Reproducimos este articulo de Religión en Libertad:
El cardenal George Pell murió inopinadamente el 10 de enero, diez días después de Joseph Ratzinger. Pero tuvo tiempo de escribir una valoración teológica sobre su obra, que ha publicado póstumamente Il Timone en su número de febrero, como parte de un especial sobre el Papa alemán en el que participan, junto a otros colaboradores, siete cardenales además del fallecido: Angelo Bagnasco, Willem Eijk, Gerhard Müller, Mauro Piacenza, Camillo Ruini, Robert Sarah y Matteo Zuppi:
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Un testigo auténtico: teología, liturgia y martirio
Ningún Papa en la historia ha publicado una teología tan elevada sobre tanta variedad de argumentos como el Papa Benedicto XVI.
Otros Papas han hecho contribuciones importantes al desarrollo de la doctrina, como León Magno en el concilio de Calcedonia, o el Papa Juan Pablo II, sobre todo con las dos encíclicas morales Veritatis Splendor y Evangelium Vitae, en las que Joseph Ratzinger, en calidad de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tuvo un papel significativo.
Cuando yo era seminarista en Roma durante el Concilio, Joseph Ratzinger, como peritus, no era muy conocido en mi círculo, ni era considerado especialmente radical. En el mundo anglosajón se dio a conocer sobre todo después de las convulsiones del mayo del 68.
A mediados de los años 60, antes de la crisis del 68, Ratzinger escribió: «Si la Iglesia se adaptara al mundo de cualquier modo que comporte un alejamiento de la cruz, esto no llevaría a una renovación de la Iglesia, sino solo a su muerte». Mientras algunos de los opositores de Ratzinger han cambiado, su marco teológico básico ha permanecido inalterado, sin ningún cambio de ruta, también después del 68. Sus cambios de postura más importantes atañen a la liturgia y la eclesiología.
El tomismo
La actitud de Ratzinger respecto al tomismo se puede considerar opuesta al descrito como tomismo leonino o barroco, que floreció en muchos seminarios antes del Concilio, y también en su oposición a Suárez.
Ciertamente, la mayor parte de los manuales escolásticos escritos en latín que se estudiaban en filosofía en los años 60 en Australia eran áridos, obsoletos, impersonales y mecanicistas.
Fue precisamente ese impersonalismo el que empujó al joven Karol Wojtyla a escribir una tesis sobre el personalismo de Max Scheler y sobre la sensibilidad hacia la experiencia humana en su fenomenología. Casi todos los seminaristas de los años 60 compartían al unísono el escepticismo de Ratzinger respecto al tomismo de los manuales.
https://www.youtube.com/embed/Qqjda3FT5vo Sin embargo, no hay que interpretar su escepticismo de manera tan exasperada, porque Ratzinger, como la mayoría de los católicos, es deudor de Santo Tomás por miles de motivos, sobre todo en el campo de la moral, y no es hostil al tomismo clásico en general o al propio Aquinate.
Relación con el santo de Hipona
Se puede considerar que Joseph Ratzinger-Benedicto XVI tomó de San Agustín su concepción de la centralidad del amor (como demuestra su primera encíclica Deus caritas est) y el vínculo fundamental con la verdad; la convicción de que la fe no puede estar radicalmente separada de la razón; y su devoción de la belleza trascendental en el arte, la música, la literatura y, sobre todo, la liturgia.
Hay quien ha querido contraponer el tomista Juan Pablo II al agustino Benedicto. Se trata de personalidades distintas, con dotes y formaciones diferentes.
Juan Pablo II procedía de una Iglesia que luchó contra el nazismo y el comunismo y que vio a ambos bajarse del escenario de la historia. Estudiaba derecho en la universidad, estuvo obligado a los trabajos forzados, era un líder nato y un poeta, un actor y un optimista. La filosofía y la espiritualidad fueron sus estudios de doctorado.
También el papa Benedicto creció en la fuerza comunitaria de la Baviera católica, pero los católicos alemanes no pudieron impedir el ascenso al poder de Hitler y compartieron los desastres que este causó a su pueblo.
Benedicto es un hombre de honda espiritualidad, de una genuina amabilidad y de una enorme cultura que se desarrolló a través de una vida dedicada al estudio y la escritura. Y sin embargo, la colaboración entre el papa Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger ha sido una de las más brillantes y eficaces de la historia de los Papas y de la Iglesia, pues ambos supieron dialogar con el mundo del saber y se enfrentaron a la cultura de la muerte.
La liturgia y el testimonio
Mucho antes del Concilio, el joven Ratzinger mostró interés en la reforma litúrgica. Muchos se sorprendieron de lo francos y provocadores que fueron sus comentarios sobre algunos aspectos de los desarrollos litúrgicos posconciliares.
Considera que algunas liturgias contemporáneas son formas de apostasía, similares a la adoración del becerro de oro por parte de los judíos. En su opinión, el santo sacrificio de la misa es un acto de culto, no una comida en compañía, por lo que reducir la eucaristía a una exaltación de la comunidad local es una alteración radical de las prioridades obligadas. La verdadera renovación litúrgica ha sido obstaculizada por fuerzas burocráticas filisteas o secularistas.
De cualquier manera, sé que Joseph Ratzinger-Benedicto XVI nunca habría enfatizado mucho la importancia de una determinada teología en la producción de la vitalidad católica, porque en el fondo estaba en línea con el poema Stanislaw, de Juan Pablo II, en el que podemos leer: «Si la palabra no convierte, la sangre lo hará».
Ratzinger siempre indicó que nuestro ideal debe ser el mártir, el testimonio: una vida que coincida con la verdad.
Ya se ve que la segunda acepción de este calificativo puede derivar en un defecto que se atribuye más bien a ellos, los políticos, pero también puede atribuirse a algunos que viven de cara a la galería y tienen la responsabilidad de dirigir una institución cualquiera: hay por desgracia quienes necesitan votos, apoyos, …; en el fondo necesitan no decir toda la verdad para no molestar y congratularse con los gustos de la mayoría aunque sea por el nivel más bajo. Y lo peor en estos casos, a mi entender, es el lavado de cerebro en los oyentes que este lenguaje ocasiona por el desconocimiento de la realidad que esto conlleva, pues quienes tienen que pregonarla, la ocultan. Hemos conocido en el siglo pasado cómo los colectivismos más perniciosos, sea marxismo o nacional-socialismo, los promovieron sólo unos pocos líderes que engatusaron a multitudes: primero con medias verdades y la propaganda, después con la fuerza y la privación de libertad hasta llegar a aberraciones, asesinatos en masa, guerras,… ¿Cómo fue esto posible? Pienso que al comienzo de estas situaciones faltó (entre otras cosas, claro) el contrapunto a la presión de los medios: la conversación directa, clara y amigable de la gente normal, la mayoría, que con un poco de valentía manifestara su oposición, cuando menos, a lo que es contrario a su conciencia. Cada vez veo más necesario que la gente de la calle, nosotros, tengamos un espíritu crítico, no como ocasión de enfrentamiento, sino como ocasión de compartir distintos puntos de vista. Afortunadamente, pienso que con respecto al siglo pasado, sí que hemos ganado en este aspecto a pesar de la presión de los medios de comunicación a que nos vemos sometidos.
