practicaban abortos a mujeres que se encontraban en el segundo y tercer trimestre de gestación por el método denominado “aborto por parto inducido”, llamado también “aborto con nacimiento vivo”. Muchos de estos niños nacían vivos y permanecían con vida durante un tiempo (alguno llegó a durar ocho horas). Cuando estos bebés nacían con vida no recibían los cuidados médicos que se les dispensa al resto de los recién nacidos, pero sí les prestaban la llamada “atención de consuelo”, que consistía en mantener al bebé envuelto en una manta hasta que moría. Esto se hacía de manera voluntaria por parte del personal, pues el hospital no tenía ningún protocolo para estos casos. (Un famoso abortista en EE.UU., el doctor George Tiller, que practica abortos tardíos, tiene en su clínica un capellán para bautizar a los niños que nacen vivos).

Siguiendo fielmente la declaración de la enfermera Stannek en la Cámara de Representantes, una noche presenció cómo una compañera llevaba al cuarto de desechos a un niño vivo, con síndrome de Down, que acababa de ser abortado. Sus padres no lo querían y ella no tenía tiempo de darle el último consuelo. Sus palabras son escalofriantes y muestran la crueldad de nuestra sociedad supuestamente civilizada: “Como no podía soportar pensar en ese niño muriendo solo en el cuarto, lo acuné y mecí durante los 45 minutos que sobrevivió. El bebé tenía entre 21 y 22 semanas de edad gestante, pesaba y medía unos de largo. Estaba muy débil para moverse y consumía su poca energía tratando de respirar. Al final, estaba tan calladito que la única forma de verificar que vivía era acercándome a la luz y mirando a través del pecho su corazón latiendo. Cuando murió, le cruzamos los bracitos sobre el pecho, lo envolvimos en una mortaja y lo llevamos a la morgue del hospital adonde van los otros pacientes muertos”.

Este testimonio es para hacer estremecer al más duro de los corazones. Tuvo lugar en Estados Unidos hace unos años, pero hay otros muchos que se silencian. Casos similares ocurren a diario en países donde la vida humana no vale nada, donde un ser humano es tan solo un habitante, y ni siquiera eso.

Algunos compañeros de trabajo le contaron a nuestra enfermera historias horrendas, como el caso de un bebé que se creía que padecía de espina bífida y después de abortado se comprobó que era perfecto. Hay casos de bebés que han muerto envueltos en toallas directamente en el cuarto de la basura porque no se les prestó la ayuda convencional una vez nacidos. Muchos de ellos tenían posibilidades de sobrevivir y ser adoptados.

La resolución 4292 de la Cámara de Representantes de Estados Unidos se aprobó para proteger a estos bebés, pero hay que decir, en honor a la verdad, que la situación no mejoró. En la actualidad, a los niños víctimas del “aborto por nacimiento parcial”, se les asesina cuando la cabeza aún está dentro de la madre introduciendo unas tijeras en la base del cráneo del bebé. Esta es la manera de burlar la ley y librarse de una acusación por infanticidio. La sociedad debe saber esto.

Hay que añadir que estos fetos vivos son muy demandados por los investigadores, estos obreros de la ciencia cuya amoralidad es más que notoria. Estos aprendices de brujo necesitan tejidos vivos para sus experimentos; no les sirven los procedentes de abortos espontáneos o de abortos provocados que nacen muertos. La International Planned Parenthood, la mayor promotora de abortos del mundo, se ha visto involucrada en un escándalo hace unos años por proveer de “material” vivo a los aspirantes del Nobel.

Cuando el aborto empezó a hacerse masivo en todo el mundo, el doctor Bernand Nathanson pronosticó que se darían estas circunstancias, y acertó de pleno. ¡Y de esto solo sabemos una mínima parte! Hay que decir que, en la actualidad, los centros de abortos tienen absolutamente prohibido compartir datos para realizar estudios y estadísticas como los citados en este artículo. No permiten que nada trascienda de puertas afuera, y el personal está muy vigilado y presionado. Si los datos actuales se dieran a conocer, sería un escándalo mayúsculo, mayor del que en su día protagonizó el doctor Morín. Se puede decir que el silencio en torno a estas prácticas se encuentra en un nivel comparable al “top secret” militar.

En Canadá es de dominio público que el número de bebés de abortos fallidos que nacen vivos va en aumento; algunos mueren poco después y otros sobreviven con lesiones de por vida. Ted Gerk, activista provida de Vancouver, British Columbia, cuando realizaba una investigación en la Agencia de Estadísticas Vitales de esa localidad descubrió que los niños abortados vivos están el tiempo suficiente para recibir sus certificados legales de nacimiento y defunción. Pero estos datos no salen a la luz pública.

En el Hospital Meyer de Florencia (Italia), nació un niño vivo víctima de un aborto. Su madre le había condenado a morir cuando supo que podría presentar malformaciones congénitas, en concreto, “atresia de esófago”, una deformidad que, en más del 90 por ciento de los casos, puede ser corregida con cirugía. Los médicos del Hospital Careggi le habían recomendado a la madre someterse a una resonancia magnética para salir de dudas, pero ella optó por el aborto. No quería arriesgarse a tener un bebé imperfecto. Cuando el niño abortado nació, tenía 22 semanas, pesaba medio kilo y era completamente normal. Al comprobar que estaba vivo y que no presentaba malformaciones decidieron reanimarlo. Vivió durante varios días, pero una parada cardiorrespiratoria unida a su estado prematuro acabó con su vida. ¡Cómo se puede sobrellevar algo así!

Recientemente, sobrevivió al aborto otra niña en el Hospital Maggiore de Bolonia (Italia). Al diagnosticarle que nacería ciega, cuando tenía 22 semanas de gestación, sus padres optaron por el aborto. Pero nació viva y pesaba. A los diez días fue sometida a una operación a corazón abierto; después tuvo una hemorragia cerebral, varias infecciones y problemas respiratorios. A pesar de todo, sus ganas de vivir la sacaron adelante. Sus padres, sin embargo, no la acogieron y fue dada en adopción.

En el 2005, el British Journal of Obstetrics and Ginaecology publicó una investigación de la doctora Shantala Vadeyar, del Hospital Saint Mary de Manchester, que recogía al menos 31 casos de bebés que habían sobrevivido a abortos en la región de North-West, entre 1996 y 2001. Los datos del estudio son demoledores y vergonzosos: “Más de la mitad tenían menos de 22 semanas. Todos habían sido abandonados para que murieran, y lo hicieron antes de cuatro horas y media. Cuatro de ellos respiraban regularmente. Dos bebés jadeaban y otros dos lloraban”. ¡Qué sociedad la nuestra! ¿No sentimos asco y vergüenza al conocer estas atrocidades?

