Asesinatos potenciados por la casta política

Reproducimos este artículo de José-Ramón Ferrandis:

El extraordinariamente buen intelectual que responde por el nombre de Francisco José Contreras ha escrito un opúsculo titulado “Diez tesis sobre el aborto”[1]. Me voy a permitir resumirlo en algo más de una página.

  1. Abortar es matar a un ser humano. Como es premeditado, alevoso, practicado con infinita superioridad y ensañamiento y sin dar opción a defensa alguna por parte de la víctima, es un asesinato.
  2. El cigoto (y, con más razón, el embrión y el feto) debe ser considerado un ser humano, pues posee el genoma de la especie a la que pertenece. Es distinto a su padre y a su madre. Es un organismo completo, aunque todavía inmaduro.
  3. Quienes argumentan que el feto carece de volición y por ello se le puede eliminar deberían ser coherentes: según ese argumento, también se podría eliminar al recién nacido, al comatoso, al profundamente dormido, al enfermo de Alzheimer, etc., pues tampoco son autónomos. Y no son coherentes, porque ahí se detiene su argumento. Hasta ahora.
  4. Decir que se puede suprimir sin más a quienes no han desarrollado suficientemente sus capacidades mentales es vulnerar la esencia del ser humano, que no consiste en tener cierta madurez, color de piel o sexo, sino en ser portador del derecho a la vida.
  5. No basta reconocer que el embrión tenga derecho a la vida si a continuación se afirma que es superior el derecho de la madre a negarle el sustento vital que le llega vía placenta. Eso no sería un daño colateral[2], sino una argucia criminal. El feto no es un intruso a quien expulsar.
  6. El feto tiene derecho a la vida desde el momento de la concepción, lo desee su madre o no. El derecho subjetivo no puede prevalecer frente a la realidad objetiva. ¿Qué pasa, que si la madre le quiere es sujeto de derechos y si no le quiere es basura? Grotesco.
  7. Los hay[3] que afirman sin rubor que, como el feto no tiene forma humana suficientemente definida, no es un ser humano.
  8. Esta es buena. El aborto es un mal, de acuerdo, pero como siempre habrá mujeres que intenten abortar, se debe actuar por los dos lados. Ofrecer cantidades de dinero y ayudas sociales por no practicarlo y permitir que se aborte cuando la oferta no sea atractiva para la madre, lo cual ocurrirá raramente[4].
  9. El derecho al aborto no es una conquista feminista. Las feministas clásicas eran enteramente antiabortistas, pues el aborto exoneraba de responsabilidad a los que utilizaban a las mujeres eludiendo la responsabilidad de sus actos. Está claro que tanto la responsabilidad como la decisión sobre la vida de la criatura en camino es cosa de dos[5].
  10. El aborto se prohibirá como se prohibió la esclavitud; porque es un crimen. Los progres creen tener la Historia de su parte, pero el viento ha cambiado y nada nos detendrá hasta su definitiva prohibición, salvo en los casos de evidente riesgo para la madre[6].

De la misma manera que, en 1883, el viento de la Historia cambió en favor de la abolición de la esclavitud (al menos en los países del Occidente cristiano: la esclavitud sigue vigente en países de África y Asia), en 2022 lo ha hecho en contra del aborto. En la reciente sentencia del Tribunal Supremo de los EE. UU. Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, No. 19-1392, 597 U.S. (2022), la corte suprema confirmó que el aborto no es un derecho constitucional.

Termino copiando la última frase del escrito del Doctor Contreras referida a la esclavitud, pero con tantos paralelismos con el aborto: “Nunca desistiremos hasta que […] se haya extinguido toda huella de este tráfico sangriento, del cual la posteridad, cuando vuelva la mirada hacia esta época supuestamente ilustrada, podrá difícilmente creer que persistiera tanto tiempo, para deshonra de nuestro país”.

Madrid, 21 de septiembre de 2022

[1] Lo más parecido que he encontrado en publicaciones accesibles es esto: https://www.clublibertaddigital.com/ideas/2022-09-09/francisco-jose-contreras-ocho-tesis-sobre-el-aborto-6930248/

[2] Obsérvese el término: colateral. Podrían haber dicho “indeseado”. Pero es consecuencia de un acto plenamente voluntario. La vida del feto es un fin en sí mismo. Los abortistas hacen virguerías para justificar sus crímenes.

[3] La norma española vigente lo hace: el feto puede ser eliminado hasta la semana nº14 porque sí. A los legisladores (la categoría intelectual de muchos de ellos es dudosa, cosa que salta a la vista cuando abren la boca, y a veces ni eso) les pareció que un corazón latiendo, rostro formado, cerebro operativo, respuesta a los estímulos, brazos y piernas formados no basta para perdonarle la vida. Miserables.

[4] La experiencia desmiente esta aproximación. Cuando el aborto es legal, se aborta con frecuencia. No importa el nivel de renta individual ni el social. Sensu contrario, cuando el aborto es ilegal, la cifra de abortos cae estrepitosamente. También a mortalidad materna por abortos clandestinos desciende de golpe, como la de neonaticidios y la de abandonos.

[5] Salvo en países como la República Popular China o la India, en los que el aborto selectivo contra niñas en el vientre de su madre es un clásico y materia de intervención familiar o estatal.

[6] El diputado conservador William Wilberforce presentaba cada año en el Parlamento británico su propuesta de abolición del tráfico de esclavos. Cada año era ampliamente derrotada. Persistió, año tras año, durante lustros. En 1807 consiguió que el Parlamento prohibiese el tráfico de esclavos. En 1833, tres días antes de su muerte, se abolió la esclavitud.

Las leyes Trans y su propaganda

¡Faltaría más! ¿Cómo no voy a poder decidir sobre lo que quiera? Bueno, por gustar, a mí me gustaría ser rico, guapo y presidente del Gobierno; dominar sobre mis células y que los desequilibrios psicológicos u hormonales no lo son…

Es brutal la presión mediática a la que estamos sometidos, tratando de presentar como bueno lo que para un buen amigo mío da pena. Y ¡hay del de opine lo contrario! Como yo también soy democrático, por lo mismo escribo este blog.

Pienso que la realidad se impondrá, pues la naturaleza que tenemos es la que es; no conozco a nadie que se la da a sí mismo, aunque se la puede maltratar hasta la saciedad: no se trata de filosofías, y menos de culturas cristianas o no, se trata de hechos. Veamos algunos  párrafos que nos aporta el libro “Por qué las leyes trans ponen en peligro a los niños”:

  • … La protagonista de esta historia se llama Keira Bell (Keira Bell, “My Story”, Persuasion, 2021 https://acortar.link/QMMr03) y ha narrado el proceso que la llevó a cambiar de sexo: “Llegó la pubertad y todo cambió para peor. Muchos adolescentes, especialmente las niñas, tienen dificultades con la pubertad, pero yo no sabía esto. Pensé que era el único que odiaba cómo crecían mis caderas y mis senos. Entonces empezaron mis periodos, y eran incapacitantes. A menudo tenía dolor y me faltaba energía. Además, ya no podía pasar como uno de los chicos, así que perdí mi comunidad de amigos varones. Pero tampoco sentía que realmente pertenecía a las chicas … Cuando cumplí 14 años, estaba muy deprimido y me había dado por vencido: dejé de ir a la escuela; dejé de salir a la calle. … Algo más estaba sucediendo: me atrajeron las chicas. Nunca había tenido una asociación positiva con el término lesbiana o la idea de que dos chicas pudieran tener una relación. Esto me hizo preguntarme si había algo intrínsecamente malo en mí.” … Unos pocos años después la chica, falsamente convertida en chico por unas leyes inicuas y por el floreciente negocio del género a la carta, adquirió conciencia del error que había cometido. Fue entonces cuando supo que no había vuelta atrás. No solo había sido mutilada sino que tenía que renunciar a la maternidad porque las torturas hormonales y quirúrgicas recibidas la habían convertido en estéril: “Las consecuencias de lo que me sucedió han sido profundas: posible infertilidad, pérdida de mis senos e incapacidad para amamantar, genitales atrofiados, cambio de voz permanente, vello facial.”
  • … De modo que para la ciencia hay personas con incongruencia de género y personas con disforia de género. Pero las redes sociales, los grupos de presión transgénero (organizaciones, asociaciones, ONGs, etc.) y los médicos y psiquiatras que viven de cambiar el sexo a quien lo solicita, rechazan la diferencia entre incongruencia de género y disforia de género, o bien consideran que la DG es consecuencia de la IG, negando así la realidad científica …
  • … Luisa González es vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid: “Hay un problema de derechos de los menores, en concreto del derecho humano a recibir una atención médica integral, física y mental. Y además, incluso debo decir que como madre, se hurta a los padres de estos menores su derecho a la tutela efectiva, al desarrollo de la patria potestad. El Estado quiere usurpar esta potestad, realizando tratamientos que ni siquiera están testados científicamente, y que son en muchos casos irreversibles. Es una cosa muy seria.” (Quico Alsedo, “Los psiquiatras estallan contra la Ley Trans: «Puede traer mucho dolor y arrepentimiento a muchas personas», El Mundo, 18.10.22 https://cutt.ly/UMttvkl) …
  • El Manual de Diagnósticos y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría señala que el 98 por ciento de los niños y el 86 por ciento de las niñas que tienen dudas sobre su género, aceptan su sexo biológico al finalizar la pubertad. Es decir, superada la borrascosa etapa de la pubertad, la inmensa mayoría de chiquillos que creían ser lo que no son recuperan el sentido de su realidad