El extraordinariamente buen intelectual que responde por el nombre de Francisco José Contreras ha escrito un opúsculo titulado “Diez tesis sobre el aborto”[1]. Me voy a permitir resumirlo en algo más de una página.
Abortar es matar a un ser humano. Como es premeditado, alevoso, practicado con infinita superioridad y ensañamiento y sin dar opción a defensa alguna por parte de la víctima, es un asesinato.
El cigoto (y, con más razón, el embrión y el feto) debe ser considerado un ser humano, pues posee el genoma de la especie a la que pertenece. Es distinto a su padre y a su madre. Es un organismo completo, aunque todavía inmaduro.
Quienes argumentan que el feto carece de volición y por ello se le puede eliminar deberían ser coherentes: según ese argumento, también se podría eliminar al recién nacido, al comatoso, al profundamente dormido, al enfermo de Alzheimer, etc., pues tampoco son autónomos. Y no son coherentes, porque ahí se detiene su argumento. Hasta ahora.
Decir que se puede suprimir sin más a quienes no han desarrollado suficientemente sus capacidades mentales es vulnerar la esencia del ser humano, que no consiste en tener cierta madurez, color de piel o sexo, sino en ser portador del derecho a la vida.
No basta reconocer que el embrión tenga derecho a la vida si a continuación se afirma que es superior el derecho de la madre a negarle el sustento vital que le llega vía placenta. Eso no sería un daño colateral[2], sino una argucia criminal. El feto no es un intruso a quien expulsar.
El feto tiene derecho a la vida desde el momento de la concepción, lo desee su madre o no. El derecho subjetivo no puede prevalecer frente a la realidad objetiva. ¿Qué pasa, que si la madre le quiere es sujeto de derechos y si no le quiere es basura? Grotesco.
Los hay[3] que afirman sin rubor que, como el feto no tiene forma humana suficientemente definida, no es un ser humano.
Esta es buena. El aborto es un mal, de acuerdo, pero como siempre habrá mujeres que intenten abortar, se debe actuar por los dos lados. Ofrecer cantidades de dinero y ayudas sociales por no practicarlo y permitir que se aborte cuando la oferta no sea atractiva para la madre, lo cual ocurrirá raramente[4].
El derecho al aborto no es una conquista feminista. Las feministas clásicas eran enteramente antiabortistas, pues el aborto exoneraba de responsabilidad a los que utilizaban a las mujeres eludiendo la responsabilidad de sus actos. Está claro que tanto la responsabilidad como la decisión sobre la vida de la criatura en camino es cosa de dos[5].
El aborto se prohibirá como se prohibió la esclavitud; porque es un crimen. Los progres creen tener la Historia de su parte, pero el viento ha cambiado y nada nos detendrá hasta su definitiva prohibición, salvo en los casos de evidente riesgo para la madre[6].
De la misma manera que, en 1883, el viento de la Historia cambió en favor de la abolición de la esclavitud (al menos en los países del Occidente cristiano: la esclavitud sigue vigente en países de África y Asia), en 2022 lo ha hecho en contra del aborto. En la reciente sentencia del Tribunal Supremo de los EE. UU. Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, No. 19-1392, 597 U.S. (2022), la corte suprema confirmó que el aborto no es un derecho constitucional.
Termino copiando la última frase del escrito del Doctor Contreras referida a la esclavitud, pero con tantos paralelismos con el aborto: “Nunca desistiremos hasta que […] se haya extinguido toda huella de este tráfico sangriento, del cual la posteridad, cuando vuelva la mirada hacia esta época supuestamente ilustrada, podrá difícilmente creer que persistiera tanto tiempo, para deshonra de nuestro país”.
[2] Obsérvese el término: colateral. Podrían haber dicho “indeseado”. Pero es consecuencia de un acto plenamente voluntario. La vida del feto es un fin en sí mismo. Los abortistas hacen virguerías para justificar sus crímenes.
[3] La norma española vigente lo hace: el feto puede ser eliminado hasta la semana nº14 porque sí. A los legisladores (la categoría intelectual de muchos de ellos es dudosa, cosa que salta a la vista cuando abren la boca, y a veces ni eso) les pareció que un corazón latiendo, rostro formado, cerebro operativo, respuesta a los estímulos, brazos y piernas formados no basta para perdonarle la vida. Miserables.
[4] La experiencia desmiente esta aproximación. Cuando el aborto es legal, se aborta con frecuencia. No importa el nivel de renta individual ni el social. Sensu contrario, cuando el aborto es ilegal, la cifra de abortos cae estrepitosamente. También a mortalidad materna por abortos clandestinos desciende de golpe, como la de neonaticidios y la de abandonos.
[5] Salvo en países como la República Popular China o la India, en los que el aborto selectivo contra niñas en el vientre de su madre es un clásico y materia de intervención familiar o estatal.
[6] El diputado conservador William Wilberforce presentaba cada año en el Parlamento británico su propuesta de abolición del tráfico de esclavos. Cada año era ampliamente derrotada. Persistió, año tras año, durante lustros. En 1807 consiguió que el Parlamento prohibiese el tráfico de esclavos. En 1833, tres días antes de su muerte, se abolió la esclavitud.
¡Faltaría más! ¿Cómo no voy a poder decidir sobre lo que quiera? Bueno, por gustar, a mí me gustaría ser rico, guapo y presidente del Gobierno; dominar sobre mis células y que los desequilibrios psicológicos u hormonales no lo son…
Es brutal la presión mediática a la que estamos sometidos, tratando de presentar como bueno lo que para un buen amigo mío da pena. Y ¡hay del de opine lo contrario! Como yo también soy democrático, por lo mismo escribo este blog.