Otro estudio del Instituto Perinatal de las West Midlands, realizado en 2007 en Inglaterra, publicado en el mismo medio, revela que “de 3.189 abortos realizados en 20 hospitales entre 1995 y habido al menos 102 casos de niños que sobrevivieron al aborto, a los que se les dejó morir a la intemperie o tirados en algún recipiente. El tiempo medio de vida de estos bebés es de 80 minutos, aunque ha habido algunos que resistieron vivos seis horas”. Estos niños, a pesar de morir fuera del útero materno, son contabilizados como abortos. En la zona objeto de este estudio solo se realizan el diez por ciento de los abortos del Reino Unido, por lo que es fácil deducir que el número de bebés que se abortan vivos y se dejan morir es muy superior. Aplicando esta ratio, el número de niños abortados que nacen vivos en España no es difícil de calcular.

Magdalena del Amo, Tierrapura

El “wokismo”, una ideología hiperliberal

Por su interés reproducimos este artículo de Aceprensa, de Josemaría Carabante:

Desde las trincheras de las guerras culturales, los objetivos suelen verse borrosos, confusos. En el caso del wokismo, la primera línea de batalla sitúa allí una amalgama de marxismo radical y batiburrillo posmoderno, incluyendo en ese cajón de sastre la defensa del aborto, la hostilidad a la religión o el reclamo de lo trans… Todo en uno.

Unos pensadores creen que esta dolencia se arregla con dosis más altas de principios liberales; así piensan Francis Fukuyama o Yascha Mounk; otros juzgan que estos lodos provienen del barro individualista, hasta el punto de que la solución se halla en valores más tradicionales, aquellos que ha barrido el capitalismo.

Una ideología norteamericana

Para comprender el impacto y las señas de identidad de lo woke conviene recordar no solo que fue el asesinato del afroamericano Michael Brown, tras ser violentamente maltratado por la policía, lo que abrió la espita de las protestas, en 2014, sino también que el movimiento se presenta para reivindicar lo identitario, convirtiendo la definición de uno mismo en el principal objetivo de la contienda política.

Por sus orígenes, pues, responde a la idiosincrasia americana y parte de ese conflicto racial que, como una herida remisa a la cicatrización, atraviesa el supuesto país de la libertad. John Gray explica, atendiendo a ello, que el wokismo constituye una ideología localista, difícilmente exportable, motivo por el cual a este lado del Atlántico ha absorbido otros conflictos y tiene contornos indefinidos.

Aunque se suele remontar la tendencia a las revueltas estudiantiles del 68, habría que indicar, siendo rigurosos, que la clave data de unos años antes, concretamente con la aprobación de la Ley de Derechos Civiles, en 1964. Según afirma Erik Kaufmann, profesor de la Universidad de Londres, esta norma promulgada durante la presidencia de Johnson supuso el reconocimiento de la culpabilidad blanca y la entrada en la atmósfera pública de la dialéctica entre víctimas y victimarios.

Una dolencia liberal

Kaufmann y Gray están de acuerdo en que es erróneo atribuir la sensibilidad identitaria a los círculos marxistas. En opinión de ambos, el ADN del wokismo es claramente liberal, lo que explicaría que haya prendido con tanta fuerza en el mundo anglosajón, la cuna del capitalismo.

El movimiento se presenta para reivindicar lo identitario, convirtiendo la definición de uno mismo en el principal objetivo de la contienda política

Difícilmente podrá amainar el vendaval woke si se soslaya de qué fuente mana. En primer lugar, el individualismo extremo de las sociedades modernas, que desarraiga al yo hasta el punto de reputarlo producto del deseo arbitrario de cada uno. En segundo término, el deslizamiento de la libertad hacia la igualdad absoluta, al que alude Kaufmann. Y es que hoy la exigencia no es que todos posean las mismas oportunidades, ni que se lleve a cabo una redistribución económica. Se busca la paridad total de resultados, más allá de la raza, el género, los gustos sexuales e incluso el mérito, aunque para ello no haya más remedio que atribuir al Estado un poder omnímodo.

La izquierda tradicional ha visto con recelo estas aspiraciones, entre otros motivos porque la focalización en problemas de índole cultural erosiona el vigor de las reivindicaciones materiales. ¿Acaso no se adapta esa posibilidad de consumir compulsivamente identidades, como quien se atiborra de comida basura, al ethos neoliberal?

Revolucionarios de salón

La explosión de la subjetividad, el moralismo y el afán revanchista tienen más que ver con la cosmovisión burguesa y una visión radical de la justicia social que con la contracultura. Eso no significa que los defensores de lo woke no hayan asumido la jerga sesentayochista: no carecen, en efecto, de lazos con esa posmodernidad que se desligó de la emancipación ilustrada.

Pero la insistencia en su filiación con Marcuse, Derrida o Foucault puede ser perjudicial porque oculta la ascendencia “hiperliberal” y el igualitarismo extremista a los que se refiere Kaufmann en su último ensayo, Taboo: How Making Race Sacred Produced a Cultural Revolution (Forum, 2024).

El wokismo se ha convertido en la doctrina de la élite, en el catecismo de los revolucionarios de salón, para quienes empuñar ese estandarte es una forma de exculpación moral por el disfrute de sus privilegios. La manera, en fin, de aliviar su mala conciencia.

Quienes propugnan el identitarismo, ciertamente, conforman un grupo selecto y excelentemente posicionado. Para Musa al-Gharbi, sociólogo de la Universidad Stony Brook (Nueva York), los hooligans de la identidad están en posesión de una suerte de capital simbólico. Lo woke dota de estatus. Ahora bien, cuando las élites adoptan ideologías para sentirse bien, tienden a soslayar los compromisos reales con los más desfavorecidos.

La ineficacia de la lucha “woke”

La reprobación de los privilegios –así, en general– por parte de la élite acomodada no les lleva a renunciar a los que ellos disfrutan –estos, bastante concretos–. Piénsese en la virulencia de lo woke en los mejores centros universitarios, a los que llegan solo los elegidos.

En su ensayo We Have Never Been Woke: The Cultural Contradictions of a New Elite, publicado recientemente por Princeton University Press, el propio Al-Gharbi mantiene que las políticas woke son poco efectivas. Y paternalistas, al dar por supuesto que los marginados no pueden encaminarse por sí solos a la liberación.

El sociólogo americano apunta algunas inconsistencias del “capitalismo woke”. Por paradójico que pudiera parecer, en las sociedades donde este prolifera se presentan desigualdades más flagrantes, en comparación con otras.