Así que, como dice la historiadora norteamericana Anne Applebaum, especializada en el estudio del comunismo, “En el siglo XXI, las autocracias no están dirigidas por un tipo malo, sino por redes sofisticadas compuestas por estructuras financieras cleptocráticas, servicios de seguridad (militares, policía, grupos paramilitares, vigilancia) y propagandistas profesionales. Los miembros de estas redes están conectados no solo dentro de un país determinado, sino entre muchos países. Los propagandistas comparten recursos y temas.” (Anne Applebaum, Los malos están ganando, The Atlantic, 2021).

Nacho Cano: “Decir la verdad siempre es posible”

Reproducimos este artículo de ÁLVARO SÁNCHEZ LEÓN en aceprensa:

Nacho Cano: “Decir la verdad siempre es posible”

Fotos: Producción de Malinche, el musical

Nacho Cano (Madrid, 1963) es música hispana universal con asiento en el podio de los hits desde los ochenta. Aunque sus letras y sus guitarras ya sonaban en los setenta en el Madrid de los colegios mayores y de la ingenua televisión, el foco le brilla en la cara desde que en 1981 se convirtió en icono del pop español, junto a Ana Torroja y José María Cano, las tres naturalezas del mismo Mecano.

La banda sonora de una generación vibra aún en muchas biografías, y eso que la leyenda se puso en modo mute aquel 7 de septiembre de 1992, cuando estábamos de Exposición Universal de Sevilla, de Juegos Olímpicos de Barcelona, y de quingentésimo aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América en su aventura de descubrimiento.

Nacho Cano siempre ha tenido mucho de descubridor, de olímpico de la audacia y de exponente universal. Y todo eso está en Malinche, el espectáculo musical que ha traído la selva, las pirámides, México-lindo y el flamenco en su punto hasta el recinto ferial de IFEMA, en Madrid. Aquí, dice él, el espectador “va a sentir lo que sentían las aztecas, lo que sentían los españoles, cómo todo aquello se acabó fusionando y celebrando que México existe como una nación colorista y maravillosa”.

Con buenos inversores a sus espaldas, porque Cano tiene prestigio. Con mucha gente “apostando por la excelencia y la emoción”. Con ese tono pop de un Colón rockero que está seguro de que nadie del patio de butacas “envidiará nada de ningún musical de Broadway”.

Sin miedo a las curvas: “Desde el primer momento mi carrera ha estado en el riesgo y me ha ido bien”. Y sin ningún temor a la cancelación de lo políticamente correcto, porque él hace musicales, no tesis doctorales sobre reinterpretaciones de la Historia.

El letrista de Hoy no me puedo levantar pervive Entre el cielo y el suelo. Aquí está, taconeando sobre las tablas XXL entre tacos, cactus, tópicos, prejuicios, retoques –ha pulido del guion cualquier referencia que pudiera resultar ofensiva– y su optimista provocación. Este escenario es un puente y un mar de oportunidades humanas de conexión. En su brazo, Malinche lleva tatuado en tinta sin complejos: “Por nuestra reina, la bandera y Jesucristo Nuestro Señor”.

No ha sido fácil esta conversación. No ha habido tiempo para explayarse en playa canalla. Un bote de aire. Hiperventila el remero. Habla en dosis concisas el poeta de No controles, con alergia al primer plano. Incluso en las fotos es de plural mayestático.

— Malinche: doce años de trabajo, 150 profesionales, música, historia, cultura, mestizaje, puentes, calidad, arte, un bocado de Madrid a Broadway, México, un abrazo hispano, 12 millones de inversión, audacia, disfrute…

— Malinche es la expresión sobre el escenario de doce años de trabajo, de ilusión, de profesionalidad y de entusiasmo. Han sido doce años intensos en los que se han ido sumando al proyecto muchos amigos, sin los cuales este espectáculo no habría sido posible.

“En ‘Malinche’ mi prioridad ha sido cantar al mundo la belleza de las cosas buenas de las que somos capaces cuando queremos”

— ¿Cómo está siendo este viaje al que has dedicado ya más tiempo que todos los años de vida de Mecano?

— Está siendo una aventura muy bonita. El público acude cada semana a ver el musical y está aplaudiendo con pasión. Para mí, esa es la mejor recompensa.

— En la presentación del musical dejaste claro que la historia que relatas en Malinche “es mi visión de la jugada” y que “para nosotros no hay buenos ni malos, todos en esta historia son buenos. Vamos al alma de los personajes y queremos salir siendo mejores personas, nosotros y los que lo ven”.

— Evidentemente, la historia del mundo y de la vida es la suma de relatos de un sinfín de conquistas, y todas ellas traen cosas negativas y positivas. Yo, en este caso, he preferido subrayar las grandes aportaciones del mestizaje. No creo que sea ni justo ni bueno juzgar lo que pasó hace 500 años, entre otras cosas, porque nosotros no pudimos estar presentes. Aquello sucedió y hoy no nos corresponde sentenciar quiénes eran los buenos y los malos, o, al menos, no podemos hacerlo sin situarnos en las circunstancias del contexto.

Muchas veces me hago esta pregunta: ¿Qué dirán de nosotros dentro de 500 años cuando se analice, por ejemplo, lo que está sucediendo en Ucrania mientras el mundo no hace nada? Con nuestros actos, y sin juzgar la intención, a veces destrozamos el planeta. En una historia musical como Malinche mi prioridad ha sido cantar al mundo la belleza de las cosas buenas de las que somos capaces cuando queremos.

— Hay personas, ambientes, capillitas, senados de lo políticamente correcto, y gente sacudida por la inercia, que están acostumbrados a arremeter contra lo bueno o tachar de buenismo-conspiración cualquier puente entre mundos y maneras de pensar. Son personas que, si no ven batalla, sangre y dogma, se rebelan con una vehemencia desmedida.

— Yo creo en las acciones y las personas, no en las siglas, ni en las ideas enlatadas, ni en los prejuicios. Respeto a la gente que piensa y hace.

“Somos la consecuencia del mestizaje”

— Dices que los artistas sacáis “belleza de lo peor”. ¿En un clima de tanta polarización es cansino exponer belleza y que se lea confrontación?

— Los artistas sacan el lado positivo de las cosas, se fusionan, se mezclan. Los artistas siempre piensan en lo bello de las realidades que nos rodean, en el amor, en la vida. Los demás planos son muy secundarios y están muy distantes de mi manera de concebir cualquier trabajo creativo. Embellecer el mundo con obras humanas que merezcan la pena me parece una contribución muy potente para sanar las heridas que también son propias de nuestra naturaleza.

— Este musical busca celebrar “una historia de amor entre Malinche y Hernán Cortés y la diversidad que nace de ahí”. ¿Malinche nos cuenta que el mestizaje es una cura contra el odio?

— Hoy somos la consecuencia del mestizaje. Saberlo, asumirlo y valorarlo nos convierte en sociedades mejores y, probablemente, incentiva la acción de gracias y la disposición a pedir y aceptar el perdón.

— Has explicado varias veces que Malinche “es la mujer con más impacto en la construcción de América” y que es “símbolo del encuentro, no solo por dar a luz al primer mestizo reconocido. No olvidemos que fue una de las grandes precursoras del cristianismo. Para ella, ser bautizada se convirtió en signo de libertad”. ¿América y el cristianismo son la misma historia?