Pienso que la realidad se impondrá, pues la naturaleza que tenemos es la que es; no conozco a nadie que se la da a sí mismo, aunque se la puede maltratar hasta la saciedad: no se trata de filosofías, y menos de culturas cristianas o no, se trata de hechos. Veamos algunos párrafos que nos aporta el libro “Por qué las leyes trans ponen en peligro a los niños”:
… La protagonista de esta historia se llama Keira Bell (Keira Bell, “My Story”, Persuasion, 2021 https://acortar.link/QMMr03) y ha narrado el proceso que la llevó a cambiar de sexo: “Llegó la pubertad y todo cambió para peor. Muchos adolescentes, especialmente las niñas, tienen dificultades con la pubertad, pero yo no sabía esto. Pensé que era el único que odiaba cómo crecían mis caderas y mis senos. Entonces empezaron mis periodos, y eran incapacitantes. A menudo tenía dolor y me faltaba energía. Además, ya no podía pasar como uno de los chicos, así que perdí mi comunidad de amigos varones. Pero tampoco sentía que realmente pertenecía a las chicas … Cuando cumplí 14 años, estaba muy deprimido y me había dado por vencido: dejé de ir a la escuela; dejé de salir a la calle. … Algo más estaba sucediendo: me atrajeron las chicas. Nunca había tenido una asociación positiva con el término lesbiana o la idea de que dos chicas pudieran tener una relación. Esto me hizo preguntarme si había algo intrínsecamente malo en mí.” … Unos pocos años después la chica, falsamente convertida en chico por unas leyes inicuas y por el floreciente negocio del género a la carta, adquirió conciencia del error que había cometido. Fue entonces cuando supo que no había vuelta atrás. No solo había sido mutilada sino que tenía que renunciar a la maternidad porque las torturas hormonales y quirúrgicas recibidas la habían convertido en estéril: “Las consecuencias de lo que me sucedió han sido profundas: posible infertilidad, pérdida de mis senos e incapacidad para amamantar, genitales atrofiados, cambio de voz permanente, vello facial.”
… De modo que para la ciencia hay personas con incongruencia de género y personas con disforia de género. Pero las redes sociales, los grupos de presión transgénero (organizaciones, asociaciones, ONGs, etc.) y los médicos y psiquiatras que viven de cambiar el sexo a quien lo solicita, rechazan la diferencia entre incongruencia de género y disforia de género, o bien consideran que la DG es consecuencia de la IG, negando así la realidad científica …
… Luisa González es vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid: “Hay un problema de derechos de los menores, en concreto del derecho humano a recibir una atención médica integral, física y mental. Y además, incluso debo decir que como madre, se hurta a los padres de estos menores su derecho a la tutela efectiva, al desarrollo de la patria potestad. El Estado quiere usurpar esta potestad, realizando tratamientos que ni siquiera están testados científicamente, y que son en muchos casos irreversibles. Es una cosa muy seria.” (Quico Alsedo, “Los psiquiatras estallan contra la Ley Trans: «Puede traer mucho dolor y arrepentimiento a muchas personas», El Mundo, 18.10.22 https://cutt.ly/UMttvkl) …
El Manual de Diagnósticos y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría señala que el 98 por ciento de los niños y el 86 por ciento de las niñas que tienen dudas sobre su género, aceptan su sexo biológico al finalizar la pubertad. Es decir, superada la borrascosa etapa de la pubertad, la inmensa mayoría de chiquillos que creían ser lo que no son recuperan el sentido de su realidad
Así que, como dice la historiadora norteamericana Anne Applebaum, especializada en el estudio del comunismo, “En el siglo XXI, las autocracias no están dirigidas por un tipo malo, sino por redes sofisticadas compuestas por estructuras financieras cleptocráticas, servicios de seguridad (militares, policía, grupos paramilitares, vigilancia) y propagandistas profesionales. Los miembros de estas redes están conectados no solo dentro de un país determinado, sino entre muchos países. Los propagandistas comparten recursos y temas.” (Anne Applebaum, Los malos están ganando, The Atlantic, 2021).
Nacho Cano (Madrid, 1963) es música hispana universal con asiento en el podio de los hits desde los ochenta. Aunque sus letras y sus guitarras ya sonaban en los setenta en el Madrid de los colegios mayores y de la ingenua televisión, el foco le brilla en la cara desde que en 1981 se convirtió en icono del pop español, junto a Ana Torroja y José María Cano, las tres naturalezas del mismo Mecano.
La banda sonora de una generación vibra aún en muchas biografías, y eso que la leyenda se puso en modo mute aquel 7 de septiembre de 1992, cuando estábamos de Exposición Universal de Sevilla, de Juegos Olímpicos de Barcelona, y de quingentésimo aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América en su aventura de descubrimiento.
Nacho Cano siempre ha tenido mucho de descubridor, de olímpico de la audacia y de exponente universal. Y todo eso está en Malinche, el espectáculo musical que ha traído la selva, las pirámides, México-lindo y el flamenco en su punto hasta el recinto ferial de IFEMA, en Madrid. Aquí, dice él, el espectador “va a sentir lo que sentían las aztecas, lo que sentían los españoles, cómo todo aquello se acabó fusionando y celebrando que México existe como una nación colorista y maravillosa”.
Con buenos inversores a sus espaldas, porque Cano tiene prestigio. Con mucha gente “apostando por la excelencia y la emoción”. Con ese tono pop de un Colónrockero que está seguro de que nadie del patio de butacas “envidiará nada de ningún musical de Broadway”.
Sin miedo a las curvas: “Desde el primer momento mi carrera ha estado en el riesgo y me ha ido bien”. Y sin ningún temor a la cancelación de lo políticamente correcto, porque él hace musicales, no tesis doctorales sobre reinterpretaciones de la Historia.
El letrista de Hoy no me puedo levantar pervive Entre el cielo y el suelo. Aquí está, taconeando sobre las tablas XXL entre tacos, cactus, tópicos, prejuicios, retoques –ha pulido del guion cualquier referencia que pudiera resultar ofensiva– y su optimista provocación. Este escenario es un puente y un mar de oportunidades humanas de conexión. En su brazo, Malinche lleva tatuado en tinta sin complejos: “Por nuestra reina, la bandera y Jesucristo Nuestro Señor”.
No ha sido fácil esta conversación. No ha habido tiempo para explayarse en playa canalla. Un bote de aire. Hiperventila el remero. Habla en dosis concisas el poeta de No controles, con alergia al primer plano. Incluso en las fotos es de plural mayestático.