Términos como “interseccionalidad”, “microagresión” o “privilegio” están menos presentes en los medios

La percepción de la desigualdad que difunden, por otro lado, es inexacta porque dan voz a supuestas víctimas que han salido de la opresión, de modo que no se sabe qué sienten o piensan los que están siendo realmente dejados atrás. Por último, esta élite culpa de la discriminación y la opresión a quienes no forman parte de ella; por ejemplo, tilda de racistas a los blancos del sur, o de xenofobia a los obreros o parados, a fin de descargarse de responsabilidad.

Una ideología en horas bajas

Bajo un prisma ideológico, se puede interpretar la victoria de Trump como un síntoma del agotamiento de lo woke en EE.UU. De hecho, el semanario The Economist sitúa en 2020-2021 el punto de ebullición del “despertar”; a partir de entonces, tanto en la opinión pública americana como en los medios se ha producido cierto enfriamiento

Según una encuesta, el porcentaje de quienes manifiestan estar preocupados por el racismo o el sexismo ha descendido diez puntos entre 2021 y 2024 (del 48% al 38%). Por contra, el rechazo a que los deportistas compitan en una categoría diferente a la de su sexo biológico ha aumentado, pasando del 53% al 61%.

Por otro lado, señala también The Economist, términos como “interseccionalidad”, “microagresión” o “privilegio” están menos presentes en los principales diarios norteamericanos. Asimismo, en los últimos años se han presentado 86 proyectos de ley para prohibir iniciativas woke en universidades de 28 estados norteamericanos; igualmente, en el ámbito empresarial el entusiasmo ha decrecido.

La lucha contra lo “woke”

Es pronto para saber si esto apunta a una auténtica crisis de lo woke o si más bien es un síntoma de que ha permeado tanto que ya no acapara el debate. Por otro lado, no es malo que haya calado un mayor compromiso con la igualdad. La debilidad del wokismo y del radicalismo identitario tiene que ver con quién lo defiende: una élite pudiente, distanciada de las preocupaciones sociales cotidianas.

A nadie se le escapa que, sea como fuere, lo woke predomina en los medios europeos y que no se sabe a ciencia cierta cuándo amainará aquí el movimiento.

La batalla, sin embargo, no debe restringirse al ámbito mediático, donde –según Kaufmann– el wokismo tiene las de ganar, porque los que no suscriben la nueva ideología están siendo sustituidos por jóvenes muy bien adoctrinados. Hay que actuar en el marco educativo y legal. De otro modo, será difícil que se apacigüe la fiebre que ha infligido este mal “despertar”.

La exitosa receta conservadora de “la directora de escuela más estricta de Reino Unido”

Nos es grato reproducir este artículo de Ana Zarzalejos Vicens publicado en Aceprensa:

Katharine Birbalsingh es, según los medios británicos, “la directora de escuela más estricta del país”. Pero su exigencia tiene un motivo: “Quiero que mis alumnos salgan al mundo y encuentren su propósito en la vida”. El caso es que la receta funciona. Y lo hace, además, en un barrio marginal de Londres, y con un alumnado mayoritariamente de origen inmigrante.

“Todos queremos el progreso, pero si estás en el camino equivocado, progreso significa dar media vuelta y volver al camino correcto; en ese caso el hombre que da la vuelta antes es el más progresista”: es la frase de C. S. Lewis que cuelga en el despacho de Katharine Birbalsingh, directora del colegio Michaela. 

En 2010, Katharine Birbalsingh saltó al ojo mediático al hablar en la conferencia del Partido Conservador (lo que le granjeó bastantes enemigos, aunque ella no pertenece a la formación). Su mensaje era sencillo: el sistema educativo está “roto” porque se ha dejado influenciar por ideologías que perjudican al alumno. 

En 2014 pasó del dicho al hecho y abrió un colegio aprovechándose de una reforma gubernamental que había dotado de más flexibilidad al sistema educativo británico al permitir la creación de las escuelas libres: colegios con un régimen similar al de los concertados en España.

A pesar de que los detractores de Birbalsingh hicieron todo lo posible por boicotear la apertura del colegio, la escuela Michaela lleva ya diez años en marcha con un alumnado de bajo nivel socioeconómico que ha conseguido colarse entre las mejores del país en los exámenes de secundaria.

En parte, las razones de este éxito pueden encontrarse en The power of culture, un libro escrito por algunos profesores de la escuela donde se explica, entre otros asuntos, por qué sigue mereciendo la pena enseñar a Shakespeare, por qué en un colegio con una alta presencia de migrantes se canta God Save the King o por qué en los pasillos los alumnos caminan en silencio (excepto si se cruzan con un miembro del equipo del colegio, al que entonces deben mirar a los ojos y saludar con un alto y claro “Buenos días, profesor”). 

El mensaje de bienvenida que se lee en la web también es bastante ilustrativo: “Somos diferentes. Ponemos de moda lo tradicional. Trabajamos duro y perseveramos. Nos encanta celebrar la bondad y la gratitud. Aceptamos retos y superamos obstáculos. Marcamos la diferencia para que un día podamos mirar atrás y saber que ha merecido la pena”. Lo de “trabajar duro” no es una metáfora: llegar unos minutos tarde, no tener el material necesario o no haber hecho los deberes son motivos para ganarse un castigo, que suele consistir en quedarse en el colegio media hora más después de que terminen las clases. Eso sí, el profesor hablará con el alumno para explicarle el porqué de la sanción, con un discurso que suele estar impregnado de la necesidad de la responsabilidad personal.

Conversamos con Katharine Birbalsingh para descubrir en qué consiste su “receta educativa”.

El alumno en el centro: autoridad y afecto

— ¿Qué se hace diferente en Michaela? ¿Cuál es la clave de su éxito? 

— Todas las buenas madres saben de lo que estoy hablando: los niños necesitan del elogio y el castigo. 

La clave es el afecto: les quieres lo suficiente como para mantener las expectativas altas. Ahora mismo, por ejemplo, justo fuera de mi puerta, tengo una cola de niños esperando a su media hora de castigo que tienen que cumplir después del colegio. ¿Qué más da? No es tan grave. Ellos llegan, cumplen con su media hora y se van a casa. No lo viven como el fin del mundo y lo agradecen porque saben que les ayuda a ser mejores.

En Michaela, el profesor es el que está al frente de la clase y el que lidera el aprendizaje. Lo contrario es ridículo

Pero todo esto lo haces porque los quieres. La gente piensa que ser estricto es malo, cuando en realidad, si eres estricto, significa que los quieres lo suficiente como para mantener tus expectativas altas. Y no tienes que tratarles mal, simplemente ser claro y coherente. 

Así que sí, la disciplina es un pilar fundamental de nuestra manera de hacer las cosas. Otro pilar fundamental es cómo enseñamos: el profesor es el que está al frente de la clase y es el que lidera el aprendizaje. 