— Es espectacular que los españoles le dieran el tratamiento de Doña a una esclava en aquella época. Fue una figura femenina en un mundo de hombres muy bestia que logró sobrevivir y dar solución a problemas que hubieran sido mucho más violentos. La Malinche fue una de las mayores propulsoras del cristianismo. Una de las cuestiones positivas que ocurrieron tras la llegada de los españoles a las tierras americanas fue la declaración de derechos humanos que se hizo en Salamanca y, sin duda, el desarrollo de la cristianización y los consecuentes sublimarbautismos. A partir de entonces, las personas ya tenían un carnet de identidad y un estatus más respetado que hacía que las muertes violentas y los sacrificios ya no fueran tan impunes. Cada uno de estos avances son pasos decisivos en la consolidación de la progresiva socialización del nuevo mundo.

“Siempre he tenido un lado bastante espiritual que me ha ayudado a hacer frente a mi parte canalla, que también es muy potente…”

— ¿Nacho Cano es su inquietud espiritual siempre palpitante?

— Para mí es imposible no tener fe. Cuando rebobino mi historia profesional y personal, concluyo que Dios ha sido maravilloso conmigo. Siempre he tenido un lado bastante espiritual que me ha ayudado a hacer frente a mi parte canalla, que también es muy potente…

— Leo con detalle tu letra de Te busqué, que es de 1986, para Mecano: “Te busqué en el oro y el placer / y en el cuerpo de alguna mujer. / Te busqué en las drogas y el alcohol / y en los vicios y en la corrupción. / Te busqué en los templos de oración / y en los libros que hablan del amor. / Te busqué por toda la ciudad / y en el pozo de la soledad. / Te busqué en el corazón: / allí estabas tú en un rincón. / Te busqué en el corazón / y en silencio oí tu voz”. Esta letra la podría haber compuesto san Agustín…

— Te busqué es una canción en la que uno se encuentra consigo mismo. Ana tenía una voz increíble y cantaba este tipo de historias mejor que nadie. También hicimos Hermano sol, hermana luna, una canción inspirada en la vida y en las enseñanzas de san Francisco de Asís.

— ¿Es difícil reconocerse públicamente cristiano en el podio de la cultura, o cuando hay prestigio profesional todo es posible?

— Decir la verdad siempre es posible.

“He aprendido a vivir con la ilusión y la emoción por delante. Me mueve lo que no es tangible”

— Has vivido en Miami, Londres, Madrid… y estuviste cinco años en Calcuta y la Madre Teresa te cortó el pelo. ¿Qué buscabas entre los pobres y qué encontraste para siempre?

— No buscaba nada. En mis años de éxito con Mecano estábamos constantemente rodeados de miles de personas, abrigados de cifras escalofriantes, y salpicados de halagos, aplausos y parabienes. Yo tenía la inmensa necesidad de empaparme de otro tipo de ambientes para poder componer. Viajé a la India y, lógicamente, aquella experiencia me tocó el corazón. Conocí a la Madre Teresa de Calcuta, y también estuve en un monasterio budista. Ahí leí que el Dalai Lama había escrito que se había pasado la vida coleccionado mecanos…

— Hablando de melenas cortadas, se me viene a la cabeza otra canción que podría haber compuesto santa Teresa de Ávila. La letra es tuya. Se titula “J.C.” y en un momento dices: “Colgado de los palos / y amarrado por los pies y por las manos. / Me pregunté quién lo pudo hacer. / Trepé por la madera. / Y aparté de tu cara la melena, y te besé. / Tres palabras rotas se escaparon de tus labios: Tú, Tú y yo, tú y yo, tú y yo”. ¡Es mística pop!

— En esa letra queda esculpida mi visión de Jesucristo como un amigo que siempre está ahí, que es en lo que creo.

— Dices: “Yo he vivido siempre de lo que no es tangible”. ¿El artista materialista hasta dónde llega?

— Hay una edad en la que el éxito y la fama te pueden hacer materialista, pero los valores personales acaban siendo definitivos. Voy más allá en esta contestación: el dinero sirve para no tener que pensar en el dinero. No sé qué te dirán otros artistas, pero si hay una cosa que yo he aprendido en la vida es a saber vivir con la ilusión y la emoción por delante. Eso, amigo mío, no es tangible.

“Los artistas tenemos que sublimar la realidad y llevarla al mundo de la magia”

— Has trabajado en Malinche para convertirlo en “el mejor musical del mundo”. Tu propuesta es que esté sobre los escenarios unos cuantos años, y profetizas la posibilidad de que el espectáculo te entierre… ¿La cancelación mediática afecta o pueden más la autenticidad y el trabajo bien hecho?

— El tiempo y el público dirán si Malinche es el mejor musical del mundo. Lo que tenemos clarísimo todos en este equipo es que en estos momentos no hay un espectáculo así en ninguna parte de Europa, y creo que en ningún otro rincón del mundo. Lógicamente, te puede gustar más o menos, pero el nivel de la propuesta es de una envergadura muy particular. Nosotros ofrecemos excelencia. Al final, los artistas tenemos que sublimar la realidad y llevarla al mundo de la magia.

No sé si Malinche me enterrará o no [risas], pero sí estoy seguro de que ya nunca le dedicaré tanto tiempo a una sola obra. Sobre el tema de la cancelación, solo digo a quienes me atacan que estoy pagando 150 nóminas con mi musical. Si hay algo más socialista que eso, que me lo cuenten.

— Comentas que la vida de un artista es “como un cometa que se quema al entrar en la estratosfera”, que es “muy bonita”, pero también “muy sacrificada”. Yo creo que la cultura que da lo mejor de sí mismo hasta la extenuación está mucho más comprometida con la sociedad que la que solo se queja, solo llora, y sobrevive en la mediocridad entre pancartas.

— Llevas toda la razón, pero la vida del artista realmente es así: uno se funde en el universo mental de la gente y da lo mejor de sí mismo. Siempre he intentado darme sin medida. En Mecano no publicábamos los discos hasta que no estábamos convencidos de que el resultado final de las canciones era el óptimo. Para nosotros todo era como la primera vez, y así ha sido luego en mis discos en solitario y ahora, con los musicales. Por supuesto, me encantan los halagos de los fans, pero eso no hace que me siente en un sillón a esperar ni me lleva a pensar que lo tengo ya todo hecho. Mi compromiso cultural con la sociedad sigue siendo total y absoluto.

— ¿La música es tu holocausto, en la tercera acepción de la RAE: “Acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor”?

El término “holocausto” quizá suena exagerado, pero sí es un acto de creación de amor, de ilusión, y de deseo de aportación positiva.

— ¿Y aspiras a algún cielo después de esta “abnegación total por amor”?

Aspirar a lo más alto es un deseo muy artístico y muy humano.

— Cantan tus músicos en Malinche a pleno pulmón: “México grande, libre, mágico mundo nuestro”… Gracias por la magia. ¡Que vaya bien la conquista de los escenarios del planeta!

Muchísimas gracias. Me hace especial ilusión saber que esta canción esté gustando a la gente.

Álvaro Sánchez León
@asanleo

El valor de la amistad

Hemos estado bastante callados últimamente, pero habrá sido para coger fuerzas para este año que va a comenzar próximamente.

En lo político, muchas proyectos de cambios en las leyes; en lo social, quizás demasiado tranquilos, en lo económico nos preguntamos porqué suben tanto los precios, quién los maneja…

Pero a pesar de tanta manipulación por parte de los media, de los políticos de turno, de leyes inicuas como la del aborto o contra la identidad sexual natural, soy optimista mientras tengamos la valentía de reforzar los lazos de amistad, una amistad que nos permita ese libre intercambio de ideas y de ayuda mutua.

Pienso que ése es el camino más efectivo (al menos para la gente de a pie) para dar la vuelta a la tortilla sin violencias, y que dejará claro lo que es correcto y lo que no lo es, sobre todo a la vista de los resultados. A veces una conversación, una ayuda, deja más poso en las personas que miles de anuncios propagandísticos.