— Malinche: doce años de trabajo, 150 profesionales, música, historia, cultura, mestizaje, puentes, calidad, arte, un bocado de Madrid a Broadway, México, un abrazo hispano, 12 millones de inversión, audacia, disfrute…
— Malinche es la expresión sobre el escenario de doce años de trabajo, de ilusión, de profesionalidad y de entusiasmo. Han sido doce años intensos en los que se han ido sumando al proyecto muchos amigos, sin los cuales este espectáculo no habría sido posible.
“En ‘Malinche’ mi prioridad ha sido cantar al mundo la belleza de las cosas buenas de las que somos capaces cuando queremos”
— ¿Cómo está siendo este viaje al que has dedicado ya más tiempo que todos los años de vida de Mecano?
— Está siendo una aventura muy bonita. El público acude cada semana a ver el musical y está aplaudiendo con pasión. Para mí, esa es la mejor recompensa.
— En la presentación del musical dejaste claro que la historia que relatas en Malinche “es mi visión de la jugada” y que “para nosotros no hay buenos ni malos, todos en esta historia son buenos. Vamos al alma de los personajes y queremos salir siendo mejores personas, nosotros y los que lo ven”.
— Evidentemente, la historia del mundo y de la vida es la suma de relatos de un sinfín de conquistas, y todas ellas traen cosas negativas y positivas. Yo, en este caso, he preferido subrayar las grandes aportaciones del mestizaje. No creo que sea ni justo ni bueno juzgar lo que pasó hace 500 años, entre otras cosas, porque nosotros no pudimos estar presentes. Aquello sucedió y hoy no nos corresponde sentenciar quiénes eran los buenos y los malos, o, al menos, no podemos hacerlo sin situarnos en las circunstancias del contexto.
Muchas veces me hago esta pregunta: ¿Qué dirán de nosotros dentro de 500 años cuando se analice, por ejemplo, lo que está sucediendo en Ucrania mientras el mundo no hace nada? Con nuestros actos, y sin juzgar la intención, a veces destrozamos el planeta. En una historia musical como Malinche mi prioridad ha sido cantar al mundo la belleza de las cosas buenas de las que somos capaces cuando queremos.
— Hay personas, ambientes, capillitas, senados de lo políticamente correcto, y gente sacudida por la inercia, que están acostumbrados a arremeter contra lo bueno o tachar de buenismo-conspiración cualquier puente entre mundos y maneras de pensar. Son personas que, si no ven batalla, sangre y dogma, se rebelan con una vehemencia desmedida.
— Yo creo en las acciones y las personas, no en las siglas, ni en las ideas enlatadas, ni en los prejuicios. Respeto a la gente que piensa y hace.
“Somos la consecuencia del mestizaje”
— Dices que los artistas sacáis “belleza de lo peor”. ¿En un clima de tanta polarización es cansino exponer belleza y que se lea confrontación?
— Los artistas sacan el lado positivo de las cosas, se fusionan, se mezclan. Los artistas siempre piensan en lo bello de las realidades que nos rodean, en el amor, en la vida. Los demás planos son muy secundarios y están muy distantes de mi manera de concebir cualquier trabajo creativo. Embellecer el mundo con obras humanas que merezcan la pena me parece una contribución muy potente para sanar las heridas que también son propias de nuestra naturaleza.
— Este musical busca celebrar “una historia de amor entre Malinche y Hernán Cortés y la diversidad que nace de ahí”. ¿Malinche nos cuenta que el mestizaje es una cura contra el odio?
— Hoy somos la consecuencia del mestizaje. Saberlo, asumirlo y valorarlo nos convierte en sociedades mejores y, probablemente, incentiva la acción de gracias y la disposición a pedir y aceptar el perdón.
— Has explicado varias veces que Malinche “es la mujer con más impacto en la construcción de América” y que es “símbolo del encuentro, no solo por dar a luz al primer mestizo reconocido. No olvidemos que fue una de las grandes precursoras del cristianismo. Para ella, ser bautizada se convirtió en signo de libertad”. ¿América y el cristianismo son la misma historia?
— Es espectacular que los españoles le dieran el tratamiento de Doña a una esclava en aquella época. Fue una figura femenina en un mundo de hombres muy bestia que logró sobrevivir y dar solución a problemas que hubieran sido mucho más violentos. La Malinche fue una de las mayores propulsoras del cristianismo. Una de las cuestiones positivas que ocurrieron tras la llegada de los españoles a las tierras americanas fue la declaración de derechos humanos que se hizo en Salamanca y, sin duda, el desarrollo de la cristianización y los consecuentes sublimarbautismos. A partir de entonces, las personas ya tenían un carnet de identidad y un estatus más respetado que hacía que las muertes violentas y los sacrificios ya no fueran tan impunes. Cada uno de estos avances son pasos decisivos en la consolidación de la progresiva socialización del nuevo mundo.
“Siempre he tenido un lado bastante espiritual que me ha ayudado a hacer frente a mi parte canalla, que también es muy potente…”
— ¿Nacho Cano es su inquietud espiritual siempre palpitante?
— Para mí es imposible no tener fe. Cuando rebobino mi historia profesional y personal, concluyo que Dios ha sido maravilloso conmigo. Siempre he tenido un lado bastante espiritual que me ha ayudado a hacer frente a mi parte canalla, que también es muy potente…
— Leo con detalle tu letra de Te busqué, que es de 1986, para Mecano: “Te busqué en el oro y el placer / y en el cuerpo de alguna mujer. / Te busqué en las drogas y el alcohol / y en los vicios y en la corrupción. / Te busqué en los templos de oración / y en los libros que hablan del amor. / Te busqué por toda la ciudad / y en el pozo de la soledad. / Te busqué en el corazón: / allí estabas tú en un rincón. / Te busqué en el corazón / y en silencio oí tu voz”. Esta letra la podría haber compuesto san Agustín…
— Te busqué es una canción en la que uno se encuentra consigo mismo. Ana tenía una voz increíble y cantaba este tipo de historias mejor que nadie. También hicimos Hermano sol, hermana luna, una canción inspirada en la vida y en las enseñanzas de san Francisco de Asís.
— ¿Es difícil reconocerse públicamente cristiano en el podio de la cultura, o cuando hay prestigio profesional todo es posible?
— Decir la verdad siempre es posible.
“He aprendido a vivir con la ilusión y la emoción por delante. Me mueve lo que no es tangible”
— Has vivido en Miami, Londres, Madrid… y estuviste cinco años en Calcuta y la Madre Teresa te cortó el pelo. ¿Qué buscabas entre los pobres y qué encontraste para siempre?