Algunas personas rechazan este modelo porque no creen en los castigos o se sienten incómodos siendo la autoridad en el aula. A veces escuchas a maestros que dicen:  “Yo aprendo lo mismo de los niños que ellos aprenden de mí”. Bueno, pues eso es ridículo, quizá signifique que no eres un buen maestro. 

Esto es muy insultante para el alumno, porque él lo que necesita es convertirse en un adulto que sepa más que los niños. Esa es la cuestión del aprendizaje. 

Y, por último, nuestro pilar es la cultura del colegio. Nuestro libro se llama El poder de la cultura porque la cultura lo es todo: trabaja duro, empújate hasta tus límites, encuentra la motivación interna, toma la responsabilidad de tu propia vida. 

El curriculum en Michaela es exigente y está orientado a que los niños aprendan, saquen las mejores notas en los exámenes y tengan una cultura que les permita desenvolverse en entornos de los que la mayoría de esos alumnos no provienen. 

Pero también hay un énfasis en desarrollar el carácter del alumno para que se convierta en un adulto responsable, en un ciudadano que contribuya a la sociedad, en una persona capaz de asumir la tarea de hacerse cargo de la propia vida y de elegir el bien. 

Algo fundamental considerando que, dadas las circunstancias de su alumnado, Michaela compite muchas veces con la tentadora alternativa de las bandas criminales, el abandono escolar o una vida entregada al victimismo por haber nacido en circunstancias desfavorables. 

Responsabilidad, sacrificio, patriotismo, gratitud

— La cultura de Michaela se fundamenta en lo que tú llamas “valores conservadores con c minúscula”. ¿En qué consiste eso? 

— En inculcar un sentido de responsabilidad personal en ellos, en asegurarse de que entiendan que tienen poder sobre sus vidas y que no son víctimas, en construir un sentido de resiliencia en ellos y en motivarles para que vayan hacia adelante todo el tiempo y se atrevan a superar obstáculos. También en enseñarles el sentido del sacrificio, que aprendan sacrificar cosas que son importantes para sí mismos por el bien de los demás. 

Y, por supuesto, un sentido del deber. Que se pregunten: “¿Cuál es mi deber y mi rol en la vida? ¿Qué debería hacer para contribuir al mundo?” 

También les inculcamos la gratitud, porque no importa lo poco que tengas, siempre habrá alguien que tenga menos que tú, y ya solo el hecho de haber nacido en un país como Reino Unido (o en tu caso, España) nos convierte en las personas más afortunadas del mundo. 

— ¿Por qué ese énfasis en orgullo nacional? 

— Porque pertenecemos a algo, formamos parte de algo, no somos personas indiferentes que pasamos por casualidad por aquí, hay algo que nos une.

Si tu colegio no te ayuda a encontrar tu lugar en el país, entonces estarás para siempre en desventaja

No podemos negar el hecho de que hay países. El hecho es que los países importan, y que nosotros pongamos el foco en que todos formamos parte de nuestro país no tienen nada que ver con excluir a los demás, sino con asegurarnos de que los alumnos sienten que pertenecen a algo.

— Supongo que esto es especialmente importante para los alumnos a los que enseñáis, muchos de ellos extranjeros. Quizá un chico de Londres de clase media no tiene que preguntarse de dónde viene y a dónde pertenece… 

— Eso es cierto, y ese es exactamente el problema. No solo no tienen que pensar en eso, sino que no quieren pensar en eso. Para ellos es más fácil rechazar a Inglaterra, pero eso es una posición muy privilegiada porque tú sabes tus orígenes. 

Cuando tu familia viene de otro país y no conoces el inglés, no comes los alimentos británicos, no cantas las canciones británicas, no conoces nada de esto, entonces te sientes fuera de lugar en tu propio país. Y si tu colegio no te ayuda a encontrar tu lugar en el país, entonces estarás para siempre en desventaja. 

Unos detractores ideologizados 

— ¿Por qué el colegio suscita una oposición tan fuerte, si los resultados son buenos y la demanda crece? 

— El movimiento de las “escuelas libres” trajo más variedad al sistema educativo, pero a los sindicatos de profesores no les gustó: querían que el sistema fuera un único bloque porque eso les da más poder a ellos. 

Tampoco les gustan las cosas que les enseñamos a los niños porque no nos regodeamos en el concepto de víctima, no culpamos al gobierno y a los ricos de nuestros problemas. En lugar de eso, hacemos lo necesario para equiparnos con las habilidades y conocimientos que necesitamos para lograr el éxito en nuestra vida. Hay muchas personas que se oponen a esa visión por motivos ideológicos.

— ¿Por qué este rechazo explícito a la noción de víctima, cuando muchos de los alumnos del colegio podrían calificarse como tales? 

— Porque ¿cómo vas a vivir tu vida entonces? ¿Vas a mendigarle al gobierno para siempre? ¿Vas siempre a decir: nací negra, o mi padre no estaba ahí, o vivo en una zona de vivienda social, o  nací pobre, así que no, no pude hacer nada de mi vida? Y a los 90 años, te sientas en tu cama y dirás: qué pena, tuve una vida terrible, pero no podía hacer nada.

El hecho es que la vida te deja con un cierto número de cartas. Y algunas personas tendrán una mejor mano que tú, eso es verdad. Pero tienes que jugarlas. Eso es la vida. 

Como profesores, nuestro deber es enseñar a los niños a lidiar con las adversidades de la vida y a construir la resiliencia necesaria para poder saltar sobre los obstáculos que inevitablemente aparecerán. 

— Y, diez años después, ¿qué dicen los críticos? 

— Seguimos teniendo muchos detractores. Insisten, a pesar de no haber estado nunca en la escuela, en decir que los niños son infelices, y que todo lo que estamos haciendo es prepararles para aprobar exámenes. Y eso es porque están ideologizados y no quieren escuchar lo que funciona. No les interesa porque no les gusta mi conservadurismo. 

Un éxito difícilmente discutible 

Lo cierto es que los resultados académicos hablan por sí solos y una escuela de un barrio marginal de Londres se ha colado entre las mejores del país. Pero, ¿qué es realmente el éxito para Katharine Birbalsingh? 

— ¿Cuál cree que ha sido el mayor impacto de su manera de hacer las cosas? 

— No creo que solo sean los niños que se han beneficiado aquí. Son los miles y miles de personas por el mundo de los que nunca sabré. Gente que me agradece estar diciendo estas cosas, estar contando la verdad de la educación. Miles de profesores por el mundo con los que nunca me encontraré y todos sus alumnos a los que nunca conoceré. 