Así espero…

Entender la inflación

Interesantísimo artículo de Aceprensa por JUAN JOSÉ TORIBIO que nos descubre las causas y consecuencias de la actual inflación a nivel mundial:

Dos veces al año (en abril y octubre), el Fondo Monetario Internacional (FMI) publica sus perspectivas económicas globales (WEO), intercalando algunas rectificaciones a lo largo del tiempo, si nuevos eventos o nuevas circunstancias así lo requieren. La más reciente de tales publicaciones es el WEO de octubre 2022, en el que, a través de tres capítulos y cerca de doscientas páginas, se desgrana un análisis detallado de la incierta situación económica que el mundo vive en los momentos actuales.

A pesar de su complejidad, los elementos que definen esa situación mundial quedan, sin embargo, bien priorizados por el FMI en solo tres líneas, que son las primeras de su informe: “La economía global afronta hoy turbulencias procedentes de varios retos. Su tasa de inflación es la más alta experimentada en varias décadas, lo que tensiona las condiciones financieras y económicas en la mayor parte del mundo”.

Con pleno sentido, el FMI sitúa así la inflación en el meollo de sus preocupaciones, y la destaca como centro de gravedad de los restantes problemas económicos: recesión o bajo crecimiento, distorsiones en el empleo, desajustes cambiarios internacionales y deudas inasumibles en muchas partes del mundo. Vale, por tanto, la pena centrar también nuestra atención en el origen, evolución y consecuencias de unas tensiones inflacionarias que, para el FMI y muchos otros organismos, ocupan ahora el centro de las inquietudes de política económica. Solo “los más viejos del lugar” pueden evocar esas tensiones como seña de identidad de un pasado turbulento que creían superado, y que lamentablemente vuelve a manifestarse hoy. Para el resto de la población el fenómeno resulta, cuanto menos, nuevo y sorprendente.

La evolución

Los manuales de Economía definen la inflación como “un proceso de crecimiento sustancial y continuo en el nivel general de precios”. Ciertamente, esos atributos del fenómeno parecen visibles hoy en casi toda la economía global, aunque no resulta sencillo medirlos con exactitud. A falta de otros procedimientos, recurrimos como instrumento de medición más ágil al índice de precios de consumo (IPC), aunque éste, por su propia naturaleza, deja fuera precios tan importantes como los de la construcción, la vivienda y otros muchos activos, entre ellos, los financieros. Obviamente estos últimos precios no pueden considerarse “de consumo”, pero ello no significa que sean irrelevantes a la hora de analizar la inflación.

De cualquier modo, y aunque marginen mercados importantes, las variaciones anuales del IPC (8,5% en el último dato sobre España) son el instrumento más a mano y más aproximado para valorar la tensión de los precios en la sociedad.

Así medido, ¿de dónde procede el actual proceso inflacionario, que parece haberse presentado por sorpresa, tras varias décadas de estabilidad? En versión simplista, cabría afirmar que los precios suben siempre que la demanda agregada exceda de la oferta disponible. Así sucede obvia e irremediablemente en todas las economías de mercado.

En el caso actual –como acertadamente señala el FMI en su informe– la semilla del fenómeno inflacionario ha de buscarse en las medidas aplicadas bajo aquella sensación de desconcierto político que el COVID-19 provocó desde febrero de 2020. Todos, o la gran mayoría de los gobiernos, afrontaron la dramática situación mediante un gasto social ilimitado, que provocó déficits presupuestarios sin precedentes, financiados, a su vez, por grandes emisiones de deuda pública. Por su parte, todos, o la gran mayoría de los bancos centrales se creyeron en la obligación de comprar esas emisiones (bonos) del gobierno, generando así una fuerte burbuja de liquidez global. Llovía además sobre mojado, puesto que déficit, deuda y burbuja de liquidez permanecían latentes en el sistema desde la crisis financiera de 2008. Nunca, en tiempo de paz, la “máquina de fabricar dinero” había funcionado con tanta intensidad y de modo tan general, para apoyar un gasto público también desmedido.

Como era de esperar, la demanda agregada se recuperó con vigor una vez superadas las tensiones del COVID. Se presentaron, sin embargo, cuellos de botella importantes en la oferta de productos energéticos, minería, materias primas o semielaboradas, bienes intermedios, algunos sectores de alimentación y capacidades de transporte. Descubrimos entonces que, para cualquier gobierno, es mucho más fácil estimular la demanda agregada que reactivar de forma inmediata la producción y el suministro de bienes y servicios. Las condiciones propias para una fuerte tensión inflacionista (exceso de demanda sobre oferta) estaban, pues, enteramente servidas a finales de 2021, antes de que Vladímir Putin tomara la penosa decisión de invadir Ucrania y agravar con ello todos los problemas, especialmente aquellos relacionados con cuellos de botella en sectores tan básicos como la energía, los fertilizantes y los de alimentación no elaborada.

Problemas

Todos conocemos, experimentamos y padecemos los efectos de la inflación. Pero dentro de la gran variedad de distorsiones sociales, económicas y políticas que el fenómeno plantea, cabe destacar algunos órdenes de preocupación, que quizá no siempre hayan sido debidamente valorados.

El primero de ellos se refiere a las expectativas que el fenómeno genera y que convierten a la inflación en un proceso de espirales alcistas. Cuando en la sociedad se instala una “cultura de inflación” (como posiblemente haya ocurrido ya) son muchos y diversos los mecanismos de auto-alimentación de los precios, casi siempre imparables a corto plazo

Quizá el más importante de esos mecanismos autopropulsados sea la toma de conciencia de que la inflación es un impuesto virtual que penaliza las tenencias de dinero líquido en hogares y empresas. Tal “impuesto” puede súbitamente desinflar la burbuja de liquidez creada por los bancos centrales a través de sus compras masivas de deuda pública, herencia del COVID. En nuestro caso, puede que lo haya hecho ya. Si así fuera, nada tendría de extraño que las reservas líquidas acumuladas por empresas y particulares se estén volcando en aumentar la demanda (y los precios) de bienes y servicios. Es mejor comprar hoy lo que –se piensa– podría ser más caro mañana.

Junto a ese fenómeno, aparece una lógica inquietud entre los trabajadores por cuenta ajena cuyos salarios nominales hayan experimentado un ascenso inferior al de los precios, es decir, casi todos ellos. Las exigencias de mantener el poder adquisitivo de sus retribuciones (“salarios reales”) son, sin duda, razonables, pero los efectos de esa actitud se manifiestan siempre en una conocida espiral alcista de precios-salarios, que supone un serio obstáculo para restablecer un ambiente de estabilidad.

Esa espiral de precios-salarios distorsiona gravemente las economías, pero, en contra de lo esperable, no suele producir todo el desempleo que de esas mismas distorsiones cabría deducir. Rara vez los sindicatos obtienen alzas salariales tan altas como la tasa de incremento en el IPC, lo que supone una reducción neta de sus retribuciones efectivas. En ese contexto de caída en los salarios reales, la demanda de servicios laborales, por parte de empresas e instituciones, alcanza niveles aceptables y el empleo se mantiene, aunque la depresión de los salarios sea generadora de creciente malestar social. De nuevo las experiencias históricas parecen demostrar que, bajo inflación, las altas tasas de empleo no disminuyen las tensiones laborales.

Hay más factores de auto-propulsión, no siempre destacados: los precios no suben en la misma proporción en distintos países y tampoco sus respectivos bancos centrales aplican el mismo rigor (subidas de tipos de interés) en su lucha contra la inflación. Esa diversidad de condiciones financieras introduce perturbaciones en los mercados de divisas, alterando el tipo de cambio (valor relativo) de las distintas monedas. Así, aquellas economías o zonas cuya moneda resulte depreciada, como les ocurre hoy al euro y a la libra esterlina, sufren por esa vía impactos alcistas en los precios internos, que vienen a añadirse como una mecanismo adicional de auto-alimentación en el proceso inflacionario.

Más allá de estos desarrollos en espiral, otro orden de preocupaciones, no siempre bien valoradas, se refiere a los efectos fuertemente negativos que la inflación ejerce sobre la distribución de rentas y patrimonios. Empíricamente puede comprobarse que existe un alto grado de correlación entre las altas tasas de inflación y el empeoramiento del llamado “coeficiente de Gini”, en el que los economistas basan su medición de las desigualdades sociales de patrimonio y renta.