— No buscaba nada. En mis años de éxito con Mecano estábamos constantemente rodeados de miles de personas, abrigados de cifras escalofriantes, y salpicados de halagos, aplausos y parabienes. Yo tenía la inmensa necesidad de empaparme de otro tipo de ambientes para poder componer. Viajé a la India y, lógicamente, aquella experiencia me tocó el corazón. Conocí a la Madre Teresa de Calcuta, y también estuve en un monasterio budista. Ahí leí que el Dalai Lama había escrito que se había pasado la vida coleccionado mecanos…
— Hablando de melenas cortadas, se me viene a la cabeza otra canción que podría haber compuesto santa Teresa de Ávila. La letra es tuya. Se titula “J.C.” y en un momento dices: “Colgado de los palos / y amarrado por los pies y por las manos. / Me pregunté quién lo pudo hacer. / Trepé por la madera. / Y aparté de tu cara la melena, y te besé. / Tres palabras rotas se escaparon de tus labios: Tú, Tú y yo, tú y yo, tú y yo”. ¡Es mística pop!
— En esa letra queda esculpida mi visión de Jesucristo como un amigo que siempre está ahí, que es en lo que creo.
— Dices: “Yo he vivido siempre de lo que no es tangible”. ¿El artista materialista hasta dónde llega?
— Hay una edad en la que el éxito y la fama te pueden hacer materialista, pero los valores personales acaban siendo definitivos. Voy más allá en esta contestación: el dinero sirve para no tener que pensar en el dinero. No sé qué te dirán otros artistas, pero si hay una cosa que yo he aprendido en la vida es a saber vivir con la ilusión y la emoción por delante. Eso, amigo mío, no es tangible.
“Los artistas tenemos que sublimar la realidad y llevarla al mundo de la magia”
— Has trabajado en Malinche para convertirlo en “el mejor musical del mundo”. Tu propuesta es que esté sobre los escenarios unos cuantos años, y profetizas la posibilidad de que el espectáculo te entierre… ¿La cancelación mediática afecta o pueden más la autenticidad y el trabajo bien hecho?
— El tiempo y el público dirán si Malinche es el mejor musical del mundo. Lo que tenemos clarísimo todos en este equipo es que en estos momentos no hay un espectáculo así en ninguna parte de Europa, y creo que en ningún otro rincón del mundo. Lógicamente, te puede gustar más o menos, pero el nivel de la propuesta es de una envergadura muy particular. Nosotros ofrecemos excelencia. Al final, los artistas tenemos que sublimar la realidad y llevarla al mundo de la magia.
No sé si Malinche me enterrará o no [risas], pero sí estoy seguro de que ya nunca le dedicaré tanto tiempo a una sola obra. Sobre el tema de la cancelación, solo digo a quienes me atacan que estoy pagando 150 nóminas con mi musical. Si hay algo más socialista que eso, que me lo cuenten.
— Comentas que la vida de un artista es “como un cometa que se quema al entrar en la estratosfera”, que es “muy bonita”, pero también “muy sacrificada”. Yo creo que la cultura que da lo mejor de sí mismo hasta la extenuación está mucho más comprometida con la sociedad que la que solo se queja, solo llora, y sobrevive en la mediocridad entre pancartas.
— Llevas toda la razón, pero la vida del artista realmente es así: uno se funde en el universo mental de la gente y da lo mejor de sí mismo. Siempre he intentado darme sin medida. En Mecano no publicábamos los discos hasta que no estábamos convencidos de que el resultado final de las canciones era el óptimo. Para nosotros todo era como la primera vez, y así ha sido luego en mis discos en solitario y ahora, con los musicales. Por supuesto, me encantan los halagos de los fans, pero eso no hace que me siente en un sillón a esperar ni me lleva a pensar que lo tengo ya todo hecho. Mi compromiso cultural con la sociedad sigue siendo total y absoluto.
— ¿La música es tu holocausto, en la tercera acepción de la RAE: “Acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor”?
El término “holocausto” quizá suena exagerado, pero sí es un acto de creación de amor, de ilusión, y de deseo de aportación positiva.
— ¿Y aspiras a algún cielo después de esta “abnegación total por amor”?
Aspirar a lo más alto es un deseo muy artístico y muy humano.
— Cantan tus músicos en Malinche a pleno pulmón: “México grande, libre, mágico mundo nuestro”… Gracias por la magia. ¡Que vaya bien la conquista de los escenarios del planeta!
Muchísimas gracias. Me hace especial ilusión saber que esta canción esté gustando a la gente.
Hemos estado bastante callados últimamente, pero habrá sido para coger fuerzas para este año que va a comenzar próximamente.
En lo político, muchas proyectos de cambios en las leyes; en lo social, quizás demasiado tranquilos, en lo económico nos preguntamos porqué suben tanto los precios, quién los maneja…
Pero a pesar de tanta manipulación por parte de los media, de los políticos de turno, de leyes inicuas como la del aborto o contra la identidad sexual natural, soy optimista mientras tengamos la valentía de reforzar los lazos de amistad, una amistad que nos permita ese libre intercambio de ideas y de ayuda mutua.
Pienso que ése es el camino más efectivo (al menos para la gente de a pie) para dar la vuelta a la tortilla sin violencias, y que dejará claro lo que es correcto y lo que no lo es, sobre todo a la vista de los resultados. A veces una conversación, una ayuda, deja más poso en las personas que miles de anuncios propagandísticos.
Interesantísimo artículo de Aceprensa por JUAN JOSÉ TORIBIO que nos descubre las causas y consecuencias de la actual inflación a nivel mundial:
Dos veces al año (en abril y octubre), el Fondo Monetario Internacional (FMI) publica sus perspectivas económicas globales (WEO), intercalando algunas rectificaciones a lo largo del tiempo, si nuevos eventos o nuevas circunstancias así lo requieren. La más reciente de tales publicaciones es el WEO de octubre 2022, en el que, a través de tres capítulos y cerca de doscientas páginas, se desgrana un análisis detallado de la incierta situación económica que el mundo vive en los momentos actuales.
A pesar de su complejidad, los elementos que definen esa situación mundial quedan, sin embargo, bien priorizados por el FMI en solo tres líneas, que son las primeras de su informe: “La economía global afronta hoy turbulencias procedentes de varios retos. Su tasa de inflación es la más alta experimentada en varias décadas, lo que tensiona las condiciones financieras y económicas en la mayor parte del mundo”.