— ¿Qué es un alumno de éxito para Michaela? 

— Algunos de nuestros alumnos se convertirán en revolucionarios y algunos de nuestros alumnos se convertirán en dentistas. Y eso está bien porque todos tienen personalidades diferentes e intereses diferentes. Y nosotros les damos lo que necesitan para poder salir de la escuela y ser personas de éxito y cuando digo éxito no quiero decir que ganen mucho dinero, sino que vivan sus vidas con dignidad. 

Quiero que los niños estén equipados con los valores que les permitan vivir vidas con significado, que puedan perseguir sus pasiones y usar los dones que les han sido dados para contribuir a la sociedad y hacerla mejor. Que puedan formar sus propias familias y encontrar su propósito en la vida.

… Y los hombres se han vuelto cobardes

Me es un placer publicitar estos artículos de Elena García, compañera de fatigas de la Asociación MasFuturo. Espero que os gusten. Elijo este como ejemplo:

Así, poco a poco ha ido avanzando la desigualdad ante la ley o “discriminación positiva”, que se dice en la jerga actual, supuestamente para proteger a la mujer, ante la pasividad o la sonrisa condescendiente de los hombres en ciertas cuestiones.

Los hombres pues, se dividen hoy en dos grupos, los que hacen coro a las feministas radicales -sí, esas que obtienen pingües beneficios de las arcas publicas por, supuestamente, constituirse en defensoras de la mujer-, o los que callan porque no quieren enfrentamientos y quizá ver peligrar su posición en el trabajo. Es el caso de hombres que se encuentran en posiciones directivas o intelectuales. Tienen miedo a significarse y que les puedan adjudicar el calificativo de “machista”. Claro, vivimos en una sociedad donde se tiene miedo a todo tipo de apelativos que previamente han sido demonizados, como “machista”, “racista”, “homófobo”, “xenófobo”, “fascista”, etc., y todavía más a que te declaren como “odiador de…” y te adjudiquen un delito. El “crimen mental” de la película Minority Report ya ha llegado.

“Universo mujer”. Es el anuncio de una casa de productos de alimentación, también lo he visto en otras compañías comerciales. Me quedo perpleja. Tengo tres nietos y ahora resulta que no tienen universo, no sabemos por dónde andarán o cómo han sido relegados. Naturalmente empiezo a preocuparme. La primera pregunta que me hago es ¿por qué tiene una compañía comercial que promover ideología feminista radical -digo radical porque en España y Europa hace mucho que se estableció la igualdad ante ley para todos- en vez de limitarse a lo estrictamente comercial? Una de dos, o creen que la mayoría pensamos así y quieren halagarnos, o intentan hacerse eco de la ideología feminista radical pensando que es bueno estar a bien con los poderes que la difunden y apoyan. La mayoría silenciosa no dice nada, se limita a encogerse de hombres.  Y poco a poco las ideas van calando y haciendo que se considere normal lo que realmente no lo es.  

Las mujeres se han vuelto osadas, sí. Y los hombres se han vuelto cobardes. Con las consecuencias negativas que ambas actitudes conllevan. Hay que conseguir la cuota del 50%, cuando menos, de puestos que se suponen pueden interesar a las mujeres:

  • en las listas electorales, en los gobiernos, etc.
  • en reserva de plazas o cuotas políticas, en oposiciones de cuerpos en que la mujer esta infrarrepresentada (Ley Orgánica 3/2022).
  • en ciertos trabajos, no en todos,

O, también, presunción de inocencia para la mujer, pero no para el hombre, en conflictos o malos tratos entre parejas.

Se ha puesto de moda lo que se llama “discriminación positiva” respecto a muchos grupos, de mujeres, étnicos, etc. Los hombres, callados. Pensarán “ah, eso no va conmigo”; como respecto a muchas otras cosas que nos meten por los ojos hoy día. Eso no va conmigo hasta que llega el día que sí va, y si no va contigo puede ir con tus hijos o con tus nietos. Pero es la comodidad actual o la aversión al riesgo, la cobardía.

Y la batalla de las feministas radicales está en conseguir la famosa paridad siempre que se trate de trabajos deseables, no en aquellos otros que puedan resultar duros y con baja remuneración.

Un experto en las Leyes de Indias: «Isabel la Católica está a la altura de Martin Luther King»

Por su interés publicamos este artículo de Alfredo Valenzuela (EFE):

Según el investigador Henche, «es absolutamente falso la idea de que las Leyes de Indias no se aplican»

El abogado, investigador y autor de ‘Las Leyes de Indias’, Julio Henche

«Isabel la Católica debería tener la misma consideración que tienen (Martin) Luther King o Kennedy», por su defensa de los indios, según Julio Henche, autor de Las Leyes de Indias (Gadir), un estudio de las 6.300 normas que en tres siglos promulgó España, muchas en defensa de los indios y claros precedentes de los Derechos Humanos.

«Desde el primer momento, españoles y españolas se pudieron casar con indias y con indios, de ahí que surgiera un mestizaje que nunca ha habido en Argelia ni en Pakistán ni en Indonesia, donde franceses e ingleses no permitieron un matrimonio que en Sudáfrica no fue legal hasta 1985 y en 16 estados de Estados Unidos no se permitió hasta 1967», ha puesto como ejemplo Henche de la eficacia de las denominadas Leyes de Indias.

Sobre que la huella de España en América siga suscitando polémicas como la reciente de México por no invitar a Felipe VI a la investidura de la nueva presidenta, Claudia Sheinbaum, Henche ha contestado lacónico: «Los problemas de México vienen de hace cincuenta o cien años, no quinientos; y la mayoría se deben a sus vecinos del norte, de los que no dicen nada».

Cinco años ha dedicado Henche, abogado en ejercicio e investigador, al estudio de fondos documentales como los del Archivo de Indias de Sevilla para concluir que «es absolutamente falso la idea de que las Leyes de Indias no se aplicaban: se aplican tanto o más que se aplican ahora las leyes actuales. Ahora también existe explotación laboral, trata de blancas y narcotráfico porque, aunque haya leyes, el delito no se para nunca».

Inspecciones de trabajo y de condiciones de vida

Isabel la Católica trajo encadenado a Colón por maltratar a los indios y Gonzalo Pizarro, hermano de Francisco de Pizarro, fue ejecutado por incumplir las leyes de Indias, con las que se juzgaron a varios virreyes de Colombia y a Hernán Cortés, entre muchos otros, según ha enumerado Henche para recordar la figura del Visitador de Indias.

El Visitador de Indias «es una figura que solo existió allí y, por encargo directo del rey, se encargaba de supervisar el trato que se le daba a los indios, el 99 por ciento de los cuales siguió viviendo igual tras la expansión», dice Henche, que rehúye el término «conquista» por inexacto al considerar que hubo mucho más que actividad militar.