De hecho, la inflación es una máquina de generar pobreza y, en consecuencia, la mayor fuente conocida de desigualdades sociales. Así se ha demostrado, una y otra vez, en aquellos países de África y América Latina que históricamente han pretendido basar su desarrollo en mero gasto público y generación artificial de liquidez. En la historia de Europa tenemos el ejemplo, aún más dramático, de la hiperinflación alemana, cuyo centenario se cumple precisamente en esta década. La ruina de las clases medias y trabajadoras, provocada por aquel lamentable fenómeno inflacionario, supuso un vuelco brutal en la distribución de rentas y explica, mejor que cualquier otra hipótesis, la sorprendente toma de poder por parte del nacional-socialismo, a través de unas elecciones democráticas cuyo penoso resultado solo resulta explicable en el entorno de fuerte distorsión social originado, pocos años antes, por la hiperinflación alemana.

En última instancia, resulta sorprendente que los mismos gobiernos que han provocado una inflación generadora de pobreza se esfuercen después en buscar mecanismos que alivien su coste para los sectores de población más desfavorecidos. La mejor forma de ayudar a esos colectivos de miseria (quizá la única efectiva) habría sido no generar inflación o, cuando el fenómeno haya tenido lugar, esforzarse por aplicar lo antes posible aquellas políticas que detengan la tensión inflacionaria. Solo en un entorno de estabilidad de precios cabe arbitrar medidas que reduzcan las desigualdades sociales de modo efectivo.

Todos los factores anteriores, y algunos más, sugieren que las alarmas sociales y políticas deberían sonar con fuerza en las primeras manifestaciones de precios al alza. Tolerar la inflación ab initio o no embridarla a tiempo equivale, con frecuencia, a soltar un caballo indomable en la economía global, única “cacharrería” de la que disponemos.

Juan José Toribio
Profesor Emérito de IESE Business School
Ex-Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional

Jueces y democracia

Publicamos este artículo de Gabriel Le Senne, abogado, publicado en Centro Diego de Covarrubias:

Un sistema auténticamente democrático se caracteriza por que las decisiones que puede adoptar el poder tienen límites. La mayoría no está legitimada para imponer cualquier cosa. Deben respetarse siempre los derechos de las minorías. Incluyendo a la minoría más pequeña: el individuo (Ayn Rand). Si no se respetan los derechos individuales, no hay democracia. De lo contrario, la mitad más uno podría decidir, por ejemplo, matar o robar a alguien. Pero eso no sería democracia, sino la tiranía de la mayoría.

Por eso la democracia puede acabarse, quedando sólo una fachada, sobre todo cuando los límites que debe respetar el poder dejan de ser percibidos claramente por la ciudadanía. La democracia es el mejor sistema político que tenemos (el menos malo, en palabras de Churchill), porque las alternativas son peores, pero en cualquier momento puede degenerar, como ya sabían los griegos: la democracia puede degenerar en demagogia.

Y por ello es esencial evitar la concentración de poder, estableciendo una verdadera separación de poderes y contrapesos adecuados para controlar el poder en manos de una sola persona o institución: checks and balances, en expresión anglosajona. Para ello es esencial, entre otras cosas, el concepto de Estado de derecho o imperio de la ley: la ley se aprueba por los procedimientos legalmente establecidos, y una vez aprobada, se aplica por jueces independientes, siendo igual para todos. La ley impide la arbitrariedad del poder, pero para ello los jueces deben poder juzgar libremente. Si los jueces son subordinados del gobierno, ya no podrán controlarle.

Hitler llegó democráticamente al poder. Chávez también. Como muchos otros. Es muy fácil, una vez alcanzado el poder, manipular al pueblo mientras se desmantela disimuladamente -o no tanto- el sistema democrático, eliminando todos los obstáculos que molesten al gobernante, que se convierte así en dictador, en tirano.

Por eso tras la experiencia alemana muchas constituciones, como la nuestra, introducen cláusulas de seguridad contra casos semejantes. Por eso para modificar ciertas partes vitales de la Constitución Española de 1978, se establece un procedimiento reforzado (art. 168 CE): la reforma debe aprobarse por mayoría de dos tercios de cada cámara, que a continuación se disuelven, se celebran nuevas elecciones, y la reforma debe ser aprobada de nuevo por los dos tercios de las nuevas cámaras. Finalmente, la reforma se somete a referéndum para su ratificación.

Sin embargo, es posible modificar la Constitución por la parte de atrás, sin tener las mayorías requeridas: teniendo bajo control al Tribunal Constitucional, órgano político encargado de interpretar la Constitución y anular las normas que considere inconstitucionales. Hasta la fecha, nos ha venido dando una de cal y otra de arena. Por ejemplo, declaró inconstitucionales los estados de alarma de la pandemia, pero lo hizo cuando ya no importaba demasiado. O ha guardado en un cajón durante 12 años el recurso contra la ley del aborto. Si un Constitucional ‘conservador’ ha sido capaz de esto, qué no hará uno ‘progresista’.

Sin separación de poderes, la mayoría no tendrá freno para vaciar de contenido la Constitución y pisotear los derechos individuales cuando le plazca. Más aún, puesto que los jueces forman parte de las juntas electorales, podría significar hasta el fin de la posibilidad de celebrar elecciones democráticas, pues los jueces puestos por el Gobierno resolverían cualquier incidencia electoral. Por todo ello es deseable que, en lugar de repartirse las sillas, los políticos establezcan un sistema acorde a la Constitución que garantice la independencia del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Y es responsabilidad de los ciudadanos obligarles, retirándoles el voto en caso contrario. O de democracia, nos quedará la fachada.

Gabriel Le Senne

El poder no quiere que se hable del bien o del mal, prefiere ciudadanos maleables

Reproducimos este artículo del Doctor Cabrera por su interés:

osé Cabrera habla de la desesperanza en los jóvenes que se suicidan, y de la importancia de la fe en la sociedad de hoy

José Cabrera, más conocido como «el doctor Cabrera», es uno de los psiquiatras más populares de la televisión en España. Con sus vastos conocimientos, y esa forma amena de participar en los programas, reúne a un ejército de seguidores. El pasado mes de abril sufrió una de las mayores tragedias de su vida. Su mujer murió atragantada en un restaurante.

Para hablar de su dilatada experiencia analizando la mente humana, del sufrimiento de los jóvenes que se suicidan actualmente y, sobre todo, del valor de la fe para vivir y, también, para morir, ha concedido una entrevista al canal de YouTube Refugio Zavala TV

La época de la nada

«Yo he sido católico toda la vida. No tengo una fe total. Soy un hombre de poca fe, pero la poca que tengo, que me la dio mi madre, la voy a defender«, explica el psiquiatra forense. Para Cabrera, creer es lo más importante. «Es lo único que tengo a lo que agarrarme. Cuando uno va a morir no queda otra película. No valen otras historias. Que si la materia… que si el Universo…, la casualidad…, todo eso son paparruchas», asegura. 

El doctor afirma en la entrevista que la falta de fe es uno de los principales problemas de esta época. «Decía Chesterton que cuando no se cree en Dios, se acaba creyendo en cualquier cosa. Ese es el problema actual, es la época de la nada. Como no creen en nada, pues no hay nada. ¿La nada qué es? Es el vacío, el caos… A mí, la nada, no me llena. Si a alguien le llena, que lo explique», comenta.  

Para Cabrera, además, la fe trae consigo la felicidad. «Yo creo que la felicidad es la paz con uno mismo, aquello que se tiene cuando uno se va a morir… esa paz que hay en los monasterios. Ese tipo de paz va unida a una creencia trascendente, aunque lo cierto es que hay gente que no tiene creencias, o dicen no creer tenerlas, y viven aceptablemente felices», señala. 

La fe no se demuestra

Y, añade, que el amor también es una pieza fundamental de la fe. «Las cosas se quedan, mientras nosotros nos vamos. Lo que llena es el sentimiento, la emoción, y eso no lo tienes porque tengas un coche mejor. Te emocionas porque tienes una mujer que te quiere o un vecino que se lleva bien contigo. La emoción la veo siempre ligada a lo que no se puede comprar con dinero», apunta Cabrera.

Para el psiquiatra forense, la sociedad actual vive en «la época de la nada». 

El doctor asegura que para creer no se necesitan explicaciones científicas. «La fe no hay que demostrarla, lo que hay que demostrar es si el átomo existe. La fe no tengo que demostrársela a nadie, tengo que sentirla«, explica. En este punto habla sobre la importancia de la fe cuando llegan los últimos momentos. «Mi madre suspiró creyendo, y eso es brutal. Aunque sea algo cínico, si la religión fuera un invento, solo por confortarte en el momento de la muerte, ya merecería la pena«, relata. 