Con pleno sentido, el FMI sitúa así la inflación en el meollo de sus preocupaciones, y la destaca como centro de gravedad de los restantes problemas económicos: recesión o bajo crecimiento, distorsiones en el empleo, desajustes cambiarios internacionales y deudas inasumibles en muchas partes del mundo. Vale, por tanto, la pena centrar también nuestra atención en el origen, evolución y consecuencias de unas tensiones inflacionarias que, para el FMI y muchos otros organismos, ocupan ahora el centro de las inquietudes de política económica. Solo “los más viejos del lugar” pueden evocar esas tensiones como seña de identidad de un pasado turbulento que creían superado, y que lamentablemente vuelve a manifestarse hoy. Para el resto de la población el fenómeno resulta, cuanto menos, nuevo y sorprendente.
La evolución
Los manuales de Economía definen la inflación como “un proceso de crecimiento sustancial y continuo en el nivel general de precios”. Ciertamente, esos atributos del fenómeno parecen visibles hoy en casi toda la economía global, aunque no resulta sencillo medirlos con exactitud. A falta de otros procedimientos, recurrimos como instrumento de medición más ágil al índice de precios de consumo (IPC), aunque éste, por su propia naturaleza, deja fuera precios tan importantes como los de la construcción, la vivienda y otros muchos activos, entre ellos, los financieros. Obviamente estos últimos precios no pueden considerarse “de consumo”, pero ello no significa que sean irrelevantes a la hora de analizar la inflación.
De cualquier modo, y aunque marginen mercados importantes, las variaciones anuales del IPC (8,5% en el último dato sobre España) son el instrumento más a mano y más aproximado para valorar la tensión de los precios en la sociedad.
Así medido, ¿de dónde procede el actual proceso inflacionario, que parece haberse presentado por sorpresa, tras varias décadas de estabilidad? En versión simplista, cabría afirmar que los precios suben siempre que la demanda agregada exceda de la oferta disponible. Así sucede obvia e irremediablemente en todas las economías de mercado.
En el caso actual –como acertadamente señala el FMI en su informe– la semilla del fenómeno inflacionario ha de buscarse en las medidas aplicadas bajo aquella sensación de desconcierto político que el COVID-19 provocó desde febrero de 2020. Todos, o la gran mayoría de los gobiernos, afrontaron la dramática situación mediante un gasto social ilimitado, que provocó déficits presupuestarios sin precedentes, financiados, a su vez, por grandes emisiones de deuda pública. Por su parte, todos, o la gran mayoría de los bancos centrales se creyeron en la obligación de comprar esas emisiones (bonos) del gobierno, generando así una fuerte burbuja de liquidez global. Llovía además sobre mojado, puesto que déficit, deuda y burbuja de liquidez permanecían latentes en el sistema desde la crisis financiera de 2008. Nunca, en tiempo de paz, la “máquina de fabricar dinero” había funcionado con tanta intensidad y de modo tan general, para apoyar un gasto público también desmedido.
Como era de esperar, la demanda agregada se recuperó con vigor una vez superadas las tensiones del COVID. Se presentaron, sin embargo, cuellos de botella importantes en la oferta de productos energéticos, minería, materias primas o semielaboradas, bienes intermedios, algunos sectores de alimentación y capacidades de transporte. Descubrimos entonces que, para cualquier gobierno, es mucho más fácil estimular la demanda agregada que reactivar de forma inmediata la producción y el suministro de bienes y servicios. Las condiciones propias para una fuerte tensión inflacionista (exceso de demanda sobre oferta) estaban, pues, enteramente servidas a finales de 2021, antes de que Vladímir Putin tomara la penosa decisión de invadir Ucrania y agravar con ello todos los problemas, especialmente aquellos relacionados con cuellos de botella en sectores tan básicos como la energía, los fertilizantes y los de alimentación no elaborada.
Problemas
Todos conocemos, experimentamos y padecemos los efectos de la inflación. Pero dentro de la gran variedad de distorsiones sociales, económicas y políticas que el fenómeno plantea, cabe destacar algunos órdenes de preocupación, que quizá no siempre hayan sido debidamente valorados.
El primero de ellos se refiere a las expectativas que el fenómeno genera y que convierten a la inflación en un proceso de espirales alcistas. Cuando en la sociedad se instala una “cultura de inflación” (como posiblemente haya ocurrido ya) son muchos y diversos los mecanismos de auto-alimentación de los precios, casi siempre imparables a corto plazo
Quizá el más importante de esos mecanismos autopropulsados sea la toma de conciencia de que la inflación es un impuesto virtual que penaliza las tenencias de dinero líquido en hogares y empresas. Tal “impuesto” puede súbitamente desinflar la burbuja de liquidez creada por los bancos centrales a través de sus compras masivas de deuda pública, herencia del COVID. En nuestro caso, puede que lo haya hecho ya. Si así fuera, nada tendría de extraño que las reservas líquidas acumuladas por empresas y particulares se estén volcando en aumentar la demanda (y los precios) de bienes y servicios. Es mejor comprar hoy lo que –se piensa– podría ser más caro mañana.
Junto a ese fenómeno, aparece una lógica inquietud entre los trabajadores por cuenta ajena cuyos salarios nominales hayan experimentado un ascenso inferior al de los precios, es decir, casi todos ellos. Las exigencias de mantener el poder adquisitivo de sus retribuciones (“salarios reales”) son, sin duda, razonables, pero los efectos de esa actitud se manifiestan siempre en una conocida espiral alcista de precios-salarios, que supone un serio obstáculo para restablecer un ambiente de estabilidad.
Esa espiral de precios-salarios distorsiona gravemente las economías, pero, en contra de lo esperable, no suele producir todo el desempleo que de esas mismas distorsiones cabría deducir. Rara vez los sindicatos obtienen alzas salariales tan altas como la tasa de incremento en el IPC, lo que supone una reducción neta de sus retribuciones efectivas. En ese contexto de caída en los salarios reales, la demanda de servicios laborales, por parte de empresas e instituciones, alcanza niveles aceptables y el empleo se mantiene, aunque la depresión de los salarios sea generadora de creciente malestar social. De nuevo las experiencias históricas parecen demostrar que, bajo inflación, las altas tasas de empleo no disminuyen las tensiones laborales.