El Visitador de Indias inspeccionaba las denominadas encomiendas, explotaciones agrícolas, mineras o de pesquería, en muchas de las cuales se trabajaba con jornadas laborales de ocho horas, como establecían las Leyes de Burgos (1512), promulgadas bajo Fernando el Católico.

En la cubierta de esta edición de «Las Leyes de Indias» se incluye una de Felipe II de 1593 que dice: «Todos los obreros trabajarán ocho horas al día, cuatro a la mañana y cuatro a la tarde, (…) Repartidas a los tiempos más convenientes para librarse del rigor del sol, más o menos lo que a los ingenieros pareciere, de forma que no faltando un punto de lo posible, también se atienda a procurar su salud y conservación».

Trabajar ocho horas al día

Henche ha insistido en que las ocho horas como jornada laboral ya estaban previstas en las anteriores Leyes de Burgos, que se consideran un precedente de los Derechos Humanos y que para el autor, desde el punto de vista jurídico, suponen «el inicio de la Edad Moderna porque ya se legisla no pensando en el propio reino sino con amplitud de miras».

A partir de esas leyes, que incluyen los derechos al salario, al descanso y, entre otros, a la vivienda, se inicia el debate sobre si todas las personas al nacer son ya poseedoras de derechos.

Henche ha lamentado que mientras se dedican incontables estudios a Constituciones que no entraron en vigor o lo hicieron unos pocos años, apenas se estudien las Leyes de Indias que estuvieron vigentes tres siglos como un ordenamiento «eficaz y efectivo»: «En el Archivo de Indias hay millones de documentos que no salen a la luz porque las universidades no los estudian, mientras calan en la cultura popular mitos que nada tienen que ver con la historia».

Los “buenos” confundidos

Por razones que no son del caso, estos días he tenido ocasión de contactar con algunas instituciones e iniciativas dentro de la Iglesia católica, como la catequesis parroquial, Hogares de Santa María, la Institución Teresina, la Asociación más Futuro (masfuturo.live) de apoyo a las madres en peligro de abortar, además del Opus Dei al que pertenezco. Está claro que es un botón de muestra, pues mi alcance es muy limitado, pero en todas ellas veo la alegría de servir a Dios y a los demás, cada una con su forma de obrar, y todas con la idea de hacer su trabajo sin celotipias, sin importar quien es mejor o peor, pues todos tenemos nuestros defectos y virtudes.

Entiendo que haya personas, a mala idea, que critiquen estas iniciativas y les fastidie, pues su intención no es la de servir precisamente. Pero que haya “buenas” personas que las critiquen igualmente alimentando la confusión que siembran estos primeros, esto ya me es más difícil de entender. Es el caso, por ejemplo, de aquéllos que ven algo oscuro en instituciones, sólo porque se habla mal de ellas. Deberíamos fijarnos más en los frutos de las distintas asociaciones, y no tanto en las críticas, al menos yendo a las fuentes para contrastar.

Así, en el libro Opus, de Gareth Gore, publicado por Editorial Crítica en octubre de 2024 se presenta una imagen falsa del Opus Dei basada en hechos distorsionados y medias verdades como se muestra en el artículo Sobre el libro Opus de Gareth Gore, publicado por Editorial Crítica en octubre de 2024 – Opus Dei. Aconsejo leer este artículo para, al menos, tener distintos puntos de vista.

Y, ¿Cuáles son los frutos del Opus Dei?, podríamos preguntarnos. Creo que son muchos miles de hombres y mujeres -¡familias!- que tratan de ser buenos ciudadanos, que trabajan y ayudan a sus amigos sin hacerse notar, que organizan y promueven obras asistenciales, colegios con buena formación…, siendo responsables los que los promueven, no el Opus Dei como tal, cuya misión es la formación en libertad de sus miembros según su carisma.

A este respecto, si se me permite la comparación de la estructura de la Iglesia con la de un estado moderno, cosa temeraria pero bueno, pienso que las parroquias son como los ayuntamientos, pieza fundamental y casa común de todos los cristianos; después y a la vez estarían otras instituciones de la Iglesia, cada una con su misión particular y todas cooperando al mismo fin, del mismo modo que en el Estado hay asociaciones, ONGs, partidos de diverso tipo, etc. No hablo aquí de las familias, que en ambos ámbitos es la célula básica de la sociedad.

Telediarios aburridos

Otra vez sin escribir un blog desde hace tiempo, vamos a intentarlo con los medios de comunicación, por si alguien se aburre…

Pues sí, no estoy de acuerdo con lo que nos hacen creer los medios habituales de comunicación: nos marean con lo que es políticamente correcto, y no hay prácticamente ningún presentador de un telediario en las cadenas de renombre que tenga la cara de decir lo que realmente piensa, sólo lo que les dicen que digan, no vaya a ser que se me vea el plumero…

Si se trata de las guerras -hay muchas- se nos ofrece la noticia escueta, sin entrevistas a personas con criterio – sean de un partido o de otro. Echamos en falta las opiniones de expertos en historia, diplomáticos, economistas, militares…

Si se trata de política, pocos se paran a descubrir las mentiras de unos y otros: a lo sumo atacando siempre a un partido en concreto y no a los oponentes, dependiendo claro de la tendencia del canal.

Si se trata del parlamento, por supuesto que lo correcto es la legislación en consonancia con la ideología woke: todo ser humano tiene derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo, incluso con el niño que lleva dentro, elección libre de sexo, morir cunado uno quiera, …, pero fumar no, ¡mucho cuidado! Eso sí, con los deportes, el tiempo, los sucesos, todo lo que haga falta para adormecer el personal y tenerle bien cogido con infinidad de anuncios.

Habría que publicitar más a las asociaciones culturales, las instituciones educativas (¡qué problema el de la educación de los jóvenes, que es el futuro de la sociedad!), las empresas, y dar espacio en las TV a todos los partidos políticos, entiendo que por igual, con independencia del numero de diputados, para que tengan igualdad de oportunidades en las próximas elecciones, y así se manifieste mejor los errores y aciertos de cada grupo.

Precisamente, hablando de igualdad de oportunidades, me horroriza la intención de nuestro Presidente de limitar la libertad de expresión (lo llama abuso de noticias falsas, de basura o algo similar) en defensa de las instituciones: creo que confunde las instituciones con su partido, pero bueno.