Para Cabrera, la fe, en ocasiones, se escribe en minúsculas. «Nos pasamos el día entero haciendo actos de fe. Crees en tu marido, en tu mujer, crees que vas a cruzar la calle y no te van a atropellar… la vida es fe en minúsculas, y, también, en mayúsculas», apunta. 

Ciudadanos maleables

El psiquiatra da las claves de por qué el cristianismo suele ser atacado. «Molesta que los cristianos tengan los valores nucleares para luchar contra la injusticia. El poder político lo único que tiene es poder, pero, un poder sobre las cosas. Al político de turno le molesta que haya una religión que diga: ‘Aquí está el bien, y aquí el mal’. Si al ciudadano no le dejas ver dónde está el bien y el mal, tendrás un ciudadano maleable, ideal para votar», explica.

En este sentido, la familia es otra de las mayores «amenazas» para el Estado. «La familia es un peligro para el poder político, si la familia está fuerte, el poder político se diluye. Los políticos lo saben y dicen vamos a cargarnos a la familia. Nadie quiere la responsabilidad, y el amor es responsabilidad. El hombre es libre en la medida en la que ama, y es esclavo en la medida en la que dependa de lo que no puede amar», relata Cabrera.

«Si la familia está fuerte, el poder político se diluye», comenta el doctor Cabrera.

El doctor añade que solo el cristianismo puede liberar al hombre de sus ataduras. «¿Qué religión hay en el mundo en la que su propio Dios llegue y se crucifique? El amor nos hace libres, y no interesa que la gente sea libre. Si no amamos, viviremos cogidos a nuestras cadenas», asegura el psiquiatra.

El virus de la desesperanza

El experto en la mente humana también se refiere a uno de los peores males que aqueja actualmente a la sociedad. «La segunda causa de muerte de los adolescentes es el suicidio, en los países occidentales, porque en Somalia se suicida muy poca gente. En los países desarrollados tenemos todo y no tenemos nada. Al joven le gusta mucho chulearse con su cochecito… Hay una falta de ilusión que va ligada a no creer en nada», apunta. 

En este punto, asegura que su experiencia le demuestra que la causa de este fenómeno es la desesperanza. «La gente se piensa que cuando alguien se suicida es que está enferma, pero no es así, es por desesperanza. No hay luz, no hay camino, y, entonces, ¿qué me queda?, ¿vivir solo para las cosas? Sin ilusión no se puede vivir», explica.

Para el doctor, la clave de todo es conocer el por qué se vive. «El sentido de la vida es lo que da la chispa a la persona. Sin sentido de la vida se sobrevive, en un Mercedes, pero sobrevive. Vivir es otra historia, y lo puede hacer gente sencilla, sin dinero, que juega al dominó por las tardes», comenta.

https://www.youtube.com/embed/MgdYmzDbXUc Para concluir, el doctor Cabrera hace mención a otro de los principales males de la sociedad. «La droga es el disolvente universal. Disuelve a la persona, a la pareja, a la familia y a la sociedad. Los hombres se drogan y los Estados se fortalecen. Es mejor una persona drogada, que no sabe ni lo que va a votar, que el tío que tiene cabeza y sabe lo que hay que hacer», asegura el psiquiatra. 

Aquí puedes ver la charla completa con el doctor Cabrera

Derechos Humanos

¿Existen los derechos humanos antes de que sean reconocidos por las leyes? ¿La proliferación de nuevos derechos puede suponer una devaluación del derecho?  ¿Debe Occidente exportar su visión de los derechos humanos al resto del mundo? ¿Están las redes sociales limitando los derechos de los usuarios?

Para jóvenes interesados en estas cuestiones y que quieren formar parte del debate, recomendamos este Fórum en el Círculo de Bellas Artes, Madrid:

La irracionalidad del materialismo: «Para ser ateo hoy, hay que creer en cosas bastante rebuscadas»

¿Tiene nuestro Universo una causa y, si es así, cuál es? Basándose en los grandes avances científicos del siglo XX, Olivier Bonnassies y Michel-Yves Bolloré aportan una rica obra, Dios, la ciencia, las pruebas, de la que se desprende que es más razonable creer que la causa de todo es necesariamente trascendente y que los incrédulos son mucho menos racionales de lo que creen. Reproducimos esta entrevista de Mickaël Fonton en Valeurs Actuelles:

Michel-Yves Bolloré (a la izquierda de la foto) y Olivier Bonnassies durante una de las numerosas entrevistas a las que ha dado lugar su libro, que puede verse en primer término: ‘Dios, la ciencia, las pruebas’

-¿Qué les impulsó a escribir este libro tan extenso? ¿Hubo algún desencadenante?

-Olivier Bonnassies: Cuando tenía 20 años, estaba en la École Polytechnique y no era creyente. Después, creé una empresa que iba bastante bien, pero pronto empecé a preguntarme para qué servía todo aquello. Me hice las grandes preguntas: ¿cuál es el sentido de la vida? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Pensé que no había respuestas a estas preguntas.

»Pero un día encontré un libro de Jean Daujat, un brillante normalien [ex alumno de la selectiva Escuela Normal Superior] titulado ¿Existe la verdad? y me sorprendió ver que había serias razones para creer en la existencia de Dios. Seguí estudiando el tema y salí convencido. Entonces me comprometí a cursar cuatro años de teología y, en los años siguientes, decidí dedicarme sólo a proyectos que tuvieran sentido. Así fue como conocí a Michel-Yves, que colaboró en dos de ellos.

»En 2013, hice una presentación sobre la existencia de Dios y las razones cristianas para creer en Él a una clase de filosofía de último curso de secundaria, donde estaban mis hijas. Me grabaron: el resultado fue un vídeo, Démonstration de l’existence de Dieu et raisons de croire chrétiennes [Demostración de la existencia de Dios y razones cristianas para creer], que tiene 1,7 millones de visitas en YouTube.

https://www.youtube.com/embed/YmAMijn00w0 »Michel-Yves lo vio, e inmediatamente me envió un correo electrónico para decirme que era muy bueno, pero que podíamos hacerlo mucho mejor en este tema al que llevaba treinta años dándole vueltas. Así fue como iniciamos nuestra colaboración y nos pusimos a trabajar. Contamos con el apoyo de una veintena de especialistas para que este panorama tan variado de las pruebas de la existencia de Dios fuera perfectamente preciso y estuviera documentado. Me alegra ver que el asombro que sentí cuando tenía 20 años es compartido ahora por un gran número de lectores.

-¿Cuáles son los objetivos que se persiguen? ¿Recuperar la fe (y cuál)? ¿Combatir el materialismo, el cientificismo?

-Michel-Yves Bolloré: ¡No, claro que no! Nuestro libro sólo trata una cuestión: la de la existencia o no de un Dios creador. Dios creador, definido al menos como un ser trascendente a nuestro Universo, no temporal, no espacial y no material. Este libro es una investigación sobre una docena de áreas independientes, trata del mundo real, en todos sus aspectos, y se limita deliberadamente a ese tema.

»No busca saber quién es, si se ha revelado y cómo vivir con Él, sino sólo de evaluar la probabilidad de su existencia. Para ello, el libro se apoya exclusivamente en la racionalidad. Pone sobre la mesa toda una serie de pruebas procedentes de diferentes campos independientes, evaluando, para cada una de ellas, su fuerza. Al final de este viaje racional, cada lector juzgará y se formará su propia opinión.

»Por nuestra parte, como autores, no ocultamos que la conclusión es que el materialismo se ha convertido en una creencia irracional. Ahora existe un conjunto de pruebas convergentes, racionales, sólidas e independientes que permiten afirmar con casi total certeza que un Dios creador es absolutamente necesario para explicar el mundo

-Hay muchos libros sobre el no siempre obvio matrimonio entre la fe y la razón. ¿Sentían que había una carencia?

-OB: En primer lugar, nuestro libro no trata de la fe, sino de la cuestión de la existencia de Dios, y sí, un libro como el nuestro no existía. Hay muchos libros que tratan este tema desde el punto de vista de la cosmología, otros desde el punto de vista de la filosofía, otros desde el punto de vista de la historia, pero no hay ninguno en el que se tengan en cuenta simultáneamente estos diversos campos del conocimiento, lo cual, sin embargo, es algo lógico y natural. Finalmente, como el libro que nos hubiera gustado leer no existía, ¡tuvimos que escribirlo! Queríamos que fuera preciso, exacto y accesible. En otras palabras, debe ser accesible a todos los que se plantean esta pregunta y, por tanto, a un público muy amplio. Esto significaba escribir un texto fácil de leer, utilizar analogías e imágenes y remitir las cuestiones más técnicas a las notas a pie de página.