Hay más factores de auto-propulsión, no siempre destacados: los precios no suben en la misma proporción en distintos países y tampoco sus respectivos bancos centrales aplican el mismo rigor (subidas de tipos de interés) en su lucha contra la inflación. Esa diversidad de condiciones financieras introduce perturbaciones en los mercados de divisas, alterando el tipo de cambio (valor relativo) de las distintas monedas. Así, aquellas economías o zonas cuya moneda resulte depreciada, como les ocurre hoy al euro y a la libra esterlina, sufren por esa vía impactos alcistas en los precios internos, que vienen a añadirse como una mecanismo adicional de auto-alimentación en el proceso inflacionario.
Más allá de estos desarrollos en espiral, otro orden de preocupaciones, no siempre bien valoradas, se refiere a los efectos fuertemente negativos que la inflación ejerce sobre la distribución de rentas y patrimonios. Empíricamente puede comprobarse que existe un alto grado de correlación entre las altas tasas de inflación y el empeoramiento del llamado “coeficiente de Gini”, en el que los economistas basan su medición de las desigualdades sociales de patrimonio y renta.
De hecho, la inflación es una máquina de generar pobreza y, en consecuencia, la mayor fuente conocida de desigualdades sociales. Así se ha demostrado, una y otra vez, en aquellos países de África y América Latina que históricamente han pretendido basar su desarrollo en mero gasto público y generación artificial de liquidez. En la historia de Europa tenemos el ejemplo, aún más dramático, de la hiperinflación alemana, cuyo centenario se cumple precisamente en esta década. La ruina de las clases medias y trabajadoras, provocada por aquel lamentable fenómeno inflacionario, supuso un vuelco brutal en la distribución de rentas y explica, mejor que cualquier otra hipótesis, la sorprendente toma de poder por parte del nacional-socialismo, a través de unas elecciones democráticas cuyo penoso resultado solo resulta explicable en el entorno de fuerte distorsión social originado, pocos años antes, por la hiperinflación alemana.
En última instancia, resulta sorprendente que los mismos gobiernos que han provocado una inflación generadora de pobreza se esfuercen después en buscar mecanismos que alivien su coste para los sectores de población más desfavorecidos. La mejor forma de ayudar a esos colectivos de miseria (quizá la única efectiva) habría sido no generar inflación o, cuando el fenómeno haya tenido lugar, esforzarse por aplicar lo antes posible aquellas políticas que detengan la tensión inflacionaria. Solo en un entorno de estabilidad de precios cabe arbitrar medidas que reduzcan las desigualdades sociales de modo efectivo.
Todos los factores anteriores, y algunos más, sugieren que las alarmas sociales y políticas deberían sonar con fuerza en las primeras manifestaciones de precios al alza. Tolerar la inflación ab initio o no embridarla a tiempo equivale, con frecuencia, a soltar un caballo indomable en la economía global, única “cacharrería” de la que disponemos.
Juan José Toribio Profesor Emérito de IESE Business School Ex-Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional
Un sistema auténticamente democrático se caracteriza por que las decisiones que puede adoptar el poder tienen límites. La mayoría no está legitimada para imponer cualquier cosa. Deben respetarse siempre los derechos de las minorías. Incluyendo a la minoría más pequeña: el individuo (Ayn Rand). Si no se respetan los derechos individuales, no hay democracia. De lo contrario, la mitad más uno podría decidir, por ejemplo, matar o robar a alguien. Pero eso no sería democracia, sino la tiranía de la mayoría.
Por eso la democracia puede acabarse, quedando sólo una fachada, sobre todo cuando los límites que debe respetar el poder dejan de ser percibidos claramente por la ciudadanía. La democracia es el mejor sistema político que tenemos (el menos malo, en palabras de Churchill), porque las alternativas son peores, pero en cualquier momento puede degenerar, como ya sabían los griegos: la democracia puede degenerar en demagogia.
Y por ello es esencial evitar la concentración de poder, estableciendo una verdadera separación de poderes y contrapesos adecuados para controlar el poder en manos de una sola persona o institución: checks and balances, en expresión anglosajona. Para ello es esencial, entre otras cosas, el concepto de Estado de derecho o imperio de la ley: la ley se aprueba por los procedimientos legalmente establecidos, y una vez aprobada, se aplica por jueces independientes, siendo igual para todos. La ley impide la arbitrariedad del poder, pero para ello los jueces deben poder juzgar libremente. Si los jueces son subordinados del gobierno, ya no podrán controlarle.
Hitler llegó democráticamente al poder. Chávez también. Como muchos otros. Es muy fácil, una vez alcanzado el poder, manipular al pueblo mientras se desmantela disimuladamente -o no tanto- el sistema democrático, eliminando todos los obstáculos que molesten al gobernante, que se convierte así en dictador, en tirano.
Por eso tras la experiencia alemana muchas constituciones, como la nuestra, introducen cláusulas de seguridad contra casos semejantes. Por eso para modificar ciertas partes vitales de la Constitución Española de 1978, se establece un procedimiento reforzado (art. 168 CE): la reforma debe aprobarse por mayoría de dos tercios de cada cámara, que a continuación se disuelven, se celebran nuevas elecciones, y la reforma debe ser aprobada de nuevo por los dos tercios de las nuevas cámaras. Finalmente, la reforma se somete a referéndum para su ratificación.
Sin embargo, es posible modificar la Constitución por la parte de atrás, sin tener las mayorías requeridas: teniendo bajo control al Tribunal Constitucional, órgano político encargado de interpretar la Constitución y anular las normas que considere inconstitucionales. Hasta la fecha, nos ha venido dando una de cal y otra de arena. Por ejemplo, declaró inconstitucionales los estados de alarma de la pandemia, pero lo hizo cuando ya no importaba demasiado. O ha guardado en un cajón durante 12 años el recurso contra la ley del aborto. Si un Constitucional ‘conservador’ ha sido capaz de esto, qué no hará uno ‘progresista’.
Sin separación de poderes, la mayoría no tendrá freno para vaciar de contenido la Constitución y pisotear los derechos individuales cuando le plazca. Más aún, puesto que los jueces forman parte de las juntas electorales, podría significar hasta el fin de la posibilidad de celebrar elecciones democráticas, pues los jueces puestos por el Gobierno resolverían cualquier incidencia electoral. Por todo ello es deseable que, en lugar de repartirse las sillas, los políticos establezcan un sistema acorde a la Constitución que garantice la independencia del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Y es responsabilidad de los ciudadanos obligarles, retirándoles el voto en caso contrario. O de democracia, nos quedará la fachada.