J.D. Vance: La hora de “los de abajo”

Por su interés, reproducimos este artículo de Luis Luque en Aceprensa:

¿Sabe Ud. quién es J.D. Vance? La prensa está hablando de él con cada vez mayor frecuencia desde el 15 de julio, pero si todavía no ha escuchado nada, no se preocupe: la CNN preguntó en junio a los estadounidenses –este señor es de allí– y apenas el 56% lo conocía. Lo interesante es que, si los astros siguen alineándose como lo vienen haciendo en estos días para el Partido Republicano, el nombre será trendig topic hasta 2028 y más allá.

Vance, senador por Ohio, ha sido elegido por Donald Trump como compañero de fórmula de cara a los comicios de noviembre próximo. Será su candidato a la vicepresidencia, pese a que, de partida, no tenía demasiadas papeletas ganadoras. Para empezar, haber escrito en 2016 que Trump era el “Hitler de EE.UU.”, el “opioide de las masas” –evocación de aquel opio del pueblo, de Marx– y un político incapaz de solventar la crisis social y cultural de la nación al término de ocho años de administración demócrata, le hubiera hecho desaparecer de la lista de aspirantes de cualquier otro presidenciable.

Claro que Trump no es “cualquier otro” y no juega con las cartas esperables. Ha escogido a Vance –previo mea culpa de este por los comentarios del pasado– pese a la presión contraria de grandes empresarios y donantes republicanos, como Rupert Murdoch (presidente emérito de Fox Co.) y Ken Griffin (dueño mayoritario del fondo de inversión Citadel). Algunas voces le sugerían que escogiera al senador Marco Rubio, pero al expresidente le había desagradado la deslealtad del cubanoamericano hacia su propio mentor, Jeb Bush, exgobernador de Florida, en la campaña de 2016. Sí hizo caso, en cambio, a las voces favorables a Vance, como Peter Thiel (fundador de PayPal) y Elon Musk (Space X, Tesla, X), quien dijo de ambos que harían una “hermosa” pareja.

El senador de Ohio fue un temprano apoyo para Trump cuando este anunció en 2022 que se postularía a la candidatura republicana a la Casa Blanca. El expresidente también le había dado su respaldo a Vance en febrero de 2021, cuando el joven político lo visitó en Mar-a-Lago para disculparse por haber creído “las mentiras de la prensa” y para pedirle que le permitiera hacer campaña para obtener la nominación republicana y luchar por uno de los dos puestos de ese estado en el Senado de EE.UU., en las elecciones parciales de noviembre de 2022.

El escaño lo ganó, y la relación no hizo sino mejorar con el tiempo y cristalizar finalmente en la actual candidatura y en elogios públicos al escogido. “Parece un joven Abraham Lincoln”, ha dicho Trump de él, y eso, a unos votantes tan entregados a su líder que han llegado incluso a vendarse una oreja para imitarlo, les vale como certificado de calidad del potencial vice.

Menos intervencionista que Trump

¿A qué aspira Trump con la elección de Vance? Por supuesto, no a una carrera personal (la suya) de largo recorrido. Tanto por edad como porque, de ganar en noviembre, el exmandatario no podría estar en la Casa Blanca más que un solo período de cuatro años, muchos apuntan a que el interés trasciende la mera victoria.

Primeramente, sí: Vance puede ser un activo para atraer el voto en antiguas zonas industriales que han salido perdiendo con la globalización y con los consecuentes traslados de las fábricas a países que resultan más competitivos por los menores costos de su mano de obra. La leyenda urbana de que Trump tiene férreamente asegurado el voto de los hombres blancos, heteros y blue collar demostró ser exactamente eso en 2020, una leyenda, cuando perdió seguidores en ese segmento poblacional en estados del “Cinturón del Óxido” como Pennsylvania, Michigan y Wisconsin. Vance, uno de “los de abajo”, de esos “despreciables” sobre los que escribió en Hillbilly Elegy: A Memoir of a Family and Culture in Crisis (Harper Collins, 2016) –Hillbilly Elegy: Memorias de una familia y de una cultura en crisis–, puede animarlos con más autoridad a volver a aquel en quien confiaron en 2016.

Que Vance haya servido en el ejército durante la guerra de Irak puede, de alguna manera, ayudar a entender su aversión “por los enredos innecesarios en el extranjero”

Pero la cosa también va de legado; de reconfigurar el conservadurismo estadounidense y a la sociedad de modo duradero. En política exterior, por ejemplo, Trump ha estado dejando una impronta tal en el Partido Republicano que si Ronald Reagan levantara la cabeza pediría inmediatamente un orfidal y un vaso de agua. El Grand Old Party, cuyos líderes ordenaron en su momento bombardear los palacios de Gadafi y de Sadam, derrocar a un dictador panameño, llenar Europa occidental de misiles crucero, apoyar a las fuerzas antisoviéticas dondequiera que Moscú asomara la nariz, etc., etc., rebajó durante la era Trump la autoimpuesta misión de EE.UU. como “policía del mundo” y “nación imprescindible”, para centrarse en metas domésticas, como poner coto a la inmigración ilegal, incentivar la vuelta a casa de las empresas externalizadas y combatir la competencia comercial china (y europea) a golpe de altos aranceles, entre otras.

Por su biografía, por haber crecido en zonas otrora prósperas y hoy relegadas por esa excesiva proyección exterior del capital y de la política, Vance simpatiza, respecto a los países aliados, con la idea de Trump de que cada palo debe aguantar su vela. En abril, pese a que el enemigo principal de Washington en este momento –la Rusia de Putin– está desgarrando un país vecino desde 2022 y amenazando a la Alianza Atlántica, ni Vance ni otros en su partido vieron motivo para aprobar un multimillonario paquete de ayuda militar a Ucrania (ni, por otras causas, a Israel). Finalmente salió adelante por 79 a 18, pero de los republicanos, 30 votaron Sí y 15 lo rechazaron, incluido el hoy candidato a vice.

Que nuestro hombre haya paladeado la guerra in situ (estuvo destacado en Irak) puede, de alguna manera, ayudar a entender su decisión. Como explica Owen Tucker-Smith en el Wall Street Journal, “Vance se unió a la Infantería de Marina después de la escuela secundaria, y ha dicho que la experiencia le hizo sentir aversión por los enredos innecesarios en el extranjero”. A tal extremo ha llegado en su oposición que, según el analista, “Trump no ha sido tan agresivo en el tema como Vance”.

Para el joven político, el intervencionismo republicano de antaño no tiene nada que decirles a los norteamericanos de hoy: “Creo que Reagan fue un gran presidente. Reagan también fue presidente hace 40 años, hace 45 años, en un país muy diferente”. Si alguien cree que, de ganar Trump, esa postura aislacionista terminará en cuanto se marche en 2029, su hipotético relevo puede terminar más bien reforzándola.

Un Estado en pro del bien común

Pero hay algo más en lo que puede incidir Vance ahora que asciende en el Partido Republicano, y es en la relación del poder político con las élites y con las bases populares. Es en el acortamiento de la distancia entre la gente de a pie y el establishment conservador de Washington, para el que el libre mercado y el “cuanto menos Estado, mejor” han sido tradicionalmente tótems intocables, con independencia de que millones de personas puedan quedar tiradas al borde del camino.

Vance ha abrazado un nuevo tipo de conservadurismo, uno de etiqueta “posliberal”, que entiende que el haz-lo-que-quieras del liberalismo a ultranza ha sembrado paradójicamente las semillas de la destrucción del propio régimen democrático liberal.

Entre los teóricos a quienes admira y sigue está Patrick Deneen, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Notre Dame y autor del libro Por qué fracasó el liberalismo (2018). El pensador perfila los problemas que causa esa progresiva emancipación del individuo respecto de todo límite y moderación, esa libertad entendida al modo en que lo hace el liberalismo, que pasa por sustituir la visión del ser humano como criatura relacional por la de un individuo libre de vínculos, que persigue, más que la autorrealización a través de la virtud, el objetivo supremo de satisfacer sus propios deseos. Para ello, para lograr más y más autonomía, el individuo tiene que romper con las costumbres, tradiciones y relaciones que perviven en las familias, las Iglesias, el barrio, la comunidad…

El desarrollo de un espectro de libertades cada vez más ensanchado y, al mismo tiempo, uno más estrecho en cuanto a normas y límites es, según esta visión, incompatible con el orden y, en lo económico, un imposible, pues un mundo materialmente limitado “no puede proporcionar continuamente un crecimiento material infinito”. Para Deneen, “se necesita un paradigma diferente, uno que conecte íntimamente el cultivo de la autolimitación y el autogobierno entre las asociaciones y comunidades constitutivas con una ética general de ahorro, frugalidad, trabajo duro, administración y cuidado”.

Vance, que se identifica a sí mismo como miembro de la derecha posliberal, ha tomado nota de esta perspectiva y ha reconocido la enorme influencia intelectual que le ha supuesto el pensamiento de Deneen, por eso no le hace ascos a la palabra regulación si entiende que una medida, provenga del ala del hemiciclo que provenga, puede favorecer a aquellos que no pertenecen a las élites económicas (a fin de cuentas, ¡él mismo ha sido de ellos!) y promover un ética del cuidado.

Es así que en 2023 impulsó, con la senadora demócrata Elizabeth Warren (de la izquierda más identitaria y woke posible), una iniciativa para recuperar las compensaciones de los ejecutivos de los bancos en quiebra. También ha propuesto elevar el salario mínimo a 20 dólares la hora y ha elogiado incluso el desempeño de la presidenta de la Comisión Federal de Comercio, Lina Khan (demócrata), en la aplicación de leyes antimonopolio para poner coto a las Big Tech

Sí: Vance es republicano, pero que el Estado pueda mover ficha en pro del bien común –y que las tropas se queden tranquilitas en casa– no le hace echar espumarajos por la boca. Con 39 años, le sobra tiempo para hacérselo creer al partido.

Más allá del tema del aborto, más allá…El candidato republicano a la vicepresidencia es, además, un hombre creyente, que se bautizó como católico en 2019. Según confesó Vance al escritor Rob Dreher en The American Conservative, fue su acercamiento a la obra de san Agustín lo que le ayudó a cambiar el chip: si antes creía que “había que ser estúpido” para ser cristiano, el santo de Hipona le demostró “de una manera conmovedora, que eso no es verdad”.Respecto a su fe, dice esperar que esta lo haga más compasivo y empático. En tal sentido, dice guiarse por las enseñanzas de la doctrina social católica y apunta: “El Partido Republicano ha sido durante demasiado tiempo una alianza entre conservadores sociales y libertarios de mercado, y no creo que los conservadores sociales se hayan beneficiado demasiado de esa alianza. Parte del desafío del conservadurismo social para su viabilidad en el siglo XXI es que no puede limitarse a cuestiones como el aborto, sino que tiene que tener una visión más amplia de la economía política y el bien común”.Sobre el punto del aborto cabe decir, no obstante, que el político ha modificado su postura original a favor de una prohibición a nivel nacional por otra, más en sintonía con Trump, que aboga por dejar el asunto en manos de los estados. Igualmente, preguntado sobre el acceso a la mifepristona –una de las dos píldoras que, junto con el misoprostol, intervienen en el aborto químico– dijo recientemente que apoyaba el acceso a esta, una postura que, según señalan líderes de opinión de medios católicos estadounidenses, no encaja claramente con la fe que profesa. L.L.

Las Olimpiadas manipuladas, “on en est marre”

Sí, estamos hartos de tanta manipulación de los espectáculos por los que quieren controlar la opinión de la gente de a pie: Se utiliza el poder de las grandes organizaciones, bien apoyados por los medios de comunicación, para dar por sentado que “ésta” (la ideología Woke, los derechos LGBT, …) es la forma correcta de pensar. Son campañas que mueven mucho dinero, y proporcionan a veces grandes beneficios a las TV y productoras, que nos aburren con la publicidad.

Estas ideologías se basan en la bondad de parte de sus principios (justicia social, antirracismo, igualdad de derechos de mujeres y hombres, …), no porque estos principios sean buenos en sí, sino porque si no piensas así no eres bueno ni democrático. Así las cosas, todo correcto, de acuerdo. Pero sigamos. Acabo de ver in internet un posible significado de ser woke:

“.., being woke is about empathy, awareness, and working toward a fairer society”,

Magnifico. Y, ¿qué pasa si digo que elegir el sexo no está en nuestra naturaleza, o que el aborto voluntario supone quitar la vida a un ser indefenso? La respuesta no se haría esperar, eres un facha que vas en contra de los derechos de las personas…

¿Qué ha pasado? Pues que a base de repetirnos los media estos insultos, se acaba pensando que estos otros supuestos derechos forman parte del buen obrar (la ideología woke, por supuesto), y si no piensas así no eres buena persona. Esta es la manipulación: si no aceptas también estos otros principios, no eres democrático, ni tienes ningún derecho a formar parte de la sociedad, como se pretende con los partidos políticos que discrepan de esta ideología dominante.

Afortunadamente pienso que en el caso de las ceremonias que hemos visto en la inauguración de los Juegos Olímpicos de París, muchas personas han visto la zafiedad de algunas escenas, cuyo mal gusto queda patente hasta para sus propios organizadores.

No, el desprecio y la burla a las religiones no forma parte de los derechos de las personas, por mucho que nos digan que no es burla, sino arte, inclusismo y libertad de pensamiento.