»En su primera parte, contamos la apasionante historia del increíble giro de la ciencia en el siglo XX, con relatos de importantes descubrimientos científicos que han tenido grandes consecuencias metafísicas. Esta obra proporciona a todos los que deseen reflexionar sobre la cuestión de la existencia de Dios los conocimientos más recientes y precisos sobre este tema. Después de más de tres años de trabajo, ahora sabemos por qué no existía este libro: ¡es porque reunir todo este conocimiento en un volumen es un trabajo hercúleo!

-El libro ha sido un éxito, ¿cómo lo interpretan? ¿Necesidad de ciencia, la necesidad de sentido, la necesidad de debate?

-MYB: Sí, el libro ha vendido ya 180.000 ejemplares. Un vídeo de una de nuestras entrevistas en Beur FM ha sido visto más de un millón de veces en el mundo musulmán francés, fuimos portada de una revista israelí, dimos una conferencia en Créteil ante 1.100 entusiastas protestantes evangélicos y otra ante 500 masones. Ahora nos damos cuenta de que la cuestión de la existencia de Dios, en última instancia, afecta tanto más a las personas cuanto más crece la incredulidad.

https://www.youtube.com/embed/bJ0Bh9_8GuI »Más de la mitad de los franceses ya no creen en la existencia de Dios. Esta división, a menudo dolorosa, no es geográfica. Se extiende por las familias, se manifiesta en el ámbito profesional y en muchos otros sectores de la sociedad. La gente tiene ganas de saber más y de ilustrarse, pero los medios de comunicación, quizá por miedo a ser criticados, no se atreven a abordar el tema. Por lo tanto, la publicación de nuestro libro ha respondido innegablemente a una expectativa, da respuesta a una inquietud.

»Además, por diversas razones, mucha gente creía que la cuestión de la existencia de Dios no era demostrable y, por tanto, inútil, pero gracias a los recientes descubrimientos científicos, esto ya no es así en absoluto: esto es lo que hemos querido dar a conocer a un amplio público. Desde este punto de vista, vivimos tiempos extraordinarios. Por último, y esto es esencial, nuestro libro no habla de religión, salvo incidentalmente, y por eso puede interesar a todo el mundo.

-¿Qué reacciones -positivas o negativas- les han parecido dignas de mención, y por qué?

-OB: Hemos tenido muchas reacciones positivas por parte de destacados científicos, intelectuales y creyentes, una acogida interesada por parte de los medios de comunicación y la prensa, y sobre todo reacciones maravillosas de los lectores: las recibimos todos los días… También ha habido críticas sobre el fondo, pero no han sido muy fuertes. Propusimos sistemáticamente debates a los autores que criticaban nuestro planteamiento, pero la mayoría de ellos declinaron y los que aceptaron se encontraron con dificultades simplemente porque el caso de la existencia de Dios es muy fuerte en sí mismo.

»Nos hemos dado cuenta de que la palabra «prueba» se ha malinterpretado a menudo como si pretendiéramos ser capaces de proporcionar una demostración absoluta de la existencia de Dios. En realidad, si uno abre un diccionario, puede ver que, en el mundo real, una «prueba» no es una demostración matemática, sino un elemento material o intelectual que contribuye a acreditar o refutar una tesis.

»También se ha repetido con frecuencia la afirmación perfectamente gratuita de que la ciencia no puede decir nada sobre Dios. Pero esto es completamente inexacto: la ciencia no puede decir quién es Dios, pero puede pronunciarse perfectamente sobre la necesidad de su existencia. La existencia de Dios o su inexistencia son, de hecho, dos tesis opuestas que tienen implicaciones observables en el mundo real y que pueden discutirse hoy en día. Una es que si Dios no existe, el universo no puede haber tenido un comienzo absoluto. Esta implicación obvia fue durante mucho tiempo inútil, pero en el último medio siglo se ha convertido en una pregunta habitual para los científicos.

-Hay una cita atribuida al físico Heisenberg que básicamente dice que el primer sorbo del vaso de la ciencia natural puede convertirte en ateo, pero que en el fondo del vaso te espera Dios. ¿Es eso lo que han querido mostrar, especialmente con lo que han denominado «el gran giro»?

-OB: Sí, eso es un poco. Es como si viviéramos el conocido adagio de Francis Bacon: «Un poco de ciencia nos aleja de Dios, pero mucha nos devuelve a Él». Desde el Renacimiento hasta hoy, parece que este adagio es perfectamente cierto: un poco de ciencia nos alejó de Dios, pero ahora mucha ciencia nos está devolviendo… 

-¿Qué avances científicos, qué objetos de conocimiento, le han parecido más llamativos, más decisivos, en este gran giro?

-MYB: La ciencia moderna ha descubierto dos cosas que nadie sospechaba hace apenas cien años: que hubo con toda seguridad un principio absoluto del tiempo, el espacio y la materia, y un ajuste increíblemente fino de los parámetros iniciales del Universo, así como de las leyes de la física y la biología.

»Estas dos conclusiones no se basan en razonamientos aislados y frágiles, sino en la convergencia de diferentes disciplinas independientes. La idea de que el tiempo infinito en el pasado es imposible es, por ejemplo, una conclusión de la racionalidad de las matemáticas, la termodinámica y la cosmología, con el muy sólido teorema de Borde-Guth-Vilenkin, siendo el Big Bang sólo una buena ilustración.

»Así, si el tiempo, el espacio y la materia, que están vinculados, tuvieron con toda seguridad un comienzo absoluto, entonces hay necesariamente, en el origen de este surgimiento, una causa que es por definición no material, no espacial, no temporal y, por tanto, trascendente a nuestro Universo. 

-En cuanto al Big Bang, parece que el sacerdote Georges Lemaître trató de convencer al Papa de la época, Pío XII, de que era mejor no considerar que tal teoría tuviese algo que ver con el «fiat lux [hágase la luz]» del Génesis, que los objetos eran de distinta naturaleza y que, en definitiva, la ciencia y la religión no tenían nada que aportarse mutuamente. ¿Qué opinan?

-OB: Es un grave anacronismo utilizar la cautela que Georges Lemaître empleó en 1951 con Pío XII tras el gran discurso de éste, porque en aquella época su teoría del «átomo primitivo» no era más que una teoría entre otras, abrumadoramente rechazada por la comunidad científica de la época y archivada. No fue hasta 1965 cuando se confirmó de forma tan brillante como inesperada.

Georges Lemaître, junto a Albert Einstein en un encuentro en California en 1933

»Además, como Lemaître era sacerdote y miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias, Einstein y sus adversarios le acusaron de «física sacerdotal» y de impulsar un «concordismo» para atenerse al Génesis y a la idea de una creación ex nihilo [de la nada], tal como aparece en la Biblia. De todo ello tuvo que defenderse continuamente para no ser marginado científicamente. Pío XII murió en 1958, antes de la confirmación del Big Bang de 1965, poco después de la muerte de Lemaître. Nadie sabe qué le habría dicho Lemaître a Pío XII si ambos hubieran estado vivos después de esta extraordinaria confirmación. 

-Después de haber puesto ante los ojos del lector el carácter verdaderamente asombroso y absolutamente inimaginable de la vida, de lo que existe, del «algo más que nada», ¿por qué no dejarlo así? ¿Por qué decir: «Por tanto, existe un Dios creador»?

-MYB: Nuestra investigación es en áreas separadas e independientes cuyas conclusiones convergentes llevan al lector a creer que la tesis más razonable es la de la existencia de Dios.

»En cuanto a la transición de lo inerte a lo vivo, el análisis de los conocimientos actuales socava la hipótesis del simple azar, y sólo puede resolverse suponiendo la existencia de otras sintonías finas, aún desconocidas hasta hoy.

»El «ajuste fino» del Universo y sus leyes es una verdad que nadie imaginaba hace sesenta años, pero que nadie discute hoy. Esto sólo tiene dos explicaciones posibles: la más natural y sencilla es concluir que existe un Dios creador, ya que Einstein dijo que «todos los que se dedican a la ciencia acabarán por descubrir que un espíritu, inmensamente superior al del hombre, se manifiesta en las leyes del Universo».

»Si se rechaza la idea de Dios y se busca una explicación alternativa, hay que creer necesariamente que estas configuraciones provienen del azar, lo que sólo tiene sentido si existe un número cuasi infinito de universos generados por una máquina bien regulada que tendría el poder de cambiar metódicamente los parámetros en un rango adecuado. Por lo tanto, para ser ateo hoy en día, hay que creer necesariamente en algunas cosas bastante rebuscadas… Por eso la palabra «incrédulo» ya no es apropiada, en el contexto actual del conocimiento científico.

»De hecho, hoy en día, el ateo debe creer muchas cosas increíbles. Tiene que creer que el universo es eterno y que nunca tuvo un principio, cuando todo parece indicar lo contrario. También debe creer que hay un número infinito de universos, ¡de los que no hay ni un solo rastro!

»A muchos incrédulos les gusta repetir que son como Santo Tomás, que sólo creen en lo que ven. No se dan cuenta de su propia incoherencia, ya que necesariamente creen en multiversos que nadie ha visto. Karl Popper, el gran filósofo de la ciencia del siglo XX, decía que para que una tesis sea científica, debe ser refutable. Según este criterio, está claro que la teoría del multiverso no puede ser una teoría científica. 

-¿No es el misterio, en sentido estricto, más religioso que la demostración? ¿Qué valor puede tener una fe en un Dios cuya existencia está demostrada, y por tanto se nos impone? ¿Qué quedaría entonces de la libertad del hombre?

-OB: De nuevo, nuestro libro no trata de la fe, ni de la religión -que consiste en decir quién es Dios-, sino sólo de la cuestión limitada de la existencia de Dios desde el punto de vista del conocimiento por la razón. La fe es un enfoque muy diferente, ya que es un acto de adhesión de la voluntad. Este acto sí tiene una base de conocimiento, pero es de un orden completamente diferente. Por último, podemos añadir que el hecho de que la razón afirme que Dios existe es importante, pero insuficiente.

-¿No estamos asistiendo a la creación paradójica de un Dios materialista, que sería una especie de victoria de un materialismo que está a punto de rendirse, es decir, de reconocer su incapacidad para resolverlo todo?

-MYB: No, en absoluto. La conclusión de nuestro libro es que el materialismo es hoy una creencia irracional. Pero llegar a esta conclusión no es nada nuevo. Era ya la conclusión del libro de la Sabiduría en la Biblia (Sab 13,1-8), la de San Pablo (Rom 1,20) y la de Santo Tomás: «Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 36).

»A partir de esta base, surgen otras preguntas importantes: ¿Quién es Dios? ¿Se ha revelado? ¿Cómo podemos vivir con Él? Demostrar que hay pruebas de la existencia de Dios no significa la muerte de las religiones: al contrario, las fortalece. Esto no implica una victoria del materialismo.

-La frase es un poco provocadora, pero ¿no creen que decir algo así como «Dios empezó fijando el valor de la interacción fuerte, o la carga del electrón, y después habló a Abraham, a Moisés, y luego envió a su Hijo a la tierra» parece estar utilizando dos lenguajes (realmente demasiado) distintos? ¿O creen que estos lenguajes coinciden, que están destinados a fusionarse?

-OB: La Biblia presenta a Dios como el «Artesano» (Sab 13,1) que ha elaborado todo «con medida, número y peso» (Sab 11,20), como el hacedor del universo, el ingeniero que lo diseñó. Por supuesto, no es sólo eso, pero no hay nada degradante en decir que también es eso: evidentemente se puede mirar la misma realidad desde distintos ángulos. La Biblia insiste en que el Dios que creó el universo es absolutamente el mismo que se reveló a Abraham, Isaac y Jacob.

Una reina sólida en una sociedad líquida. 

Reproducimos este artículo del Diario de Navarra por Pablo Pérez López, Catedrático de Historia Contemporánea:

Isabel II de Inglaterra ha sido un personaje doblemente real. Primero, porque ha sido regia, por oficio y desempeño. Segundo, porque ha conseguido mantenerse como realmente era, consistente, a pesar de vivir tiempos en que los personajes públicos han sido suplantados por su imagen a base de vivir para ella. Su coronación fue la primera televisada en la historia, pero ella no vivió para la televisión ni para los medios. Tuvo la suerte de poder permitírselo porque encarnaba una institución, la Corona, dotada de una estabilidad arraigada en la historia en un país amante de su historia y tradiciones.

Quizá por eso ha fascinado tanto a los medios, que le han prestado siempre atención, y también al mundo del audiovisual, que le ha dedicado obras memorables. Era tan real que había que recurrir a la ficción para tratar de entenderla. Y, con todo, ninguna de esas ficciones consiguió desviarla de su manera de ser y de entender su tarea.

Quizá por eso, por ser tan estable en tiempos de disolución, ha sido tan popular en ámbitos muy diversos. Por cierto, que la disolución política fue una de las tareas que hubo de abordar con frecuencia. Ha sido la reina de la liquidación del imperio británico, y ha sabido serlo con tal entereza que el reino ha permanecido vivo y estable a través de todo el proceso, al mismo tiempo que conseguía mantener una asociación de antiguas colonias, la Commonwealth, gracias a la intangible atracción ejercida por el estilo británico que ella en buena medida encarnaba. Su entereza ha tenido el mérito de transmitir un mensaje de estabilidad a un país que ha pasado de recelar de los referéndums a celebrar dos durante su reinado para aprobar cosas opuestas, como el ingreso y la salida de la Unión Europea.

Ha sido una mujer moderada en tiempo de excesos. Su considerable fortuna personal no fue nunca para ella ocasión de extravagancias ni de alardes, en un mundo en que los excesos de los ricos y famosos competían en estridencia. Si a su alrededor no han faltado escándalos, ella no ha sido ocasión de ninguno.

Ha sido también una figura eminentemente familiar en una era de creciente individualismo que pone a prueba las familias. La suya es, ciertamente, muy especial, pero no por eso menos humana. Y ha debido lidiar con dificultades no pequeñas para mantenerla estable y unida, cambiante y al mismo tiempo fiel a su misión. Es otro de los elementos que han contribuido a su popularidad al unir a su misión política el carácter de representación simbólica de las familias británicas. La difícil historia familiar de su sucesor, el hoy rey Carlos de Inglaterra, no augura un tiempo fácil para la continuidad de la institución precisamente por la diferencia entre su trayectoria y la de su madre.

Isabel II se ha mostrado también como alguien fiel en medio de la exaltación de la veleidad. Ese, quizá, ha sido uno de sus aciertos mayores. Esa lealtad a sí misma y a lo que representan los suyos, unida a su larga continuidad temporal, han conseguido hacer de su figura una institución que rebasaba las fronteras británicas y la convertían en símbolo de una época. Con frecuencia, de lo mejor de una época.

Ha sido también una reina con sentido trascendente en medio de una atmósfera de secularización y desencanto. Y lo ha sido con tal naturalidad que nadie ha querido o se ha atrevido impugnar su actitud y sus creencias. Hasta las burlas parecían engrandecerla, reflejando así uno de los atributos más característicos de la divinidad. Quizá por eso ha sido también resistente a los desaires y a las desgracias. Ha conseguido pasar por encima de ellas con señorío, algo mucho más deseable y grandioso que el empoderamiento.

Como todo ser humano, ha cometido errores y, como los mejores de los nuestros, ha sabido aprender de ellos. Eso la ha hecho extraordinariamente útil en su oficio político: la ha habilitado para convivir con primeros ministros y gobiernos muy distintos, en tiempos fáciles y menos fáciles, y ha sabido estar en su papel arbitral y simbólico, paciente y firme, prestando así un servicio que los políticos y los ciudadanos no han podido sino agradecer.

Se ha mostrado, también, consciente de sus limitaciones. Había cosas que no podía hacer, asuntos que no conseguía encauzar, y se ha plegado a la realidad de los hechos. Eso le confería un cierto aroma de humildad que la hacía atractiva.

Por todo eso, pienso que Isabel II de Inglaterra ha sido para su tiempo una figura de gran solidez, un punto de referencia, una roca. Que esto haya ocurrido en tiempos en que la sociedad perdía firmeza y se hacía cada vez más líquida, ha acentuado el contraste que la ha hecho destacar.