Reproducimos este artículo del Doctor Cabrera por su interés:
osé Cabrera habla de la desesperanza en los jóvenes que se suicidan, y de la importancia de la fe en la sociedad de hoy
José Cabrera, más conocido como «el doctor Cabrera», es uno de los psiquiatras más populares de la televisión en España. Con sus vastos conocimientos, y esa forma amena de participar en los programas, reúne a un ejército de seguidores. El pasado mes de abril sufrió una de las mayores tragedias de su vida. Su mujer murió atragantada en un restaurante.
Para hablar de su dilatada experiencia analizando la mente humana, del sufrimiento de los jóvenes que se suicidan actualmente y, sobre todo, del valor de la fe para vivir y, también, para morir, ha concedido una entrevista al canal de YouTube Refugio Zavala TV.
La época de la nada
«Yo he sido católico toda la vida. No tengo una fe total. Soy un hombre de poca fe, pero la poca que tengo, que me la dio mi madre, la voy a defender«, explica el psiquiatra forense. Para Cabrera, creer es lo más importante. «Es lo único que tengo a lo que agarrarme. Cuando uno va a morir no queda otra película. No valen otras historias. Que si la materia… que si el Universo…, la casualidad…, todo eso son paparruchas», asegura.
El doctor afirma en la entrevista que la falta de fe es uno de los principales problemas de esta época. «Decía Chesterton que cuando no se cree en Dios, se acaba creyendo en cualquier cosa. Ese es el problema actual, es la época de la nada. Como no creen en nada, pues no hay nada. ¿La nada qué es? Es el vacío, el caos… A mí, la nada, no me llena. Si a alguien le llena, que lo explique», comenta.
Para Cabrera, además, la fe trae consigo la felicidad. «Yo creo que la felicidad es la paz con uno mismo, aquello que se tiene cuando uno se va a morir… esa paz que hay en los monasterios. Ese tipo de paz va unida a una creencia trascendente, aunque lo cierto es que hay gente que no tiene creencias, o dicen no creer tenerlas, y viven aceptablemente felices», señala.
La fe no se demuestra
Y, añade, que el amor también es una pieza fundamental de la fe. «Las cosas se quedan, mientras nosotros nos vamos. Lo que llena es el sentimiento, la emoción, y eso no lo tienes porque tengas un coche mejor. Te emocionas porque tienes una mujer que te quiere o un vecino que se lleva bien contigo. La emoción la veo siempre ligada a lo que no se puede comprar con dinero», apunta Cabrera.
Para el psiquiatra forense, la sociedad actual vive en «la época de la nada».
El doctor asegura que para creer no se necesitan explicaciones científicas. «La fe no hay que demostrarla, lo que hay que demostrar es si el átomo existe. La fe no tengo que demostrársela a nadie, tengo que sentirla«, explica. En este punto habla sobre la importancia de la fe cuando llegan los últimos momentos. «Mi madre suspiró creyendo, y eso es brutal. Aunque sea algo cínico, si la religión fuera un invento, solo por confortarte en el momento de la muerte, ya merecería la pena«, relata.
Para Cabrera, la fe, en ocasiones, se escribe en minúsculas. «Nos pasamos el día entero haciendo actos de fe. Crees en tu marido, en tu mujer, crees que vas a cruzar la calle y no te van a atropellar… la vida es fe en minúsculas, y, también, en mayúsculas», apunta.
Ciudadanos maleables
El psiquiatra da las claves de por qué el cristianismo suele ser atacado. «Molesta que los cristianos tengan los valores nucleares para luchar contra la injusticia. El poder político lo único que tiene es poder, pero, un poder sobre las cosas. Al político de turno le molesta que haya una religión que diga: ‘Aquí está el bien, y aquí el mal’. Si al ciudadano no le dejas ver dónde está el bien y el mal, tendrás un ciudadano maleable, ideal para votar», explica.
En este sentido, la familia es otra de las mayores «amenazas» para el Estado. «La familia es un peligro para el poder político, si la familia está fuerte, el poder político se diluye. Los políticos lo saben y dicen vamos a cargarnos a la familia. Nadie quiere la responsabilidad, y el amor es responsabilidad. El hombre es libre en la medida en la que ama, y es esclavo en la medida en la que dependa de lo que no puede amar», relata Cabrera.
«Si la familia está fuerte, el poder político se diluye», comenta el doctor Cabrera.
El doctor añade que solo el cristianismo puede liberar al hombre de sus ataduras. «¿Qué religión hay en el mundo en la que su propio Dios llegue y se crucifique? El amor nos hace libres, y no interesa que la gente sea libre. Si no amamos, viviremos cogidos a nuestras cadenas», asegura el psiquiatra.
El virus de la desesperanza
El experto en la mente humana también se refiere a uno de los peores males que aqueja actualmente a la sociedad. «La segunda causa de muerte de los adolescentes es el suicidio, en los países occidentales, porque en Somalia se suicida muy poca gente. En los países desarrollados tenemos todo y no tenemos nada. Al joven le gusta mucho chulearse con su cochecito… Hay una falta de ilusión que va ligada a no creer en nada», apunta.
En este punto, asegura que su experiencia le demuestra que la causa de este fenómeno es la desesperanza. «La gente se piensa que cuando alguien se suicida es que está enferma, pero no es así, es por desesperanza. No hay luz, no hay camino, y, entonces, ¿qué me queda?, ¿vivir solo para las cosas? Sin ilusión no se puede vivir», explica.
Para el doctor, la clave de todo es conocer el por qué se vive. «El sentido de la vida es lo que da la chispa a la persona. Sin sentido de la vida se sobrevive, en un Mercedes, pero sobrevive. Vivir es otra historia, y lo puede hacer gente sencilla, sin dinero, que juega al dominó por las tardes», comenta.
https://www.youtube.com/embed/MgdYmzDbXUc Para concluir, el doctor Cabrera hace mención a otro de los principales males de la sociedad. «La droga es el disolvente universal. Disuelve a la persona, a la pareja, a la familia y a la sociedad. Los hombres se drogan y los Estados se fortalecen. Es mejor una persona drogada, que no sabe ni lo que va a votar, que el tío que tiene cabeza y sabe lo que hay que hacer», asegura el psiquiatra.
¿Existen los derechos humanos antes de que sean reconocidos por las leyes? ¿La proliferación de nuevos derechos puede suponer una devaluación del derecho? ¿Debe Occidente exportar su visión de los derechos humanos al resto del mundo? ¿Están las redes sociales limitando los derechos de los usuarios?
Para jóvenes interesados en estas cuestiones y que quieren formar parte del debate, recomendamos este Fórum en el Círculo de Bellas Artes, Madrid: